131
Para la homeopatía, la salud se define como la capacidad para adaptarse a los cambios ambientales, mentales y emocionales para restablecer el equilibrio de la fuerza vital, por el contrario, la salud es el equilibrio entre la voluntad y el entendimiento. Así nos dice Hahnemann en el parágrafo19:
Ahora bien, dado que las enfermedades no son más que alteraciones en el estado de salud del individuo sano que se expresan mediante signos mórbidos y que la curación también es posible únicamente por un cambio en el estado de salud del individuo enfermo hasta la condición de buena salud, resulta muy evidente que las medicinas jamás podrán curar a las enfermedades si no poseyeran el poder de alterar el estado de salud del hombre, el que depende de sus sensaciones y funciones; por cierto que su poder curativo tiene que deberse exclusivamente a ese poder que poseen de alterar el estado de salud del hombre.273
Así, para Hahnemann, el estado de salud del individuo sano se manifiesta por medio signos mórbidos, que podemos interpretar como síntomas que son los que percibimos, es decir, que los síntomas están en relación a la fuerza vital y que el desarrollo de la energía vital es diferente en cada ser humano, cada persona posee ciertas tendencias hereditarias así como influencias del medio. Por lo que la fuerza vital al estar desequilibrada no podrá luchar exitosamente en contra de los síntomas internos y externos, de tal forma que el equilibrio no se concretará.
Para Hahnemann el estado de salud del hombre se relaciona con lo espiritual, por tanto nos dice el parágrafo 20:
A este poder de alterar el estado de salud del hombre, de índole espiritual y que reside, oculto, en la naturaleza íntima de las medicinas, jamás se lo podrá describir en sí mismo por mero esfuerzo de la razón; es sólo por la experimentación de los fenómenos que despliega al actuar sobre el estado de salud del hombre como podemos comprenderlo con claridad.274
273 OR.: 2004, p, 90
274 OR.: 2004, p. 90
132
Así pues, para Hahnemann como para los vitalistas, todo aquello que el cuerpo manifiesta como síntoma, es en cierta medida una expresión visible de un proceso que podemos denominar invisible, pues esta señal puede irrumpir en la vida cotidiana del ser humano.
La crítica que hace Hahnemann a la práctica médica que él mismo denomina “alópata” radica en el empeño de los médicos en suprimir el síntoma, la homeopatía les enseña a los galenos que hay que eliminar la causa no el síntoma.
Así la llamada medicina moderna “alópata” es incapaz de atender la causa, pues equipara síntomas y enfermedad, porque ven al cuerpo a partir de órganos o sistemas y no como un todo integral.
Para Hahnemann, el estilo de vida condiciona la enfermedad; estos factores determinan una categoría conocida como causa occasionalis y debe eliminarse antes de encargarse del paciente. Si el paciente continúa con la práctica de ciertos hábitos nocivos para su salud, entonces la curación no tendrá lugar en él.
El médico de Meissen describe la vida ordenada del paciente, como una vida carente de privaciones, miseria, fatiga o pasiones perniciosas, también nos dice en el parágrafo 244, que el ejercicio corporal como un sistema saludable debe incluir el trabajo intelectual como en el físico.275 El enfermo y la enfermedad están unidos inseparablemente como un hecho único que se repite hasta que se decida lo contrario, es decir, estar sano.
275 Ibíd., p. 236
133
Las observaciones que Hahnemann había hecho con respecto a la salud y a la enfermedad, acerca de la vida ordenada y carente de privaciones pierden sentido, pues en el siglo XIX con el proceso de industrialización europea, las enfermedades producto del despliegue de fenómenos migratorios hacia las ciudades y principalmente a los lugares de trabajo, trae consigo la proliferación de enfermedades infecciosas como la sífilis, la tuberculosis, así como padecimientos relacionados con la mala alimentación tales: raquitismo, escorbuto y pelagra.
Estas últimas pandemias, son producto de las jornadas de trabajo interminables, así como la falta de higiene y hacinamiento que vivían los habitantes de las ciudades.
Las enfermedades infecciosas, producto de la nuevo orden social del siglo XIX, proliferaron, mientras la ciencia médica tenía una actitud triunfalista sobre la base científico-natural, pues en este siglo se descubren instrumentos quirúrgicos que ayudaron a que las enfermedades infecciosas disminuyeran y con ello el número de muertos, por otro lado, se descubre el diagnóstico serológico de la sífilis, que permitió identificar anticuerpos y antígenos en la sangre.276 Sin embargo, la crítica que hace Hahnemann a la medicina alópata de su tiempo es con relación al tratamiento de las enfermedades crónicas, pues en su obra Las enfermedades crónicas, nos dice al respecto:
Los tratamientos consisten en mezclas repugnantes compuestas por los drogueros en base a grandes dosis de medicamentos de acción violenta cuyos efectos individuales se ignoran, conjuntamente con el uso de múltiples baños, de remedios sudoríficos y sialagogos, de narcóticos que bloquean al dolor, de enemas, fomentos, fumigaciones, vejigatorios, exsutorio, cauterios, de purgantes de efecto prolongado, de sanguijuelas, ventosas, y tratamientos enervantes, cualesquiera que sean los nombres que pueda darse a estos
276 En el campo de la inmunología se llegó al descubrimiento de los grupos sanguíneos, este hecho trajo como consecuencia que las transfusiones de sangre de una persona a otra fueran inocuas.
134
tormentos medicinales, que se alternan por épocas según los conceptos en boga. Tales tratamientos agravan a las enfermedades y a la fuerza vital, pese a esos denominados tónicos que suelen ser prescriptos, queda disminuida cada vez más.277
Por su parte Hahnemann con esta crítica a la medicina alópata, hace una propuesta a la forma de curar de la vieja escuela, ya que la homeopatía apela a al equilibrio de la fuerza vital del ser humano, así como a la función de la naturaleza que va más allá de las células, órganos, sistemas, emociones y la mente. El médico alemán mira la unidad que existe entre el ser humano y la naturaleza.
Hahnemann se refiere a los diferentes tratamientos médicos de la medicina decimonónica de su tiempo la cual presenta con una actitud triunfalista sobre la enfermedad, pero no hay curación permanente, pues se sigue viendo al paciente como una maquinaria que sólo responde a reacciones fisicoquímicas. Sin embargo, hablar de enfermedad nos remite necesariamente a las formas que el ser humano ha elaborado sobre la salud.