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Hijo de María: El Verbo demanda nuestra humanidad

2. Los dos momentos del “Admirable Intercambio”

2.1 Dios se ha hecho hombre

2.1.2 Las dos naturalezas y la doctrina de los dos nacimientos

2.1.2.2 Hijo de María: El Verbo demanda nuestra humanidad

Recordemos que el Pontífice subraya, que la generación eterna respecto al Padre es condición de posibilidad de este nuevo nacimiento. Él mismo, nacido en el tiempo, precede a todos en el tiempo. En la octava homilía de Navidad nos dice:

Al celebrar amadísimos, el aniversario del nacimiento de nuestro Señor y Salvador, tengamos una idea perfectamente justa del parto de la santa virgen, para que creamos que el poder del Verbo no ha estado un solo instante ausente de la carne y del alma que han sido concebidas y que el templo del cuerpo de Cristo (cf. Jn2,21) no ha sido formado ni animado antes que Él mismo, ni sobrevino para reivindicar la posesión y habitarlo250.

245 Jn 14,19.

246 En polémica con los arrianos que sostuvieron insostenible la Encarnación con el principio de la inmutabilidad divina, san León explica que la consubstancialidad divina de Cristo respecto al Padre no se funda sobre el misterio de la Encarnación en el tiempo, sino sobre la generación eterna. Cf. CASULA, Lucio: La cristologia di san Leone Magno; p. 108.

247 Hom.25,2; PL 54, 209.

248Debemos esperar hasta el 449 en su carta a la emperatriz Pulcheria, una formulación lapidaria capaz de expresar sintéticamente y con precisión técnica el contenido teológico del concepto de consubstancialidad:

“Consubstancial al Padre se ha dignado de ser consubstancial también a la madre”. Cf. CASULA, Lucio: La cristologia di san Leone Magno; pp. 108 -110. Sobre el concepto consubstancialidad podemos reviar a STUDER, Basil: “Il concetto de consostanziale in Leone Magno”en Aug; Vol. XIII,1973, pp. 599-607.

249 Hom.25,3; PL 54,210.

250 Hom.28,2; PL 54,222.

69 En estas líneas podemos entrever, la claridad que el Pontífice tenía acerca de la real humanidad de Cristo, y busca que los fieles creyentes tengan una justa idea del mismo, al afirmar que el cuerpo de Cristo no ha sido creado antes que Él.

Respecto a esto, es cierto que las primeras herejías, negaron más la humanidad verdadera de Jesucristo que su divinidad. Por ello el mismo León haciendo frente al hereje Eutiques, afirma enfáticamente en una homilía: “Misterio según el cual el unigénito de Dios, igual en todo al Padre, ha asumido nuestra naturaleza, y, permaneciendo lo que era, se ha dignado ser lo que no era, un hombre verdadero”251. En tal forma pertenece la naturaleza humana al Verbo, que lo llama hombre verdadero. Éste es perfecto en su especie, sin que le falte nada en cuanto a su esencia completa. Como vemos, León califica también este hecho de Misterio, fruto de una condescendencia y dignación inefable.

Se nota claramente en esta homilía, el esfuerzo de hacer comprender a Eutiques, que también la verdad de la naturaleza humana de Cristo es obra de Dios, porque su concepción fue obra divina, tanto que su nacimiento de María, es el fruto de una generación

excepcionalmente admirable y tan admirablemente singular”252 como él mismo lo expresa;

esta obra divina produce en María algo característico y específicamente humano. En la cuarta homilía de Navidad refiere a este nacimiento admirable en esos términos “(…) porque fue su nacimiento admirable, no por eso podemos decir que no tenía una naturaleza semejante a la nuestra”253.

Un nuevo nacimiento era conveniente para hacerse semejante a nosotros:

Ha nacido según un nuevo nacimiento, concebido por una virgen, nacido de una virgen sin la concupiscencia de la carne paterna, sin que se atentase a la integridad de su madre (…).

Por eso determinó nacer según un modo nuevo, pues llevaba a nuestros cuerpos humanos la gracia nueva de una pureza sin mancilla254.

Esta novedad, de la cual habla el Pontífice, se ve indicada en lo especial de la concepción: de una madre virgen, sin atentar su integridad, sin concurso de varón, y este modo nuevo haría posible nuestra participación en una vida nueva. Por una parte, Jesús entra en la serie de generaciones humanas y pertenece a la misma humanidad que todos nosotros;

251 Hom.96,2: PL 54,467.

252 Tomus ad Flavianum: Ep.28,2.

253 Hom.24,3; PL 54,205.

254 Hom.22,2; PL 54,195-196.

70 pero por otra parte, la intervención de Dios, (que evoca simbólicamente la creación de Adán) da a su nacimiento el valor de una creación nueva255.

En la octava homilía de Navidad refuerza la idea: “En efecto, la virgen fecundada por el Espíritu Santo dio al mundo, sin señal de corrupción, al mismo tiempo un hijo de su linaje y al autor de su raza”256. Jesucristo posee como nosotros, una naturaleza humana completa, perfecta en todos sus elementos constitutivos: Debió hacerse semejante en todo a sus hermanos257.

En este nuevo nacimiento, era pues necesario que el seno ofrecido por María, tenga en algo semejanza a la pureza incomparable del seno eterno del Padre en el que como Dios vive siempre. Este algo semejante se refiere a la pureza y virginidad de la madre. El Pontífice lo refiere en su segunda homilía: “Origen dispar, pero naturaleza común. Que una virgen conciba, que una virgen dé a luz y permanezca virgen, es humanamente inhabitual y desacostumbrado, pero revela el poder divino258; en efecto la virgen madre dio a luz sin señal de corrupción.

Se escogió una madre “que Él había hecho259, y sin menoscabo de su virginidad le proporcionó la sustancia de su cuerpo, pues, la concepción virginal no quita nada a la humanidad de Cristo, sino que se presenta como condición para preservarla del pecado260.

Es evidente entonces, que es a través de ella y por ella que el Verbo nos pidió una naturaleza humana. La vida que de ella recibe, lo hace semejante a nosotros, Él es tan hijo suyo, como lo es de Dios: caracteres entrambos que le son esenciales; es el Hijo de Dios, por una generación eterna, inefable; y es el Hijo del hombre, por el nacimiento en el tiempo, de la Virgen María.

Todo esto; implica que tiene un alma como la nuestra, cuerpo semejante al nuestro, inteligencia, voluntad, imaginación, sensibilidad, facultades como las nuestras y se manifiesta en toda su existencia como una de tantas criaturas, solo que nunca cometió pecado261.

255Cf. SESBOÜÉ, Bernard: Jesucristo el único mediador; Vol. I, p.234.

256 Hom.28,2; PL 54, 222.

257 Cf. Hb 2,17

258 Hom.22,2; PL 54, 195.

259 Hom.24,3; PL 54, 205.

260 Cf. CANOVAS SANCHEZ, José Alberto: “Propter nos. El motivo soteriológico en el “Tomus ad Flavianum” de san León Magno”; p.242.

261 Hb 2,17; 4,15: “Debió hacerse semejante en todo a sus hermanos, a excepción del pecado”.

71 Todo esto que vemos de modo tan insistente y directo en las homilías de san León, lo confrontamos con el dogma cristológico de la Iglesia que, con sus profundas raíces en el Nuevo Testamento, ha afirmado la plena humanidad de Jesús, no solamente en abstracto, sino también en la completa solidaridad con nosotros.

El concilio de Calcedonia, del cual el Papa san León fue artífice, afirma en su conocida fórmula; que el solo y mismo Señor nuestro Jesucristo es “perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad, verdaderamente Dios y verdaderamente hombre”262 .

Podemos concluir este punto diciendo; que en comunión con el símbolo bautismal y con la rectitud de la fe, León Magno afirma e insiste en sus homilías, que Cristo fue engendrado por Dios (por ello sempiterno en todo aquello que es propio de su majestad divina), y nacido de María (temporal en todo aquello que es propio de la humildad de la condición humana). Posee por tanto, una naturaleza divina y una humana, teniendo consecuentemente propiedades y actividades divinas y humanas, sin lo cual, como dice Studer, la unidad de la persona quedaría puesta en discusión263.