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ERMITA DE SAN SEBASTIÁN

Y SU MARCO HISTÓRICO

B. EL INTERIOR

2. La iglesia a) El exterior

5.2. ERMITA DE SAN SEBASTIÁN

so pena de dos ducados para obras pías.

Aunque conocemos numerosas noticias sobre limosnas y mandas testa- mentarias a la ermita, sobre el edificio no volvemos a tenerlas hasta el inven- tario de 1742. Por entonces la fábrica estaba en muy malas condiciones y se mandaba que la ermita de San Antonio y San Blas prestase a la de San Cristóbal 500 maravedíes para reedificarla. En el mismo documento se hacía constar que el santo titular estaba pintado.

En la visita efectuada el 4 de julio de 1745 se insistía en que se gastara el dinero en la reconstrucción, lo que se hizo en un periodo concreto que des- conocemos entre ese año y 1751v.

La última referencia es de 1763 y se trata de la anotación de 200 reales gastados

para repararla por hallarse con diferentes quebrantos y roturas y con una pared caida deforma que as¡ racionales como animales entran de dia y de no- che, de que dimana la mayor irreverencia e indecencia de puesto y lugar tan sa-

grado. Entre 1763 y 1769 se realizaron los arreglos necesarios, siendo el maestro alarife Juan Guerrero 10.

La ermita de San Cristóbal no ha llegado a nuestros días. No tenemos noticias de cuándo desapareció pero a mediados del siglo XIX, probablemen- te, ya no existía porque Madoz no la menciona en su diccionario.

señorío santiaguista del reino murciano se documentan, entre 1480 y 1515, quince ermitas y una parroquia dedicadas a este mártir romano, frente a doce parroquiales, cinco ermitas y un santuario, consagrados a Santa María".

Esta ermita es contemporánea de la anterior y, como en su caso, encon- tramos las primeras noticias documentales en los informes de la visita a Liétor en noviembre de 149412. Los visitadores manifestaron que estaba extramuros de la villa y la consideraban muy bien obrada y edificada de poco tiempo a esta parte. Poseía armadura sobre dos arcos bien obrados, por lo que hay que pen-

sar que era de una nave con tres tramos y cubierta de madera a dos aguas so- bre arcos diafragmas. Según el texto, estaba todo nuevo, incluidas las puertas interiores. En el altar había colocado un retablo de madera en el que figura- ban las imágenes de San Sebastián y San Fabián. Encontramos, pues, otra vez, una asociación de dos protectores sagrados entre los que va a predominar y permanecer uno en defecto del otro; aquí San Sebastián, en la ermita anterior, San Cristóbal.

La ermita tenía tribuna y por estas fechas aún no estaba concluida —le faltaban unas vigas de palo—, por lo que mandaron al mayordomo, Fernán Sánchez de la Peraleja, que la terminase. La fuente económica de esta ermita era la misma de la de San Cristóbal: las limosnas y los ingresos procedentes del bacín. Por ello, sus problemas financieros pudieron ser semejantes. Des- pués de pagar las aras, paredes y tribuna, al mayordomo le habían quedado únicamente 500 maravedíes.

El acta de la visita efectuada en diciembre de 149813, añade más infor- mación. Las imágenes del retablo estaban ejecutadas depinzel. La tribuna esta- ba colocada a los pies de la nave y todavía le faltaban unas verjas que manda- ron poner al mayordomo de cualquier dinero que tuviese. Empresa quizá no fácil para Fernán Sánchez de la Peraleja que solamente tenía sobrantes unos maravedíes.

No encontramos ninguna variación en la fábrica hasta 1511 14• La pared frontera del altar empezó a mostrar signos de debilidad y los visitadores man- daron a Pedro Martínez de Galera, el mayordomo, que en un plazo inferior a dos meses debía levantarse un estribo de cal y piedra que la sostuviese. En 1515 15, el mayordomo da cuentas de lo realizado, indicando que se gastó 769 maravedíes en la realización del estribo del hastial de la ermita. Como queda- ba un sobrante de 2.139 maravedíes, le fue encargado que enluciese de yeso

11 RODRÍGUEZ LLOPIS. Señoríos.., O. cit. Pág. 337.

12 A.H.N. Sección Clero. Órdenes Militares: Santiago. Visitas. 1.066 C. FoIs. 43-68.

13 Ibid. 1.069 C. FoIs. 449-473.

14 Ibid. 1.077 C. FoIs. 437-454.

15 Ibid. 1.078 C. FoIs. 584-605.

la ermita y que abriese dos ventanas, una junto al altar mayor y la otra en la tribuna, teniendo seis meses de plazo para hacerlo.

En 1525, acceder al interior de la ermita debía ser muy sencillo, segura- mente por la fragilidad de las puertas y cerraduras, incluso es posible que es- tuviese habitualmente abierta. Esto permitía que diversos grupos humanos acampasen en ella. Por ello, los visitadores ordenaron al mayordomo y al concejo que no dejasen entrar en la dicha ermita gitanos ni entren dentro a po- sar ni a dormir ni a haçer fuego ni menos a los que estubieren retraidos ni les con- sientan haçer fuego porque ahuman la iglesia16. Probablemente, este fue el mo- tivo por el que se decidió poner puertas exteriores nuevas y vender las viejas.

En 1536 se había comprado una campana 17 —tenemos noticias de que poseía más de una, posiblemente en una espadaña— y en el informe de los vi- sitadores de 154918 encontramos otra muestra de descuido para con la ermi- ta. Se mandó sacar cierta madera y barrer las inmundicias que estaban debajo del coro porque más parecía caballeriza que ermita.

Entre los años de las dos últimas visitas citadas, la fábrica debió resentir- se mucho y tuvo que ser reparada porque en 1549 se habla de nuevos reparos en unos estribos, ya construidos con anterioridad, que estaban a las espaldas y en las esquinas para sustentar las paredes. Por esto, puede deducirse que el edificio se presentaba con numerosos contrafuertes que constituían un siste- ma de refuerzo para evitar su derrumbamiento. También era necesario retejar y reparar y limpiar los canales de desagüe del tejado para que no hubiese gote- ras y rellenar las hendiduras por donde se habían abierto las paredes y poner tejas en los estribos para que despidieran el agua y no los perjudicase. En cuanto al interior, se indica que la pintura de los santos estaba ya muy vieja y que el frontal estaba constituido por una alfombra, elemento decorativo que se labraba en la villa y que se utilizó frecuentemente en Liétor para ornamen- tar los recintos religiosos.

La ermita debió ir manteniéndose así, más o menos, a la par que ganaba importancia dentro del panorama religioso de la población, probablemente por su cercanía al núcleo del caserío. Los documentos la emplazan «cerca de la vi/la», «a un tiro de ballesta», «junto al arrabal» y por su escasa distancia de- bió pronto verse integrada en el casco urbano, convirtiéndose en otro templo del pueblo. Por esa razón se iría convirtiendo en centro de reunión de las di- versas cofradías que se iban constituyendo.

En la segunda mitad del siglo XVIII, la estructura arquitectónica estaba '° Ibid. 1.080 C. FoIs. 877-887.

17 Ibid. 1.082 C. Fois. 501-526.

18 Ibid. 1.085 C. FoIs. 275-300.

tan deteriorada que tuvo que ser reconstruida totalmente. La obra se realizó entre mayo de 1778 ye! 14 de mayo de 1781, fecha en la que la Cofradía de la Preciosa Sangre de Cristo deja de reunirse en la sacristía de la parroquia y lo hace en la ermita. El acta de la sesión comienza así: Estando en la ermita del Se- ñor San Sebastián propia de esta cofradía que se encuentra ya a su costa reedifi- cada y habitable... La reconstrucción de la fábrica se hizo con las aportaciones de los cofrades y la de otros devotos del pueblo. En determinados momentos, algunos cofrades adelantaron el dinero necesario. Así consta en un asiento de!

Libro de la Cofradía: ... que por los hermanos Antonio Moreno y Juan Feman- dez se ha ofrecido el costear lo nezesario para cubrir y cogerlas aguas de la ermi- ta que se esta labrando de San Sebastian (..) y que lo reintegre despues la cofra- día de las limosnas que hayan recogido. La reconstrucción la plantea, proyecta y tasa el maestro alarife Alejandro Carreras que en 1763 había hecho lo mis- mo para la obra nueva de la parroquia 19.

A lo largo del siglo XIX, la ermita fue abandonándose y su fábrica co- menzó a deteriorarse hasta llegar a estar en ruinas. En 1901, sus últimos pare- dones fueron demolidos.