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Capítulo 2. Marco conceptual, teórico e histórico de la

2.1. Marco conceptual y principales debates en torno al islam,

2.1.1. Islam e Islam político 63

La primera consideración3 sobre la palabra islam se refiere a su significado cuando la letra inicial de ésta se anota con mayúscula o minúscula. Al escribirse con minúscula –islam—, se alude al sentido meramente religioso de la palabra, es decir, a la práctica de la religión; sin embargo, si ésta se escribe con mayúscula –Islam—, se refiere al modo de vida que significa para los musulmanes: educación, vestimenta, alimentación, tradiciones, en suma, la cultura que representa.

Una vez realizada esta breve consideración, es momento de atender la evolución del concepto, pero antes debemos partir de su significado etimológico, sobre el cual explica Mircea Eliade que “proviene de la cuarta forma verbal de la raíz slm: aslama, someterse, y significa sumisión –a Dios—;

y de muslim –de donde se deriva la palabra castellana musulmán— que es el participio activo de esa misma forma verbal: (aquel) que se somete –a Dios—”4. En 1960, Louis Gardet5 expresó que el Islam significa cuatro cosas que no se pueden dividir, es a la vez religión, institución jurídico-política y acervo cultural. Como se observa, desde mediados del siglo pasado se ha considerado la multiplicidad de elementos que le dan forma, y por lo tanto, se dejan ver algunos de los caminos por los cuales puede ser estudiado.

Asimismo, se dan pautas para darle prioridad al estudio del Islam cuando se complejiza la relación, hasta ahora, de estos cuatro elementos que lo conforman.

De aquí en adelante, muchas de las definiciones se inclinan por resaltar, en mayor medida, el aspecto religioso del concepto. César Vidal Manzanares6, por ejemplo, tanto en 1993 como en 1997, expresó que el Islam es el nombre

3 Hernán Taboada. “Dominaciones y denominaciones: Medio Oriente, países árabes e Islam”, en Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, año 42, núm. 167, México, enero-marzo de 1997, pp. 90-91.

4 Mircea Eliade (editora). Diccionario de las religiones, Paidós, Barcelona-México, 1992, p. 185.

5 Louis Gardet. Conozcamos el Islam, Casa I Vall-Andorra, 1960, p. 46.

6 César Vidal Manzanares. Diccionario de las tres religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e Islam, Alianza, Madrid, 1993.

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con el que se conoce la religión fundada por Mahoma, y muestra algunas referencias etimológicas que no difieren respecto a las esgrimidas por Mircea Eliade en 1992.

En 1996, Bruno Étienne7 reforzó la definición anterior, agregando los fundamentos contenidos en el Corán donde se dice que el Islam es la religión verdadera. Al mismo tiempo, realizó una consideración similar a la de Louis Gardet en 1960, al referir los elementos social, histórico y geográfico, no precisamente como aquellos que le dan forma al concepto, sino como aquellos que lo hacen plural. Esta aportación al estudio del concepto es de suma valía porque no sólo alude a los practicantes de la religión ni a sus orígenes y desarrollo histórico, sino a su expansión, con lo cual deja ver que así como éste se encuentra presente en Medio Oriente, también lo está en Europa, África y América Latina.

Esta contribución permite poner sobre la mesa de discusión otros temas derivados de dicha expansión, tales como la sociedad que ha acogido a los musulmanes, así como su participación en el ámbito económico y político del país en el que se han establecido. No obstante, hasta este momento aún no existen referencias a los conflictos que el islam podría causar dada la tensión de la unidad que se observa, específicamente al ser considerado por el Corán como una religión verdadera, y por lo tanto, única.

En el mismo año, María Teresa Román8 expresó, en los mismos términos que César Vidal Manzanares y Bruno Étienne, que el Islam es la religión fundada por Mahoma, y al igual que Mircea Eliade, considera dentro de su aportación, el significado etimológico de la palabra anotando a la creencia y obediencia, religión, fe, resignación a la voluntad de Dios y paz, como elementos esenciales que lo describen. Esta autora tampoco se aleja mucho de las consideraciones de Éttiene al expresar que el Islam se ha referido a la verdadera y única religión que Alá reveló a varios pueblos, por medio de sus sucesivos profetas.

7 Bruno Étienne. El islamismo radical, Siglo Veintiuno, Madrid, 1996, p. 15.

8 María Teresa Román. Diccionario de las religiones, Alderabán, Madrid, 1996, p. 170.

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Las definiciones del presente siglo respecto a las del pasado, no han variado en demasía. Souleymane Bachir Diagne, en 2002, manifestó que “en la definición del Islam está la noción de un abandono confiado de sí a Dios”9, lo que significa estar bien consigo mismo para estar bien con Dios. Como se observa, las aportaciones siguen concentrándose en el aspecto religioso y han dejado de lado aquellos elementos expuestos hasta el momento únicamente por Gardet y Éttiene.

Malek Chebel10 en 2005, robustece la línea de análisis religiosa expresando que el Islam “es el nombre que el profeta Mahoma concedió a la Revelación que le fue dictada por el ángel Gabriel”. La voluntad superior de Dios es ubicada a través de su significado etimológico, lo que consolida la explicación desarrollada, tanto por Eliade, como por Vidal Manzanares y María Teresa Román.

En realidad, la definición del Islam, más que haber sido debatida, ha sido generalizada y enmarcada en el ámbito estrictamente religioso. Aunque el tiempo haya seguido su marcha, aún no se han considerado elementos que den cuenta de la complejidad del fenómeno en la actualidad, lo que significa un obstáculo que hay que vencer si se quieren estudiar en profundidad los temas que, principalmente en el presente siglo, han cobrado relevancia en el ámbito mundial, y justamente el tratado aquí es uno de ellos, mismo que se relaciona directamente con el Islam político, del cual también, poco se ha debatido, tan sólo algunas aproximaciones que distan de ser afirmaciones fundamentadas, ya que se dicen entre líneas cuando se trata algún tema relacionado con el Islam.

No obstante, un acercamiento sucinto y confiable es el que presenta José Rafael Martínez García11, quien expresa que el Islam político es un movimiento político islámico. La valía de esta aportación está dada por su actualidad, ya que fue expuesta en el 2008 para dar cuenta de la globalización y el Islam en el mundo moderno.

9 Souleymane Bachir Diagne. 100 palabras para explicar el Islam, J. J. de Olañeta, Palma de Mallorca, 2001, p. 42.

10 Malek Chebel. Diccionario del amante del Islam, Paidós, Barcelona-México, 2005, p. 188.

11 José Rafael Martínez García. La globalización incompleta, Islam y mundo moderno, Porrúa, México, 2008, p. 222.

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Dado el contexto anterior, y para efectos de este estudio, el Islam será entendido como un modo de vida cuya médula y fundamento de verdad es Alá como único Dios – de ahí que sea una religión monoteísta—. Esta creencia y la sumisión a Dios, se vinculan con las acciones de la vida económica, política, social y cultural cotidiana de quienes practican este credo. Finalmente, dado que es un dogma y por lo tanto se manifiesta como única verdad, se genera un ambiente de tensión una vez que se han propiciado transformaciones en ésta por su natural expansión geográfica.

Por Islam político entenderemos a ese modo de vida, cuya creencia en Alá como único Dios, tiene incidencia directa en los movimientos políticos de quienes practican este dogma.