¿Qué es el autismo?
El Autismo es un trastorno de desarrollo neurológico, de origen biológico que aparece en la primera infancia y que se caracteriza por una alteración en la relación social recíproca, en la comunicación, el lenguaje y la imaginación, por conductas rígidas e intereses y actividades muy restringidas y estereotipadas.
Con frecuencia, estos síntomas se acompañan de comportamientos anormales, estereotipias motoras y obsesiones hacia determinados objetos o sucesos. También pueden aparecer conductas auto y heteroagresivas.
La incidencia se sitúa en 1/700 personas con TEA, siendo la relación hombre/mujer de 4/1.
El nivel de inteligencia y la gama de capacidades es oscilante, pero el 75% de la población presenta una discapacidad asociada de grado variable.
Ubicación
Se trata de un centro privado de reciente construcción. Se cuenta con un gimnasio de 15x12m aproximadamente con el suelo de goma y un patio, que se utiliza ocasionalmente en alguna sesión. El número total de alumnos beneficiados de las sesiones de EF es de 25, siendo la ratio habitual de 1:2, excepto en el grupo de personas con autismo de mayor nivel en el que se cuenta con apoyo y el número de alumnos aumenta hasta 5. En otras ocasiones, también se cuenta con un profesional de apoyo.
El tramo de edad de los alumnos va desde los 20 hasta los 37 años, y su organización por parejas es por motivos de compatibilidad a la hora de trabajar. Se siguen varios criterios, como movilidad, conducta, compatibilidad, etc …
Principios de intervención
En primer lugar, y por encima de todo, debemos ser muy realistas a la hora de fijar unos objetivos, y no pretender que nuestros alumnos realicen algo de lo que estamos seguros que no podrán llevar a cabo, ya que esto aumentaría consecuentemente su nivel de frustración.
Para ello es necesario un perfecto conocimiento de cada uno de nuestros alumnos, para saber donde debemos trabajar más. De este modo, los objetivos fijados se amoldarán perfectamente a las necesidades individuales y colectivas. Es primordial ser consciente de donde nos encontramos trabajando, pero evitando caer en paternalismos y sobreprotección.
Los ejercicios, actividades, juegos ... a realizar se desglosarán en los mínimos pasos para ir de uno en uno avanzando, hasta observar de lo que es capaz nuestro alumno con autismo.
Sabiendo el punto de partida, todo lo que se avance serán mejorías. En todo momento, como se ha comentado con anterioridad, las actividades a realizar, los juegos, etc ... deben ser funcionales y cobrar un sentido para cada alumno.
A la hora de dirigirnos a nuestros alumnos, el lenguaje debe ser claro, con órdenes cortas, sencillas y de fácil comprensión, acorde al nivel de cada persona con la que estoy trabajando, ya que de lo contrario es muy fácil que nos encontremos con grandes dificultades a nivel comprensivo. Debemos realizar ejemplos, para que nos imiten, y poder observar si poseen o no esta capacidad. Se debe tratar de ser lo más asertivo posible, y estar en continua motivación hacia las personas con autismo, sin dar importancia a los fallos y reforzando los aspectos bien realizados. Otro punto muy importante, es ser siempre positivo, y tratar de destacar las capacidades de cada alumno, y tener la mentalidad que todo es mejorable y que se pueden superar, sin tener en cuenta lo que no hacen, sino lo que pueden llegar a hacer, mirando el margen de mejora.
Los siguientes consejos son fruto de la experiencia diaria en el trabajo con personas con autismo. Siempre se debe personalizar y tratar de conocer al máximo a nuestros alumnos.
Dirigirnos por el nombre, son personas como tú y como yo, y merecen el mejor trato posible.
No por hablarles más alto te van a entender mejor. Es necesario que te atiendan, por lo que cuando te dirijas a ellos, acércate, haz que te miren a los ojos y con una orden clara, sencilla y acompañada de signos, explícales en un tono adecuado lo que quieres que hagan y esperas de ellos. Puedes hacerlo tú primero para que posteriormente te imiten. (Cariño +seriedad) (seriedad, silencio, serena)
Trata a los demás tal y como quieras que te traten.
Exígeme lo que puedo hacer. Tan injusto es que se me exija de más como de menos, la clave está en conocerme, y para ello necesitas tiempo, mucha observación y conocerme en distintos ámbitos y contextos, no sólo en el aula de EF, fisioterapia, …
Es necesario que me des un sentido la actividad. ¿Para qué hago esto? ¿le va a ser útil a mis alumnos? Se trata que los momentos que trabajen, encuentren que tiene un fin, que puede ser, un refuerzo del tipo que sea necesario según el nivel de cada usuario
del servicio, ya que para unos puede ser primario (gominola, agua, …), social (una caricia, un gesto, un aplauso, un abrazo, decir lo bien que se está haciendo) para tratar de llegar de un modo organizado a la extinción de dichos refuerzos.
Ejercicios, actividades, … lo más funcionales posibles
Adecuarse a las necesidades diarias que tenga cada alumno. Ser flexibles. En un momento dado, uno de nuestros alumnos puede necesitar de una sesión de relajación, mientras que en otro momento puede necesitar una sesión muy activa, por simples razones de conducta, estado de salud, momento del día, …
Lenguaje claro, instrucciones breves y precisas, en un tono de voz adecuado al momento (no es lo mismo estar jugando, explicando, haciendo relajación …) y firme.
Sé constante en el trabajo diario, poco a poco se verán mejorías.
La empatía juega un papel muy importante. La relación establecida con los alumnos en nuestra área es distinta que la que se da con el resto de profesionales, debido primordialmente al aumento del contacto físico con los alumnos. Es buen momento para trabajar otros aspectos, junto con el responsable del área de comunicación, aspectos de dicho área, ya que se propician momentos óptimos para el intercambio y emisión en el lenguaje y en la comunicación.
La mirada y control de conductas
Lenguaje acompañado de signos
Crear un ambiente adecuado
Constancia de elementos de referencia
Tareas adecuadas y personalizadas
Necesidad de unos materiales adecuados, abiertos y de múltiples usos
Creación de unos hábitos, rutinas, … para ello es muy útil el TPC
Todo debe ir encaminado siempre a un objetivo final: el logro de la autonomía personal, ya que en caso contrario no tiene sentido nuestro trabajo.
Mi ropa debe ser cómoda y adecuada, para que pueda sentirme libre y sin ataduras.
Es necesario que me organices el tiempo y el espacio. Le daremos pautas y orientaciones a través de señales visuales, sonoras, táctiles, …adaptadas a cada alumno y necesidad. Las agendas y la anticipación a los alumnos de lo que van a realizar son muy prácticas a la vez que necesarias. De ello dependerá que lo que hagan tenga sentido para mi.
Espacios amplios sin señalizar no tienen ningún sentido para mí, pero si me estructuras ese mismo espacio, entenderé que es lo que quieres que haga.
El aprendizaje debe ser sin error, no por ensayo y error. Tendremos en cuenta para el aprendizaje de tareas las técnicas del encadenamiento hacia atrás.
Debemos ser contingentes en las conductas, es decir, ser conscientes que ante un mismo estímulo se va a reaccionar siempre de la misma manera, por lo que debe funcionar en nosotros la capacidad de anticipación.
Las relaciones que se establezcan deben ser placenteras, y en contextos a ser posibles lúdicos. No puedo permitirme NUNCA una mala experiencia en una de nuestras sesiones.
Anticípame de distintas maneras lo que va a ocurrir. No dejes para nada lo que puede ocurrir a su libre albeldrío. Todo debe estar controlado hasta el más mínimo detalle.
Necesito de seguridad, tanto física, como afectiva y emocional. No me abandones, ni dejes que tenga una mala sensación o una experiencia inadecuada por una falta de programación o una mala colocación de un material en la sala. Ten en cuenta que todo tu trabajo de meses y años puede retroceder en un solo instante por un descuido mínimo.
Zonas de trabajo
Plantear una sesión a modo de ejemplo, puede parecer “fácil”. Mi modo de trabajar, como he comentado con anterioridad, es a través de circuitos muy sencillos en los que los materiales se distribuyen por la sala de Educación Física, creando zonas de trabajo:
· frente al espejo (esquema corporal)
· espalderas y alrededores (zona de equilibrio)
· junto a una pared (zona de relajación)
· zona central (zona de salto)
· lateral (zona de desplazamientos)
· lateral (zona de lanzamientos y recepciones)
Las personas con autismo necesitan un alto grado de estructuración ambiental, que les facilite un control de los estímulos que les rodea, por lo que a la hora de trabajas se procura mantener zonas fijas y otras mínimamente variables, que aporten al medio una seguridad, constancia y armonía que ellos requieren. Cuando los alumnos se encuentran en la sala de
Educación Física, conocen los materiales, su posible ubicación, utilización y lo que se les va a pedir que hagan, por lo que son capaces de predecir y anticipar, favoreciendo la aportación de seguridad para los alumnos con autismo.
BIBLIOGRAFÍA
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