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El agua como recurso natural y ancestral

La montaña, el suelo y el agua no son solamente elementos dentro del paisaje na- tural sino que encarnan en sí mismos espíritus ancestrales con los que las comu- nidades se comunican a la hora de tomar decisiones, además de ser un país que cuenta con un amplio índice de biodiversidad por kilómetro cuadrado, Colombia es un lugar con especial riqueza en materia de recursos hídricos; los territorios de Abya Yala cuentan con el 28% de los recursos hídricos a nivel mundial, y Colombia con el 5% de estos recursos, esto supone una protección especial al territorio com- prendiendo el agua también como territorio (World Wildlife Fund, 2017).

El énfasis en el agua como recurso no reside solamente en la necesidad para la sub- sistencia humana de agua potable si no en la multiplicidad de formas en las que las comunidades se establecen alrededor del agua, a lo largo de la historia las comu- nidades en general han establecido sus asentamientos, formas de organización e incluso las formas de construcción de las civilizaciones a partir de la maximización del aprovechamiento del recurso del agua. La existencia de las civilizaciones fluvia- les desde el 4000 a. C. evidencia que el sostenimiento de cualquier sociedad, y el aprovechamiento de sus recursos, depende de la fertilidad de las tierras que brinda el aprovechamiento de los recursos hídricos, esta necesidad de aprovechamiento del agua aceleró los procesos de tecnificación e infraestructura en las comunida- des, lo que significa que el agua no solamente es importante para la subsistencia sino que representa un eje central sobre el cual orbitan las formas de organización social, la tecnificación de las ciudades en las repercusiones estructurales y políticas de cualquier grupo social.

La importancia del agua no reside únicamente en el aprovechamiento directo de los recursos y cuencas hídricas sino también de todos los productos conseguidos a partir del agua, no puede pensarse entonces la agricultura y la existencia de otras

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formas de diversidad en la fauna y flora sin el recurso hídrico. A partir de la ubica- ción y conservación de los recursos hídricos se establecen las formas de habitar el territorio, las dinámicas de poder establecidas de una comunidad con otra en relación al acceso a los recursos hídricos, las atribuciones ideológicas que se le dan a un territorio y el arraigo con el mismo, y finalmente, las dinámicas de desarrollo comunitario a partir de la existencia del recurso. Aún desde esta visión generaliza- da del agua como recurso, es posible evidenciar la importancia del agua frente a otras formas de usufructuar la naturaleza, la discusión del agua no es solamente una discusión más frente a las formas de relacionarnos con el medio ambiente, sino que es de la cual dependen la mayoría de formas de existencia en la naturaleza (Camargo y Camacho, 2019).

La forma organización territorial colombiana está determinada por una serie de rutas fluviales que conectan los ríos con los territorios, las formas de comunicación entre las diversas etnias indígenas en el período previo a la conquista y apropiación territorial del señorío español, se daba a partir de las fuentes de los ríos con las comunidades del Pacífico y las cordilleras del país. La simbología de las formas en que llegan las primeras misiones virreinales al territorio representan una apropia- ción absoluta de los recursos hídricos con el fin del dominio territorial. El territorio y el agua no solamente están relacionados con las relaciones sinérgicas existentes entre los recursos naturales, sino que también determinan la forma de acceso a los territorios, y, por tanto, son especialmente simbólicas a la hora de leer y entender la apropiación del territorio por parte de los españoles.

La expedición costera de Cristóbal Colón y la irrupción del territorio del Pacífico donde habitaban etnias indígenas como los Caribes y los Chocoés, re dibuja el sig- nificado que los pueblos indígenas tenían sobre el mar, esa visión de coexistencia con el agua marítima se altera al ser este el territorio mediante el cual inician las misiones de invasión española, la comunicación fluvial entre el mar Caribe y el río Magdalena facilitó a los colonos llegar a diferentes lugares del territorio más allá de las zonas costeras, la desembocadura del Río sirvió como hoja de ruta para el cono- cimiento de nuevos territorios a apropiar. El cuerpo hídrico, que era entonces con- cebido por las comunidades como un ser sintiente y parte de la dimensión territo- rial revestido por una visión metafísica y espiritual, fue empleado para profanar los territorios de las comunidades indígenas, despojándolo entonces de la misticidad que envolvía el agua y sus cuencas, para ser reducida por la misión virreinal a un simple lindero por el cual se iniciaba la misión de invasión territorial.

Las formas de habitación de las comunidades a las riberas de los ríos tras la llegada de las comarcas españolas implicaban un riesgo para las comunidades, dentro de las nociones de destierro y desplazamiento histórico del cual se ha venido hablan- do a lo largo de este capítulo, el agua representa un capítulo especial a analizar a la hora de entender las dinámicas simbólicas de la apropiación del territorio indígena por parte del virreinato español. La utilización de los ríos a servicios del interés oc- cidental español son no solamente unas formas de profanación al cuerpo hídrico, que para las comunidades indígenas representaban un ser sintiente, sino que tam-

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bién implican la transformación de una dimensión venerada por los indígenas a un mecanismo empleado por los españoles como una forma de amenazar y restringir la existencia de las comunidades indígenas.

Existe frente al agua, como parte del territorio, y como componente esencial de la dimensión territorial indígena, una deuda histórica de reconocimiento y cuidado y no solamente con relación al recurso mismo sino a los intereses de las comuni- dades étnicas alrededor del agua, la política del extractivismo y el establecimiento de una organización territorial colombiana al servicio del interés de la inversión extranjera, desembocó en un clientelismo en el cual el agua se piensa a partir de unas nociones de necesidades establecidas para un individuo occidental, mono- polista y privilegiado:

Los medios de comunicación saludaron con beneplácito la gestión del mi- nistro de Minas que fue al exterior en busca de socios para la extracción del petróleo de la llanura costera, de nuevo sin consultar las necesidades, la tradicional posesión de la tierra y las alternativas más racionales de usu- fructuar sin destruir. Los recursos son para la utilidad del hombre, es cier- to; pero ¿de cuál hombre? ¿del que Arrasa y se marcha, o del que ha estado allí por siglos, será desalojado y verá su territorio convertido pronto en un gran desierto pantanoso? La respuesta no puede utilizar subterfugios. Se debe ser concreto: el desarrollo no puede representar la ruina de quienes se pretende redimir con la retórica. (Vanín, 2017, p. 65)

La identidad de muchas comunidades indígenas se construye también a partir del desarrollo en el territorio de la ribera de los ríos, pueblos ancestrales, durante si- glos, se han asentado a las orillas del Río Atrato así como otros pueblos raizales afro, la explotación de los recursos hídricos del río pensada como un recurso que puede separarse del territorio donde se encuentra pone en amenaza directa las identidades de las comunidades desarrolladas a partir de los territorios colindan- tes de la fuente fluvial, en estos entornos la ancestralidad y la permanencia de los pueblos se da como consecuencia de la resistencia propia de las comunidades. El amplio desarrollo de la diversidad étnica y cultural parece desdibujarse a la hora de entender que para asegurar estas condiciones se requiere de una protección, no solamente en el territorio de los resguardos sino de los recursos ambientales de los cuales se nutren estás comunidades tales como el agua.

Los recursos hídricos y los cuerpos de agua a lo largo del territorio no se reducen únicamente a la existencia de los ríos, en el territorio colombiano hay un aproxima- do de 2000 lagunas y más de 40 000 humedales así como otros espejos de agua en los páramos colombianos a lo largo de las cordilleras central y oriental, los cuerpos de agua no son solamente aquellos que fluyen desde los mares y los ríos sino tam- bién todos ellos que existen a partir del proceso natural de los ecosistemas resul- tantes de paramos y zonas húmedas y pantanosas. Para las comunidades indíge- nas no existe jerarquía de los cuerpos de agua sino que se comprenden los mismos como una sola materia indivisible de la madre naturaleza que provee de vida a las otras formas de vida que comparten el espacio común, por su parte, grupos indí-

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genas como los Misak sientan su cosmovisión y arraigan su espiritualidad ancestral en relación al agua cómo hijos del agua, comprendiendo a cualquier yacimiento fluvial como una forma de existencia por sí misma con la cual las comunidades se relacionan y no como un espacio de extracción:

Ser hijo del agua no solo implica una relación de dependencia con un elemento vital que es intrínseco a cada ser sobre la faz de la tierra. Por el contrario, creo yo que sería más preciso hablar de una interrelación, o sea, un espacio dialógico en donde los misak, en este caso, se comunican con el agua, o mejor, con los espíritus del agua, para mantener una sentida re- lación de troca y aprendizaje dirigida hacia su origen. Es el agua, entonces, un medio que posibilita la vida biológica, pero principalmente recrea la cosmovisión y el pensamiento misak, así como las corrientes traen consigo múltiples elementos que bajan desde las grandes alturas de los páramos.

(Escobar, 2019, p. 149)

El agua entonces envuelve varias dimensiones que no solamente parten del ori- gen de la vida y la biodiversidad, sino que también se entienden como formas de relación con el cosmos y el universo, así como una ruta que la misma tierra otorga para la habitabilidad en el territorio, el agua no solamente nutre las formas de vida biológica, sino que también resulta esencial a la hora de hacer rituales de entrega, limpia y reflexión. Es al agua a quién se le pide permiso para ingresar a la montaña, es en las aguas que se confían las decisiones sobre la avanzada o no en un territorio cuando se va de expediciones, al espíritu del agua al que se le pide la lluvia para la regulación del suelo.

La multiplicidad de formas en las que se veneran los recursos hídricos dentro del territorio nacional obedecen también a los recursos hídricos existentes o a las for- mas de distribución hídrica presentes en el territorio nacional, como concepto de empalme todos los yacimientos superficiales, así como los subterráneos y las fuentes hídricas de aguas dulces y saladas; estudiar el agua como concepto vale la pena, porque permite entender las implicaciones de la distribución territorial y su consecuente simbiosis (figura 16).

La comunidad de los Chocoés, que existía previa a la conquista territorial española, y los Misak, pueblo actualmente en resistencia en el territorio del Cauca permiten entender la importancia del agua dentro de cada una de las comunidades y, asi mismo, establecer que las formas de relación ancestral con el agua no vienen del mismo origen. Para las comunidades del Caribe el mar envolvía de manera di- recta la subsistencia de las comunidades gracias a costumbres como la pesca, por esta razón, las relaciones con el riego y la agricultura no eran esenciales para la subsistencia de las comunidades indígenas en esta zona, por lo que las visiones de integralidad que la comunidad Misak atribuye al agua no aplican de la misma manera. Mientras que las figuras atribuidas a la espiritualidad del agua en las co- munidades del Cauca la dotaban de una paz y sabiduría absoluta, en el Caribe el espíritu del agua contenía elementos de justicia y fuerza al tratarse de una visión centrada en el mar con continuos y constantes oleajes.

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Figura 16. Formas de distribución hídrica territorial.



Fuente: elaboración propia a partir de Iglesias et al. (2005).

La determinación de las comunidades indígenas con relación al tipo de recurso hídrico o de distribución hídrica establecen las dinámicas de las comunidades, al- terando las formas de organización de los cabildos, distribución territorial, organi- zación productiva y de dinámicas de subsistencia.