Capítulo I. La epistemología distópica
1.1. Orígenes de la distopía: la utopía y la eutopía
1.1.2. Texto utópico: Utopía de Tomás Moro
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bien ninguno de los textos filosóficos de Platón mencionados se considera utópico stricto sensu, no hay duda de que son preludios de la utopía literaria. Mientras la forma narrativa evoluciona, la semilla del nuevo paradigma va creciendo.
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sistema de la propiedad privada ha sido abolido, por lo cual tanto la escasez como la vanagloria han dejado de existir:
¿Pues a quién se le ocurrirá desear cosas vanas si está seguro de que no ha de faltarle nada?
El miedo a las privaciones es el motivo que hace egoístas y avaros a todos los seres vivientes, y en el hombre el orgullo, pues le hace jactarse de la exhibición de cosas vanas para distinguirse de los demás, vicio que las instituciones de Utopía no toleran en modo alguno.138
De hecho, la lujuria no solo se ve innecesaria, sino se considera como una exhibición de mal gusto:
Por el contrario, los utópicos comen y beben en servicios de arcilla y de vidrio, muy adornados a veces, pero que no tienen ningún valor, mientras que el oro y la plata son utilizados no sólo en los edificios públicos, sino en los hogares, con el fin de construir recipientes para los usos humanos más innobles. También las cadenas y los grillos con que se sujetan a los esclavos son de oro y plata, y los condenados por los mayores crímenes llevan obligatoriamente pendientes, anillos, collares y diademas de oro finísimo.
De esta forma logran que el oro y la plata sean despreciados […].139
Los utópicos desprecian la riqueza superflua porque han encontrado mayor libertad en un sentido más elevado. A parte de satisfacer las necesidades materiales de la comunidad, su trabajo y educación tienen otra finalidad todavía más importante: la formación y el perfeccionamiento individual de los ciudadanos. A diferencia de la tajante prohibición del cambio de oficio en la república platónica, en este plano los ciudadanos de Utopía cuentan con mayor libertad. Si bien se suele seguir practicando el oficio de los padres, cada habitante puede aprender y practicar cualquier otro trabajo, siempre que tenga ganas de realizarlo. De esta manera, todos y cada uno de los utópicos tienen la oportunidad de alcanzar un mejor desarrollo físico y espiritual,
pues las instituciones de la república se inclinan con prioridad a libertar a todos los ciudadanos del esfuerzo de los trabajos corporales, en cuanto lo consientan las necesidades
138 Moro, T.: Utopía, ob. cit., pág. 101.
139 Ibidem, págs. 110-111.
29 de la comunidad, dando un impulso a la libertad y al cultivo de la inteligencia, en lo cual creen que se fundamenta la felicidad.140
Para asegurar el funcionamiento del sistema económico y el ejercicio de la libertad es imprescindible un régimen político adecuado. Este se rige a través de una democracia cuya unidad mínima de voto no es el individuo, sino la familia. Cada año se elige un filarca de entre treinta familias, y cada diez filarcas están representados por un protofilarca. El último no es el jefe de todos los dirigentes, pues de los cuatro protofilarcas de cada ciudad solo uno ejerce el poder supremo. El elegido será el príncipe.
Sin embargo, la sociedad ideal tampoco llega a ser perfecta. Mumford opina que la comunidad imaginativa de Moro tiene tres objeciones principales: la regulación de los viajes, el tratamiento del crimen y la guerra141.
Teniendo en cuenta las libertades que los ciudadanos de Utopía gozan en otros asuntos, la restricción de desplazamiento libre parece extraña. En la comunidad ideada por Moro, nadie puede salir de su ciudad sin el permiso del príncipe correspondiente.
El precio de violar esta norma es bastante alto: pues cualquier persona, al encontrarse deambulando sin llevar el documento adecuado, será condenada como fugitiva o a la esclavitud.
Frente a una consecuencia tan grave, resulta lógico cuestionarse si los sistemas legislativo y jurídico del nuevo orden pecan de exceso de severidad, pues nos sorprende el desorbitante precio que uno debe pagar por desplazarse sin la documentación debida.
Esta regla rígida de Utopía muestra cierta incongruencia con la actitud negativa de Moro sobre los castigos demasiado severos a los delincuentes comunes en Inglaterra, de modo que proponer una condena a la esclavitud resulta chocante. “He aquí un ejemplo obvio de dureza carente de imaginación para la que es difícil hallar una explicación. De hecho, no tengo intención alguna de buscársela”142, apunta Mumford.
140 Ibidem, pág. 98.
141 Mumford, L.: Historia de las utopías, ob. cit., pág. 89.
142 Ibidem, pág. 80.
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Mientras tanto, observamos que una sociedad tan avanzada en el sentido ético tampoco está libre de conflictos bélicos. Los utópicos no son pacifistas, pero emplean a mercenarios extranjeros para que luchen por ellos. De esta manera, la Utopía soluciona sus conflictos más urgentes sin perder a ninguno de sus ciudadanos. En cuanto a esos soldados extranjeros contratados, los utópicos los considera personas “de baja condición”143 y no muestran ningún interés en cuidar su bienestar y seguridad.
Con todo, si bien el sistema ideado por Moro dista mucho de ser perfecto, este representa un texto referencial en la historia de los intentos de plantear órdenes sociopolíticos más adecuados y marca el divorcio entre la misma forma utópica y los pre-echoes144 —en palabras de Kumar— de lo utópico. A pesar de que los textos de muchos utopistas tempranos, singularmente Cristianópolis, de Johannes Valentinus Andreae (1619) o La nueva Atlántida, de Francis Bacon (1626), no pueden librarse del todo de la influencia religiosa, la sociedad detallada en el libro de Moro es, sobre todo, secular. Mientras tanto, el énfasis en la tecnología y la matemática refleja la vuelta al racionalismo, lo cual se alinea con el Zeitgeist de la época del autor. Por eso, Kumar incide en que“More shows himself, and his Utopia, to be the product of a new age. His Utopia has a rationalism and a realism that we associate typically with the classical revival of the Renaissance”145 . Esto no significa que Utopía sea una sociedad sin elementos religiosos. Al contrario, los ciudadanos de la isla gozan de una plena libertad religiosa: pueden rendir culto a cualquier deidad que deseen. Esta libertad asegura que Utopía no sea un orden en el que el poder religioso se identifica con el político. Si bien es probable que la humanidad nunca pueda vivir al margen de la religión o alguna creencia semejante por su tendencia a ansiar cierta vinculación con lo duradero, lo eterno y lo transcendental, la utopía de Moro se decanta por la sabiduría secular.
De esta manera, la utopía nos abre una ventana para imaginar y dialogar con un orden sociopolítico más adecuado y cargado de otredad. Esta sociedad alternativa, una vez que tenga los elementos explícitamente sobrenaturales suprimidos, volverá a
143 Moro, T.: Utopía, ob. cit., pág. 150.
144 Kumar, K.: Utopia and anti-utopia in modern times, ob. cit., pág. 20.
145 Ibidem, pág. 21.
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desempeñar el papel de la “esencial heterogeneidad del ser”146 y, comparada con la idea de depositar confianza en lo transcendente, posee mayor posibilidad de hacerse real. En esta obra, lo otro, lo irreal y lo desconocido sirven como espejos que reflejan lo nuestro, lo real y lo conocido, espejos que devuelven visibilidad a las tendencias negativas que se esconden en el seno de la sociedad inglesa de aquel entonces. En la obra de Moro, lo real y lo imaginario, lo ajeno y lo nuestro se interrelacionan.
En el apartado anterior, hemos analizado tres textos platónicos. Si bien tanto estos como Utopía, en el plano funcional, reflejan el deseo de cambiar el statu quo según determinados principios más o menos practicables, la diferencia en el plano formal entre el modelo de Platón, sobre todo el de La República, y el de Moro, es notable. La narratividad, que en Timeo y Critias estaba todavía en su estado rudimentario, evoluciona y al final se cristaliza en la obra de Moro. Esta vez, el viaje a lo exótico toma la forma de una novela, de una auténtica pieza narrativa. Acerca de esta cuestión, Kumar comenta lo siguiente: “Here it is made clear what is not so apparent in the earlier utopias: that the utopia is closer to the novel than to any other literary genre; is in fact a novel, though not necessarily of the kind that we have come to identify too exclusively with its nineteenth-century form and focus”147.
Además, Utopía y los textos utópicos posteriores toman un modelo narrativo característico. No se trata de una novela cualquiera porque nos ofrece un ángulo nuevo para contemplar el nuevo orden, no desde fuera, sino desde el interior. Según Kumar,
It shows the best society not as a normative or prescriptive model but as actually achieved, as already in existence. Utopia is a description of the best (or, in anti-utopia, the worst) society not as an abstract ideal, and not simply as a satirical foil to the existing society, but as a society in full operation in which we are invited vicariously to participate.148
La idea de que somos visitantes en los mundos utópicos es importante para entender este género literario. En el caso de los diálogos platónicos, contemplamos la sociedad ideal desde cierta distancia sin identificarnos con ningún personaje, puesto
146 Machado, Antonio: Juan de Mairena, Tomo I, Madrid, Cátedra, 2009, pág. 85.
147 Kumar, K.: Utopia and anti-utopia in modern times, ob. cit., pág. 25.
148 Ibidem.
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que en estas obras ninguno vive de verdad la sociedad alternativa ideada por el filósofo.
En textos como Utopía, en cambio, nos identificamos con el narrador y visitamos a esa comunidad exótica. Las características del orden hipotético se desvelan por la narración o las vivencias del protagonista. De esta manera, el desplazamiento, sea espacial o temporal, se puede entender como un aparato mediante el que dialogan lo real y lo deseado. En cuanto a la distopía, según Moylan, la historia suele empezar in medias res, dentro de un orden desagradable149. Es decir, nuestra visión suele verse identificada con la de un residente de la distopía, en vez de la de un viajero que la visita.
La narratividad y el desplazamiento, dos rasgos notables de Utopía, también pasan a formar dos de las características más destacadas del género utópico. Entonces, no es de extrañar que la obra de Moro se considere el punto de partida propiamente dicho de la utopía literaria de Occidente. La importancia de este texto es tan obvia, de modo que su título, al mismo tiempo, sirve para dar nombre a ese género que acaba de nacer.
Mientras tanto, el año 1516 quedará en la memoria de la historia de la literatura como la fecha del surgimiento de la utopía literaria.
Cinco siglos después de la publicación de Utopía, el género había evolucionado considerablemente. Sin embargo, el texto de Moro ha dejado huella en numerosas obras;
tales como: La nueva Atlántida de Francis Bacon (1626), Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift (1726) y Noticias de ninguna parte (1890), de Morris, quienes comparten el modelo narrativo del viaje fantástico. Estas tres novelas representan la visita del protagonista a mundos maravillosos que no le son propios. Mientras los personajes de Bacon y Swift llegan a sus destinos mediante desplazamiento en el espacio150, el carácter de Morris hace un viaje en el tiempo hacia la Londres del futuro151.
Utopía es, sin duda, un texto clave, pero no se trata de la única obra esencial del género utópico. A lo largo de la historia, distintos pueblos han planteado sus propias tradiciones utópicas de manera independiente, al igual que han diseñado sus propios artefactos para describir y entender el mundo. En algunas ocasiones, las semejanzas
149 Moylan, T: Scraps of the untainted sky…, ob. cit., pág. 148.
150 Bacon, Francis: Nueva Atlántida, Ciudad de México, La Jaula Abierta, Centro de Investigación y Docencia Económicas y Fondo de Cultura Económica, 2017, pág. 22; y Swift, Jonathan: Los viajes de Gulliver, Madrid, El País, 2004, pág. 16.
151 Morris, William: Noticias de ninguna parte, Madrid, Capitán Swing Libros, 2011, pág. 25.
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entre estas tradiciones narrativas pueden llegar a ser sorprendentes, pudiéndoseles asignar características comunes independientemente de sus orígenes. En el siguiente apartado, se analiza un texto de la antigua China para ejemplificar la universalidad humana de utopizar.
1.1.3. El texto utópico y su universalidad: Fuente de las flores de melocotón, de T’ao Yüan-ming
Como hemos visto, el texto de Moro marca el comienzo de la utopía en la tradición literaria occidental. Enfatizamos la palabra occidental porque en otras culturas también existen piezas literarias semejantes que imaginan o plantean órdenes sociales mejores.
La tradición utópica no es un elemento vinculado a un pueblo determinado, sino un fenómeno de carácter universal.
En cuanto al uso del término utopía, observamos dos tendencias polarizadas: por un lado, se emplea con frecuencia en el lenguaje común con significados designados de forma aleatoria; por otro, se intenta normalizar su uso al extremo para que abarque algunos significados reducidos. En el campo académico, esta segunda tendencia cuenta con no pocos partidarios. Así, la reducción del significado del término utopía afecta a todos los conceptos derivados de la noción de utopía, incluido la literatura utópica.
Kumar insiste en que la utopía es un concepto que solo puede relacionarse con la civilización occidental, por eso es erróneo aplicar cualquier adjetivo a la palabra utopía:
“there is not, properly speaking, either a classical or a Christian utopia. The modern utopia – the modern western utopia invented in the Europe of the Renaissance – is the only utopia”152.
A pesar de las notorias aportaciones de Kumar al estudio utópico, su opinión acerca de la naturaleza cristiana del género utópico puede ponerse en tela de juicio. Sargent manifiesta su desacuerdo con esta visión en los siguientes términos:
152 Kumar, K.: Utopia and anti-utopia in modern times, ob. cit., pág. 3.
34 Krishan Kumar, the author of Utopia and Anti-Utopia in Modern Times (1987), argues that utopias are a phenomenon of the West, that they emerged from Christianity, and that there are no non-Western utopian traditions that did not arise from contact with Western utopias.
Today, most scholars disagree and argue that such traditions existed in most cultures, noting such traditions in Buddhist, Confucian, and Taoist China, Buddhist and Hindu India, the Islamic countries of the Middle East, Buddhist Southeast Asia, and Buddhist and Shinto Japan.153
De hecho, cualquier persona que haya leído Fuente de las flores de melocotón se dará cuenta de la similitud entre esta historia situada en el contexto de la antigua Asia y el paradigma utopista iniciado por Moro. Fuente de las flores de melocotón fue escrita por el poeta y taoísta T’ao Yüan-ming (Tao Yuanming) alrededor del año 422154. El texto goza de una importancia monumental tanto en China, como en el resto de Extremo Oriente: “Because of its strong appeal to the imagination, this short masterpiece by T’ao Yuan-ming has never ceased to fascinate generations of poets, novelists and artists of East Asia, not only of China but also in Korea and Japan”155.
La historia de Fuente de las flores de melocotón está ambientada en un lugar indefinido del sur de China. Un día, un pescador se encuentra perdido en un bosque de melocotoneros. Allí, tras pasar por una caverna, entra en un pueblo aislado dentro de las montañas. Los residentes del pueblo desconocido viven una vida campesina increíblemente sencilla y feliz. Cuentan al pescador que son descendientes de los refugiados de la antigüedad que huían de la brutalidad de la dinastía Ch’in (Qin).
Cuando sucede la historia del relato, han pasado cientos de años desde el momento en que sus ancestros se instalaron en ese lugar, por eso no cuentan con ningún conocimiento acerca del mundo exterior. Al cabo de unos días, y cuando el pescador ya está despidiéndose de los habitantes del pueblo, estos le piden que no hable del pueblo con nadie del exterior. A pesar de prometer no hacerlo, él incumple su promesa, puesto que cuenta la existencia del lugar al t’aishou (taishou), el gobernador. Sin embargo, los agentes mandados por este no son capaces de encontrar el sitio secreto. De este modo,
153 Sargent, L. T.: Utopianism. A very short introduction, ob. cit., pág. 67.
154 T’ao, Y. (autoría) y Yüan, X. (ed.): Obras completas anotadas…, ob. cit., pág. 485. Para no confundir el apellido del autor y el Tao, concepto fundamental del taoísmo, transcribimos los nombres y las palabras chinos que aparecen en este apartado según el sistema Wade-Giles.
155 Haga, Toru: «Peach blossom spring versus Utopia», Ideal places in history. East and west 10, (1997), pág. 2.
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el pueblo de la Fuente de las flores de melocotón desaparece como si nunca hubiera existido.
A pesar del intervalo espaciotemporal entre Moro y T’ao, observamos bastantes similitudes entre sus obras. Por ejemplo, ambos utilizan el modelo narrativo del viaje fantástico. En Fuente de las flores de melocotón encontramos un Hitlodeo chino, esto es, un narrador que nos habla de una comunidad desde un punto de vista supuestamente personal. Hay que admitir que, al tener unos cuatrocientos caracteres, Fuente de las flores de melocotón no puede ser tan detallista como Utopía. La escueta información transmitida nos permite identificar la sociedad que lo protagoniza como rural, con un sistema económico un tanto primitivo y fundada por exiliados que huyen del régimen imperial del tirano Ch’in Shih-huang (Qin Shi Huang), el primer emperador dictatorial en la historia china.
Fuente de las flores de melocotón solo representa una imagen borrosa de una sociedad ideal. Por eso, la semejanza entre este y el paradigma utópico se vuelve dudosa, pues según la idea de Sargent, una utopía literaria debe describir un orden sociopolítico con bastante detalle156. Aun así, el propio Sargent afirma que el texto de T’ao puede considerarse una evidencia de la existencia de tradiciones utópicas ajenas a las de Occidente: “the classic Chinese utopia is ‘The Peach Blossom Spring’ by T’ao Yüan- ming”157.
A pesar de la sencillez del sistema social descrito en el texto de T’ao, no es preciso calificarlo de inespecífico porque el ideal de la escuela taoísta, tanto individual como político, es el regreso a la sencillez y a la sobriedad. Acierta Haga al observar que una de las diferencias más destacadas entre el pueblo desconocido de T’ao y la isla de Moro es que el primero refleja un estilo de vida sencillo y rural, mientras que la Utopía del escritor inglés es, sobre todo, urbana: “What the fisherman sees below, since he must have been standing on a hillside where he came out, is not a panorama of ‘fifty-four splendid big towns’ of parallel scale and parallel plan as on the island of Utopia, nor a
156 Sargent, L. T.: «The three faces of utopianism revisited», ob. cit., pág. 9.
157 Sargent, L. T.: Utopianism. A very short introduction, ob. cit., pág, 69.
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heavily armed, ring-formed huge fortress of the City of the Sun, but a heartwarming landscape of a peaceful farming village.”158
La preferencia por lo rural está muy arraigada en la filosofía taoísta159. Dentro del mismo Tao Te Ching, texto canónico del taoísmo, podemos encontrar múltiples párrafos que expresan la idea de que las comunidades autónomas de tamaño limitado son más deseables que los estados de gran extensión que tengan un sistema burocrático o político con una estructura compleja:
A gobierno flojo e indolente, pueblo dirigente. A gobierno activo, pueblo perezoso.160 Un pequeño Estado, de escasa población, no querrá emplear sus decenas o centenas de armas.
No se aventurará a una expedición lejana, por temor a pérdidas graves de vida. Aunque tenga barcos y carros, no los querrá utilizar.
Aunque tenga armaduras y armas, no querrá sacarlas al frente de batalla.
Hará que sus gentes se ocupen en anudar cuerdas.
Que hallen sabrosa su comida, elegantes sus vestidos, tranquilas sus moradas, alegres sus costumbres.
Que en las barriadas cercanas, que se ven unas de otras y se oyen de unas a otras los cantos de los gallos y los ladridos de los perros, los vecinos mueran en edad avanzada, sin haberse visitado toda la vida.161
Tal vez por esta reivindicación particular del taoísmo, Sargent vincula tanto esta doctrina como la utopía taoísta con el anarquismo162 . Con todo, su idea parece una afirmación poco adecuada si no un total malentendido. De hecho, el sistema social preconizado por los taoístas no está libre de jerarquías, poseyendo incluso un toque de, hasta cierto punto, oscurantismo:
158 Haga, T.: «Peach blossom spring versus Utopia», ob. cit., pág. 5.
159 En la tradición española también existe pensamientos parecidos. Fray Antonio de Guevara, en su libro Menosprecio de la corte y alabanza de aleda (1539) expresa la idea de despreciar la vanidad y el lujo de la vida cortesana y volver al estilo de vida del campesino simple. Carmen R. Rabell comenta que De Guevara interpreta la aldea como un espacio eutópico. Esperanza Rivera Salmerón argumenta que el tema de la obra de De Guevara forma parte de un tópico literario que se origina en la tradición grecolatina y que se refleja en varias obras de Lope de Vega.
Ver De Guevara, Antonio (autoría) y Rallo Gruss, Asunción (ed.): Menosprecio de corte y alabanza de aldea. Arte de marear, Madrid, Cátedra, 1984; Rabell, Carmen R.: «Menosprecio de corte y alabanza de aldea: ¿crítica lascasiana, propaganda imperialista o ‘Best-seller’?», Actas del XI Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Volumen III, Irvine, Universidad de California, 1994, pág. 248; y Rivera Salmerón, Esperanza: «Vaivenes de un tópico: la contraposición corte y aldea en el último Lope de Vega», Revista de Literatura 81, n.º 162 (2019), págs.
424-426.
160 Lao-tse: Tao Te Ching, Madrid, Editorial Tecnos, 2007, pág. 141.
161 Ibidem, pág. 187.
162 Sargent, L. T.: Utopianism. A very short introduction, ob. cit., pág. 69.