Capítulo 6. RESULTADOS Y ANÁLISIS
6. ANÁLISIS CUALITATIVO DEL CUESTIONARIO
6.1.2. Las fórmulas de tratamiento nominal en el ámbito familiar
En este subapartado se presentan las FTN más empleadas en el ámbito familiar y el nivel porcentual de su uso:
24 Según Escandell (1993) la cortesía lingüística obedece a una estrategia conversacional destinada a evitar o mitigar conflictos.
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Tabla 04. FTN y nivel porcentual de uso en el ámbito familiar Tipo de FTN Nivel porcentual de uso
El nombre 85%
Formas que denotan familiaridad
78%
Sobrenombres 17%
Forma abuelito-a 46%
Formas amor y mi vida 30% y 11%
Formas tradiciones para con los padres
papá y mamá 20%
Otras formas 10%
Fuente. Elaboración propia
Desde la tabla anterior, se evidencia la subclasificación de las fórmulas de tratamiento nominal en el ámbito familiar y que tienen un nivel representativo relativamente alto en la muestra total. Se descartaron aquellas que tuvieron un bajo nivel porcentual. A continuación se explica los hallazgos más relevantes para cada forma nominal representativa.
6.1.2.1. El uso del nombre en el ámbito familiar
La primera FTN más empleada por los jóvenes en sus interacciones cotidianas es el nombre para apelar a los hermanos 52%, primos 50%, abuelos 20% y la pareja 16%. El nombre se convierte en la más utilizada por el joven para establecer contacto con sus parientes más cercanos como hermanos, primos, abuelos, novio-a. Los sujetos dentro de la familia quienes reciben mayor tratamiento por el nombre son los primos y los hermanos con un porcentaje mayor al 50%. En el estudio sociolingüístico realizado por Pedroviejo (2006) se resalta que “el nombre propio es el tratamiento preferido por ellos y ellas” (p. 3). Este caso particular es confirmado por Álvarez (2005) cuando señala que: “El trato entre familiares se suele utilizar el nombre propio del interlocutor” (p. 38). No obstante, el nombre no es empleado con los abuelos.
En este caso concreto se irrumpe la tendencia juvenil de emplear el nombre propio para denominar a los familiares. Este obedece a la cercanía existente entre nieto-abuelo, lo cual contribuye al empleo de formas más íntimas.
Se resalta el hecho de que el nombre propio es empleado en las interacciones comunicativas con la pareja y con los miembros de la familia. En relación con la pareja en primera instancia se usan formas que denoten más cercanía, confianza y solidaridad entre los novios. Ahora bien, el nombre se destaca porque indica una relación simétrica entre la pareja
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con un porcentaje del 16%. Sin embargo, como indican los informantes 11, 24 y 18, esta puede variar según la entonación con que sea empleado el mismo. Se puede señalar que es una tendencia en el ámbito hispánico de acuerdo con los hallazgos de los estudios realizado por Pedroviejo (2006), “los chicos lo emplean en un alto porcentaje el nombre y las chicas también”
(p. 3) para referirse a la pareja; y Castellano (2008), “entre los jóvenes de Medellín […] el nombre propio como tratamiento en la pareja representa el uno de los porcentajes más alto”
(p.178). Estos altos porcentajes del uso del nombre con la pareja indica una tendencia generalizada en las comunidades hispánicas.
6.1.2.2. El uso de las formas que denotan familiaridad
Otras formas en el ámbito familiar son aquellas que denotan familiaridad con el 78%, entre ellas se encuentran las usadas para tratar a los padres y abuelos: viejitos, tata, diminutivos, cucha, apodos, mita, pito, ma, mamita, apá y amá; a los hermanos y los primos: niño feo, bruja, parce, china y lámpara; con la pareja: beibi, nombre más diminutivo, ñero, chino, parcerito, pa, apodos, we, musa, cosito, papaíto, rey, coso y flaco. Estas FTN están asociadas con la manera como los jóvenes conciben sus relaciones en sus comunicaciones cotidianas. En otras palabras, el joven emplea dichas FTN para cambiar la relación asimétrica por una simétrica con los miembros de su familia. No obstante, su uso está restringido por valores socioafectivos y los vínculos establecidos entre los miembros de la familia. En este sentido, el ámbito familiar juega un papel fundamental porque sitúa a los interlocutores en un contexto particular con unas características específicas como la cercanía, grado de confianza, roles establecidos, entre otros, que son conocidas por los interlocutores.
El empleo de las FTN descritas previamente en las interacciones comunicativas juveniles se insertan en el marco de la norma social propia de los jóvenes y, al mismo tiempo, estas son entendidas por sus familiares, puesto que conocen el significado de las mismas. De manera que, como afirma Molina (2002), “el uso de una u otra alternativa, por lo tanto, es el resultado de la elección consciente del hablante y cualquier innovación tiene que producirse también en el nivel de consciencia” (p. 99). Es así como las FTN empleadas en el contexto familiar denominadas como formas familiares se inscriben en una elección autónoma del joven, la cual es aceptada por sus demás interlocutores adultos miembros de su núcleo familiar. De lo contrario, dichas
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FTN perderían validez y los jóvenes se verían en la obligación de recurrir a las formas nominales tradicionales, ya que la comunicación presentaría malentendidos. En otras palabras, el contexto situacional dota de igualdad de significado a la FTN tanto para el joven como para sus familiares adultos.
6.1.2.3. El uso de los sobrenombres en el ámbito familiar
En tercera instancia, los jóvenes emplean los sobrenombres para referirse a sus primos con el 17%, a los hermanos con el 10% y a los abuelos con un 9%. Según lo manifestado por los informantes: “Con mis familiares de confianza les tengo apodos” (Informante 12), “Yo me dirijo a mis primos con apodos” (Informante 14), “Por apodos (Informante 18)” y “Por medio de apodos” (Informante 22). En la norma estándar social un apodo suele por excelencia amenazar la imagen positiva del interlocutor y resultan ser ofensivas al mismo tiempo. No obstante, esta tendencia pierde validez porque los jóvenes atribuyen un significado totalmente diferente al dado por el adulto según indica Carricaburo (1997).
Así mismo, el apodo se constituye en una FTN que satisface una serie de intereses sociales y lingüísticos de las comunidades de habla juveniles de apartarse de la norma porque los apodos facilitan la creación de un sistema de disposiciones lingüísticas que le permiten satisfacer ese interés (Catalá, 2002). La configuración del apodo como deíctico social da cuenta de la transformación que logran los jóvenes darle a su habla en comparación con el habla del adulto.
De modo que no se trata de imponer una moda o que obedezca a un aspecto pasajero. Por el contrario, la resemantización del apodo demuestra la capacidad creadora del joven para cambiar la realidad y percepción del mundo a través de su habla.
En este sentido, el joven se aleja de la conducta lingüística estándar (la del adulto) para establecer una propia, la cual se realiza en principio mediante la resemantización del apodo con el propósito de ver su contexto desde otra perspectiva (diferente a la del adulto). Es decir, el empleo de FTN propias hace que la interacción comunicativa tenga unos matices particulares en cuanto a los ítems léxicos para establecer contacto con el receptor. Entre dichos marices se encuentran la asignación de nuevos significados a los apodos, lo cual no es producto de la rebeldía o moda, sino que el joven siente que las condiciones socioculturales en donde se ubica son particulares y, por ende, se necesitan de nuevos ítems léxicos para la interpretación de las
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situaciones sociales y para la resignificación de las prácticas comunicativas. En efecto, la resemantización se convierte en una conducta lingüística que es propia del comportamiento lingüístico juvenil; mecanismo a través del cual se cohesiona el grupo.
6.1.2.4. El uso de abuelito-a en el ámbito familiar
En cuarto lugar, se ubican las formas abuelito-a con un 36% de frecuencia y abuelo-a con un 14% de aparición como formas tradicionales de denominar a los abuelos por parte de los jóvenes. Esta última se mantiene en el ámbito de las interacciones familiares como una manera tradicional de interactuar o nombrar a los abuelos. Los jóvenes usan la forma nominal tradicional abuelo, pero ha caído en desuso, siendo remplazada por la forma en diminutivo en lo que respecta al grupo poblacional seleccionado. El uso del diminutivo obedece a la tendencia juvenil de romper las relaciones asimétricas en relación con las simétricas. La investigación realizada por Molina (2002) y García (2014), encontraron esta misma tendencia en las comunidades tanto del español peninsular como del español colombiano.
6.1.2.5. El uso amor y mi vida en el ámbito familiar
En quinto lugar, se hacen presentes las FNT amor con el 30% de aparición y mi vida con un 11% en la comunicación cotidiana juvenil al interior de la familia. Estas dos formas están relacionadas, aunque su frecuencia de uso tiende a cambiar. La primera de ellas se emplea como una forma de cortesía positiva, mas no implica necesariamente una relación estrecha o de cercanía entre interlocutores. Lo anterior es confirmado por Carricaburo (1997) “en algunos casos la efectividad no existe y son simples fórmulas más o menos cordiales de iniciar un contacto lingüístico” (p. 50). De hecho, su uso se extiende a otros ámbitos comunicacionales donde la afectividad no se involucra. La segunda forma, se utiliza como forma que denota mayor cercanía y afectividad en comparación con amor. No obstante, amor tiene mayor uso que mi vida. Este aspecto permite corroborar que la segunda fórmula implica mayor cercanía y complicidad entre los interlocutores.
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6.1.2.6. El uso de formas nominales tradicionales para interactuar con los padres
En sexto lugar, se relacionan las FTN para interactuar con los padres, entre ellas: papá y mamá con el 20%, ma y pa 11%, mami con el 8%, madre con el 6%, papi en un 6 %, padre con el 4% y nombre más diminutivo en 4%. Las cuatro primeras son formas tradicionales en el ámbito hispánico, las cuales están vigentes en los jóvenes como vocativos de tratamiento para indicar relaciones de parentesco. El porcentaje indica que todavía son fórmulas que tienen un uso frecuente en el ámbito familiar. Las otras cuatro siguientes -mami, madre, papi, padre- se suman a la tendencia anterior, es decir, son fórmulas ampliamente empleadas en el español general tanto peninsular como continental.
6.1.2.7. El uso de otras formas en el ámbito familiar
En último lugar, se hacen presentes las formas hermanito, hermano, primo, socio, pa, ma, abue, cielo, bebé y cariño con un porcentaje menor al 10% de frecuencia de uso. Ellas están relacionadas con una cercanía entre los interlocutores y su uso está restringido, desde el contexto familiar, a situaciones comunicacionales concretas que implican una relación de cariño y cercanía entre los interlocutores. Cabe aclarar que las fórmulas cielo, bebé y cariño se emplean con frecuencia en otras situaciones comunicativas fuera del contexto familiar.
En suma, las FTN empleadas por los jóvenes en sus situaciones comunicativas desde el ámbito familiar concuerdan con las formas tradiciones de las comunidades hispánicas tanto de español peninsular como del continental. No obstante, los apodos empleados como FTN juvenil no se registran en estudios previos dentro de las interacciones comunicativas con miembros de la familia.