Y SU MARCO HISTÓRICO
B. EL INTERIOR
2. La iglesia a) El exterior
5.1. ERMITA DE SAN CRISTÓBAL
La de San Cristóbal fue una advocación eminentemente protectora en su condición de santo profiláctico y sanador de la peste y otras enfermedades contagiosas y de auxiliador de los viajeros. Recibió gran devoción popular en el medievo occidental y se le dedicaron numerosísimas ermitas en España, siendo cinco las que se erigieron en los dominios de la Orden de Santiago en el reino de Murcia; una de ellas en Liétor. En esta villa, además, tuvo el patro- nazgo de los bataneros que aunque escasos en número, eran artesanos textiles de larga tradición que obraban en el batán que funcionaba en el término des- de antiguo.
Estaba construida sobre un cerro, como es habitual, en las cercanías de la fuente que hay frente al camino de Hellín, en la salida, al mismo pasar el puente viejo del Ramblón. A todo el paraje se le llamó los cerros de San Cris- tóbal.
Debió alzarse en los primeros años noventa del siglo XV, ya que en la vi- sitación que se realizó a Liétor en noviembre de 14941 los visitadores la halla-
1 A.H.N. Sección Clero. Órdenes Militares: Santiago. Visitas. 1.066-C. FoIs. 43-68.
ron
bien obrada e ydificada de poco tienpo aca.
Según su testimonio, poseía un altar con un retablo pintado en lienzo, ya viejo, en el cual estaban representa- dos San Cristóbal y San Blas. Por tanto, se asociaba al del primero el culto de San Blas —igualmente muy popular— y a la mediación de San Cristóbal se unía la del santo obispo, especializado en la curación de la rabia y de las enfer- medades de garganta y patrón de otro oficio textil, el de los cardadores. La devoción a estos santos debió ser muy anterior a la construcción de la ermita, en función del estado en que se encontraba la pintura.En la ermita también había una tabla de yeso pintada con la imagen de la Virgen —de la que no encontraremos más alusiones— y un frontal viejo de lienzo, también pintado.
La fábrica tuvo que ser muy reducida porque aunque parece que hacía poco que estaba obrada, los visitadores manifestaron que era estrecha para la realización de la procesión. En vista de la petición que en este sentido había hecho el concejo, mandaron al mayordomo Martín de Cervantes que se en- sanchara todo lo que fuese justo y que se gastara en ello los 2.790 maravedíes que resultaron del alcance. Cuatro años después, según la visita de 14982, no se había cumplido esto. Quizá se desestimase la idea ante la escasez del dinero que disponía el mayordomo por tener como única fuente de renta las limos- nas, que no eran, precisamente, abundantes. Entre 1494 y 1498 solamente había recibido 1.512 maravedíes de los que no había gastado nada. Probable- mente por eso se le ordenó que hiciese sólo las reparaciones más necesarias.
Entre la última visita citada y la siguiente que tenemos documentada, la de 1507 3, se efectuó otra —teniendo en cuenta la periodicidad que se conside- raba en la Orden como recomendable, la visita pudo ser en 1502 o 1503—. En ella se ordenó que se cubriese una capilla que se estaba construyendo y para es- to mandaron dar al carpintero Francisco de Peralta 2.540 maravedíes como an- ticipo de los 4.000 que costaba hacerlo. Al ver los visitadores de 1507 que la capilla no estaba acabada de cubrir, mandaron al concejo que prendiese al maestro y que el alguacil le tuviese preso hasta que la terminase o diese el dine- ro para que otro carpintero concluyera el trabajo. Si el alguacil no cumplía con lo mandado tendría que pagar una multa de 5.000 maravedíes para redención de cautivos. En esta ocasión se describió la ermita como
vna buena casa hazese agora una capilla en ella no esta acabada de cubrir; tyene vn altar con vn retablo de lienço encavado en madera con la ymagen de San Cristoual en el dicho altar esta vn frontal con orillas coloradas tyene dos traveseros labrados dos pares de manteles
vna almohada de halhonbra vna lanpara pequeña de laton.
2 Ibid. 7 de diciembre de 1498. 1.069 C. FoIs. 449-473.
Ibid. 1.072 C. FoIs. 336-378.
No debió ser efectiva la medida tomada, desconocemos la razón, por- que en la visita cursada en septiembre de 151 14 se dice que la ermita —que era de nave única— tenía tapias de hormigón, estaba maderada en tosco y po- seía una capilla que se hace ahora y que está por cubrir, y porque en la de no- viembre de 1515 aún estaba sin acabar. En este informe se indica que sola- mente le quedaban tres o cuatro días para terminarla y que ordenaron al ma- yordomo Juan Lorenzo se concluyese dentro de los veinte días primeros si- guientes so pena de multa de 1.000 maravedíes para la ermita. Por tanto, los casi quince años que pasaron para simplemente cubrir una pequeña capilla ponen de manifiesto la precariedad constructiva que había en la villa cuando se trataba de obras financiadas exclusivamente por el pueblo.
En 1521, Juan Lorenzo gastó 1.122 maravedíes en un ara para el altar y en pavimentar la capilla y pagó 1.402 a Juan de Alcantud por una alfombra nueva de 20 palmos, un tapete y ropa.
En abril de 15256 se mencionaba la capilla nueva pero se señalaba que el cuerpo de la ermita estaba por hacer porque era un edificio viejo que se pen- saba demoler poco a poco para ir reedificándolo de nuevo. Ahora bien, pode- mos pensar que la obra iba a ir para largo porque la disponibilidad económica era tan escasa —seguía teniendo como única fuente de ingresos las limosnas—
que se ordenó vender el tapete al que anteriormente nos hemos referido para con su valor seguir la obra segun va comen çada.
A principios de los años treinta del siglo XVI parece que se inició una mejoría de las condiciones económicas en la encomienda, de las que participó Liétor. En la visita de junio de 1536 7 , el mayordomo, Gonzalo Gómez, dio cuenta de unos ingresos considerablemente más altos que los anteriores
—7.384 maravedíes—. De ellos gastó 5.389 entre los que pagó a los maestros de la obra y los que costaron el yeso, la cal y el canto empleados. Se mandó al mayordomo que forzase a los maestros a hacer la obra como tenían estableci- da obligación y que lo hiciese sin dilación so pena de una multa de dos duca- dos para el tesoro de la Orden. A pesar de los mandatos, de los deseos y de las amenazas de sanciones económicas, en octubre de 15498 se escribía que la er- mita era de una nave, que estaba recubierta la mitad y que la capilla estaba cu- bierta de madera de pino bien labrada. Como siempre, se mandó al mayordo- mo, ahora Francisco Córcoles, que prosiguiese los trabajos con los 4.819 ma- ravedíes que disponía y con las limosnas de la buena gente hasta acabarla,
Ibid. 1.077 C. FoIs. 437-454.
Ibid. 1.078 C. FoIs. 584-605.
'Ibid. 1.080 C. FoIs. 877-887.
Ibid. 1.082 C. FoIs. 501-526.
'Ibid. 1.085 C. FoIs. 274-301.
so pena de dos ducados para obras pías.
Aunque conocemos numerosas noticias sobre limosnas y mandas testa- mentarias a la ermita, sobre el edificio no volvemos a tenerlas hasta el inven- tario de 1742. Por entonces la fábrica estaba en muy malas condiciones y se mandaba que la ermita de San Antonio y San Blas prestase a la de San Cristóbal 500 maravedíes para reedificarla. En el mismo documento se hacía constar que el santo titular estaba pintado.
En la visita efectuada el 4 de julio de 1745 se insistía en que se gastara el dinero en la reconstrucción, lo que se hizo en un periodo concreto que des- conocemos entre ese año y 1751v.
La última referencia es de 1763 y se trata de la anotación de 200 reales gastados
para repararla por hallarse con diferentes quebrantos y roturas y con una pared caida deforma que as¡ racionales como animales entran de dia y de no- che, de que dimana la mayor irreverencia e indecencia de puesto y lugar tan sa-
grado. Entre 1763 y 1769 se realizaron los arreglos necesarios, siendo el maestro alarife Juan Guerrero 10.La ermita de San Cristóbal no ha llegado a nuestros días. No tenemos noticias de cuándo desapareció pero a mediados del siglo XIX, probablemen- te, ya no existía porque Madoz no la menciona en su diccionario.