Desde el paisaje Inca de Tarapacá. puesta en valor de las estrategias de territorialización Inca y desarrollo de las comunidades de la
2. El paisaje del poder. el tramo del Camino del Inca de Tarapacá
3) Comunidades. corresponde a la fase de resultados y se centra en exponer la gestión de participación de las comunidades para crear una institucionalidad de base para el desarrollo de los procesos de generación de emprendimientos comunitarios, asociativos y solidarios. La participación comunitaria se relacionó con la mirada que se dio en el contexto de estudio, donde los/as representantes de las comunidades participantes del proyecto fueron reconocidos como sujetos políticos, con derecho a opinar y decidir sobre el desarrollo del proyecto. Una premisa que surgió desde su condición de portadores de conocimientos, necesarios para construir las bases teórico prácticas de soporte para el desarrollo de cada comunidad. Esto condujo en gran medida, a los ajustes metodológicos y cuestionamientos internos al planteamiento del proyecto.
Metodología
La adopción de un enfoque cualitativo, del tipo exploratorio y descriptivo, respondió a la complejidad dinámica del objeto de investigación, dado por la diversidad de actores y situaciones que involucraba el estudio, y la concepción de desarrollo y la etnicidad que se constituía, lo que fue determinando los alcances de la investigación dentro de un proceso y un dialogo transcultural. Es por este motivo que el estudio promovió la aplicación de un enfoque colaborativo, integrando un equipo interdisciplinario al dialogo con representantes de las comunidades comprometidas.
La estrategia para identificar la vialidad incaica se asumió desde un enfoque de carácter macro-morfológico, en el sentido de Moralejo (2012), citando a Trombold (1991), intentaba comprender la configuración de las particularidades del camino en función de los rasgos generales del sistema vial, permitiendo construir una observación situada en la región de Tarapacá en relación a la extensión de la red vial del Tawantinsuyu, “hipotetizando continuaciones y ramales, conectando relaciones y ejes viales”, y a la vez, para que en una etapa posterior, avanzar hacia una investigación en profundidad del tipo micro- morfológico del viario Inca. En este sentido, la definición de una primera etapa del estudio fue delineando los alcances del proyecto, la que fue complementada con el enunciado de la cadena interpretativa de Criado Boado (1996) y ampliada por Criado y Barreiro (2013), que definió la secuencia de las fases de puesta en valor en función del uso social y/o económico de los bienes patrimoniales. Según los alcances señalados, la secuencia de actividades de la primera etapa consideró las siguientes fases: Identificación y registro de los bienes, documentación, y significación, de carácter preliminar en nuestro caso de estudio. En este sentido, los resultados obtenidos permitieron establecer, una primera selección de las áreas valoradas a conservar y proteger para futuras investigaciones de profundización, e integradas al programa de manejo de áreas núcleos y de amortiguación.
el territorio. Acciones que desde el Estado Inca surgieron como una necesidad de establecer el diseño planificado como una estrategia para marcar y rubricar el territorio imperial. Complementando el enunciado, toda expresión del hombre en el espacio, como producción y producto, es resultado de una construcción social, y de un proceso de objetivación, citando a Criado (1996), de una intención, sentido y racionalidad que se expresa en elementos formales concretos, que permite develar este orden pre existente, de donde podemos inferir que es factible de describir e interpretar a través de un proceso de observación.
De las hipótesis levantadas
La incorporación de Tarapacá al territorio Incaico, consideró el enunciado de una estrategia de planificación adaptada a las condiciones particulares de su geografía. Los procedimientos seguidos, de acciones coordinadas, debían de establecer las estrategias óptimas para el ordenamiento de trayectorias del camino, zonas, usos, riesgos, y a la vez, el conocimiento de los recursos existentes dentro del territorio señalaba la meta a lograr. Si bien los factores físicos-medio ambientales definieron el marco y el soporte para la implementación de las estrategias de ocupación, el conocimiento especializado del territorio, como medio sustancial para la subsistencia, implicó la experiencia profunda tanto de la geografía como de los tiempos ocupados en la movilidad, a la que se sumaban, el conocimiento de los pueblos naturales de cada lugar y sus estructuras organizativas y de poder.
Figura 1: Trazado del camino Inca región de Tarapacá. indicando Trazado, Zonas de Protección y Localidades de Comunidades asociadas. Fotografías: M. Isabel Fuentes
De los tramos de Camino Inca de Tarapacá, en el sistema vial de la costa El trazado del camino Inca recorrió desde la quebrada de Camarones hasta la localidad de Quillagua, en la Quebrada del rio Loa, (Ver Fig. 1). Con leves variaciones en su desplazamiento, el camino fue tomando dirección Norte a Sur, flanqueado por el Este por el piedemonte de la cordillera andina, y por Oeste, por la cordillera de la costa, cubriendo una distancia aproximada de 330 kilómetros. Dada la diversidad de aspectos que integra en su extensión el viario, se procedió para su caracterización la adopción de los criterios técnicos propuestos por la Guía de Identificación y Registro del Qhapaq Ñan (2013; 69- 73), con fines de realizar las fases de identificación, registro e descripción del camino.
De esta forma, se adoptaron las unidades de selección propuesta: tramo, sub tramos, sección, y segmentos.
En el proceso de división del Tramo del Camino, se identificaron ocho sub tramos, que responden tanto a la relación que se encuentra entre la ubicación de las quebradas y oasis y las comunidades indígenas que las habitan ancestralmente, y del reconocimiento que las sustentan como comunidades territoriales por parte de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena. Un proceso de selección que permitió la identificación y vinculación de comunidades al Proyecto del Inca de Tarapacá, y a la vez, iniciar el proceso de participación y consulta. Para efectos de su estudio, los sub tramos se identifican y ordenan de Norte a Sur asociadas a sus respectivas comunidades:
1. Sub tramo Camarones-Suca: Comunidades Indígenas de Suca-Liga y Miñimiñi 2. Sub tramo Suca-Camiña: Comunidad Indígena de Calatambo
3. Sub tramo Camiña-Aroma: Comunidad Indígena de Aroma
4. Sub tramo Aroma-Tarapacá: Comunidades Indígena de Tarapacá y Huarasiña.
Comunidades que optaron por no participar en el Proyecto.
5. Sub tramo Tarapacá-Quipisca: Comunidad Indígena de Quipisca 6. Sub tramo Quipisca-Pica: Asociación Indígena Inca de Pica.
7. Sub tramo Pica-Huatacondo: Comunidades de Tamentica y Huatacondo, está última optó por no participar en el Proyecto.
8. Sub tramo Huatacondo-Quebrada Rio Loa: Comunidad perteneciente a región de Antofagasta, por tanto excluida de participar.
El trazado longitudinal, Norte Sur, del Camino Inca presenta en su trayectoria, por la región de Tarapacá, particularidades que nos habilitaron para reconocer e interpretar la existencia de a lo menos dos tramos diferenciados, por materialidades, extensión, y contextos. En primer lugar, por la relaciones contextuales que cada tramo estableció con el asentamiento de Tarapacá Viejo y la quebrada de Tarapacá, como Centro Administrativo Inca (Zori; 2014) encargado de la explotación de la minería regional, y eje viario transversal de conexión Oeste-Este, de control y dominio Inca entre la costa y el altiplano. Constituyendo una condición importante en la planificación, diseño, y construcción del Camino Inca, difícil de soslayar.
Figura 2: Conjunto de promontorios y edificación tipo Tambillo,, sector Suca. Banda Norte y Vista hacia el Sur, camino a Calatambo.
Figura 3: Mirador Banda Norte Vista hacia el Norte, camino a Camarones. Fotografías: Archivo A.Prado
Simultáneamente, con el trabajo de identificación de las características diferenciadoras de cada tramo, fue posible reconocer e identificar, segmentos, secciones y sitios, con una
“mayor” concentración de relaciones espaciales y materiales significativas, vinculadas a las expresiones del periodo Inca, que por sus valores y estado de conservación que presentan, hipotetizamos como componentes del Paisaje Cultural incaico. Dichos atributos fueron respondiendo a las diversas estrategias de planificación aplicadas, a los aspectos técnicos y materiales empleados en la ideación y construcción de caminos y de las edificaciones asociadas, integradas desde una concepción unitaria, desde donde fue posible identificar expresiones de arte rupestre, asociadas a sitios estratégicos, y sujetos a cuencas de visibilización y monumentalización, dando cuenta de sus valores culturales, reconocidos y vinculados, al periodos Inca.
El primer tramo regional, que reconocemos se habría desarrollado entre la quebrada de Camarones y la de Tarapacá, cubriendo una extensión aproximada de 130 kmts, e integrando los sub-tramos 1 al 5. Presenta características que responden a un camino planificado, diseñado con anterioridad a su uso. Las premisas que se despliegan para sostener la propuesta están en los vestigios de las obras que se realizaron y en el trazo delineado y orientado que presenta el Camino, que dan cuenta de una intencionalidad previa. Un indicador, el camino presentaba una dirección hacia el Centro Administrativo de Tarapacá Viejo, articulador del procesamiento y explotación de las zonas con recursos minerales, del complejo minero de plata de Huantajaya, en la costa frente a Iquique, y de los centros de minería de quebradas aledañas a la de Tarapacá. Un segundo indicador, esta en la selección de los lugares por donde debía cruzar el Camino. El trazado elegido optó por cruzar por la quebradas de Suca y de Camiña, reconocidos como unidades de paisaje Inca. Ambos sitios presentaban una morfología que permitía el asentamiento de un enclave, con montículos a modo de plataformas que avanzan sobre la terraza fluvial, y que permitían su utilización como atalayas, de control de paso y dominio de los senderos de ascenso y descenso en la quebrada de Suca, y como plataforma ceremonial, posible ushnu, en la quebrada de Camiña, sector de Calatambo.
En las quebradas de Suca y Calatambo se encuentran los vestigios de edificaciones que apoyaron el avance de la comitiva Inca hacia la Quebrada de Tarapacá (Figs. 2 y 3). Sitios y segmentos del Camino que destacamos por su vinculación con el periodo Inca y que reconocemos como una unidad de paisaje. Además sobresale, por la aplicación de técnicas constructivas para salvar laderas abruptas, como en el caso de la quebrada de Camiña, en el sector de Calatambo, mediante un sendero en zigzag, que resalta por su ideación y perfección en el trazo (Figs. 4). En el mismo sentido, para salvar un campo aluvional de aproximadamente 10 kmts de extensión, de rodado de piedras de gran dimensión (Figs. 5), ubicado en el sub-tramo de Calatambo-Aroma, optó por mantener la trayectoria direccionada hacia Tarapacá, aplicando la técnica de despeje del trazo, labor solamente posible de realizar por el trabajo coordinado de un gran contingente de hombres.
Figura 4: Zigzag sendero ladera Norte, Quebrada de Camiña. Calatambo.. Fotografías: A. Prado.
Figura 5: Segmento Camino Despejado y alineación de piedras. Calatambo - Aroma. Fuente: A.Reyes.
El segundo tramo, se desarrolló entre las quebradas de Juan de Morales y del Loa, sector Quillagua, extendiéndose por aproximadamente 200 kmts, e integrando los restantes tres sub-tramos, 6,7 y 8. Por las características que presenta, corresponde a un camino pre- existente, enmarcado en el inicio de la planicie de dunas, característico de la zona de Pica, y por un campo de geoglifos representativo del arte rupestre pre Inca, que va acompañando la ruta caravanera en su camino hacia el sur, lo que hace hipotetizar y transformarse en un indicador de su condición pre existente al Inca.
Desde la Quebrada de Juan de Morales al sur, pasando por las cercanías del Oasis de Pica, el camino se caracteriza por una calzada amplia y despejada, tipo “rastrillo”, sobre soporte de arena. El segmento que destacamos por su vinculación con el periodo Inca y que reconocemos como una unidad de paisaje, corresponde al camino que se dirige hacia las lomas de la Calera, por una planicie de dunas, la ruta caravanera asciende entre las lomas por un portezuelo hacia una planicie superior donde es posible visualizar el oasis y socavón de La Calera y el cerro y cola del Longacho, a un costado de un montículo que fue posiblemente utilizado como atalaya, se ubica y destaca el panel ajedrezado, que postulamos de filiación Inca (Fig. 7), siguiendo el estudio realizado por Berenguer (2013). En las cercanías del trazado del camino que pasa por las quebradas de Los Pintados y Maní, el panel ajedrezado vuelve a estar presente, entre los geoglifos de llamas y otras iconografías propias del arte rupestre Pre Inca.
Consideraciones del apartado
Durante el periodo del Horizonte Tardío, el tramo de Tarapacá en el sistema vial de la Costa, se planificó desde Arica. El camino se internaba por los valles agrícolas en dirección hacia Camarones, siguiendo el itinerario estudiado por Advis (2008) del camino de Almagro.
Luego, en su trayecto hacia el sur, continuaba por Suca hacia Calatambo para internarse por la Pampa del Tamarugal, hacia Aroma-Curaña y Tarapacá, el Centro Administrativo de la zona minera de la región. Como Centro Administrativo articulaba la explotación de las zonas con recursos minerales de Huantajaya, y de las quebradas aledañas. La continuidad del Camino mantuvo la trayectoria hacia Pica, Tamentica, y Quillagua, en la Quebrada del Loa. Sin embargo, no es viable soslayar la importancia que adquirieron las rutas conectoras entre el altiplano y el desierto, a través de las quebradas Tarapacá, Juan de Morales, Tambillo, Pica, Chacarillas, Huatacondo, y Maní. Una propuesta que deberá ser revisada y complementada por futuros estudios arqueológicos en profundidad.
Los procesos de re-territorialización impulsados por el Inca, añadieron componentes incaicos al Camino de Tarapacá, con la finalidad de visibilizar el dominio y el poder en los nuevos territorios, y a la vez integrar la región al sistema vial de la Costa para explotar los recursos mineros de la región. Dos componentes dentro de un sistema de acciones que se constituyen en señas materializadas de las obras impulsadas para demostrar eficiencia y poder cuzqueño, siguiendo la dualidad Monumentalidad-Visibilización, lo que dotaría de sentido al paisaje como una manifestación para construir y marcar territorio. (Urbina, 2009.
24). Un enfoque que llevaba además implícito, la transmisión y permanencia de valores contenidos en los vestigios, un hecho relevante para la construcción de un relato de historia local, base para puesta en uso social del patrimonio regional.
Figura 6: Geoglifo Ajedrezado. La Calera. Pica. Fuente: Arturo Reyes.