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Eisenhower y su educación atómica

In document Napoleón, Hitler, Stalin y Eisenhower (página 184-187)

general Eisenhower: «Tengo tantas cosas que hacer que constituiría una carga innecesaria sobre mí recibir información secreta, ya que me vería forzado a pensar constantemente acerca de lo que es secre- to y lo que no lo es».

En el capítulo 3, el dedicado a Hitler, me he referido al Proyecto Alsos, consistente en obtener información de hasta dónde habían lle- gado los logros científicos alemanes, especialmente en física nuclear.

Pues bien, también Eisenhower estuvo al tanto de él.

Las operaciones de Alsos comenzaron en Alemania, cerca de Aquisgrán, el 24 de febrero de 1945. Aparte de los problemas intrín- secos del proyecto —esto es, localizar a los científicos e instalaciones secretas germanas—, pronto surgieron otras dificultades. Una era consecuencia de que, por entonces, se había decidido ampliar las tres zonas de ocupación establecidas en Yalta, añadiendo una fran- cesa a las soviética, británica y estadounidense. El problema para estos últimos es que toda la información reunida por Alsos indicaba que los principales trabajos de los científicos alemanes en energía atómica se habían realizado en el área de Friburgo-Sttutgart-Ulm- Friedrichshafen, una gran parte de la cual iba a pasar a control fran- cés. Hechingen, donde se encontraba (o había estado hasta hacía poco) el grupo de Heisenberg, encargado de la pila (reactor) experi- mental que aunque construida en Berlín se había trasladado a Haigerloch, estaba casi en el centro de dicha área, muy alejada de la que controlaban los estadounidenses. «Tal y como yo lo veía», señaló Groves (1962, 234), «era imprescindible que las tropas norteamerica- nas fuesen las primeras en llegar a esta vital instalación, puesto que era de la mayor importancia que Estados Unidos controlase toda el área que contenía las actividades alemanas de energía atómica. Sin embargo, los representantes del Departamento de Estado, que esta- ban trabajando en el tema de las fronteras, rechazaron discutir la cuestión a menos que recibiesen una explicación completa de nues- tras razones. Y esto era algo que yo no iba a hacer. Presenté el asunto al secretario Stimson, que, el 5 de abril, decidió que no sería factible

ningún otro intento de conseguir que el Departamento de Estado adoptase nuestros planteamientos. En consecuencia, me vi obligado a tomar algunas medidas drásticas para conseguir nuestro propósito.

Uno de ellos llegó a ser conocido como Operación Harborage».

La idea de esta operación era que tropas estadounidenses se intro- dujeran en una zona lo suficientemente amplia como para capturar a las personas buscadas, interrogarlas, conseguir todos los informes que hubiesen preparado y desmontar sus instalaciones. «Mis recientes ex- periencias con Joliot me habían convencido de que no debíamos per- mitir jamás que algo que pudiese ser de interés para los rusos cayese en manos francesas» (Groves 1962, 234).4 Ahora bien, para poder lle- var a cabo tales planes se necesitaba la ayuda del comandante en jefe de las fuerzas aliadas en Europa; esto es, de Eisenhower. Y esto, infor- mar a Ike, es lo que hizo Groves. El 14 de abril, Eisenhower aprobaba la Operación Harborage. Por consiguiente, y aunque no estuviese en ninguno de sus planes u obligaciones iniciales, Eisenhower también

4Durante la guerra, Frédéric Joliot (1900-1958), esposo de Irène Joliot-Curie (1897- 1956), hija de Marie Curie, y físico distinguido, experto en física nuclear (ambos, Frédéric e Irène, compartieron el premio Nobel de Física en 1935 por sus trabajos sobre la radiac- tividad artificial), se hizo miembro del partido comunista francés. En la biografía que le dedicó su amigo, Maurice Goldsmith (1976, 108-109), se refirió a este acontecimiento en los términos siguientes: «Una experiencia trágica hizo que Joliot finalmente se convirtiese en miembro de pleno derecho del partido comunista. En la mañana del 31 de mayo de 1942, Joliot llegó a su laboratorio con el rostro abatido y cansado. Contó a T. Yuasa, su colega japonés, que la Sorbona había sido cerrada la tarde anterior tras la ejecución de unos cuantos científicos. ‘Y’, añadió en voz baja, como avisando, ‘también J. Solomon’.

Solomon, un comunista, fue ejecutado por los nazis en Monte Valérien junto con Politzer, Decour y Dudach. Habían sido arrestados el 19 de febrero por tomar parte en los planes de publicar un semanario clandestino, y por establecer un comité nacional de escritores, parte de un Frente nacional. Joliot solicitó entonces la admisión en el partido comunista.

Le avaló el arquitecto Pierre Villon. Fue aceptado, pero su admisión no se pudo hacer pública hasta después de la Liberación de París, el 31 de agosto de 1944. ‘Me hice comu- nista’, dijo, ‘porque soy un patriota’. No obstante, algunos dijeron que se había hecho co- munista como un seguro para el futuro». Goldsmith no compartía semejante creencia: «He considerado todo esto con detalle, pero no puedo encontrar ninguna justificación para este punto de vista. Cuando se hizo miembro, el ejército alemán todavía vencía. El 11 de noviembre, los alemanes ocupaban toda Francia, excepto la Costa Azul, que habían per- mitido tomar a los italianos. No fue hasta final de año, con la retirada alemana de Stalingrado, que la ola comenzó a retroceder. Ser comunista era una invitación a la muer- te en aquellos oscuros días».

tuvo conocimiento de la dimensión nuclear del proyecto Alsos; un ele- mento más en su «educación atómica».

5.2 Interludio: el papel de los científicos en el control

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