• No se han encontrado resultados

La Iglesia de Toledo y la conquista de Alcaraz

In document Descargar - Biblioteca Digital de Albacete (página 146-157)

Carlos Ayllón Gutiérrez

1. La Iglesia de Toledo y la conquista de Alcaraz

RAS el triunfo de Las Navas de Tolosa (16 de julio de 1212) y como resultado de la sólida simbiosis entre la Cruz y la Espada, el rey Alfonso VIII y el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada dirigieron las tropas castellanas hacia Dueñas,

Eznavejor, Montiel y la Ossa, y en seguida al “nobile castrum” musul- mán de Al-Karas, “quod mirabile fuit”1, bastión andalusí de importan- cia demográfica mediana que se ha- bía quedado demasiado expuesto al acecho de las tropas cristianas. Flan- queada por el Campo de Montiel y la Mancha oriental (ambos semides- poblados), Alcaraz era lugar de paso de las cabañas ganaderas castellanas que buscaban pastos en tierras mu- sulmanas en tiempos de tregua, y su proximidad al reino de Murcia y al alto Guadalquivir la convertían en pieza estratégica con vistas a futuras acciones militares.

Se han barajado varios días como la fecha de la conquista de Alcaraz. El padre Mariana asegura

1 Crónica latina de los Reyes de Castilla (Ed. María Desamparados Cabanes Pecourt), Valencia, 1970, p. 44.

Procesión triunfal.

18 de mayo; otros autores sostie- nen que fue el día 19, y también hay quien lleva el acontecimiento al día 22.2 Si, como también se afirma, la victoria tuvo lugar en la vigilia de la Ascensión del Señor y la entrada en la población se hizo en esta misma festividad, en tal caso deberíamos aceptar el 22 de mayo como el día del triunfo cristiano, toda vez que ese día fue miércoles, víspera de la Ascensión. Según el propio Jimé- nez de Rada, la entrada triunfal fue seguida del simbólico recibimiento en forma de procesión solemne por parte del arzobispo, auténtico artífi- ce de la conquista, y por el clero (“la otra clereçia que se y acaesçieron”) instalado rápidamente en la improvi- sada iglesia, que no era otra que la hasta entonces mezquita mayor o más bien la mezquita del elevado alcázar. La nueva iglesia fue purificada con urgencia (“purgata spur maurorum spurcitia”) y consagrada a san Igna- cio de Antioquía.3 De acuerdo con testimonios análogos (Toledo, Capilla, Córdoba) y con la normativa del pontifical romano, hemos de creer que en Alcaraz el arzobispo y algún otro clérigo ayudante entraron en la mezquita para prepararla, por ejemplo retirando los símbolos islámicos. Los ritos de purificación comenzarían ante la puerta principal (o única) en el exterior del templo; después los clérigos circundarían el edificio rociando sus mu- ros con agua bendita, y por último, don Rodrigo y sus acólitos oficiarían una misa solemne en su recinto. Entre tanto, las demás mezquitas de barrio serían convertidas en otras iglesias o bien derruidas.4

2 E. PÉREZ DE PAREJA: Historia de la primera fundación de Alcaraz y milagroso apa- recimiento de N. Sª de Cortes, Valencia, 1740 (Reed. facsímil a cargo de J. Sánchez Fe- rrer, Albacete, 1997), pp. 43 y 97. Los Anales Toledanos defienden el día 22 (Cit. Julio González, Repoblación de Castilla La Nueva, I, Madrid, 1975, p. 241).

3 A. PRETEL MARÍN: Alcaraz: un enclave castellano en la frontera del siglo XIII, Alba- cete, 1974, p. 85. D. W. LOMAX: “Apostillas a la repoblación de Alcaraz”, p. 19. Cuan- do hubo que sacralizar la catedral de Toledo, el arzobispo Bernardo de Cluny utilizó la fórmula “eliminata spurcitia Mahometi”, semejante a la empleada luego en Alcaraz.

4 La toma de posesión de la catedral de Córdoba se hizo entrando el obispo con algunos San Ignacio.

Tras la rendición del alcaraceño Abū Gafar ibn Faraj, las tropas castellanas se dirigieron al poblado de Riópar –o Riopal, como aparece en más ocasiones en la documentación medieval–, cuyos pobladores musulmanes fueron expulsados para evitar posibles avenencias con los vecinos andalusíes: “Rivus Oppae dicitur expulsis Arabitus ab eodem”.

Riópar pasaba a constituir en ese momento el extremo suroriental de la conquista. Para el 2 de junio (día de Pentecostés) Alfonso VIII celebraba estas conquistas con su familia en Santorcaz.5

La presencia de don Rodrigo Jiménez de Rada en estas campañas militares fue decisiva para la integración de Alcaraz en la estructura eclesiástica arzobispal toledana. Aprovechando sus conocimientos sobre la geografía eclesial visigótica y su capacidad de manipular las fuentes, el prelado integró el territorio alcaraceño en la archidiócesis de Toledo, aunque sin alterar los límites administrativos andalusíes, que fueron adaptados a la nueva realidad política e incluso eclesiástica.

Durante los primeros tiempos de ocupación castellana, Alcaraz debió de ser un hervidero de caballeros del séquito real, servidores del arzobispado toledano, miembros de las órdenes militares y aventureros de mayor o menor fortuna. Muchos clérigos estuvieron presentes al objeto de repoblar el núcleo y su término y de paso obtener todo el provecho material posible para sí o para las instituciones que los habían enviado (órdenes militares, arzobispado). Pero el inicio de la andadura del Alcaraz cristiano no puede concebirse sin los apoyos recibidos del rey de Castilla y de las más altas instancias de la Iglesia.6 El 19 de agosto de 1213, Alfonso VIII expidió un privilegio rodado por el que hacía donación a don Rodrigo o a la archidiócesis toledana de las iglesias de Alcaraz y su término, tanto las presentes como las que en el futuro se arrebataren a los moros, además de

asistentes al interior, en donde habían dispuesto una cruz de cenizas. En ella el prelado trazó con su báculo las letras de los alfabetos griego y latino. M. NIETO CUMPLIDO:

Historia de la Iglesia en Córdoba. Reconquista y restauración (1146-1326), Córdoba, 1991, pp. 62-63.

5 A. PRETEL MARÍN: Conquista y primeros intentos de repoblación del territorio alba- cetense (Del período islámico a la crisis del siglo XIII), Albacete, 1986, pp. 83-90; “No- ticias sobre el castillo de Riópar en la Edad Media”, Al-Basit, 2, Albacete, 1976, p. 8.

6 Las diferentes mercedes de los reyes de Castilla y de los papas a la Iglesia de Toledo re- lacionadas con Alcaraz han sido editadas y abordadas en numerosas obras. Se revisan y se señalan distintas fuentes y lugares de edición en: C. AYLLÓN GUTIÉRREZ: Iglesia, territorio y sociedad en La Mancha oriental (Alcaraz y señorío de Villena) durante la baja Edad Media (tesis doctoral inédita), Murcia, 2008, apéndice documental. nº 2-7, pp. 811-818. Se recapitula su contenido poniéndolo al día en: A. PRETEL MARÍN:

Alcaraz y su tierra en el siglo XIII, Albacete, 2008, pp. 51 y ss.

los llamados diezmos reales que se obtuvieran en la zona. El arzobispo recibía también otros lugares e iglesias en tierras adyacentes. Se diría que se está esbozando el área que pronto constituirá el arcedianato de Alcaraz. Pero el documento aportaba un elemento más: el respeto de unos ambiguos derechos para las órdenes militares,7 un aspecto que en los siglos siguientes supondrá un caballo de batalla jurisdiccional entre los maestres, el arzobispado y el concejo alcaraceño por el control de la zona.

Alfonso VIII y Enrique I asignaron al arzobispado algunas propiedades en el suelo alcaraceño, que en realidad no fueron demasiado llamativas: una torre junto a la iglesia de Santa María de Alcaraz, con unos grandes solares para poder edificar un palacio (más bien unas dependencias oficiales para la archidiócesis), unas viñas y huertos, un horno, unos molinos (junto a los cuales el arzobispo edificó una casa fortificada), todo ello en la parte baja de la población; y también la heredad o aldea de Garví situada a media legua de la villa y a la que el arzobispo le quiso cambiar su nombre

7 “saluo tamen iure fratrum Ordinis Sancti Iacobi, quibus eam dedimus si quod habent (...) et Saluæ Terræ in ecclesiis, et decimis si quod habent”. Cfr. Mª M. RIVERA GA- RRETAS: La encomienda, el priorato y la villa de Uclés en la Edad Media (1174-1310).

Formación de un señorío de la Orden de Santiago, Madrid-Barcelona, 1985, p. 245; J.

GONZÁLEZ: Repoblación de Castilla La Nueva, I, p. 248.

Torre del Arzobispo, junto a Santa María.

infructuosamente por el de Cadreita, que en realidad era como se llamaba la pequeña villa navarra perteneciente a la familia Rada.8 Un siglo más tarde de la conquista, los arzobispos de Toledo disfrutaban en Alcaraz prácticamente de las mismas propiedades que recibieran en el siglo XIII.9

El 28 de noviembre de 1213 Inocencio III confirmó la concesión del rey castellano a la Iglesia de Toledo para que esta percibiera las aludidas décimas reales de Alcaraz y Riópar, así como su potestad sobre las iglesias de Alcaraz y de Eznavejor. A la muerte del papa Inocencio el arzobispo se apresuró a solicitar al nuevo pontífice, Honorio III, copia confirmatoria de todos los privilegios otorgados por la Santa Sede en favor de la archidiócesis toledana.

Dada la necesidad de concretar la extensión de la diócesis, la bula detallaba los límites meridionales del arzobispado con más precisión que los textos anteriores.

Sorprende a Lomax, y con razón, que sea el rey quien se anticipe y conceda al arzobispa- do toledano las iglesias de Alcaraz y sus proxi- midades, pues parece ser una injerencia civil en materia religiosa. Debemos entender que el rey respaldaba como cabeza del poder militar que los confines del arzobispado pudieran alcanzar estos contornos, mientras que Inocencio III y Honorio III parecían confirmar en el terreno eclesiástico una política de hechos consumados.

8 Estas heredades ya las había delimitado y registrado frey Montesino por orden de Al- fonso VIII. En las espaldas del documento y en letra de la época se anotó: “Donacio

<Roderico> archiepiscopo de aldea que uocatur Cadreyta/ prope Alcaraz (...) heredita- tibus”, y al lado de la palabra “Cadreyta” hay una llamada explicativa señalando: “que dicebatur olim Garbin”.

9 “... dos casas de molinos en que ha sendas ruedas, e vna huerta, e vna vinna, e vnas casas, que es vna bodega e una camara con su corral, e el diezmo de las salinas, e tierra para dos yuntas de bueyes de anno e vez”. F. J. HERNÁNDEZ: Los cartularios de la catedral de Toledo, p. 475.

Inocencio III.

arcedianos y arciprestes

Tras estos primeros momentos, un puñado de clérigos y hombres de confianza del arzobispo se instalaron en Alcaraz para hacerse cargo provisionalmente de su gestión eclesiástica y para supervisar asuntos relativos a los repartos territoriales que siguieron a la conquista de la villa (por ejemplo Pedro Domínguez, mayordomo del arzobispo, que se hallaba como testigo de las escrituras del pleito entre el caballero sanjuanista Montesino y el concejo alcaraceño).

Aunque no de manera inmediata, Alcaraz fue escogida como cabeza de uno de los seis arcedianatos de la diócesis, concretamente la última que recibió tal dignidad tras Toledo, Talavera, Madrid, Calatrava y Guadalajara.

El arcedianato de Alcaraz fue la institución bajo la cual se articuló teóricamente la vida religiosa de la comarca. Durante los años siguientes a su creación la dinámica eclesiástica orbitó en torno a la consolidación de una red parroquial, la articulación del diezmo, los antagonismos entre el arzobispado y las órdenes militares, y la gestación de un cabildo o cofradía de clérigos dentro de la villa alcaraceña.

El primer arcediano de Alcaraz fue el toledano Alfonso Meléndez, perteneciente al notable linaje mozárabe de los Ben-Lampader y componente del cabildo catedralicio de Toledo.10 Como cualquier potentado capitular era un hombre de negocios y como tal fue enviado a Alcaraz a fin de defender los intereses de la iglesia metropolitana sin descuidar los suyos propios.

En enero de 1228 Alfonso Meléndez aparece por primera vez como titular del arcedianato de Alcaraz, el cual seguramente estaba recién creado, y lo encontramos en la villa como testigo de cesiones inmobiliarias.11 Está claro que don Alfonso tenía interés en estar presente en este periodo de adjudicaciones materiales. Pero a lo largo de ese mismo año se produjo un hecho especialmente singular: su potestad se amplió a tierras extremeñas al crearse el arcedianato conjunto “de Alcaraz y Capilla”. En el mes julio ya se citaba a don Alfonso como titular de ambas demarcaciones. Capilla había sido conquistada por las tropas reales en 1226, y dos años más

10 Sobre Meléndez, Vid. F. J. HERNÁNDEZ: “Los mozárabes del siglo XII en la ciudad y la Iglesia de Toledo”, Toletum, 16, Toledo, 1985, p. 110 y ss; y Carlos AYLLÓN GU- TIÉRREZ: “Alfonso Meléndez, arcediano de Alcaraz (s. XIII)”, Homenaje a Miguel Rodríguez Llopis, Albacete, 2003, pp. 39-46. Remitimos a este trabajo para ampliar, verificar el aparato crítico y recabar datos complementarios.

11 D.W. LOMAX: “Apostillas a la repoblación de Alcaraz”, Congreso de Historia de Alba- cete, II, Albacete, 1984, pp. 26-28.

tarde el arcedianato de Alcaraz se ampliaba a esta otra villa, por lo que Meléndez aparece como titular del nuevo distrito eclesiástico de forma casi inminente a la toma de su comarca. Su posición como arcediano de dos lugares de reciente conquista resulta sorprendente a tenor de la distancia entre ambas poblaciones: Alcaraz en la sierra meridional de la actual provincia de Albacete; Capilla en la comarca de Los Montes, al noreste de Badajoz. ¿A qué se debe, pues, esta jurisdicción repartida en dos zonas separadas? Entendemos que tras la conquista de Capilla se decidió ampliar la jurisdicción del arcediano de Alcaraz a estas tierras extremeñas a pesar de su lejanía sin tener que crear un arcedianato más: el mapa arcedianal toledano en el suroeste de la diócesis ya estaba cerrado y además el nuevo territorio era insuficiente para crear otra demarcación análoga.

Lomax intentó explicar esta supuesta anomalía jurisdiccional lanzan- do la hipótesis de la creación de un descomunal arcedianato entre el Gua- diana y toda Sierra Morena, junto a la frontera con Al-Ándalus y por los dominios meridionales de las ordenes de Santiago y Calatrava; en definiti- va, una especie de superadelantamiento eclesiástico con sede teórica en Al- caraz y en Capilla y compuesto por las tierras conquistadas entre la victoria

Capilla (Badajoz).

resulta poco probable que Jiménez de Rada quisiese recurrir a la argucia jurídica de crear esta suerte de frontera eclesiástica aun a pesar de que el arcediano tuviera sus tierras tan disgregadas. Entre 1224 y 1228, además de Capilla se habían conquistado Andújar, Salvatierra, Martos, Baños, Baeza, Sabiote y Jódar, entre otras poblaciones; pero ciertamente no se incorpo- raron a este arcedianazgo. ¿Por qué Capilla y Alcaraz pasan a la diócesis de Toledo y el resto de territorios no? Creemos que porque aquéllas habían formado parte del reino de Toledo, mientras que los que no se integraron en el obispado pertenecieron a otros taifas. No olvidemos que a la hora de restituir las diócesis, este criterio político cobró fuerza progresivamente.

A cambio de poner en marcha la vida eclesiástica de estas zonas fronterizas, Meléndez fue recompensado no sólo con las correspondientes rentas del cabildo catedralicio, sino con otro tipo de mercedes algo más ajenas a la administración eclesial. Precisamente el arcediano centró sus inquietudes materiales en la adquisición de fincas en la zona montañosa del suroeste de Toledo, colindante con tierras de Capilla, para emplearlas como cotos de caza, lo que juzgamos guarda estrecha relación con su designación como arcediano de esta zona. Paralelamente tuvo lugar la confirmación y ampliación de donaciones a Meléndez por parte del rey en su finca y castillo de Peña Aguilera,12 lo que revela la variedad y simultaneidad de preocupaciones territoriales de don Alfonso. Pocas veces podemos hallar un caso tan claro de íntima correspondencia entre la función religiosa y el interés económico.

Pero el proyecto arcedianal de Capilla sucumbió pronto. La entrega que hizo Alfonso VIII de dicha villa en 1236 a la Orden del Temple, la precariedad de la zona y la frecuente inseguridad propiciada por los saqueos a que se vio sometida, impidieron su consolidación demográfica. Así, las tierras de la comarca de Los Montes de Badajoz pasaron a repartirse entre los arciprestazgos de Calatrava y de Puebla de Alcocer. Meléndez sería, pues, el primer y único arcediano de Capilla y a partir de 1236 su jurisdicción se

12 Meléndez se dedicó a la explotación de la abundante caza de conejos en sus cotos, lo que le acabó acarreando conflictos con el gremio de los conejeros. En abril de 1226 Fernan- do III le confirmó la posesión de una dehesa en Peña Aguilera a propósito del litigio que contrajo con la corporación de los cazadores (”concilii uenatorum”) de Toledo. Tam- bién adquirió otros cotos en 1229 cerca de Menasalbas, en los Montes de Toledo. Cfr.

J. GONZÁLEZ: Reinado y diplomas de Fernando III, II, Córdoba, 1983, pp. 258-259, nº 214; C. AYLLÓN GUTIERREZ: “Alonso Meléndez, arcediano de Alcaraz”, p. 47;

F.J. HERNÁNDEZ: Los cartularios de la Catedral de Toledo. Catálogo documental, Madrid, 1985, p. 373. Del mismo autor: “Los mozárabes del siglo XII”, pp. 112-114..

redujo a Alcaraz, a pesar de lo cual aún se haría denominar con arrogancia hasta 1245 “arcediano de Alcaraz y Capilla”.13

Por otra parte, Alfonso Meléndez aparece en algunos diplomas como arcediano de Ignatia o bien de Ignatia y Capilla, por ejemplo en el ya aludido de julio de 1228. Como no existe ningún lugar con el pintoresco nombre de Ignacia, entendemos con Lomax que es la fallida nominación que procuró otorgar el arzobispo don Rodrigo a Alcaraz. Sobran razones para sospecharlo: siempre se antepone el nombre de Ignatia al de Capilla cuando aparecen juntos, lo que puede sugerir que el primer lugar es de conquista anterior. Tampoco olvidemos que la mezquita principal de Alcaraz fue transformada en un templo dedicado a san Ignacio. Además Jiménez de Rada había intentado sustituir el nombre de su aldea alcaraceña de Garví por el de Cadreita. En cualquier caso, esa forzada denominación pronto se desechó, pudiendo más la tradición toponímica que los intentos del prelado de cristianizar el léxico geográfico de la comarca.14

El arcediano Meléndez llevó a cabo contratos de arrendamiento de tierras presuntamente arzobispales, por ejemplo el firmado en 1240 en relación con unos viñedos en las cercanías del monte de San Félix (San Felices) a fin de que los arrendatarios los repoblasen y colonizasen, ante la posibilidad de que los vecinos santiaguistas se pudieran hacer con tales terrenos.15

Por lo tanto, en Alcaraz, el agente clerical más activo en la coloni- zación territorial no fue otro que el arcediano, quien, merced a su cargo y a su estrecha colaboración con el arzobispo, cumplió las consignas para consolidar la autoridad episcopal, poner en marcha la estructura parroquial, asegurar la incipiente repoblación y el mantenimiento del culto y, en con- secuencia, crear en Alcaraz la maquinaria de cobro del diezmo (destinado en gran medida a la ciudad de Toledo). No parece, por lo demás, que el

13 Archivo de la Catedral de Toledo: A.2.D.1.4. (Toledo, 28-noviembre-1248); F. J. HER- NÁNDEZ: Los cartularios de la Catedral de Toledo, pp. 423 y ss.

14 No ocurrió lo mismo cuando bautizó como Milagro la torre musulmana que reconstruyó en Retuerta del Bullaque, en recuerdo de la aldea de Milagro, vecina de la de Cadreita en su comarca natal de la Ribera navarra. En noviembre de 1214 el arzobispo recibió la propiedad de este castillo y su término. Queda claro que quiso nominar sus propiedades con topónimos que evocaran su tierra materna.

15 C. AYLLÓN GUTIÉRREZ: “Alfonso Meléndez, arcediano de Alcaraz”, p. 48. San Fé- lix, próximo a las Lagunas de Ruidera, ha pasado a la literatura como el castillo de Rochafrida. En un principio se hizo llamar al lugar San Felices en alusión a San Félix de Nola o a San Félix de Zaragoza; sin embargo en adelante se denominó Rochafrida al asimilar el nombre de la vecina fuente, Fonte Frida.

mozárabe ejerciera alguna labor desinteresada hacia su arcedianazgo, pues pese a su ocasional presencia en él, salta a la vista que sus preocupaciones se centraron más en el control de sus cotos de caza, sus casas en el casco urbano de la ciudad primada y el desvío de sus rentas al colegio de capitu- lares de la Catedral de Toledo en forma de pías fundaciones.

Quizá para 1252, en que Alfonso Meléndez ya es maestrescuela de la Catedral, el nuevo arcediano de Alcaraz ya sería Gonzalo Fernández de Azagra, del que apenas hay rastro. Resulta revelador que para 1264 en que él ejerce con ese oficio, Gonzalo Pétrez (según Lop, erróneamente conocido como Gonzalo García Gudiel), entonces deán de Toledo, solicitó al papa Urbano IV, que le reserve algún arcedianazgo en la diócesis toledana para cuando quede vacante, pero siempre y cuando no se tratase del de Alcaraz o el de Calatrava. Buen conocedor del obispado, don Gonzalo era consciente de la lejanía de dichas tierras y sobre todo de las escasas rentas que su reducida población generaba, por lo que se atrevió esta condición a poner al propio pontífice (de quien también era capellán).16 La noticia denota un

16 Archivo de la Catedral de Toledo: I.9.A.1.25; Archivio Segreto Vaticano, Reg. Vat. 29, f. 129r, 467; La documentación pontificia de Urbano IV (1261-1264) (Ed. Ildefonso

Ermita actual de San Pedro de Sahelices.

In document Descargar - Biblioteca Digital de Albacete (página 146-157)