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tormentos medicinales, que se alternan por épocas según los conceptos en boga. Tales tratamientos agravan a las enfermedades y a la fuerza vital, pese a esos denominados tónicos que suelen ser prescriptos, queda disminuida cada vez más.277
Por su parte Hahnemann con esta crítica a la medicina alópata, hace una propuesta a la forma de curar de la vieja escuela, ya que la homeopatía apela a al equilibrio de la fuerza vital del ser humano, así como a la función de la naturaleza que va más allá de las células, órganos, sistemas, emociones y la mente. El médico alemán mira la unidad que existe entre el ser humano y la naturaleza.
Hahnemann se refiere a los diferentes tratamientos médicos de la medicina decimonónica de su tiempo la cual presenta con una actitud triunfalista sobre la enfermedad, pero no hay curación permanente, pues se sigue viendo al paciente como una maquinaria que sólo responde a reacciones fisicoquímicas. Sin embargo, hablar de enfermedad nos remite necesariamente a las formas que el ser humano ha elaborado sobre la salud.
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El segundo modelo de tipo holístico-humoralista, que le denominamos vitalista, considera a la enfermedad como el cese de la resistencia vital (fuerza vital) del organismo ante los factores adversos, este desequilibrio implica la totalidad en el ser humano.
Estas dos corrientes médicas como vimos en el capítulo dos, se confrontan e intentan explicar por su parte cada una, los fenómenos de la salud y la enfermedad en el ser humano en el siglo XVIII. Pero es la escuela de Montpellier en donde se trata de conciliar ambas posturas, pues proponen la búsqueda de un
“principio inmanente” al cuerpo humano, este principio debería explicar tanto los fenómenos mecánicos como los vitales en los estados de salud y enfermedad.
Este principio se le denominó “irritabilidad” de las fibras musculares y la
“sensibilidad” de los nervios.
Los conocimientos anatómicos de los siglos XVII y XVIII se referían a cuatro sistemas básicos: celular, vascular, nervioso y muscular, que a su vez se descomponían en siete sistemas universales: membranoso, parenquimatoso, glandular, medular, ligamentos, cartilaginoso y óseo. Por tal razón, la enseñanza de la medicina era entendida por sistemas anatómicos, esto con la finalidad de observar la unidad de los múltiples elementos anatómicos.278 Sin embargo, la fisiología se separó de la anatomía porque se debía distinguir entre la forma y la función de cada órgano. Para los médicos vitalistas del siglo XVIII, la fisiología es
278León. 200, pp. 204-205
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“la anatomía en movimiento”, 279 pero faltaba conocer la naturaleza y la acción de tal movimiento.
La discusión acerca de la naturaleza del movimiento orgánico tuvo tres principales teorías:
1.- La termodinámica, en la cual el calor orgánico era la causa de los movimientos mecánicos del cuerpo
2.- La vitalista, en la cual la fuerza vital inmanente a los seres vivos era la causa.
3.- La eléctrica, en la cual los fenómenos vitales se debían a flujos de corriente eléctrica.280
La acción del movimiento se trataba de explicar por parte de los mecanicistas por medio de acciones mecánicas como la extensión, la contracción, la hinchazón, etc., pero para los vitalistas, se debía a transformaciones químicas y no sólo mecánicas. Estas tres teorías intentaban describir la naturaleza del movimiento, y con esto, explicar la naturaleza de la enfermedad. Sin embargo, como hemos visto en los capítulos anteriores, para la homeopatía la enfermedad no sólo involucra la naturaleza del movimiento sino que toma en cuenta a la fuerza vital y el contexto social del paciente.281
279Ibíd., p. 204
280 Quizás la eléctrica es la responsable de la concordia entre mecanicismo y vitalismo.
281 La salud va más allá de la ausencia de enfermedad, como lo sugiere la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde esta perspectiva, la salud puede ser interpretada como un objeto de estudio que debe ser analizada desde el método científico, para la descripción del fenómeno de la enfermedad del ser humano. Sin embargo, la ciencia médica ha despojado a la salud de los referentes que la vinculan con la humanidad y la han llevado a que se presente como un instrumento que posibilite dominar la vida, y al mismo tiempo, justificando las concepciones de salud y enfermedad de acuerdo a una estructura de temporalidad e historicidad (antecedentes
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En este sentido, la salud debe ser analizada no sólo desde una concepción científico-tecnológica, sino a través del análisis de los múltiples factores que conforma al ser del hombre, tales como los estados anímicos, el clima, la comida, las costumbres, etc., Todos estos factores se encaminan hacia la recuperación de la autonomía de la salud, es decir, si el ser humano es consciente del origen de su enfermedad, podrá ser capaz de detectar la forma de curarse a asimismo.
Mi propuesta a lo largo de esta investigación, ha sido mostrar cómo a partir de la historia de las ideas podemos establecer implicaciones metafísicas en el pensamiento vitalista y en especial en la medicina de Samuel Hahnemann, que marca un paradigma en la práctica médica del siglo XIX como vimos en los capítulos anteriores. Asimismo, las implicaciones éticas de la nueva terapéutica en relación con la salud y la enfermedad en el ser humano.