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EL APRENDIZAJE EN LAS CORPORACIONES

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Y OFICIOS

7. EL APRENDIZAJE EN LAS CORPORACIONES

Estos siglos después del año mil, que, estudiados desde el punto de vista de la historia de la educación, los hemos visto como los siglos del surgimiento de los maestros libres y de las universidades, estudiados desde el punto de vista más general de la historia económica y social son los siglos del nacimiento de los municipios y de las corporaciones de artes y oficios; en fin, los siglos del primer desarrollo de una burguesía urbana.

Surgen nuevos modos de producción, en los que la relación entre la ciencia y el trabajo manual esta más desarrollada, y la especialización esta más avanzada; por esto se requiere un proceso formativo en el que la simple observación e imitación ya empieza a ser insuficiente.

Ya sea en los oficios más manuales que en los más intelectuales, se requiere de una formación que parece estar más cerca de la escolástica, aunque se seguirá distinguiendo de la escuela por el hecho de desarrollarse no en un "lugar de los

adolescentes", sino en la convivencia de

adolescentes y adultos en el trabajo. Se presenta el tema nuevo de un aprendizaje en que ciencia y trabajo se reencuentren, con una tendencias a la consolidación y asimilación a la escuela. Es el tema funda- mental de la educación moderna, que aquí empieza a delinearse apenas.

El campo pierde los oficios que todavía sobrevivían, ejercidos antes por los prebendarios o servi ministeriales de las cortes señoriales; como los mismos feudatarios en busca de poder, también estos siervos, buscando libertad y ganancias autónomas, se transfieren a la ciudad; y en las ciudades los grupos de los que ejercen un mismo oficio se consolidan y se expanden, y empiezan a elaborarse, a partir de las antiguas costumbres, unos estatutos regulares, que llegaran a tener la aprobación del poder publico. La antigua herencia romana de los collegia artificum y las recientes experiencias de los ministeria feudales serán las fuentes para definir estos estatutos.

En estos estatutos, hay numerosas normas que regulan no solo las relaciones externas del oficio o corporación con el poder publico y con el mercado (adquisición de materias primas y venta de los productos), sino también las relaciones internas entre los trabajadores, que pueden ser maestros, socios, HISTORIA DE LA EDUCACIÓN 1 DE LA ANTIGÜEDAD AL 1500

Mario alighiero manacorda

aprendices o también jornaleros asalariados. En especial se trata del numero y de la edad de los discípulos, de la duración del aprendizaje, del pago por el aprendizaje y del mantenimiento cotidiano del aprendiz, y tal vez de las pruebas finales, en las cuales, a través de la ejecución de la "obra maestra", el aprendiz era aceptado entre los maestros y podía pues ejercer el oficio por su cuenta.

Sin embargo es difícil, entre tantas normas, incluso en aquellas que se refieren más directamente a la participación de los aprendices en el trabajo, descubrir las modalidades técnicas y didácticas del aprendizaje.

Ciertamente, los aprendices, a diferencia de los jornaleros asalariados, los cuales no presumen de aprender el oficio para ejercerlo después como maestros, son para todos los efectos unos discípulos, y los mismos nombres que dentro de la corporación, donde todos son igualmente obreros, distinguen a los ancianos y patrones de los jóvenes, nos hablan predominantemente de una relación educativa : magistri y discipuli; estos últimos participan en el trabajo, pero en vistas a la adquisición de los conocimientos y habilidades de la profesión. Entre el trabajar y el aprender no hay aquí una separación: una cosa es también la otra, según las características inmutables de toda formación a través del aprendizaje, propia, en todos los tiempos y en todos los lugares, de toda actividad inmediatamente productiva. No existe un lugar separado, distinto del lugar de trabajo de los adultos, donde los

adolescentes aprendan. No existe una escuela del trabajo: el mismo trabajo es escuela; pero van creciendo los aspectos intelectuales.

Sin embargo, ningún arte se preocupo de describir en sus estatutos los modos de este doble proceso de trabajo- aprendizaje. No hay una pedagogía del trabajo: no se nos muestran las materias primas ni su cualidad, las herramientas y su empleo, los modos verbales y gestos de la comunicación del maestro hacia el discípulo. Los buscaremos en vano incluso en los estatutos más ricos y articulados;

cabe mencionar el estatuto del arte de la lana en Florencia, o en la extraordinaria recopilación de los estatutos de todos los oficios ejercidos en Paris durante la segunda mitad del siglo XIII, llamado el Livre des metiers, llevada a cabo por el preboste Etienne Boileau en el año 1272.

Pero quizás precisamente la riqueza de esta documentación puede ser útil para una observación panorámica de síntesis de la vida de magistri y discipuli en las corporaciones de artes y oficios, o mejor en cada una de las tiendas artesanales.

El preboste de Paris recoge de viva voz de los más autorizados representantes de todos los oficios las costumbres tradicionales, "tal como los hombres probos lo han oído decir de padres a hijos"

[48. Des macons, etc.], o "como nuestro Fouques del Temph. y sus predecesores lo han usado y conservado en el tiempo pasado" [47. Des carpentiers etc.], y se nos dice cuantos aprendices podía tener cada maestro: en general, además de los componentes de la familia, uno (para orfebres, cordeleros, herreros, etc.) o dos

(para cuchilleros, lavanderos, etc.); sin limite, en cambio, los carpinteros; pero todos podían tener muchachos o trabajadores (vallets o sergeants), no aprendices, en la cantidad que quisieran.

Normalmente se solía exigir que no tuviera precedentes penales, como diríamos hoy : "Ningún lavandero puede o debe dar trabajo a un muchacho a aprendiz que sea bribón, ladrón, asesino o expulsado de la ciudad por alguna acción indigna" [53. Des foulons]; y se exigía además que fueran nacidos de matrimonio legitimo.

El ingreso a un trabajo se hacia bajo la forma de un verdadero y propio contrato, al cual asistían como testimonios dos expertos de aquel arte.

La duración del contrato de aprendizaje se podía dejar a la discreción del maestro (a tel terme comme it li plaira), variando de cuatro a diez años, y podía prolongarse si el aprendiz no pagaba. Esta claro que el aprendiz debía pagar por la enseñanza que recibía, además del rendimiento progresivo en su trabajo. Pero no siempre este pago podía realizarse, dada la pobreza media de las familias de los aprendices; por esto muy a menudo en los mismos estatutos se lee, por ejemplo, que el maestro puede tomar un aprendiz por un determinado numero de años, "y también para un servicio más largo y por dinero se le puede tener" [16. Fevres couteliers]. Diversa era también la edad en que podía empezar el aprendizaje;

según el contrato, el aprendiz se convertía en una especie de propiedad temporal del maestro, el cual podía incluso venderlo o alquilarlo a otros maestros; pero solo,

diríamos, por causas de fuerza mayor: "si esta enfermo en cama, si se va a ultramar, si abandona la actividad o por pobreza" [17. Coutelliers etc.]. Por otra parte se tenían también en cuenta los derechos del aprendiz : "Los miembros de la comunidad del arte están obligados a hacer aprender el oficio al aprendiz, si su maestro ha muerto antes de que se haya cumplido el periodo de aprendizaje" [20, Batteurs d'archal].

Además, el aprendiz tenia entre las garantías, incluso una especie de caja de mutuo socorro, dado que tal vez parte de lo que el ingresaba (en el caso aquí citado, 5 sueldos) "va a los prohombres del gremio, para ser devuelto a los muchachos pobres del mismo gremio y para preservar los derechos de los aprendices con relación a sus maestros"

[21. Boucliers de fer].

A menudo se prevé el caso de que el aprendiz huya; considerando que esto puede suceder por su poca voluntad a trabajar o también por algún error del maestro: "Si el aprendiz se aleja del maestro sin despedirse, por locura o por ligereza, tres veces, el maestro no lo debe aceptar a la tercera vez, ni ningún otro del mismo oficio, ni como muchacho ni como aprendiz. Esta decisión la tomaron los prohombres del gremio para frenar la locura y la ligereza de los aprendices, ya que ellos causan gran daño a sus maestros y a si mismos cuando huyen; ya que cuando el aprendiz es aceptado para aprender el oficio y huye por un mes o dos, olvida lo que ha aprendido; y así pierde su tiempo y perjudica a su maestro" [17. Coutelliers, faiscurs de

ranches].

Pero también aquí esta previsto el caso de la responsabilidad del maestro, y entonces

"los maestros del arte deben hacer comparecer ante ellos al maestro del aprendiz, y regañarlo, y decirle que trate al aprendiz de manera honorable, como hijo de gente de bien, que lo vista y lo calve, le de comer y de beber y todo lo que sea necesario; y si no lo hace, el aprendiz se buscara otro maestro" [50.

Des tisserans de lange].

Por lo demás, todos los miembros de un oficio suelen comprometerse a trabajar según los usos y costumbres del oficio (et qu'il oevre as us et aus constums du meister... Des macons etc.); y a denunciar cualquier anormalidad. así pues, incluso había un compromiso en mantener el secreto del oficio, sobre todo con relación a quien colaboraba en su ac- tividad, no en calidad de aprendiz, sino simplemente de muchacho [48. Des magons etc.].

Finalmente, es interesante decir algo respecto a las mujeres, presentes en algunos estatutos como eventuales viudas de maestros. Los fabricantes de rosarios les permiten trabajar, pero sin aprendices cuando se hayan casado en segundas nupcias con un hombre de otro oficio;

mientras que los trabajadores de cristales y piedras son más negativos y explícitos ninguna viuda de un artesano puede tomar aprendices, "ya que no es del parecer de los prohombres del gremio que una mujer pueda saber tanto acerca del oficio para que pueda enseñar a un muchacho hasta que llegue a maestro"

[30. Des cristalliers etc.].

Interesantes aparecen las pruebas de examen; pero no desde el punto de vista didáctico-pedagógico, sino solo desde el punto de vista costumbrista. He aquí el ejemplo correspondiente a los panaderos: "Cuando el nuevo panadero haya cumplido los cuatro años de aprendizaje, tomara una escudilla nueva de barro y le meters barquillos y obleas e ira a la casa del maestro de los panaderos, acompañado del cajero y de todos los panaderos, y los maestros oficiales, que se llaman joindres [adjuntos]; y este nuevo panadero debe entregar su escudilla y sus barquillos al maestro y decir: Maestro, he cumplido mis cuatro años, y el maestro debe preguntar al administrador si es cierto; y si este dice que es cierto, el maestro debe presentar al nuevo panadero el vaso y los barquillos y ordenarle tirarlos contra la pared;

entonces el nuevo panadero debe tirar su escudilla, sus barquillos y sus obleas contra la pared de la casa del maestro, afuera, y entonces los maestros administradores, los nuevos panaderos y todos los demás panaderos y los aprendices deben entrar en la casa del maestro, y el maestro les debe ofrecer fuego y vino, y cada uno de los panaderos, los nuevos y el maestro oficial deben dar algún dinero al maestro de panaderos por el vino y el fuego que les da" [1. Talemeliers].

No se puede decir que, aparte de la preparación sobreentendida de los barquillos y de las hostias por obra del nuevo maestro, o sea aparte del cumplimiento de su "obra maestra", tenga mucho de pedagógico toda esta

ceremonia. Sin embargo hay en ella, como por lo demás en el conjunto de las normas contenidas en todos estos estatutos, el testimonio de una costumbre, de unas relaciones sociales y económicas, de unas consideraciones morales, de unos procedimientos casi litúrgicos, que apelan incesantemente a costumbres y normas propias ya sea de la vida religiosa ya de la vida caballeresca; es todo un ritual, que a pesar de la enorme diversidad del lujo, pertenece al mismo mundo. De la presentación del aprendiz a su aceptación en la corporación, parece que nos en- contramos ante la presentación de un oblato, la consagración de un monje en una orden religiosa o la investidura de un caballero; salvando la diversidad de las condiciones sociales, el ritual sigue siendo más o menos el mismo.

Cerca de medio siglo después del Livre de Boileau, uno de los Statuta et ordinamenta artium et artifichum civitatis Florentiae, o sea el Estatuto del gremio de la lana, del año 1317 (aunque algunas disposiciones son de 1275 [Cáp. III, VII], aun en su mayor complejidad, contiene sobre el aprendizaje y sobre la relación maestros-discípulos mucho menos información que los estatutos parisienses.

Dentro de un gremio (o collegium, societas, universitas), en el conjunto de los artífices (u homines, personae) se distinguen claramente los magistri de los sotii, de los factores u oficiales (el equivalente del francés valets) y de los discipuli, por debajo de los cuales se nombran todavía los simples operadores (o laboratores o laborantes) jornaleros

"qui operam dant per diem" [III, II]; pero

se dice poco acerca de sus relaciones reciprocas. Por ejemplo, al rodear de cautela la admisión de los nuevos artífices, los cuales deben ser siempre presentados por "boni et legates homines dicte artis", se advierte que no deben pasar por setii cuando son simples discipuli:

evidentemente, entre otras cosas, para evitar un aumento incontrolado del numero de discipuli [II, VII]. Pero podemos llegar al libro III para encontrar, respecto a la duración del aprendizaje, disposiciones análogas a las que ya hemos leído en el Livre de Boileau. Allí, bajo el titulo Que ningún discípulo u oficial se aleje de su maestro en el transcurso del periodo para el cual se ha puesto a aprender, sin deber ser retenido por más tiempo, se lee: "ningún oficial o discípulo, que trabaje en el oficio de la lana o en cualquier sector de este oficio, puesto bajo la tutela de uno que forme parte del gremio por un periodo establecido, puede o debe, antes del vencimiento del tiempo, ponerse bajo la tutela de algún otro de este gremio; sino que debe ser retenido y obligado por los compañeros a cumplir con su maestro, bajo cuya tutela se había puesto primeramente, durante todo el periodo acordado. Además, nadie de este gremio, después de que sepa que alguien se ha puesto bajo la tutela de uno del mismo gremio por un periodo determinado, puede o debe tenerlo bajo su tutela durante el periodo acordado con el primer maestro. Y si los compañeros encuentran a alguien que contravenga esta disposición, lo condenen, tanto al discípulo como al que lo ha aceptado, a diez libras de florines pequeños. Y además

lo obliguen a estar con el primer maestro hasta completar su periodo" [III, I].

Otros parágrafos prevén conflictos entre maestros y discípulos acerca de posibles deudas de estos últimos; y en estos casos bastara que el maestro jure, y entonces se deberá credere et fident dare sacramento dicti magistri [III, XLVI].

Solamente en un caso, el de los bucciarii, se establece el numero máximo de los discípulos y la duración mínima del servicio o aprendizaje, bajo el titulo De no tener a los discípulos de los bucciari por menos de seis años: "Establecemos además y disponemos que ningún maestro tenga o pretenda tener, a partir del primero de enero de 1318, más de dos discípulos, con los cuales haga un contrato, bajo pena de veinte sueldos, ni por un periodo menor de seis años, bajo la misma pena..." [IV, 111.

Se puede decir que; aparte de estas escasas indicaciones, poca cosa más encontramos en estos estatutos, que nos permita conocer y ver en vivo la relación de aprendizaje y su desarrollo concreto.

En el conjunto, vemos una mayor dependencia del discípulo respecto al maestro en relación con aquella especial universitas que tomara después este nombre por excelencia o por antonomasia, en la cual, como hemos visto, son más bien los magistri los que dependen de los discipuli o scolari. Estos estatutos, re- dactados en latín (litteraliter) por un iudex ordinarius et publicus notarius, que es tal por autoridad imperial o regia, y confirmados por los representantes de los otros gremios, deberán después ser tradu- cidos en italiano (sermone vulgari).

Pero en estas viejas estructuras se esconde un problema nuevo: en este aprendizaje del oficio, del cual se entreven apenas los procedimientos didácticos, hay sin duda, junto a un aspecto meramente ejecutivo, también un aspecto científico, el conocimiento de las materias primas, de los criterios de elaboración, de los instrumentos: incluso el más ínfimo cincelador debe saber algo de petrográfica, etc. Pero este conocimiento quedo confiado a la transmisión, rodeada del "secreto del arte", no sistematizada orgánicamente, no coordinada con conocimientos más generales, sino mínimos. De todos los oficios "manuales"

(quirúrgicos) solo la "cirugía" medica y la

"cirugía" arquitectónica, si se me permite usar estas definiciones, o en fin, solo la medicina y la arquitectura, se han transformado en ciencia y han dado lugar a la redacción de tratados y a la discusión de la relación entre ciencia y producción.

Galeno y Vitrubio siguen siendo los modelos; algo similar ocurrió con la agricultura, pero quizás este es el campo donde la división entre dominantes y dominados se ha profundizado más, si nos sumergimos hasta los tiempos inmemoriales en los que había una originaria identidad de trabajo entre el rey Laertes y sus thetes, y también después Catón siguió arrancando piedras [repastinari saxa] y escribiendo tratados al mismo tiempo.

Pero en general las artes

"sórdidas" no han expresado, sistematizado o hecho publica su ciencia.

Por lo demás, sus protagonistas han considerado como cultura propia los restos

de la ideologías de las clases dominantes, que precisamente los aculturaban, y solo alcanzaban alguna chispa de instrucción formal en el leer, escribir y hacer cuentas.

Sin embargo, pronto deberemos prestar mayor atención al surgimiento de una cultura más orgánica de los productores.

TRABAJO Y REVOLUCIÓN EN FRANCIA

Sewell, William H. Jr., "Las corporaciones" y

"Comunidad moral", en Trabajo y revolución en Francia. El lenguaje del movimiento obrero desde el Antiguo Régimen hasta 1848, Madrid, Taurus (Humanidades/Historia, 337), 1992, pp.

50-66.

Esta era la posición de las corporaciones de oficio en la jerarquía social del Antiguo Régimen. ¿Pero cuál era la naturaleza de esas corporaciones como instituciones - sus reglas, privilegios, costumbres, derechos y obligaciones-? ¿Cómo operaban realmente en la práctica en las ciudades francesas de los siglos XVII y XVIII? Dado el estado de la bibliografía histórica sobre las corporaciones, no es fácil responder a esas preguntas como se desearía. Las corporaciones de oficio fueron un eje esencial de los estudios históricos en Francia entre fines del siglo XIX y la Segunda Guerra Mundial, y hay excelentes estudios generales de Etienne Martin Saint-León, Henri Hauser, Francois Olivier Martin y Emile Coornaert, procedentes de ese periodo 25. Pero desde los experimentos corporativos de Vichy, el asunto ha adquirido mala fama entre los historiadores franceses y no ha habido un estudio general de importancia sobre las corporaciones desde la publicación del

trabajo de Coomaert en 1941. Ello resulta particularmente desafortunado porque significa que las corporaciones no se han visto sometidas al tipo de estudio riguroso y exhaustivo que la escuela francesa de Annales ha dedicado a temas históricos que van de la demografía y la estructura social rural a las actitudes hacia la muerte y el honor26. Sin

25 Martin Saint-Leon, Etienne, Histoire des corporations de metiers, depuis leurs origines jusqu'd leur suppression en 1791, Paris, 1909;

Hauser, Henri, Ouvriers du temps passi (XV- XVIe siecles), Paris, 1899; Olivier-Martin, L'Organisation corporative, y Coornaert, Les Corporations en France. Vid. también la obra más antigua de Levasseur, E., Histoire des classes ouvrieres en France depuis la conquete de Jules Cesar jusqu'a la Revolution, 2 vols., Paris, 1859, reed. como Histoire des classes ouvrieres et de l'industrie en France avant 1789, 2 vols., Paris, 1900.

26 La escuela de Annales se refiere a los historiadores que han publicado de forma regular en la revista francesa Annales de histoire economique et sociale fundada en 1929 , por Marc Bloch y Lucien Febvre, y su sucesora de postguerra, Annales: economies, societes, civilisations. Obras que representan el ámbito de la escuela: Goubert, Beauvais et

LAS CORPORACIONES

William H.Sewell, Jr.

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