Capítulo I. La epistemología distópica
1.2. La metamorfosis hacia lo distópico
1.2.1. La epistemología distópica
1.2.1.2. Forma: representación de Nova negativos
En el sentido de Levitas, la dimensión de la forma se centra en los formatos en los que la imaginación utópica se cristaliza. Así, la utopía puede tomar la forma de una buena sociedad, una comunidad ideal o un género literario267, por citar solo algunos ejemplos.
Aun pudiendo responder a diferentes formas, la distopía solo puede entenderse como un género literario. La condición necesaria fundamental para que un texto sea distópico es su representación de posibles consecuencias desagradables de algunos tendencias o fenómenos negativos sobre el orden sociopolítico, tendencias o fenómenos que, aunque en la realidad referente todavía no han llegado a provocar impactos tan notables y trágicos, pueden ocasionar problemas o peligros graves, si se dejan cuajar.
Estos elementos que, aunque todavía no han ocasionado secuelas tan graves en la realidad como las obras distópicas describen, poseen la posibilidad de producirlas se pueden entender como Nova —plural de Novum— en el sentido blochiano. A partir de la teoría de Bloch del todavía-no citada anteriormente y de la idea inicial del Novum podemos inferir que el mundo hipotético se fija en el impacto de uno o varios Nova negativos y preocupantes.
La presencia del Novum distingue la distopía de los demás géneros literarios que plasman el impulso distópico, como la anti-utopía. Según Moylan, si bien la idea de anti-utopía responde, sobre todo, a una categoría de calidad ficticia, también menciona la existencia de algunos textos anti-utópicos de naturaleza no ficticia268, entre los que se incluirían ejemplares Camino de servidumbre, de Friedrich Hayek (1944), y La sociedad abierta y sus enemigos, de Karl Popper (1945), entre otros. En este caso, bien podemos entender las obras calificadas por Moylan como ficticias como textos con Novum, mientras las no ficticias, textos sin Novum.
Aquí, nuevamente, la confusión en la terminología establecida por Moylan se hace visible. Por un lado, si entendemos la anti-utopía, al igual que Moylan, como un aparato
267 Levitas, R.: The concept of utopia, ob. cit., pág. 5.
268 Moylan, T.: Scraps of the untainted sky…, ob. cit., pág. 122.
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del cinismo, la desesperanza y el Novum cerrado, mítico o falso269 , las dos obras académicas de Hayek y Popper parecen no tener mucha relación con estos rasgos. Al contrario, en primer lugar, podemos entenderlas como expresiones del impulso distópico que, no solo dan la alarma sobre problemas en el statu quo, sino también buscan proporcionar soluciones; en segundo lugar, estos textos no representan ningún Novum. Por otro lado, también hay que admitir que Camino de servidumbre y La sociedad abierta y sus enemigos están en contra de algunos pensamientos utópicos determinados. Además, incluso podemos decir que La sociedad abierta y sus enemigos tiene su propio aspecto eutópico, puesto que en este libro Popper plantea un mejor orden social hipotético, esto es, la sociedad abierta.
Tal vez por la crítica en sus dos obras contra la ideología socialista-comunista y contra la economía planificada por el estado, Hayek ha sido acusado de pretender salvaguardar el statu quo capitalista270. Esta acusación, si bien correcta en algún sentido, resulta parcial y reduccionista porque los problemas y tendencias negativas observados por Hayek y Popper son reales. Es más, en sus textos se nota una obvia postura militante:
las dos obras sirven para advertir contra ciertos cambios cuyas consecuencias podrían ser muy negativas y capaces de provocar auténticas atrocidades. Así, la Hambruna Soviética de 1932-1933, la Gran Hambruna China entre 1958-1961, e incluso el confinamiento de Shanghái de 2022 por el COVID-19, episodio acompañado de una gran escasez alimentaria271, ponen de relieve que la economía planificada o centralizada dista mucho de ser una estrategia viable para gestionar los recursos o el bienestar de la sociedad. De una forma similar acaecieron las tragedias en los Gulags y el horror relacionado con organizaciones como la Stasi que demuestran que la crítica de Popper a los regímenes no democráticos es cierta. En este caso, dadas las observaciones
269 Ibidem, pág. 157.
270 Caldwell, Bruce: «Introducción», en Hayek, Friedrich: Camino de servidumbre, Madrid: Unión Editorial, 2008, pág. 18.
271 Redacción BBC News Mundo: «Covid-19: algunos habitantes de Shanghái están ‘quedándose sin comida’ en medio del estricto confinamiento», BBC News Mundo, 8 de abril de 2022, https://www.bbc.com/mundo/noticias- internacional-61033241, [Consultado el 14 de abril de 2022]. Durante este ciclo de confinamiento en Shanghái, no se permitió que los ciudadanos acudieran a los mercados o supermercados, mientras que el servicio de entrega operado por empresas privadas estaba restringido por el gobierno, lo cual implicó que una gran parte de la población de la ciudad, al agotar la comida acumulada, dependiera solo del suministro de alimentos gestionado por el gobierno local según su planificación centralizada.
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arrojadas por Hayek y Popper sobre el funcionamiento de estos modos de gobierno, podemos entender Camino de servidumbre y La sociedad abierta y sus enemigos como expresiones del impulso distópico. No argumentamos sobre si el sistema económico que Hayek propone y la sociedad abierta que Popper plantea llegan a funcionar de manera tan satisfactoria, dado que esa es otra cuestión muy diferente a la planteada ahora mismo.
Por eso, aunque Camino de servidumbre y La sociedad abierta y sus enemigos abogan de facto por defender el capitalismo, Hayek y Popper intentan advertirnos de los modelos totalitarios de su época. Además, ninguno está a favor de un capitalismo sin trabas. En el caso de Hayek, si bien critica la planificación centralizada, también afirma que las intervenciones pueden ser, en algunos casos, necesarias e incluso deseables, siempre que respeten algún principio. Expresa su visión en los siguientes términos: “Espero que […] sea acogido como lo concebí y no como una exhortación a resistir contra toda mejora o experimentación, sino como una advertencia a no olvidar que cualquier modificación de nuestras instituciones debe superar ciertos controles […], en orden a evitar ciertos derroteros de los que puede ser difícil volver atrás”272.
Desde el punto de vista de Hayek, y de manera especial, el cambio no se debe realizar al margen del principio del Rechtstaat, del estado de derecho273. Es decir, el estado, en vez de funcionar como una institución moral que profesa un sistema de valor unificado, tiene la responsabilidad de proteger la libertad individual. Popper ataca la creencia ocultista de que bajo la fachada engañosa de la vida social el desarrollo histórico tiene cierto tipo de significado al margen de nuestra voluntad, dejando aparte la crítica a sistemas específicos como el fascismo o el estalinismo. Esa creencia implica que la historia deje de ser la de los individuos, porque “los actores realmente importantes en el Escenario de la Historia son, o bien las Grandes Naciones y sus Grandes Líderes, o bien, quizá, las Grandes Clases, o las Grandes Ideas”274. Así, su
272 Hayek, F.: Camino de servidumbre, ob. cit., pág. 73.
273 Ibidem. pág. 161.
274 Popper, K.: La sociedad abierta…, ob. cit., pág. 23.
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intención dista mucho de mantener el statu quo, pues la sociedad abierta abarca todo un abanico de potencialidades menos la de permanecer estática.
En una palabra, Camino de servidumbre y La sociedad abierta y sus enemigos son obras multifacéticas. Si bien contienen partes que parecen abogar por el statu quo capitalista, también formulan advertencias pertinentes que siguen teniendo su valor incluso en la actualidad. Su naturaleza multidimensional coincide con la heterogeneidad del mundo, lo cual tiene como consecuencia que es inevitable que las obras de Hayek y Popper se reciban y se interpreten de formas distintas en diferentes lugares o por diversos lectores. La coexistencia de lecturas múltiples vuelve a confirmar la exactitud de los argumentos de los dos estudiosos sobre la inviabilidad de la uniformidad de la sociedad. Tanto la planificación centralizada masiva como las sociedades cerradas insinúan un egocentrismo absoluto que rechaza cualquier Otro y cualquier otra manera de entender la realidad, actitud que coincide con el concepto de ideología en el contexto de Mannheim.
El intento de etiquetar un texto como revolucionario o reaccionario es cuestionable, pues niega otras posibilidades de interpretarlo y otras funciones que este puede desempeñar. La existencia indeleble del Otro significa que no existe una única, sino varias, maneras de entender una obra, el propio mundo y la relación entre los dos. Tal como argumenta Antonio Machado, la fórmula “identidad = realidad”275 nunca es precisa porque la identidad tanto de un individuo como de un estado la condicionan sus interrelaciones con el Otro. Este último funciona como un espejo que da visibilidad a los méritos y errores de cada individuo, cada comunidad y cada pueblo. En palabras de Machado, “lo otro no se deja eliminar, subsiste, persiste; es el hueso duro de roer en que la razón se deja los dientes”276. Si bien existe una única realidad, esta nunca puede, ni debe, percibirse e interpretarse de una única manera, porque su constitución está llena de heterogeneidad. Por eso, si un individuo, o un grupo de individuos, después de contemplar la realidad desde un punto de vista determinado, insiste en que ha hallado el sentido de la historia o de la vida individual y plantea una respuesta utópica que
275 Machado, A.: Juan de Mairena, Tomo I, ob. cit., pág. 85.
276 Ibidem.
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aparentemente lo puede solucionar todo de manera conjunta, entonces la tierra prometida imaginada por esta persona o este grupo se tornará, infaliblemente, en una pesadilla para una considerable cantidad de habitantes de la misma sociedad. En demasiados casos, el intento de realizar la utopía acaba teniendo mayor semejanza con la distopía.
En esta situación, un texto como La sociedad abierta y sus enemigos también tiene la potencialidad de servir como catalizador de un cambio radical, puesto que si la misma utopía, al fracasar, se convierte en un problema, la anti-utopía será su antídoto. Si bien es obvio que los textos de Hayek y Popper abogan por el statu quo de una sociedad supuestamente más abierta, el papel que desempeñará en otras sociedades más cerradas bien podría ser explosivo y subversivo. En este caso, la subversión no es necesariamente negativa pues podemos observar que, si bien una sociedad abierta también cuenta con sus problemas, nunca puede llegar a ser tan dañina como los totalitarismos.
En resumen, a pesar de que Moylan clasifica las obras de Hayek y Popper como obras anti-utópicas no ficticias, la función que tienen los dos títulos no es necesariamente anti-utópica o ideológica en el sentido de Mannheim. Al contrario, cuando un proyecto utópico se vuelva problemático, pueden llegar a entenderse como vehículos del impulso distópico.
Aun así, no todas las formas literarias que reflejan el impulso distópico pueden considerarse distopías. Es decir, si bien los textos de Hayek y Popper reflejan el impulso distópico, resulta inapropiado considerarlos como piezas literarias distópicas. En este caso, el factor determinante que los excluyen del género distópico es la ausencia del Novum. Lo mismo sucede con Archipiélago Gulag, de Aleksandr Solzhenitsyn (1973)277. Comparada con el caso de Hayek y Popper, la obra de Solzhenitsyn desahoga con mayor pureza el impulso distópico, pues el texto es una denuncia de un testigo — y una víctima— del despotismo totalitaria-estalinista de la Unión Soviética, un régimen donde el uso de la violencia de manera sistemática resultaba extendido. Sin embargo, nos vemos obligados a suprimir nuestro deseo de ampliar de forma excesiva la
277 Solzhenitsyn, Aleksandr: Archipiélago Gulag, Tomos I, II y III, Barcelona, Tusquets Editores, 2015.
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cobertura de la concepción de la distopía: aunque Archipiélago Gulag refleja fenómenos preocupantes de la sociedad, no los representa como algún Novum que va a realizarse. En cambio, denuncia lo que ya ha sucedido. A pesar de que aferrarse en los límites de los géneros literarios no resulte una buena estrategia habida cuenta su carácter artificial y temporal, si volvemos a las palabras de Sargent nos damos cuenta de que los límites, a veces, siguen siendo necesarios para delimitar el objeto278.
El empleo de límites y definiciones, a pesar de las innegables problemáticas que acarrean, resulta necesario para ordenar la complejidad de la realidad. No obstante, la distinción entre la distopía y otros géneros, por ejemplo, la anti-utopía, no significa que la primera posea una poética determinada o una configuración literaria inalterable. Los límites deben ser lo suficiente maleables, flexibles, puesto que la distopía, al igual que muchas otras formas literarias, es un género permeable. Deleuze, con un ejemplo lovecraftiano, describe una situación parecida: Randolph Carter279 se encuentra con su destino: ser convertido por Yog Sothoth, la deidad omnisciente que controla el tiempo y el espacio, en una entidad monstruosa e innombrable que no posee una forma determinada280. Al perder esta última, el protagonista también abandona su identidad y su subjetividad. Con todo, esta pérdida, según Deleuze, se acerca a una forma elevada de existir, porque la plasticidad y la permeabilidad le devuelven todas las posibilidades extraordinarias antes deshabilitadas por la rígida existencia humana. Según nos dice:
“Amar a los que son así: cuando entran en una habitación, no son personas, caracteres o sujetos, son una variación atmosférica, una variación de color, una molécula imperceptible, una población discreta, una neblina o una llovizna”281. Esta cita nos sirve para retomar el tema principal de nuestro estudio, la distopía como entidad deleuziana cuyos confines resultan movedizos y borrosos. Todo ello da pie a la existencia de una ambigüedad donde yacen un sinfín de posibilidades.
278 Sargent, L. T.: «The three faces of utopianism revisited», ob. cit., pág. 13.
279 Randolph Carter es el protagonista de varias obras de H. P. Lovecraft, por ejemplo, La llave de plata (1926), A través de las puertas de la llave de plata (1933), entre otros. Ver Lovecraft, Howard Phillips: The fiction. Complete and unabridged, Nueva York, Barnes & Noble, 2008, págs. 889-918.
280 Deleuze, G. y Parnet, C.: Diálogos, ob. cit., pág. 76.
281 Ibidem.
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Con todo, aunque seguir de manera estricta las definiciones no pueda considerarse recomendable, el intento de explorar las fronteras del género distópico desde el punto de vista epistemológico sigue siendo necesario. En este caso, un texto se considera distópico siempre que satisfaga estos tres requisitos: primero, el texto debe centrarse en uno o varios Nova; segundo, estos Nova deben reflejar tendencias o fenómenos problemáticos de la realidad; tercero, el texto debe representar el impacto de los Nova sobre un orden sociopolítico. Como hemos observado antes, Camino de servidumbre o Archipiélago Gulag quedarían excluidos de la categoría distópica porque representan las realidades negativas sin hacer uso de un Novum. En los siguientes párrafos examinaremos las definiciones y reflexiones proporcionadas por los investigadores anteriores, singularmente Suvin y Sargent, y profundizaremos sobre la idea del Novum.
Hay que tener en cuenta que si bien las definiciones, como herramientas, pueden sernos de mucha utilidad, asumirlas con un excesivo rigor dogmático podría conducirnos hacia una dirección equivocada.
En primer lugar, Amis, en sus estudios iniciales sobre la utopía, no hace distinción entre lo eutópico y lo distópico, denominando ambas ramas simplemente utopía282. De hecho, esta idea tampoco está falta de razón, a pesar de que la distopía se ha convertido en un género sui generis. Aun así, dado que el estudioso pone en el centro de su investigación la ciencia ficción, en New maps of hell analiza lo distópico como subcategoría de esta. Tomando como ejemplo textos como 1984 o Un mundo feliz, afirma que “for as we shall see, science fiction is becoming in part a literature of skepticism and deflation. But it remains true that the medium is, if not optimistic, at any rate strongly activist in its attitudes”283.
La opinión de incluir la utopía y, sobre todo, la distopía dentro del paradigma de la ciencia ficción, parece hoy en día obsoleta. De hecho, el género descrito en estas frases citadas se asemeja más a distopía que a la ciencia ficción. Aun así, la afirmación de Amis apenas puede considerarse una definición de la distopía, pues incluso no es consciente de la existencia de lo distópico como un género independiente. En cambio,
282 Amis, K.: New maps of hell, ob. cit., págs. 61 y 81.
283 Ibidem, pág, 53.
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la idea de entender las dos piezas como medios de actitudes activistas parece más bien una reflexión sobre la función de la distopía y habla poco de su forma o su contenido.
Según Amis, sería un error leer la ciencia ficción —que incluye la distopía— en busca de “any straightforward correlation between the merit or seriousness or readability”284 y “its concern with political or economic man”285. En una obra distópica, por un lado, la vinculación entre el contenido y las tendencias o realidades desagradables nunca debe estar ausente; por otro, esta vinculación nunca representará una semejanza explícita con el mundo empírico o una identificación con este. Es decir, y siguiendo a Amis, una pieza de ciencia ficción —y de distopía, por supuesto— tiene como protagonista una cierta idea, o cierta novedad, que provoca extrañeza (“idea as hero”286), aun sin llegar al extremo de cortar de forma tajante el hilo que la conecta con la realidad referente, el aquí y ahora o lo posible. Esta observación nos recuerda la teoría del Novum ideada por Bloch y desarrollada por Suvin, teoría en la que pronto profundizaremos.
En segundo lugar, Sargent define así la distopía en su célebre publicación «The three faces of utopianism revisited»: “Dystopia or negative utopia —a non-existent society described in considerable detail and normally located in time and space that the author intended a contemporaneous reader to view as considerably worse than the society in which that reader lived”287. A diferencia de otros investigadores como Amis, Suvin o Kumar, quienes ponen el foco en el campo literario, Sargent, aparte de ser un utopista, puede considerarse un culturalista. Ello explica que su punto de vista incluya diferentes formas utópicas no literarias. Según Sargent, el impulso utópico, por ser una capacidad inherente de los seres humanos, pueda presentarse de tres formas: la literatura utópica, las comunidades intencionales y la teoría social utópica288.
En este sistema terminológico, lo utópico, o el utopismo, no equivale siempre a la utopía. Si bien el empleo de la palabra utopía es directo y frecuente en el apartado dedicado a la teoría social y el a la literatura utópica, Sargent siempre trata de evitar el
284 Ibidem, pág. 100.
285 Ibidem.
286 Ibidem, págs. 102-103.
287 Sargent, L. T.: «The three faces of utopianism revisited», ob. cit., pág. 9.
288 Ibidem, págs. 5, 13 y 21.
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uso de esta palabra cuando se refiere a la comunidad intencional. De esta manera, podemos observar que Sargent consideraría la teoría social y la literatura como dos campos vinculados y la práctica de las teorías sociopolíticas como algo diferente. De hecho, la literatura utópica y la teoría sociopolítica tienen algo en común: ambas describen ordenes sociopolíticos todavía no realizados hasta el momento, mientras las comunidades intencionales pueden entender como entidades ya puestas en práctica.
Resulta también necesario aproximarse a las visiones de Suvin acerca de estos conceptos, quien a lo largo de su trayectoria académica ha intentado definir en numerosas ocasiones los conceptos de utopía, eutopía y distopía. En el glosario que nos proporciona en A little tractate on dystopia 2001, explica la idea de la utopía en de la siguiente manera:
UTOPIA will be defined as: the construction of a particular community where sociopolitical institutions, norms, and relationships between people are organized according to a radically different principle than in the author's community; this construction is based on estrangement arising out of an alternative historical hypothesis; it is created by social classes interested in otherness and change.289
De manera alanógica, Suvin define la distopía como una comunidad “organized according to a radically less perfect principle”290. En su definición de utopía y distopía, no debemos ignorar la aparición del término estrangement (extrañeza)291, vinculado en el contexto que nos concierne al concepto de Novum hasta el extremo de usarse de manera intercambiable en algunos de sus artículos iniciales. Por ejemplo, en «On the poetics of the science fiction genre», de 1972, el autor aún opta por emplear estrangement. En este artículo, lo define como “The effect of […] confronting a set normative system —a Ptolemaic type close world picture— with a point of view or glance implying a new set of norms”292. En el mismo artículo, el autor diferencia una
289 Suvin, D.: Defined by a hollow…, ob. cit., pág. 383.
290 Ibidem, pág, 384.
291 El anglicismo estrangment equivale generalmente al extrañamiento o extrañeza en castellano. Tomamos la segunda palabra como traducción preferible de este término porque la primera podría confundirse con el extrañamiento o distanciamiento brechtiano.
292 Suvin, D.: «On the poetics of the science fiction genre», ob. cit., pág. 374.