2. Los dos momentos del “Admirable Intercambio”
2.2 El hombre se ha hecho (partícipe de) Dios
2.2.2 Restaurar al hombre
87 Nadie (Job 14,4). El Señor de David ha sido hecho hijo de David, y del fruto del germen prometido ha brotado una prole sin defecto346.
La curación de los hombres requería que Dios actuará a través de la humanidad del Verbo, totalmente ajeno a la culpa. Había que curar las heridas humanas desde dentro de la misma humanidad.
Finito en su origen creado, infinito por su vocación de ver a Dios, es incapaz de dar por sí mismo el paso de un término al otro, porque el hombre no puede salvarse por sí mismo347.
En efecto; es en el misterio de la Encarnación donde reside la condición de posibilidad de la mediación divinizante de Cristo. Los grandes debates de esta época giraron, no en torno a la cruz y la Resurrección, sino en torno a la identidad de Cristo, tal como se realizó en su Encarnación. La Encarnación, cumple en nosotros dos cosas: la primera es que Dios nos llena de amor; la segunda que se hace cierta nuestra salvación348. La Encarnación se presentará como la presencia definitiva de Dios entre los hombres que implica la restauración y elevación del mismo.
88 el rescate suprime nuestra esclavitud, la regeneración cambia nuestro origen y la fe justifica al pecador”351; Él toma lo nuestro, que es aquello que el creador ha puesto en nosotros desde el principio, y lo repara; asume la sustancia humana para restablecer nuestra naturaleza creada, es más, ha donado mucho más en nuestra restauración352.
En la novena homilía de Navidad (453) nos dice: “La gloria de Dios es, pues, la infancia de Cristo, que nace de una madre virgen, y la restauración de la humanidad se incluye con razón en la gloria de su autor”353, así el hombre restaurado recupera su belleza, su integridad. La Navidad se convierte en la fiesta que nos trae a cambio la restauración del hombre.
Esta restauración implica para el Pontífice el vencer a la muerte, destruir el poder del diablo y liberarnos del pecado: “Si Dios todopoderoso no se hubiese dignado realizar esto, ninguna clase de justicia ni de sabiduría hubiera podido arrancarnos de la esclavitud del diablo y del abismo de la muerte eterna”354. El hombre que yacía en el abismo de la muerte, no le quedaba otra esperanza que una solución venida de lo alto; un Dios que se dignó abajarse para asumir al hombre caído y restaurarlo de su miseria.
A continuación, veremos brevemente en qué forma y con qué términos es expresada esta restauración dada al hombre en las homilías, y las implicancias de Intercambio que ellas traen.
2.2.2.1 Vencer la muerte
San León, expresa en términos de Intercambio la ruptura de las cadenas de la muerte;
nos dice en la primera homilía de Navidad: “Nace la vida para acabar con el temor de la muerte y llenarnos de gozo con la eternidad prometida”355, El Verbo eterno “se hace hombre para liberar a los hombres de la muerte eterna”356.
Intercambio de (nuestra) muerte con (su) nacer a la vida; Intercambio librándonos de la muerte eterna con su hacerse hombre, que nos trae como don el llenarnos de alegría con los bienes eternos prometidos.
351 Hom.22,4; PL 54, 197.
352 Hom.24,2; PL 54, 231; cf. Hom.23,2; PL 54, 201; Hom.25,2; PL 54, 209.
353 Hom.29,1; PL 54, 227.
354 Hom.24,2; PL 54, 205; otro ejemplo vemos en Hom.24,3; PL 54, 205: “Para romper esta cadena de pecado y de muerte es por lo que ha tomado en sí la naturaleza humana el Hijo todopoderoso de Dios”.
355 Hom.21,1 PL 54,190-191.
356 Cf. Hom.21,1; PL 54, 191; Hom.21,2; PL 54, 191.
89 En la quinta homilía de Navidad insiste en la idea que reinaría la muerte, si es que el Hijo de Dios no hubiera descendido hacia nosotros con la Encarnación:
Si el Verbo de Dios no se hubiese hecho carne y hubiese habitado entre nosotros (Jn 1,14), si el creador en persona no hubiese descendido hasta la criatura para unirse a ella, llamando por su nacimiento, a la vieja humanidad a un nuevo principio, reinaría la muerte desde Adán hasta el fin, y sobre todos los hombres pesaría una condenación insoluble, ya que el solo hecho de nacer seria para todos, la causa común de su perdición357.
En otros escritos de León, también se puede verificar esta idea en donde se resalta la existencia de un hombre que muriendo venciera la muerte, pero para esa victoria, era necesario el nacimiento de un hombre sin pecado, libre de la herencia y la condena del pecado358.
2.2.2.2 Destruir el poder del diablo
El hombre, desposeído de los dones celestiales, no tenía ya el privilegio de la inmortalidad y estaba sentenciado a la muerte. Ante esta realidad, León se pregunta en la séptima homilía: “¿De dónde viene un cambio tan grande sino del poder del Altísimo? (cf.
Sal 76,11). El Hijo de Dios ha venido a destruir las obras del diablo”359, y es que un cambio tan grande solo podía venir del poder del Altísimo.
En la primera homilía de Navidad nos dice “Al llegar la plenitud de los tiempos (Gal 4,4) señalada por los inescrutables designios del divino consejo, tomó el Hijo de Dios la naturaleza humana para reconciliarla con su autor y vencer al diablo, inventor de la muerte”360. Haciéndose hombre, naciendo de una virgen, el Verbo le concede al hombre vencer al que lo había vencido. Aquí podemos vislumbrar nuevamente el tema del Intercambio; Él se hace hombre y con ello le permite al hombre vencer a su opresor, dándonos así la posibilidad de la reconciliación y la restauración. Un hombre se convierte en redentor del hombre. Cristo condenaría con su nacimiento a aquel por quien el género humano había sido manchado.
Dice el Pontífice en la segunda homilía, que Dios en su justicia y misericordia tenía muchos medios para levantar al género humano361, sin embargo ha preferido un camino para destruir la obra del diablo no con intervención poderosa sino con una razón de equidad. El
357 Hom.25,5 PL 54, 211.
358 Cf. Ep.124,7; PL 54, 1066-1067.
359 Hom.27,2; PL 54, 218.
360 Hom.21,1; PL 54, 191.
361 Cf. Sal 85,15
90 diablo “fue vencido por el mismo medio que él se había valido para esclavizarlo”362, éste no conoció que el Señor, nacido de una virgen pero a quien veía sujeto a la debilidad de la muerte, estaba libre de los lazos del pecado. “La naturaleza del siervo fue creada sin la condición servil, pues el hombre nuevo fue unido al antiguo (Ef 2,15), de tal modo que tomó toda la realidad de su raza, excluyendo todo lo que viciaba su origen”363 .
Hay que aceptar, que dentro de la concepción juridicista bastante extendida dentro de la teología latina suele considerarse e incluir a León, incluso se puede mencionar la homilía segunda de Navidad, donde lo presenta de modo bastante completo, sin embargo, se podría decir que el principio que rige la redención en la mente de León no son los supuestos derechos del demonio sino la justicia de Dios dentro de su designio de misericordia. Esta divina justicia, se explica en sí misma y no en relación con el demonio, y su base escriturística está principalmente en el epistolario paulino364.
En todo caso, en esta justicia vista como restauración y reconciliación, es el hombre – representado por Cristo- quien reconcilia con Dios la naturaleza humana. Es gracias a la Encarnación de Cristo que se vence al diablo, y nuevamente se produce el Intercambio donde se nos arranca del poder de las tinieblas y se nos traslada al reino y claridad de Dios365.