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Sumado a lo anterior, la investigación cualitativa presenta una variedad de enfoques y orientaciones metodológicas, y se apoya en una serie de recursos, instrumentos y técnicas, tanto en el levantamiento como en el registro y la sistematización de la información (Ariza y Velasco, 2012). En esta investigación se empleó como estrategia de construcción de conocimiento el método biográfico, utilizando como estrategia metodológica los relatos de vida y la construcción de tipologías como herramienta analítica, considerándolas como los recursos más apropiados para cumplir con los objetivos de la investigación, cada uno de los cuales se definirá y explicará con mayor profundidad en los apartados siguientes que conforman este capítulo. Así, el objetivo de este capítulo es exponer los procedimientos y decisiones metodológicas que se llevaron a cabo a lo largo de la investigación, la manera en que se desarrolló el trabajo de campo, los instrumentos de recolección de información, los criterios de selección de los casos de estudio y algunas de las características de las informantes que participaron de la investigación.
De igual forma, es relevante mencionar que esta investigación se refiere al método y no al enfoque biográfico en el sentido expresado por Velasco y Gianturco (2012) quienes sugieren que lo biográfico no se reduce a una técnica para colectar información, sino que involucra presupuestos epistemológicos; una forma de conocimiento sobre el mundo que delimita la realidad empírica a estudiar, trazando un vínculo entre teoría y aspectos metodológicos. No obstante, sea como método o como enfoque, lo biográfico se ha abordado desde distintas orientaciones, por lo que esta investigación se sustenta particularmente en la perspectiva interpretativa de Norman Denzin (1989), caracterizada por la búsqueda de estrategias para comprender el sentido que los sujetos le adjudican a sus vivencias a través de las interpretaciones que los investigadores tienen de éstas (Reséndiz, 2011).
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estructuras de significado que organizan las demás vivencias. De esta manera, se puede señalar que la característica primordial del método biográfico es el estudio del cambio social a partir del nivel individual, enfocándose en la comprensión e interpretación de lo subjetivo en al menos tres direcciones: la identificación de los recursos a través de los cuales los individuos representan y significan la realidad social; la comprensión de las decisiones que los sujetos toman en diferentes temporalidades y las condiciones que les posibilitaron hacerlo; y por último, el reconocimiento de las estructuras que constriñen la acción así como la manera en que los individuos modifican dichas estructuras (Reséndiz, 2011).
El método biográfico se inscribe en la tradición sociológica de la escuela de Chicago, la cual, desde un acercamiento cualitativo e interpretativo, se enfocó en la construcción de sentido de las acciones cotidianas a partir de la mirada del sujeto y sus interacciones sociales (González, 1996; Aceves, 1998). Sin embargo, el afán por la medición, validez y confiabilidad proporcionadas por la hegemonía de las metodologías cuantitativas en las décadas siguientes trivializaron los propósitos del método biográfico, y no es sino hasta la década de los años ochenta cuando se manifiesta un renovado interés por el enfoque interpretativo (Bertaux, 1989;
Rojas, 2011). Según Vela (2011), la insuficiencia del enfoque positivista para explicar el comportamiento social, el cual predominó en las ciencias sociales durante varias décadas sobre todo en la tradición norteamericana, produjo un resurgimiento del interés por el estudio de la subjetividad, y dentro de este viraje se visibilizó la importancia de leer e interpretar a las sociedades, la cultura y las experiencias como textos.
De acuerdo con Rojas (2011), el retorno de lo biográfico también se encuentra vinculado con el
“el retorno del sujeto”, en palabras de Touraine (2007), rescatando la importancia de la experiencia subjetiva en el análisis sociológico y las implicaciones de acercarse a la realidad social a partir del horizonte del individuo. Desde la perspectiva de Denzin (1989), y sobre la que se sostiene esta investigación, el supuesto fundamental del método biográfico es que la vida constituye un texto social, y por tanto puede producirse narrativamente. Sin embargo, hay dos cuestiones importantes a considerar: la primera es que, las narrativas envuelven la existencia de un otro, y en ese sentido son escritas a través de una doble mirada: la del autor, o quien narra, y la del observador, que registra y las interpreta. En segundo lugar, los relatos biográficos son
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producciones ideológicas situadas contextual y temporalmente, por lo que dan cuenta de condiciones objetivas particulares del narrador e interlocutor. Así, los relatos no solamente constituyen ventanas hacia la subjetividad, sino que permiten comprender e interpretar el mundo de las relaciones y los marcos normativos en los que se encuentra el sujeto. Teniendo en cuenta lo anterior, lo biográfico plantea algunos interrogantes: ¿Cómo los textos son escritos, leídos e interpretados? ¿Cómo los individuos le dan sentido a sus vidas? ¿Cómo capturar los significados en formas escritas o narradas?
2.1.1 Epifanías y veracidad del relato.
Para responder a las preguntas anteriormente señaladas Denzin (1989) propone un concepto central: del de epifanía. Desde su perspectiva, los relatos no pueden descontextualizarse de las situaciones y relaciones familiares con las cuales crecieron los individuos, y que constituyen a menudo el punto de partida del relato; así como también, es necesario considerar los factores individuales a partir de los cuales los sujetos enfrentan y dan sentido a sus vivencias. Esto quiere decir, que las vidas de los individuos son narradas a partir de marcadores objetivos y subjetivos, también denominados puntos críticos, virajes o inflexiones en la trayectoria de vida, que le proporcionan coherencia al relato y lo ubican en el espacio y en el tiempo. Algunas de estas irrupciones tienen el potencial de transformar significativamente las trayectorias de vida de las personas, y cuando esto ocurre se denominan epifanías (Denzin, 1989).
Para Denzin (1989), el concepto de epifanía es central en el relato de vida; ya que dichas inflexiones alteran las estructuras de significación que los individuos le otorgan a sus vivencias.
Por ello, el método biográfico se centra en la interpretación de dichos virajes, los cuales son clasificados de la siguiente manera: Primero, epifanías como acontecimientos de primera magnitud, que afectan todos los ámbitos en la vida de las personas, como podría considerarse a la maternidad adolescente; segundo, acontecimientos representativos o acumulativos producto de experiencias sucesivas dentro de un período de tiempo; tercero, epifanía menor como un momento problemático en la vida de una persona, pero sin la trascendencia para afectarla mayoría de los ámbitos de la vida y cuarto, la rememoración.
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Otro elemento importante a considerar desde la propuesta interpretativa de Denzin (1989), y que ha representado una preocupación central del método biográfico, es el de la veracidad del relato.
De acuerdo con el autor, en una narración coexisten tres elementos: los hechos o eventos que un individuo sugiere que ocurrieron en el pasado o cree que ocurrirán en el futuro; las prácticas llevadas a cabo y que describen la manera en que dichos eventos fueron experimentados, y las ficciones, resultado de la rememoración. Estas últimas se manifiestan como interpretaciones actuales de un evento pasado, las cuales tienden a exacerbar o distorsionar las vivencias sin que por ello pierdan validez analítica. Las omisiones, silencios y distorsiones son parte importante del proceso de interpretación y deben ser comprendidas dentro del conjunto del relato. El autor manifiesta que en tanto los textos biográficos son producciones incompletas, el interés del investigador no radica en captarlos como una totalidad coherente y ordenada buscando un principio y un fin, sino descubrir la manera en que los individuos dan coherencia a sus narraciones y descripción sus vivencias, y el lugar que le otorgan a sus experiencias (Denzin, 1989; Resendiz, 2011).
Sumado a lo anterior, autores como Bertaux (1980) ubican la validez del relato en otra dimensión, la cual tiene que ver con la saturación de los mismos. Para este autor, el investigador debe asegurarse de tener la cantidad de relatos que le permitan construir una clara representación de su objeto de estudio de modo que la incorporación de un caso adicional a los ya obtenidos, no aporte nada nuevo en dicha construcción. Por ello, plantea Bertaux (1980), un principio básico para alcanzar dicha saturación, es la mayor diversificación posible de los informantes.
Así, esta investigación se sostiene sobre las dos posturas señaladas. Por un lado, la validez de los relatos obtenidos en el desarrollo de esta tesis doctoral se sostiene en una interpretación de las significaciones atribuidas a la experiencia de la maternidad adolescente anclada espacial y temporalmente, como sugiere Denzin (1989); y del otro, se intentó obtener la mayor diversificación posible en la selección de las informantes, como se mencionará con mayor profundidad en los apartados siguientes, con el propósito de obtener un punto de saturación.
66 2.1.2 Los relatos de vida: Precisión terminológica.
Entre los diferentes tipos de documentos vivos que abarca el método biográfico se encuentran los relatos y las historias de vida, distinción que a menudo resulta difícil de obtener generando confusiones terminológicas. Algunos autores sugieren que las imprecisiones en el uso de ambos términos se deben a la traducción literal al español que se ha hecho de los términos en inglés Life story (relato de vida) y Life history (historia de vida), haciendo complicada la diferenciación entre la historia vivida por una persona y el relato que ésta pueda hacer de su vida durante una entrevista (Bertaux, 1980; Galligani, 2000; Rojas; 2011).
Pese a las diferentes acepciones de ambos términos, en esta tesis doctoral nos apoyamos en la distinción promovida por Denzin (1989), para quien los relatos de vida constituyen recuentos orales de la vida de una persona, o fragmentos de la misma, con el propósito de conocer las experiencias y las interpretaciones de sus vivencias. Dichos relatos se enfocan en las narraciones de las experiencias personales tal y como los individuos manifiestan que se presentaron; es decir, la versión de sí mismos, las cuales son interpretadas por el investigador. Por su forma narrativa, el autor argumenta que el relato de vida constituye una ficción en tanto representa la reconstrucción de una vivencia que ya ocurrió, o bien que se proyecta con miras al futuro. En contraste, las historias de vida, se caracterizan por que la atención recae en el estudio de un individuo particular, abarcando tanto su relato de vida como cualquier tipo de información adicional que posibilite la reconstrucción de su vida (textos escritos y documentos históricos, entre otros).
A partir de la distinción anterior, vale la pena señalar que la presente investigación se centra en los relatos de vida de mujeres que tuvieron un primer hijo siendo adolescentes para dar cuenta de su construcción subjetiva y la significación de su experiencia. Esta forma narrativa resulta pertinente por varias razones. En primer lugar, posibilita identificar sucesiones temporales de los eventos experimentados por las mujeres y las relaciones entre los mismos, logrando interpretar la manera en que se construyen a sí mismas a partir de las atribuciones de sentido otorgados a los mismos. Tal como sugiere McAdams (2011) no hay sujeto sin historia. Los individuos se construyen a partir de la manera en que se narran a sí mismos, por lo que el relato
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no puede desvincularse de la identidad narrativa que proporciona. De este modo, los relatos de vida de las mujeres que fueron madres en la adolescencia permiten la reconstrucción de la memoria y con ello, interpretar la manera en que a partir de dicha experiencia se desplegaron sus procesos de subjetivación. En segundo lugar, los relatos de vida proveen una comprensión dinámica de dichos procesos, en la medida en que los individuos se narran a sí mismos se produce a través de una relación dialéctica entre continuidad y cambio, de rupturas y persistencias. Igualmente, una mirada retrospectiva de las narraciones posibilita la reconstrucción de sentido, y con ello la comprensión de la capacidad reflexiva de los individuos mediante el posicionamiento discursivo de sus vivencias e interpretación de la experiencia de vida. En cuarto lugar, los relatos de vida promueve el énfasis de momentos críticos o transiciones en las trayectorias de vida de las mujeres, como la maternidad adolescente. Estas
“epifanías”, en palabras de Denzin (1989), tienen el potencial de crear y transformar las experiencias de las mujeres y su proceso de subjetivación.