A diferencia del grupo de mujeres mencionado anteriormente, la segunda trayectoria vivenciada por las mujeres de esta investigación se caracteriza porque el embarazo antecedió a la unión y motivó dicho vínculo. En este sentido, la vida en pareja representa una manera de lograr lo que socialmente se espera: “salir bien”. Por ello, una vez que se produce el embarazo, la unión es percibida como la posibilidad de alcanzar la trayectoria de vida socialmente esperada, una corrección al trastrocamiento en el orden de los eventos que los padres desean para sus hijas:
Unión-iniciación sexual-embarazo. En este sentido, aunque las mujeres manifestaron en sus relatos un deseo por convertirse en madres en algún momento de sus vidas, el embarazo adolescente fue un evento no planeado por ellas.
Como punto de partida, es importante señalar que esta trayectoria biográfica es la que más casos reúne de los contemplados en esta investigación. De las 24 mujeres entrevistadas, 16 de ellas establecieron una relación conyugal una vez se enteraron que estaban embarazadas, habiendo dos casos en los que la unión se produjo poco tiempo después del nacimiento del primer hijo, como se observa en el esquema número dos y en el cuadro número tres.
Esquema 5.2 Trayectoria esperada, experimentada por 16 casos de las entrevistadas.
Fuente: Elaboración propia con información obtenida de las entrevistas realizadas.
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Las mujeres que siguieron esta trayectoria tienen ciertas características que las distinguen considerablemente del grupo que siguió la trayectoria anterior (convencional-deseada). En primer lugar, la vida amorosa de estas mujeres se caracteriza por una mayor amplitud en las experiencias amorosas durante la adolescencia, algunas de ellas tuvieron dos o más novios antes de conocer a la pareja que se convertiría en el padre de su primer hijo. Cabe señalar que entre los distintos noviazgos sostenidos por estas mujeres, hay uno que se manifiesta como un
“noviazgo formal”, caracterizado por ser aquel que las mujeres llevan a casa a conocer a sus padres buscando la aprobación para “salir” con ellos. Sin embargo, la mayoría de las veces este novio es presentado como un amigo, ya que los canales de comunicación al interior de la familia no facilitan que las hijas expresen a los padres sus experiencias amorosas, como lo expresan Catalina y Natalia:
En la prepa, de hecho, tuve mi primer novio ya formal, que fue el hermano de un compañero. Eso fue en tercero de bachillerato. Yo tenía 17 años. Y pues él iba a la universidad, ya había vivido solo, era mayor que yo como seis años y pues sí fue algo así como que [Silencio], ¡Qué andas haciendo con una de prepa! ¿No? Él era así como muy propio, y mis papás lo fueron asimilando poco a poco. Yo no me sentía con esa confianza de decirles: “tengo novio”, tampoco (Catalina, edad al noviazgo, 17 años).
Pues, así como tal cual “te presento a mi novio”, no. Pero mi mamá le dijo a mi papá que venía con un muchachito, y cuando mi papá me llevaba a la escuela todos los días era la cantaleta: “No quiero que andes de novia, porque los novios no hacen nada más sino quitarte el tiempo y te distraen del estudio y bla, bla, bla [Silencio]”. Y todos los días escuchaba la misma canción [...] (Natalia, edad al noviazgo, 17 años).
La amplitud de las experiencias amorosas en este grupo de mujeres se relaciona con el escenario donde transcurren los noviazgos. A diferencia de las jóvenes que siguieron la trayectoria convencional-deseada, este grupo de entrevistadas se encontraba en la escuela, principalmente en la preparatoria, cuando conocieron al padre de sus hijos, excepto el caso de Susana, Rosa, Amalia y Mariana, quienes dejaron sus estudios para empezar a trabajar. Aunque no se puede considerar que la escuela fue el escenario amoroso predominante; si representó un ámbito que propiciaba la interacción con los varones y muchas veces, a través del grupo de pares, las jóvenes establecían sus noviazgos.
Otro elemento importante a tener en cuenta entre estas mujeres es la duración del noviazgo; es decir, el tiempo transcurrido entre el inicio de la relación con el novio hasta el momento en que
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se produce el embarazo. Como se observa en el cuadro tres, seis casos tuvieron noviazgos que duraron un año y más; pero en los 10 casos restantes el período en que las jóvenes se embarazaron oscila entre tres a seis meses después de haber iniciado el noviazgo. Lo anterior, guarda una estrecha relación con el uso de métodos anticonceptivos en las primeras relaciones sexuales. Sin importar el nivel educativo que tuvieran las jóvenes al momento del primer encuentro sexual, el lugar de socialización en la infancia o adolescencia, así como el lugar de procedencia de sus familias (Tijuana o el resto del país), las mujeres que siguieron esta trayectoria se caracterizan por no usar ningún método de anticoncepción en sus encuentros sexuales; o bien por un uso esporádico del condón, entre aquellas con una vida sexual más frecuente. En las narrativas, las entrevistadas plantearon cuatro argumentos recurrentes para explicar las razones de no usar ningún método de anticoncepción en sus relaciones sexuales:
porque no consideraban que pudieran quedar embarazadas, porque los encuentros no eran planeados y no les daba el tiempo de comprar preservativos, porque sus parejas las cuidaban controlando las eyaculaciones; y algunas mujeres manifestaron estar muy enamoradas y no importarles un posible embarazo porque sabían que la pareja “iba a responder”.
Cuadro 5.3. Casos de mujeres residentes en Tijuana, madres adolescentes, que siguieron la trayectoria esperada.
Fuente: Elaboración propia con información obtenida de las entrevistas realizadas.
Sumado a lo anterior, una reacción compartida por las entrevistadas fue la de ocultar sus embarazos por el temor de enfrentar a sus padres. Algunas, lo hicieron por poco tiempo o durante
Informante Edad Edad al Edad del Duración del Edad Tipo de Lugar de residencia Duración de
Actual noviazgo novio noviazgo a la unión unión después de la unión la unión
Natalia 26 17 21 3 meses 17 Casada (civil) Casa de la suegra 4 años
Aurora 28 17 22 6 meses 17 Casada (Civil) Casa de la suegra 2 años y 6 meses
Lucía 30 17 19 2 años 19 Casada (Civil) Casa de la suegra Continúan
Catalina 30 17 23 1 año y 6 meses 18 Casada (religioso) Casa propia 2 años
Lilia 30 17 25 4 meses 18 Casada (Civil) Casa propia Continúan
Yolanda 31 16 20 2 años y 6 meses 18 Libre Casa de la suegra 3 años
Gladis 27 16 17 1 año y 6 meses 20 Libre Casa de familiares 3 años
Susana 31 17 23 4 meses 17 Libre Casa de la pareja 1 año
Valentina 31 15 17 5 meses 15 Libre En casa de la madre Continúan
Alicia 31 18 21 8 meses 19 Casada (religioso) En casa de la madre Continúan
Mariana 32 17 35 4 meses 18 Casada (Civil) En casa de la suegra 5 años
Amelia 32 17 26 2 meses 17 Libre En casa de la madre Continúan
Rosa 33 17 21 1 año 18 Casada (Civil) En casa de la suegra 8 años
Carmen 27 17 18 2 años 19 Libre En casa de la pareja 2 años
Berenice 27 18 21 10 meses 19 Casada (Civil) Casa propia 6 meses
María 31 15 21 1 año 17 Libre Casa de la suegra 3 años
CASOS QUE EXPERIMENTARON LA TRAYECTORIA ESPERADA: PRIMER NOVIAZGO, INICIACIÓN SEXUAL, PRIMER EMBARAZO, PRIMERA UNIÓN, PRIMERA MATERNIDAD
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los primeros meses; y otras, hasta cuando el embarazo estaba avanzado. El sentimiento de haber defraudado las expectativas que los padres tenían sobre las mujeres y sus proyectos a futuro generó múltiples tensiones que se hicieron evidentes en los relatos. De hecho, las entrevistadas manifestaron de distintas maneras que contar a sus padres sobre sus embarazos había sido una de las situaciones más difíciles de sus vidas. La sanción social de haber tenido relaciones sexuales fuera de la unión, de haber “metido las patas” o “haber salido con el domingo siete”, como denominan algunas mujeres al embarazo en estas circunstancias, constituyó una experiencia que marcó profundamente sus biografías, haciendo que la aceptación de sus padres frente al embarazo y el respaldo de la pareja fueran fundamentales en la manera de enfrentar y significar el primer embarazo. Sin embargo, a pesar del temor para enfrentar a sus padres resalta el hecho de que ninguna de las entrevistadas consideró interrumpir sus embarazos; pese a que pocas tuvieron la oportunidad de hacerlo, como sugiere Catalina:
Sí, me fui a otro país y pues ya estando allá pues obviamente yo me empecé a dar cuenta que pasó un mes, pasa otro mes y como que "qué onda". Este, yo siempre llevaba así como un récord, eso que te dan los ginecólogos donde vas anotando. Entonces yo dije: “no, pues pasó algo”. Entonces, fui al doctor allá y algo que me impactó mucho fue que me dijeron: “Ah, pues si quieres abortar”, Y yo: “¿Cómo? ¿Cómo tan normal en mis escuela que era un bachillerato?”, decía yo: “¿cómo?”.
Porque era súper normal. Y dije: “Claro que no quiero abortar” (Catalina, edad al primer embarazo 17 años).
Otro elemento que se destaca en esta trayectoria, en comparación con la convencional-deseada, es una mayor centralidad de las uniones legales e incluso de los matrimonios religiosos, como se observar en la cuadro tres. Estas mujeres pertenecen a familias con ingresos socioeconómicos más elevados y mayores niveles de instrucción (preparatoria y licenciatura), en las que la unión legal parece constituir una opción deseada por los padres e incluso éstos ejercen presión para que sus hijas establezcan este tipo de uniones. Igualmente, para algunas mujeres, el casarse por la iglesia representaba un valor importante, así que lo hicieron mientras el embarazo no se notaba. Otras, manifestaron haber tenido la ilusión de haberse podido casar de blanco; empero, declararon que no consideraron esta opción viable en tanto representaba una contradicción lucir un vestido blanco si ya no eran “señoritas”.
A partir de las generalidades anteriormente señaladas, a continuación se detallan con mayor profundidad algunos aspectos relevantes de esta trayectoria, teniendo en cuenta la manera en
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que se produjo el noviazgo y la decisión de establecer la primera unión; así como la calidad de la relación de pareja; dimensiones que inciden en la manera en que las mujeres significan la experiencia de la primera maternidad.
5.2.1 Vida amorosa-noviazgo.
El punto de partida de esta trayectoria es el noviazgo con la pareja que se convertiría en el padre del primer hijo. Uno de los rasgos característicos de esta relación es una mayor interacción con la pareja, en comparación con las mujeres que siguieron la trayectoria anterior, al poder contar con un poco más de libertad de realizar actividades durante el noviazgo. Resulta relevante el hecho de que el control parental frente al primer noviazgo varía de acuerdo a las actividades que las mujeres se encontraban realizando. Las entrevistadas que estaban insertas en el mercado de trabajo gozaban de mayor autonomía en sus rutinas y horarios, por lo que podían disponer con más facilidad de tiempo para interactuar con sus parejas, como narra Mariana: “Ya después de que mi mami ya supo [del noviazgo], ya así como que había más confianza. Yo me sentía con la confianza, llegaba un poquito más tarde, ya nos íbamos más de vagos. Ya mi mami no más me decía: “No llegues tan tarde”, ya era como que ya lo estaba aceptando. Y dije yo: “Bueno”
(Mariana, edad al noviazgo 17 años).
En contraste, entre las mujeres que se encontraban estudiando y continuaban dependiendo económicamente de los padres el control parental era más estricto, por lo estas entrevistadas debían idear distintas estrategias que les permitiera poder contar con mayor tiempo para interactuar con sus novios, como sugiere Alicia:
Al principio pues sabía mi mamá que salía con él [Novio] porque éramos amigos, pero ya después yo le dije que era mi novio. Y ya después a mi papá, le dije que estaba saliendo con él, que era mi novio y pues mucho más limitada para salir” (Alicia, edad al noviazgo 18 años).
5.2.2 “En la calentura no se piensa”: Inicio de la vida sexual.
Los noviazgos de las mujeres que conforman este grupo se distinguen por una corta duración entre el comienzo de la relación y el inicio del embarazo, lo cual guarda un estrecho vínculo con las prácticas sexuales de las mujeres en su adolescencia. Las entrevistadas que siguieron esta
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trayectoria se caracterizan por no usar métodos anticonceptivos en sus primeros encuentros sexuales, o bien usarlos de forma esporádica; lo cual parece no guardar una relación con el nivel de sector socioeconómico de pertenencia. En las narraciones, las mujeres mencionan tres elementos importantes que vale la pena subrayar. El primero se refiere al conocimiento acerca de los métodos de anticoncepción. Algunas mujeres mencionaron carecer de información acerca de los métodos que podían utilizar, como es el caso de Catalina, quien pertenece a una familia con elevados niveles de instrucción e ingresos socioeconómicos elevados.
No, o sea, es que yo no tenía ni idea. Yo sabía ni qué esperar la primera vez. Pero sí en esta relación, obviamente yo tuve mi primer encuentro sexual pero fue por lo mismo, yo decía: “No, pues matrimonio”, yo eso era lo que quería. De hecho, pues [...], también di muchas clases de catequesis y estaba metida en ese rollo. Entonces cuando llega el momento mi hermana dice así como: “Ay, qué importa, no pasa nada”. Que mi hermana obviamente ella sí sabía cuidarse y yo no, yo no sabía nada, como que bien inocente” (Catalina, edad a la primer relación sexual 18 años).
El segundo elemento tiene que ver con la iniciativa de las mujeres de portar o exigir que sus parejas empleen algún método de anticoncepción en las relaciones sexuales. Lilia cuenta que durante los encuentros sexuales, intentó percatarse si su pareja usaba algún método, pero en la
“calentura” del momento olvidaba exigirle a su pareja su uso. “Pues era la primera vez, yo no sabía qué; o sea “¿Qué es esto?”. Pues ya estando ahí, en la calentura, sí me percaté que [...], sí lo hizo evidente. Y con él fue como unas tres veces” (Lilia, edad a la primera relación sexual 17 años). En el relato de Mariana por su parte, se observa que el tabú frente al cuerpo y las relaciones sexuales no les permite a las mujeres exigir a sus parejas el uso de métodos para prevenir embarazos.
Sí, fuimos a un motel. Cuando lo miré [...], yo nunca había visto algo así [Risas]. Yo me quedé:
“Ay, no qué feo”. Ya luego me enrollé en toda la cobija. Yo ni siquiera sabía que los hombres usaban de esos calzones, como tangas [Risas], y sus botas gigantes. Entonces ya lo miré, no se me olvida, una pinche tanga azul marino. Y yo: “¿Y eso qué?”. Yo así como que medio lo miré, me tapé y ya. Y así estuvimos. O sea no fue nada feo, brusco, nada. Sí todo fue bonito. Pero [...], yo no sabía ni qué. O sea en ese momento nos fuimos y yo me acuerdo que él si traía los condones, te lo juro que yo estaba así como ida. Y no voy a decir esa vez y desde esa vez me embarazó, no.
Fueron varias veces y en una de esas fue cuando ya salí embarazada, y le dije: "estoy embarazada".
En esos dos meses fue cuando nos dimos vuelo y entonces en esos dos meses fue cuando yo salí embarazada (Mariana, edad a la primera relación sexual 17 años).