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Función: El impulso distópico y el vehículo de dos pesimismos

In document Distopías en la escena española actual (página 62-79)

Capítulo I. La epistemología distópica

1.2. La metamorfosis hacia lo distópico

1.2.1. La epistemología distópica

1.2.1.1. Función: El impulso distópico y el vehículo de dos pesimismos

En los párrafos anteriores hemos afirmado que lo distópico y lo eutópico son caras de la misma moneda. Podemos establecer una relación dialéctica entre ellos. Si el impulso utópico es una categoría históricamente determinada y abierta hacia reinterpretación y redefinición epistemológicas, sus significados no serán fijos sino variables y cambiantes. Por eso, a lo largo de la historia, el impulso utópico ha cristalizado en distintas formas. La metamorfosis de esta capacidad puede llegar a ser tan radical que se haga visible bajo la apariencia del impulso distópico. Es fácil dar una explicación sobre este cambio: puesto que el contenido del impulso utópico se determina históricamente, en los momentos en los que las condiciones históricas nos parecen alarmantes y en aquellos en que cualquier optimismo nos parece una muestra de ignorancia, nuestra fe en la esperanza disminuirá —aunque sin llegar al extremo de perderla de forma completa—, y el impulso utópico se volverá en contra de sí mismo.

216 Los críticos suelen emplear esta expresión para describir el subgénero ciberpunk. Según Tom Henthorne, la persona que la acuña es Bruce Sterling. Este último, en el prefacio dedicado a Quemando cromo, de William Gibson, describe las obras ciberpunk de Gibson con las palabras “combinación gibsoniana de bajos fondos y high tech”. Ver Henthorne, Tom: William Gibson. A literary companion, Jefferson, McFarland & Company, Inc., Publishers, 2011, pág. 40; y Sterling, Bruce: «Prefacio», en Gibson, William: Quemando cromo, Barcelona, Minotauro, 1994, pág. 13.

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El impulso distópico supone una vía alternativa para la presentación del impulso utópico, partiendo ambos desde del mismo punto: una consciencia compartida sobre los fenómenos o los aspectos negativos de la realidad que aspiran a mejorar, aunque tomando distintas direcciones.

Si el impulso utópico se muestra confiado en la capacidad humana de solucionar los problemas y mejorar su propia existencia, su forma negativa se observa más bien vinculada con la observación en la incapacidad de la humanidad en los momentos cruciales. Este proceso de desconfianza se refleja también en obras literarias: si bien lo que un texto distópico intenta transmitir a los lectores, en la mayoría de los casos, sigue siendo la posibilidad de superar el orden distópico mediante las acciones individuales o colectivas, algunas obras, a veces, también pueden llegar al extremo de no mostrar ningún remedio viable. Esto último es descrito por Moylan como la calidad anti-utópica del texto217, y es una temática de la cual hablaremos más adelante.

A pesar de que el impulso utópico es un concepto compartido y desarrollado por muchos investigadores, el significado de su versión negativa está menos explorado. Sin embargo, podemos encontrar cierto eco de esta idea en Kumar, quien define la ansiedad generada por este impulso negativo como “anti-utopian temperament” 218 (temperamento anti-utópico): “There have always been those who, for reasons of individual psychology or social ideology, have been profoundly sceptical of the hopeful claims made on behalf of humanity by social prophets and reformers. They have evoked the dark side of human nature as the preponderant side”219.

El escepticismo acerca de la capacidad del hombre para elegir con sensatez o tomar las decisiones correctas en momentos cruciales ha estado presente a lo largo de la historia. Por eso, este temperamento anti-utópico se observa en el seno de varios fenómenos como el estoicismo, la idea de los siete pecados capitales, el “homo homini lupus”220 hobbesiano o la distopía literaria que aquí nos atañe. Al igual que el impulso

217 Moylan, T.: Scraps of the untainted sky…, ob. cit., pág. xiv.

218 Kumar, K: Utopia and anti-utopia in modern times, ob. cit., pág. 100.

219 Ibidem.

220 Aunque muchos creen que esta frase tiene como fuente De cive de Hobbes, se le puede atribuir a Plauto su autoría.

En La comedia de los asnos, una réplica del personaje El Mercader se puede traducir en castellano como “Cuando no se le conoce, el hombre es un lobo, no un hombre, para el hombre”. Hobbes emplea la expresión Homo homini lupus para describir una situación en la que cada uno tiene que usar la violencia contra otros para garantizar la

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utópico, el temperamento anti-utópico también forma una categoría históricamente determinada.

Tampoco hay que ampliar de manera excesiva el significado del concepto ideado por Kumar. Este temperamento puede interpretarse como un tipo de desconfianza, pero la mera desconfianza dista mucho de ser suficiente. Para entender mejor la idea que quiere expresar el autor, es importante detenerse y clarificar con más detalle el término anti-utopian en el contexto de Kumar. Este explica que “The anti-utopian need not believe in original sin, but his pessimistic and determinist view of human nature leads him to the conviction that all attempts to create the good society on earth are bound to be futile”221.

Dejando aparte la polémica expresión de la naturaleza humana, Kumar aporta otro término clave para analizar la utopía: la sociedad. Así, el temperamento anti-utópico no equivale a la preocupación ante la incertidumbre por el resultado de un determinado asunto de un individuo o un reducido número de personas, sino en que la humanidad, la sociedad o la comunidad asociada esté condenada al fracaso.

De hecho, Kumar no es el único estudioso que ha observado la importancia de la sociedad para definir una pieza como eutópica o distópica. Jameson enfatiza que la utopía necesita cierto tipo de cierre y autonomía222, lo cual ya insinúa la presencia de un orden comunitario o sociopolítico alternativo en su totalidad, por derecho propio y suficientemente independiente de otros órdenes: “La totalidad es, por lo tanto, precisamente esta combinación de cierre y sistema, en nombre de la autonomía y la autosuficiencia y que en último término constituye la fuente de esa otredad, o diferencia radical, incluso alienígena”223 . Con todo, eso tampoco descarta la viabilidad de distopías que reflejan la vida de unos pocos personajes, puesto que la existencia de obras como La carretera, de Cormac McCarthy (2006), o El rebaño, de César Mallorquí (1995), así lo confirman. No obstante, el quebrantamiento del orden sociopolítico

supervivencia de sí mismo. Ver Plauto: «La comedia de los asnos», en Plauto y Tenerico (autoría) y López Gregoris, Rosario (ed.): Comedia latina. Obras completes de Plauto y Tenerico, Madrid, Cátedra, 2012, pág. 164; y Hobbes, Tomás: De cive, the English version, Nueva York, Oxford University Press, 1983, pág. 24.

221 Kumar, K.: Utopía and anti-utopia in modern times, ob. cit., pág. 100.

222 Jameson, F.: Arqueologías del futuro, ob. cit., pág. 19.

223 Ibidem, pág. 20.

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dentro de este tipo de textos no se debe entender como resultado de la falta de interés del autor por describir un orden comunitario, sino como consecuencia de la catástrofe en el mundo hipotético de la que los seres humanos suelen ser culpables y una parte inseparable de la configuración de la narración.

Tomando la noción del temperamento anti-utópico como fundamento teórico, planteamos la idea del impulso distópico. De hecho, M. Keith Booker ya emplea la expresión “the dystopian impulse”224 , pero no explica su significado. La diferencia entre el temperamento planteado por Kumar y nuestra versión del impulso distópico es, sobre todo, terminológica. Con todo, se da por razones pragmáticas. El estudio sobre lo utópico-distópico no cuenta con una tradición dilatada. Sin embargo, el empleo confuso de los términos ha provocado controversias y abundantes problemas. Es ejemplo de ello la anti-utopía, conceptualizada de forma diferente por Kumar y Suvin debido a la lógica evolución en la descripción de estos términos. En este sentido, los primeros investigadores en el campo, sobre todo Amis, empleaban de forma excepcional la palabra distopía, y cuando lo hacían era en situaciones restrictivas. Kumar es uno de los que considera anti-utopía y distopía como sinónimos intercambiables. Aun así, es bastante notable su preferencia por la primera, un gusto personal bien reflejado en el título de su obra Utopia and anti-utopia in modern times.

Por eso, nos resulta imprescindible unificar el uso de los términos. A pesar de que el significado del impulso distópico resulte similar al del temperamento anti-utópico, su modificación es necesaria, porque el avance teórico conseguido por utopistas como Sargent, Suvin y Moylan, entre otros, ha contribuido a redefinir el sentido del término anti-utopía. En palabras de Sargent, este se refiere a “a non-existent society described in considerable detail and normally located in time and space that the author intended a contemporaneous reader to view as a criticism of utopianism or of some particular eutopia”225. Por su parte, Suvin define esta concepción con el párrafo siguiente:

224 Booker, M. Keith: The dystopian impulse in modern literature. Fiction as social criticism, Westport, Greeewood Press, 1994, s.p.

225 Sargent, L. T.: «The three faces of utopianism revisited», ob. cit., pág. 9.

54 ANTI-UTOPIA is a significantly different locus which is explicitly designed to refute a currently proposed eutopia. It is a pretended eutopia a community whose hegemonic principles pretend to its being more perfectly organized than any thinkable alternative, while our representative ‘camera eye’ and value-monger finds out it is significantly less perfect, a polemic nightmare. Thus, it finally also turns out to be a dystopia.226

El caso de Moylan es más complejo. Por un lado, su definición de lo anti-utópico parece seguir los pasos de Sargent. Por otro, afirma, en algunos casos, que ciertas obras no ficticias —es decir, obras que representan situaciones existentes— también pueden llegar a ser anti-utópicas227. Esta incoherencia en la terminología de Moylan no resulta del todo improductiva. Discutiremos esta cuestión más adelante.

Retomando el impulso distópico, este puede estudiarse con el apoyo del sistema de Levitas que consiste en tres aspectos. La estudiosa argumenta que, para una reflexión adecuada y comprehensiva sobre lo utópico, y lo distópico, siempre hay que tener en cuenta y de manera simultánea la función, la forma y el contenido228 . El impulso utópico se ve más relacionado con el plano de la función. Ciñéndonos a esta última, nos parece oportuno afirmar que una de las funciones de la distopía es desahogar una suerte de ansiedad por el destino de una comunidad y los individuos que la componen.

Esta postura puede vincularse con la afirmación de López Keller respecto a los mecanismos creativos de numerosos escritores distópicos con sus piezas ficticias, quienes tienden a “proyectar tendencias o realidades existentes e indeseables”229. Por eso, no hay distopía alguna que no refleje la maldad del tiempo y que no se encuentre con una ansiedad eterna, con un temor a que una entidad social, en su totalidad, funcione mal.

En resumen, al igual que todos los procesos dialécticos, el impulso utópico también tiene la potencialidad de volverse en contra de sí mismo. Cuando la preocupación ahuyenta a la esperanza, el impulso utópico se convierte en distópico. Esta es la primera vuelta dialéctica que toma la fuerza motriz de la utopía. Después, mientras la preocupación se vuelve cada vez más evidente, la ansiedad se convierte en una barrera

226 Suvin, D.: Defined by a hollow…, ob. cit., pág. 385.

227 Moylan, T.: Scraps of the untainted sky…, ob. cit., pág. 122.

228 Levitas, R.: The concept of utopia, ob. cit., págs. 4-5.

229 López Keller, E.: «Distopía: otra final de la utopía», ob. cit., pág. 15.

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insuperable y se tenderá hacia la desesperanza más absoluta. En este momento, el impulso utópico-distópico tomará un giro hacia su forma más negativa. Si intentamos sintetizar las tres etapas de la metamorfosis del impulso podemos llegar a la siguiente conclusión: el impulso utópico es consciente de que el statu quo es indeseable, pero puede mejorarse; el impulso distópico, en cambio, sabe que el statu quo es inadecuado y por eso se requiere un cambio de forma urgente; por último, lo que nos cuenta la desesperanza es que a pesar de que el statu quo es indeseable, no podemos mejorarlo porque el mundo no se puede cambiar.

Esta observación nos lleva otra vez a Moylan. Basándose en Bloch y Søren Baggesen, este investigador desarrolla la teoría de los dos pesimismos. Frente a una situación potencial o explícitamente peligrosa, en vez de fingir la tranquilidad y el optimismo, la mejor alternativa es admitir el riesgo y ser pesimista. Cuando mejorar el statu quo parece una misión imposible, la confianza en el todavía-no-ser queda, en gran medida, reducida. En este caso, según Moylan, la gente elige entre dos opciones:

militant pessimism (pesimismo militante) y resigned pessimism (pesimismo sumiso)230. Debido a que Moylan no altera el significado de la dicotomía de Bloch y Baggesen, nos permitimos volver a las palabras del último para entender los dos pesimismos. En

«Utopian and dystopian pessimism: Le Guin’s The word of world is forest and Tiptree’s

‘We who stole the dream’», Baggesen entiende la maldad en la novela de Le Guin como un “historical complex”231 mientras la del cuento de Tiptree, “an absolute”232. Es decir, en el caso de El nombre del mundo es Bosque (1972), el pesimismo, por ser una situación históricamente determinada, resulta utópico o militante; en cuanto a We who stole the dream (1978), el pesimismo se presenta como absoluto, sumiso y anti-utópico.

En una palabra, el pesimismo militante todavía insinúa la posibilidad del mejoramiento, mientras que el pesimismo sumiso tiende hacia la pura desesperación. Cabe mencionar que Moylan sugiere que sustituya los dos términos con utopian pessimism y anti- utopian pessimism233. Con todo, el estudioso no hace más uso de estos dos términos

230 Moylan, T.: Scraps of the untainted sky…, ob. cit., pág. 154.

231 Baggesen, Søren: «Utopian and dystopian pessimism: Le Guin’s The word of world is forest and Tiptree’s ‘We who stole the dream’», Science Fiction Studies 14, n.º 1 (1987), pág. 41.

232 Ibidem

233 Moylan, T.: Scraps of the untainted sky…, ob. cit., pág. 154.

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renovados y sigue empleando militant pessimism y resigned pessimism a lo largo de su libro.

De manera notable, en el seno del pesimismo sumiso yace un toque de nihilismo:

la gente ya no cree que la maldad actual se pueda eliminar, o por lo menos aliviar. En otras palabras, aunque el statu quo es desagradable, la gente no dispone de las capacidades adecuadas para superarlo.

En cambio, el pesimismo militante refleja nuestro aspecto más duro frente a la amenaza de una situación poco esperanzadora. Un pesimista militante se niega a rendirse. Para un individuo que posee esta mentalidad, acabar con su pesadilla es una necesidad, una responsabilidad o, en cierto sentido, un destino. En este sentido, resulta conveniente recordar que la palabra apocalipsis también tiene como significado revelación. La maldad debe exterminarse mientras el héroe, al llegar el momento de la verdad, se identificará con la imagen del Mesías. En fin, el pesimismo militante encarna el anhelo de la mejora del statu quo de forma radical ante un peligro sin vuelta atrás.

El género distópico mantiene una vinculación estrecha con el pesimismo militante y otra un tanto ambigua con el pesimismo sumiso. Para entender mejor la relación entre la tradición utópica-distópica y las distintas mentalidades, podemos dibujar una línea cuyos extremos serían el pesimismo y el optimismo en su forma más pura y absoluta.

El intervalo existente entre ambos representa un espectro de todas las mentalidades posibles de los seres humanos frente a una crisis inminente.

La distopía desempeña el papel del vehículo de los pesimismos, mientras que la utopía literaria encarna la actitud optimista según la que los cambios son posibles. No obstante, todavía existe una laguna entre los dos pesimismos y el optimismo utópico. A pesar de que hay cierta discrepancia entre la necesidad y la posibilidad de un mejoramiento radical y urgente, los dos pesimismos y el optimismo utópico tienen en común la creencia de que el statu quo de la comunidad, el sistema, la sociedad o el mundo está corrupto. En cambio, hay que admitir que mostrar una supuesta ignorancia acerca del peligro es una actitud habitual en mucha gente amenazada por una situación precaria. El origen de esta ignorancia puede ser tanto el autoengaño como la simple inocencia.

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Esta situación ha llamado la atención de Karl Mannheim, quien pretende distinguir entre utopía e ideología. Desde su punto de vista, lo esencial de la utopía no es su forma ni su contenido, sino su función, ya que “Sólo se designarán con el nombre de utopías, aquellas orientaciones que trascienden la realidad cuando, al pasar al plano de la práctica, tienden a destruir, ya sea parcial o completamente, el orden de cosas existentes en determinada época”234. En conclusión, mientras la utopía, dentro de la dicotomía de Mannheim, implica una actitud militante que confía en que la situación podría ser de otra manera y que el aquí y ahora podría cambiar, la ideología opta por mantener, prolongar y estabilizar el statu quo.

En Ideología y utopía, Mannheim distingue entre dos tipos de ideologías. En el sentido particular, la ideología expresa “nuestro escepticismo respecto de las ideas y representaciones de nuestro adversario”235 ; mientras que en el sentido general “la ideología de una época o de un grupo históricosocial concreto”236.

El uso del término adversario de Mannheim insinúa una tensión hostil entre lo nuestro y lo ajeno. El sujeto de la ideología, sea individual o colectivo, forma una entidad egocéntrica, puesto que “El elemento común a ambos parece consistir en el hecho de que ninguno confía en lo que dice el adversario para comprender su verdadero significado e intención”237. Bajo la ideología existe una fuerte tendencia al rechazo de cualquier idea ajena y heterogénea, tendencia que resulta estar en contra del agenciamiento de Deleuze, concepto que se puede entender como la apertura hacia influencias o elementos ajenos. En Deleuze nos detendremos más adelante. Cabe mencionar que a pesar de que la escuela marxista ha dedicado bastante esfuerzo a criticar la ideología, comparte con la misma una actitud hostil según la cual si la conciencia social se determina en función de la existencia social mientras las condiciones de existencia de distintas clases varían de forma notable, entonces la incomunicación entre individuos de diferentes clases es casi inevitable.

234 Mannheim, K.: Ideología y utopía…, ob. cit., pág. 169.

235 Ibidem, pág. 49.

236 Ibidem.

237 Ibidem, pág. 50.

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La ideología provoca desconfianza, y la desconfianza tendrá, como consecuencia, el rechazo a lo ajeno. Al igual que sucede en un sistema de oscilación autoexitada238 que carece de cualquier retroalimentación negativa, tanto en individuos, grupos o clases sociales, aferrarse demasiado a la propia manera de entender el mundo y negarse a hacer caso a las ideas de sus supuestos adversarios puede llevar a consecuencias catastróficas.

Ni la utopía ni la ideología existen de forma pura. Levitas acierta cuando dice que

“since the concept of Ideology and utopia are ideal types in Weber´s sense, in the real world [sic.] ideologies may contain utopian elements and utopias may contain ideological ones”239. En el mundo real, en muchos casos, el papel que desempeña la ideología no es asegurar la hegemonía del statu quo, sino provocar cambios en este último que suelen empeorar la situación. Esta observación reviste gradualmente de solidez si tenemos en cuenta el impacto de los distintos totalitarismos en el siglo XX;

tanto el nacionalsocialismo como el estalinismo, al principio y hasta cierto punto, se producen como alteraciones del statu quo, pero resultan nocivos. En este caso, estas ideologías son, a la vez, productos del statu quo desagradable del tiempo y elementos que lo hacen todavía más desagradable. Sobre las calamidades surgidas como resultado de la combinación indebida entre utopía e ideología en el mundo real argumentaremos más adelante.

Volvamos a la terminología de Mannheim. La ideología expresa que la situación actual no debe ni puede alterarse porque o bien el statu quo se supone mejor que cualquier otra alternativa o bien porque otras posibilidades no existen. En su forma más pura y teórica, implica una inercia y un egocentrismo absoluto. Al mostrar rechazo a cualquier cambio, el ser se convierte en una entidad sólida e impermeable sin capacidad de interrelacionarse con sus prójimos. Según Deleuze, estas circunstancias vitales no son satisfactorias porque lo fundamental para una vida digna de vivirse no es ni la

238 La oscilación autoexitada es un concepto del ámbito de la ingeniería que describe una situación en la que el aumento de energía en un sistema vuelve a estimular un aumento todavía más notable. Ver Real Academia de Ingeniería: “Oscilación autoexitada”, en Diccionario español de ingeniería, [https://diccionario.raing.es/es/lema/oscilaci%C3%B3n-autoexcitada, consultado el 9 de octubre de 2022].

239 Levitas, R.: The concept of utopia, ob. cit., pág. 70.

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