Al marqués de Villena no le quedaba ya sino hacer per- trechar sus castillos de víveres y armas, mandar a sus vasallos que hicieran retirar a sus ganados de zonas conflicti vas41, y confiar en una intervención externa. Al retirar sus fuerzas de Alcaraz trasladó a doña Juana a Trujillo, bajo la protección de su fiel capitán Pedro Baeza, y pidió al portugués que no se demorase en venir a Castilla a casarse con ella y reclamar el trono. En ese mismo 10de mayo en que cae el castillo de Alcaraz cruzaba la frontera el grueso del ejército del rey de Portugal, dando comienzo así a una guerra civil e interna- cional, que de hecho ya existía sin estar declarada, y unos días después se celebró la boda y el acto de homenaje del marqués de Villena y otros nobles al nuevo soberano consor- te de Castilla.
En marzo, el capitán aragonés Andrés Matheo de Guardiola, mayordomo mayor del infante Enrique de Aragón (o Enrique Fortuna, perdonado por el rey de Aragón y re- puesto en todos sus honores42), había ocupado la villa de Jumilla, arropando la acción de los vecinos, que se habían sublevado en contra del marqués y expulsando de allí a su alcaide y pariente don Rodrigo Pachec043;aunque la propie-
37 AMAlcaraz, Caja 498. El maestre don Rodrigo reconoce que él y el obispo deÁvila vinieron a Alcaraz por orden de los reyes a expulsar del alcázar a Martín de Guzmán, cosa que ya está hecha. Sin embargo, nos llama la atención que no se reconozca el apoyo prestado por el adelantado, ni el detalle importante de que fue la ciudad la que inició el asedio con su levantamiento.
38 A. Pretel Marín, Una ciudad... Docs. XLV y XLVII. En este nombramiento, dado en Valladolid el 31 de marzo, se incluía el permiso para tonlar las varas de justicia y echar de Alcaraz a cualquiera que no cumpliera con la orden, pero al parecer fue Diego de Madrid el que hubo de marcharse (el nom- bramiento sería revocado el 15 de abril).
39 En este mismo año, don Gonzalo Chacón, mayordomo y hombre de confianza de los reyes, recibirá de ellos la renta del servicio y montazgo de Alcaraz, que tenía Gil Noguerol, criado del marqués; el portazgo de la misma ciudad, excepto 1.500 maravedíes que en él tenía situados Diego de Buitrago, y la renta del ganado mostrenco y algarino que tenía Diego de Llerena, igualmente criado del marqués. Tanlbién recibiría instrucciones de embargar las salinas de Pinilla, que eran del marqués (RGS, 1, Fols. 222, 561, 574, 606, 607, 585). Don Enrique Manuel recibiría los 50.000 maravedíes que el marqués de Villena tenía en las rentas de Alcaraz (lbid, Fol. 676). El vecino Miguel de Hontanar (Miguel Barbudo) sería autorizado para tener en secuestro los bienes de Fernando de Montiel y Martín de Cazorla, a los que se creía partidarios del arzobispo de Toledo (RGS, Fol. 775), y el InisIno Hontanar tendría en secuestro un molino y un pozo de sal cerca de Ayna, propiedad de Pedro de Alcaraz, que luego les sería concedido a él y a su socio Juan de Bustarnante (RGS, 1, Fols. 12, 110 Y 305). En el año siguiente Francisco Pajazo, alcaide de Montiel será designado como secuestrador de la escribanía Inayor de rentas de la ciudad, aunque parece ser que los alcaraceños no llegaron a dársela (RGS, Fa!. 803), y Gómez de Merodio, criado del maestre don Rodrigo Manrique, recibirá los 10.000 maravedíes de juro que Gil Noguerol tenía situados en rentas de Alcaraz (RGS, 1, Fo!. 226).
40 M. Lunenfed, Los corregidores de Isabel la Católica, Barcelona, 1989.
41 La tierra de Chinchilla se llenó de ganados forasteros, forzando a este concejo a hacer una ordenanza, en septiembre de 1475, que daba prioridad a los pastores de la propia ciudad a la hora de usar pozos y abrevaderos o arrendar los rastrojos. La ordenanza, transcrita por A. Bejarano Rubio y A. L, Malina (Las ordenanzas municipales de Chinchilla en el siglo XV,Murcia, 1989, p. 185) tiene fecha de 1465, pero los oficiales que la hacen no coinciden con los de dicho año, sino con los de 1475. Se trata, obviamente, de un error de escribano, pues existe otra copia que la data en 1475. A. Pretel Marín, Chinchilla medieval,p. 367.
42 Un par de años antes, don Enrique Fortuna, el hijo póstumo del revoltoso infante Enrique de Aragón, y primo de Fernando, por lo tanto, fue engañado por el viejo Pacheco, que le ofreció la mano de Juana la Be1traneja y le trajo a Castilla intentando oponerle a la infanta Isabel, aunque después dejó semejante propósito, abandonando allnozo, que hubo de refugiarse junto al de Benavente, el único, quizá, que creía en su causa. Ahora tendrá ocasión de desquitarse en su hijo, Diego López Pacheco.
43 De la rama bastarda de la casa Pacheco, don Rodrigo Pacheco de Avilés, señor de Minaya, tuvo con Catalina Ruiz de Alarcón a su hijo Juan Pacheco, que heredó el señorío de Minaya. De este Juan Pacheco descienden a su vez, entre otros hijos, el Rodrigo Pacheco de Avilés que fue alcaide en Jumilla y heredó el señorío de Minaya, Pedro Pacheco, que fue alcaide en Villena. Sobre este linaje. M. Rodríguez Llopis, "Procesos de movilidad social en la nobleza conquense. La tierra de Alarcón en la Baja Edad Media." EnF.García González (Ed.), TierrayFamilia en la Espaíia meridional, siglos XIII- XIX,Murcia, 1998, pp. 67-70.
dad del marqués de Villena no será discutida. Ya desde los comienzos, por lo tanto, hay fuerzas extranjeras que apoyan a ambos bandos, aunque las de Guardiola, nombrado capitán el 15 de marzo de 1475, y alcaide de Jlunilla con sueldo de 20.000 maravedíes44, no tardan en quedar bajo capitanía de don Pedro Fajardo. El día 20 de mayo Isabel ocupaba la ciu- dad de Toledo, obligando a Carrillo a salir presuroso hacia Trujillo. El día 2445,en esta misma plaza, la reina declaraba rebeldes y traidores al marqués de Villena y a sus primos, el maestre de Calatrava y conde de Urueña, y ordenaba embar- garles sus tierras y castillos. Era la guerra abierta, no sólo en Alcaraz y en Jumilla, que había sido ocupada de forma pre- ventiva, sino entre los reyes y el mismo marquesado.
La de Alcaraz sería una sensible pérdida, pero sólo el comienzo de otras aún mayores. Por más que el concejo nlan- tuviera tensiones con las autoridades de los Reyes Católicos (la ciudad no aceptó al corregidor Diego de Madrid, desig- nado por ellos, y siguió resistiéndose en los tiempos siguien- tes a aceptar la presencia de otro corregidor), las milicias del mismo concejo, bajo capitanía de don Pedro Manrique y junto a fuerzas de éste, habían comenzado a rescatar de manos del marqués de Villena las aldeas que el viejo Pacheco segregó y anexionó a su tierra. VillanuevayMunera, dotadas de me- jores fortalezasybuenas guarniciones, fueron pronto cerca- das; Lezuza, anexionada en tiempos de Pacheco como aldea de El Bonillo, se rindió, entregándose a Juan de Vandelvira, procurador síndico del común de Alcaraz, y a sendos oficia- les del concejo (el alcalde Pedro de Montiel y el regidor Fer- nando de Coca), que hicieron derribar la horca del lugar -también, la fortaleza, algún tiempo después- y otorgaron una corta autonomía jurídica (licencia a sus alcaldes para otorgar sentencias en casos de cuantía inferior a 60 maravedíes, y exención de velas a todos sus vecinos). El raudo contraataque de tropas de Albacete, Chinchilla y Jorquera, que saquean el lugar de El Ballestero, y arrasan Balazote46,
procurando cortar las comunicaciones entre Alcaraz y el norte de su término antiguo, no impidió que El Bonillo -con más o menos gusto- se sumara también a la revuelta y pidiera a Alcaraz su protección. La ciudad envió a sus representantes y tomó posesión, derribando la horca y la picota y exigiendo un completo juramento de que la población quedaría como aldea del concejo.
Después de un verano de cerco, Munera y Villanueva47 se rendían también por capitulación (conservan su derecho a elegir oficiales y su justicia propia "de los muros adentro" y en primera instancia, y Munera mantuvo hasta el pequeño término y dehesa que las autoridades de Alcaraz le habían concedido doscientos años antes). Todas ellas serían devuel- tas a Alcaraz, previo derrocatniento de todas sus defensas.
Salvo Villarrobledo, que era la más rica, y que siguió algún tiempo en poder del marqués de Villena, como aldea de Belmonte, Alcaraz recobraba de esta fonna las aldeas perdi- das treinta y cinco años antes; y a ellas se añadía Las Peñas de San Pedro, ocupada en fecha que ignoramos48acaso por las fuerzas de don Pedro Fajardo (aunque ésto no consta).
De entonces adelante la ciudad exigió a estas poblaciones grandes contribuciones para enjugar los gastos de la guerra, e impuso además, en señal de completo señorío sobre ellas el tributo llamado "cuenta de San Miguel", que debían pagar anualmente al venir a la ciudad a realizar su pleito homena- je. Exigencias que pronto traerán un mar de pleitos y de re- clamaciones. Cosa bien diferente habría de ocurrir, como podremos ver, con las recientes pérdidas en la sierra del sur (San Vicente, Riópar y Cotillas), que don Pedro Manrique había ocupado en espera de ver qué mandaban los reyes; pero que luego ya no quiso devolver, a pesar de las muchas recla- maciones hechas contra esta situación.
Desde Alcaraz, la guerra no tardó en extenderse a las tie- rras de la orden calatrava. El maestre don Rodrigo Girón hubo de refugiarse en Ocaña mientras que los Manrique, el clave- ro García de Padilla y el llamado maestre Alfonso de Aragón -hermano de Fernando- ocupaban Daimiel, Villarrubia, Manzanares, y al fin también Almagro. Obviamente, tam- bién, a las del marquesado, atacado a la vez por varios capi- tanes de los reyes y cogido en tenaza entre Murcia y Cuenca.
A pesar de la tregua que don Pedro Fajardo había firmado con su gobernador, los embargos a algunos mercaderes murcianos en Chinchillay Hellín49, en réplica a otros tales hechos contra vecinos de estas poblaciones en Murcia y Cartagena o al secuestro de bienes y rentas del marqués y sus vasallos, habían caldeado previamente los ánimos.
Las mismas poblaciones del marqués de Villena, tiempo atrás agitadas por facciones y bandos, cuando no levantadas por los tnuchos espías o parciales que tenían en ellas los no-
44 A. Antolí, Fernández, Historia de Jumilla en la Baja Edad Media, Barcelona, 1991, p. 72. Guardiola casará con una hija de Rodrigo Pacheco de Avilés, sobrina, por lo tanto, del marqués y pariente cercana del anterior alcaide, y de ahí su actitud comedida en la guerra y su apoyo indirecto al de Villena.
Postura que se entiende también, probablemente, como una consecuencia del rechazo a Jumilla por parte de los otros pueblos del marquesado sublevados contra él.
45 Memorias de don Enrique IV de Castilla ... Doc. CCIX.
46 Sabemos que el lugar fue saqueadoycasi destruido por tropas de Chinchilla,ysu único molino quemado, de manera que quince años después no podían arrendarse gran parte de sus tierras "porque la tierra es desierta e despoblada" o "porque non se han hallado labradores que lo tomen". También serán dañadas las casas defensivas junto a la vieja torre de Gorgojí, dependiente de la encomienda de Villanueva. Suponemos que fuera en este año, porque de las posibles destrucciones de 1466 (Povedilla) serían responsables las fuerzas de Alcaraz, y no las de Chinchilla. A. Pretel Marín y M. Rodríguez Llopis,
"Villanueva de la Fuente, un concejo rural en tierra de Alcaraz y una encomienda atípica de la Orden de Santiago (1213-1525)", Anales UNED de Albacete,N°3 (1981), p. 118.
47 A decir de Palencia (Crónica, pp. 22), VilIanueva, dotada de una gran fortaleza, tendría que rendirse al secarse su fuente, lo que era un hecho insólito, lo que hizo tener este hecho por milagro. La capitulación, confirmada por los Reyes el 7 de octubre de 1476, desde Toro, incluía la justicia ordinaria "de los muros adentro" y en primera instancia (habrá apelación ante los alcaldes de Alcaraz), aunque los de Alcaraz se negaban a permitir el uso de horca y picota (Contenida en una sobrecarta de Sevilla, 14 de febrero de 1485. J. Cano Valero, "Breve compilación documental de la provincia de Albacete. Siglo XV (RGS. 1476-1490)". Anales UNED, 11, Albacete, 1980, Doc. XIV). Sin embargo, ya el día anterior, 6 de octubre, la reina contestaba a las quejas de Villanueva por la contravención por parte de Alcaraz de la capitulación firmada (les habían cobrado 35.000 maravedíes de alcabalas y pechos, que ahora no querían devolver).
48 Los reyes confirman los privilegios de Las Peñas el 24 de agosto de 1476, en Segovia. A.M. Las Peñas, Perg. 14. El 13 de octubre, Isabel concedía a don Juan Manuel 15.000 maravedíes situados en las rentas de Peñas de San Pedro (AMMurcia, Cart. Real 1453-1478, Fol. 256-257.
49 J. Torres Fontes, "Genoveses en Murcia", Miscelánea Medieval Murcialia,11, p. 284.
123
bIes contendientes y los propios monarcas, habían comenza- do a conocer frecuentes altercados entre unos y otros. Los días 19 y 23 Y 27 de mayo de 1475, pocos días después de rendirse don Martín de GuzInán en Alcaraz y de que comen- zara la invasión portuguesa, Fernando e Isabel (que entre tan- to había entrado en Toledo y expulsado de allí a los partida- rios del marqués de Vi llena) habían enviado cartas a los con- cejos de los nobles rebeldes pidiendo que se alzaran contra ellos, y a la ciudad de Cuenca requiriendo el envío de sus tropas a las órdenes de Rodrigo Manrique50• El día 23 de ese mismo mes~ Isabel ordenaba a don Pedro Fajardo y a otros caballeros "ferir e matar libremente... prender. .. po- nerlos encar~eles... tOlnarles sus cavallos e arn1as, navios e vestidos e lnercaderías... ocupar~idadesy villasylugaresy castillosycasas fuertesy llanas... "al marqués de Villena y sus secuaces51•Órdenes que serían reiteradas aún, por ella y porFernando~el18 de julio, en Tordesil1as52,aunque esta vez en tono algo más moderado (el distinto talante de Isabel y Fer- nando se evidencia muy bien en su correspondencia).
Se había puesto en marcha una nueva versión del embar- go que ochenta años atrás decretó don Enrique el Doliente contra el viejo marqués Alfonso deAragón~ sólo que ahora la excusa ya no eran las deudas ni una dote impagada, sino la acusación de felonía y traición de quienes apoyaban al
"aduersario de Portogal". Pero existía, además, una gran diferencia con aquella ocasión: aunque un tanto inexperto y hasta quijotesco en su caballeresca actitud de mantener su voto de no entregar a Juana hasta verla casada53 (puede que confiara en la vieja amistad que don Pedro Fajardo tenía con su padre y con vasallos de ambos, y en que doña Isabel no osaría atacar a un hombre de su fuerza y susaliados)~el mar- qués Diego López tuvo tiempo de poner sobre aviso a los alcaides de todos sus castillos y pedirles que hicieran buen acopio de víveres y pertrechos deguerra~al tiempo que man- daba a hombres de confianza a poner en estado de revista a la caballería villana de sus pueblos, alistar más peones, y levantar barreras o cerrar los postigos54• Y es significativo que uno de los escasos asientos que encontramos este año en el libro de cuentas y ordenanzas de Almansa sea el de un corredor, que debería ejercer en caso necesario la función de verdug055•Sinduda~la medida tendía a intimidar a cualquier descontento que quisiera seguir el partido realista. Además, el marqués pediría rehenes a unas cuantas familias desafec- tas -De laMota~Soriano y Gascón de Chinchilla, Rodríguez de Alcaraz y Valcárcel de Hellín- y los puso a recaudo en Montealegre, castillo del justicia mayor del marquesado Miguel Ruiz de Tragacete (de donde, sin embargo, consi- guieron huir unos cuantos de ellos~ mientras que los demás
serían trasladados a Belmonte). Fernández de Cañete56 apunta que también se fugó de Belmonte cierto Martín Fernández de Alarcón, al que el marqués don Diego había encarcelado tras privarle de su heredad de Valfermosil1o, que recuperaría por fuerza de las armas.Y,aunque tanta fuga nos parezca un tanto sospechosa, hemos de convenir en que no nos resulta inverosímil, dadas las circunstancias: todos los Alarcón te- nían muchos motivos para estar resentidos con la casa Pacheco, que siempre los mantuvo postergados, y entregó sus oficios, incluso propiedades, a servidores suyos~ como los Del Castillo, por lo que casi todos los de dicho linaje lucharán en la guerra a favor de los reyes.
Hasta entonces la incógnita había sido la actitud de don Pedro Fajardo, que en su adelantamiento -y casi virreinato- tardaba en decidirse, aunque había aceptado los poderes de capitán real y ayudado a su suegro a reducir algunas fortale- zas santiaguistas rebeldes. Desde que puso cerco a Alcaraz, su suegro, el maestre don Rodrigo Manrique intentaba hala- garle y arrastrarle a su particular guerra contra el marqués enfrentándolo a aquellos servidores de éste con quienes ya sabía que el adelantado mantenía una vieja enemistad (en mayo de 1475 quitaba Caravaca a Juan Alonso de Haro y daba la encomienda a sunieto~el hijo de don Pedro, que aún no tenía un año, y que fallecería poco tiempo después). Sin embargo, don Pedro tardaría todavía algunos meses en usar una carta de la reina, dada el 19 de ese mismo mes, en que le autorizaba a recibir por ella el pleito homenaje de cualquier población del marqués de Villena que quisiera entregarse a la corona, y otorgar en su nombre los capítulos que viera convenientes. Fue la gente de Hellín~al parecer, la que hubo de tOInar la iniciativa, tal vez hacia septiembre o principios de octubre de 1475, alzándose y cercando al alcaide en su alcázar. Sólo entonces llegó el adelantado, que ya escribe en Hellín el 14 de octubre pidiendo más refuerzos a la ciudad de Murcia ante un inminente contraataque de fuerzas del marqués. Poco después ya estaba cercando Caravaca~que hubo de rendir la esposa de Juan de Haro por capitulación57 (en ella senegocia~por cierto, la libertad de tres "moros" de Hellín que tenía cautivos el marqués de Villena, y que bien pueden ser en realidad los tres "mozos" que estaban por rehenes en Belmonte, y que es de creer fueran ejecutados).
La caída de Hellín dará lugar a una desaforada promoción de unas cuantas familias (sobre todo~ Valcárcel, y en menor medida Rodríguez de Alcaraz), postergadas en tiempos del marqués de Villena y hasta dalnnificadas por la prisión o muerte de alguno de sus miembros. Ahora recibirán la
merindad~la alcaidía delcastillo~la alcaldía de sacas, juros ypropiedades~y harán sentir el peso de su nueva influen-
50 T. Iglesias Mantecón,Índice del Archivo Municipal de Cuenca, Cuenca, 1930, p. 169.
51 J. Torres Fontes,Don Pedro Fajardo ... p.132-133.
52 AMMu, Cart. Real 1453-1478, FoI. 239-240.
53 J. Torres Fontes, "La conquista del marquesado ..." pp. 44-47.
54 Todo ello comprobado en el caso de Almansa, donde el 4 de octubre de 1475 los hidalgos Hernando de Alarcón y Alonso de Pina, cumpliendo una carta del marqués, mandan apercibir a la caballería de cuantía; y el 11 de octubre todavía se ordena que nadie quebrante las barreras y postigos que se habían cerrado, y que ni tan siquiera salgan a trabajar a sus haciendas ni a dar agua a las bestias (A. Pretel Marín,Almansa medieval, AytOAlmansa, Albacete, 1981, P 129-130), Y responde a lo dicho por Palencia(Crónica ... p. 155) sobre el reforzamiento de todos sus castillos y de sus guarniciones.
55 A. Pretel Marín,Almansa medieval... p. 155.
56 Heredad que se dice comprada en su lnitad por Martín Fernández de Alarcón a Juan de Novoa y cedida en su otra mitad por los Reyes Católicos. J. M.
Fernández de Cañete,Apuntes históricos de la villa de Alarcón, Barcelona, 1965, p. 36. No sabemos quién es este Martín Fernández, pero el lnismo Cañete dice que procedía de los conquistadores de Alarcón (por tanto, del linaje de los Ruiz de Alarcón).
57 A pesar de este pacto, don Pedro haría prender a Juan Alonso de Haro, lo que motivaría el famoso desafío al viejo adelantado por parte de su hijo, Diego López de Haro, en la corte de los Reyes Católicos, en 1480(1.Torres Fontes,Don Pedro Fajardo ... pp. 173-179).