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2. Capitulo II. Marco de referencia

2.2 Marco teórico

2.2.8 Estilos de aprendizaje

identificar y aplicar su estilo propio, el cual le permitirá desarrollar hábitos, habilidades y competencias.

información como un todo –holistas– o de manera detallada –serialistas” (p.131). Con base en esto empiezan a surgir conceptos sobre estilos de aprendizaje, como el de Keefe 1988 citado por Sáez (2018) que establece que el estilo de aprendizaje son los rasgos cognitivos, afectivos y fisiológicos que sirven como indicadores relativamente estables de cómo los alumnos perciben interacciones y responden a sus ambientes de aprendizaje, siendo un conjunto de elementos exteriores que influyen en el contexto de la situación de aprendizaje que vive el alumno.

Autores como Wisker , Exley, & Ridley (2018) definen como estilo de aprendizaje, “la forma de aprender más cómoda y natural de los estudiantes, sus enfoques y comportamientos en la forma como llevan a cabo su aprendizaje” (p. 4.). En sintonía con lo anterior, Diaz, (2019) refiere que el estilo de aprendizaje consiste en comportamientos distintivos que sirven como indicadores de cómo una persona aprende y se adapta a su ambiente, por lo tanto un aprendizaje óptimo es el resultado de trabajar la información en cuatro fases: actuar, reflexionar, teorizar y experimentar;

para ello se requiere; experiencia concreta, conceptualización abstracta, experimentación activa y observación reflexiva, que al combinarse originan cuatro estilos de aprendizaje. (Aguilera &

Torres, 2010).

Por último, hablar de estilos de aprendizaje en el ámbito universitario, de acuerdo con autores como Ruíz & Sánchez (2019), es referirse a la característica personal, comportamental, emocional, actitudinal y socio cultural, que son las características individuales que constituyen a una persona en medio de la colectividad, en concordancia y como complemento, los estilos de aprendizaje, “comprenden los elementos cognitivos, afectivos y fisiológicos junto a las características de personalidad que manifiestan de qué manera solemos percibir, pensar, responder e interactuar en el entorno social” (Hervás 2005 citado por Ruíz & Sánchez, 2019, p.23).

Son muchos los autores que han establecidos modelos de estilos de aprendizaje, entendiéndose este como las herramientas o estrategias que una persona utiliza para adquirir conocimiento o para enfrentarse a nuevos conocimientos, entre ellos el modelo de estilo de aprendizaje propuesto por Kolb, (1976, 1984) citado por Aguilera & Torres (2010), los categoriza en cuatro estilos:

Convergente: su punto más fuerte reside en la aplicación práctica de las ideas. Se organizan los conocimientos a través del razonamiento hipotético-deductivo para resolver problemas.

Divergente: se desempeñan mejor en situaciones que exigen producción de ideas y se destacan porque tienden a considerar situaciones concretas desde muchas perspectivas. Su punto más fuerte es la capacidad imaginativa.

Asimilador: se desarrolla la capacidad de crear modelos teóricos, utiliza el razonamiento inductivo y puede juntar observaciones dispares en una explicación integral. Se interesa menos por las personas que por los conceptos abstractos y dentro de estos prefieren la teoría a la aplicación práctica. Suele ser un científico puro o investigador.

Acomodador: su punto más fuerte reside en hacer o involucrarse en experiencias nuevas, suele arriesgarse más que las personas de los otros tres estilos. Se destaca en situaciones donde hay que adaptarse a circunstancias inmediatas específicas. Se siente satisfecho con las personas, aunque a veces se impacienta y es atropellador.

Por su parte, el modelo de clasificación que propone Schmeck, (1982, 1988) describe tres estilos para aprender, de acuerdo con la estrategia utilizada y por el nivel de aprendizaje que se alcanza en la realización de la actividad de estudio:

Estilo de profundidad: el alumno utiliza estrategias de conceptualización (analiza, relaciona y organiza las abstracciones). Es una estrategia que facilita un aprendizaje de alto nivel.

Estilo de elaboración: el alumno relaciona el contenido de estudio con sus experiencias. Es una estrategia que facilita un aprendizaje de mediano nivel.

Estilo superficial: el alumno utiliza estrategias de memorización, solo recuerda el contenido que repasó al estudiar. Es una estrategia que facilita un aprendizaje de bajo nivel.

El modelo para clasificar los estilos de aprendizaje que propuso Silverman, (1988) establece cinco dimensiones a partir del procesamiento de la información:

Por el canal sensorial que utiliza el alumno para ingresar la información: visuales y verbales.

De acuerdo con la fuente de información preferida: sensitivos e intuitivos.

Según la organización de la información: inductivos y deductivos.

Por el progreso del procesamiento de la información: secuenciales y globales.

Por forma del procesamiento de la información: activos y reflexivos.

Para Alonso y Honey (1999:104) que asumen gran parte de la teoría de Kolb, establecen la importancia del aprendizaje por experiencia, siendo cuatro los modelos de estilos de aprendizaje;

primero activo, las personas se implican plenamente y sin prejuicios en nuevas experiencias, son de mente abierta, nada escépticas y enfrentan con entusiasmo las tareas nuevas; segundo reflexivo, son personas a quienes les gusta considerar las experiencias y observarlas desde diferentes perspectivas, reúnen datos y los analizan con detenimiento antes de llegar a alguna conclusión, tercero teórico, las personas con un estilo teórico predominante son los que adaptan e integran las observaciones y hechos dentro de teorías lógicas y complejas, enfocan los problemas de forma vertical, escalonada, por etapas lógicas y tienden a ser perfeccionistas y el cuarto pragmático, las

personas realizan la aplicación práctica de las ideas, descubren el aspecto positivo de las nuevas ideas y aprovechan la primera oportunidad para experimentarlas. El Cuestionario de Honey Alonso de Estilos de Aprendizaje (CHAEA) es utilizado como un instrumento que permite identificar el estilo de aprendizaje que predomina en una persona, considerando que no todas las personas aprenden de la misma forma ya que existen diferentes estilos de aprendizaje por lo cual ninguno es mejor que otro. (Alonso, et al., 1994).

En conclusión, los estilos de aprendizaje se refieren al hecho de que cuando queremos aprender algo cada uno utiliza su propio método o estrategia para hacerlo, es decir; tenemos diferencia en adquirir el aprendizaje y esas diferencias están enmarcadas por muchos factores por ejemplo la motivación, el bagaje cultural previo y la edad, puesto que son intrínsecos e inherentes al ser humano, implicando también la valorización desde sus habilidades, destrezas, temores, aciertos, y desaciertos en el proceso formativo. Hoy por hoy se habla de los estilos de aprendizaje como un medio para comprender y valorar la diferencia, donde prevalece el reconocimiento del

“otro” desde sus características particulares y como actor social que construye y reconstruye su realidad, promoviendo la participación consciente, la sana convivencia y las prácticas educativas desde un enfoque inclusivo basado en los derechos humanos y la simetría social (Sánchez, 2013, citado por Ruíz & Sánchez, 2019).

El docente por ende deberá identificar el estilo de aprendizaje de cada estudiante, de tal manera que los ayuda a fomentar los aprendizajes y a crear el método más adecuado para cada uno. De esta forma conseguirán sus metas académicas y su éxito personal y repercutirá en aprendizajes efectivos.