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LA VICTORIA REALISTA Y SUS SECUELAS

In document ii congreso de historia de albacete (página 146-151)

logró derrotarle en El Cañavate, quitándole la presa y que- mando el lugar231Santa María del Campo, uno de los cuar- teles generales de las fuerzas realistas, caería también en manos de Baeza, y lugares COlTIO Villarrobledo, El Tiemblo, Villanueva de La Jara232,Villarejo de Fuentes233,Villamayor, Las Chozas y Torrejoncillo sufrieron los desmanes de uno

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de los dos bandos. Parece que La Roda fue ocupada enton- ces por el bando realista234, y Montalvo sufrió un robo de ganado por parte de las gentes de Villarejo de Fuentes235El combate más célebre, junto a Garcimuñoz, sería, sin embar- go, el que costó la vida a don Jorge Manrique aquella prima- vera, pero hay numerosas acciones de mayor y menor im- portancia, que quedarán grabadas en la mente de los con- temporáneos y aún se cuentan cien años después en la co- marca, cuando las Relaciones a Felipe11. Entre ellas, la anéc- dota, que hemos conocido repetida en versión de Pulgar y de algún autor de relaciones, incluso en los romances que co- rrieron después por todo el marquesado, sobre el rasgo de cierto prisionero que ofreció ser ahorcado en lugar de su her- mano, condenado a la pena capital en represalia por las eje- cuciones que la parte contraria hizo en venganza de la muer- te de don Jorge Manrique;

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la que se refiere a la lTIUerte de cierto capitán de Alarcón, apodado "Durazno", a manos de un muchacho de la villa de Iniesta.

Parecía imposible -y más tras la victoria de las fuerzas reales en Albuera, que dejó a su merced Extremadura- que el bando del marqués pudiera resistir por demasiado tiempo.

Sólo puede explicarse tan dura resistencia por la organiza- ción que el capitán Baeza supo dar a sus tropas y la gran fortaleza de las plazas que el marqués conservaba en las tie- rras conquenses, así como también por la mala gestión de las fuerzas reales y el regateo de hombres a la Santa Herman-

dad, ahora bajo el mando de Pedro Ruiz de Alarcón (el 13 de septiembre, en Barcelona, don Fernando respondía a Rosillo, uno de los mayores entusiastas de la causa real, y organiza- dor al parecer de la defensa de San Clemente, aceptando el diagnóstico que éste hacía sobre la mala marcha de la guerra y mandado a Alonso Quintanilla que enviara más gente a la capitanía de Ruiz de Alarcón, pues don Jorge Manrique ya había fallecido, aunque fuera a costa de pedir un empréstito a vecinos del propio marquesado236). La tierra de Alarcón quedará devastada, y ocupada en gran parte por las fuerzas reales, con cuya protección los concejos nacientes, que ad- quieren el villazgo, ocuparán gran parte de este territorio.

En San Clemente estuvo, al menos unos días, que sepamos, don Pedro Fajardo237con cierto capitán Carlos de Arellano, que salió de la villa a perseguir a una cabalgada de gentes del marqués238Sin embargo, tal vez estaba negociando. En octubre de 1479, el mismo adelantado, capitán general de las fuerzas realistas, aunque quizá no tanto el mayor entu- siasta de aquella guerra injusta, firmaba una tregua con el marqués don Diego (quien se había excusado en varias oca- siones y pedido la paz, diciendo que su guerra era únicamen- te defensiva); tregua que durará hasta la solución pactada del conflicto, aunque sea quebrantada en alguna ocasión por Beatriz Fernández239, o por los capitanes de don Pedro Fajardo240

LA VICTORIA REALISTA Y SUS

gocie con ella la capitulación, dicen que utilizando estrata- gelnas de una gran astucia (decirle que el marqués le envia- ba con una carta en blanco, cuando esto no era cierto). Una investigación algo más imparcial de lo que hubiera sido de esperar concluyó que don Diego no tenía la culpa de la gue- rra ni había estado nunca al servicio del rey de Portugal, y por ende se impuso su perdón y el de sus partidarios241-22 de febrero- con ciertas excepciones242 ; y la firma de otro acuerdo, más severo con mucho que el de hacía cuatro años, que el marqués aceptaba en Belmonte el28 de febrero y 1 de marzo de 1480, en presencia del conde de Cifuentes, Juan de Silva, y los Reyes Católicos siete días después.

Quedaban al marqués Xiquena, Escalona y Cadals0243~y en lo que fue su antiguo señorío de Villena solamente Belmonte, Alarcón, Garcimuñoz y las villas del Júcar (Jorquera244 y Alcalá, con el puerto de ésta245, que en adelan- te recibirán el nombre de "Estado de Jorguera"), y en la an- tigua tierra de Alcaraz las salinas de Pinilla, Cotillas y Bogarra (que estaban ocupadas por don PedroManrique246)~

todo ello con sus tercias y alcabalas. Aunque hipotecada al conde de Tendilla, Jumilla fue entregada también a su antiguo señor, que puso como alcaide a Gil Rodríguez NogueroF47, vecino de Alcaraz y miembro de un linaje adic- to a los Pacheco, pero esta población sufriría un período de

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aislalniento ante el incumplimiento de sus excepcionales pri- vilegios por parte de otros pueblos del mismo marquesado, ahora reducidos, y por la misma Murcia y por los guardas del almojarifazgo y los diezmos y aduanas248.

También retornarían al marqués las rentas de alcaldía de las sacas en el reino de Murcia y en el arcedianato de Alcaraz, mitad de los alumbres del reino de Murcia, y algunos situa- dos en diversas ciudades. En quince días próximos el alcai- de Verástegui debería entregar el castillo de Chinchilla a Gutierre de Cárdenas (en efecto, lo entrega al alcaide Osario el 4 de abril, por ante el escribano Marco de Navalón249), y en otros veinte más Gaspar Fabra daría a los representantes dellnarqués los castillos del Júcar que tenía en su poder, y que entregó en efecto dentro de ese plazo. El resto, es decir, la inmensa lnayoría del viejo marquesado (con Utiel y Chin- chilla, Villena, Albacete, Sax, Hellín, Tabarra, Ves, Almansa, Yecla, Iniesta, Villanueva de La Jara, La Roda, San Clemen- te, El Peral, La Motilla, Barchín, Gabaldón, Villarrobledo, El Bonillo, Munera y Lezuza y todos los lugares alzados por los reyes durante estos dos años), pasaba a la Corona, que a cambio pagaría una suma anual de dos millones, desconta- dos los gastos de tenencias de algunas fortalezas, como las de Chinchilla, Villena, Almansa, Hellín, Sax y Ves 250 (en to- tal, le quedaban1,150.000maravedíes251)~cantidad muy pe-

241 Ya el 22 de febrero de 1480 los reyes comunican el perdón concedido al marqués de Villena y sus parciales, el día 29 le daban facultad para cobrar los derechos del puerto de Alcalá, el 4 de marzo dan orden de entregarle la fortaleza de lorquera, y de marzo toman bajo su amparo y seguro a todas las villas, fortalezas, vasallos y rentas del marqués (RGS; 11, Fo!. 43, 177, 315, 287).

242Entre ellos, el alcaide de Escalona, Rodrigo de Montalvo y los bienes de Martín de La Cadena, contador del marqués, que son expresamente excluidos del perdón (J.Torres Fontes, "La conquista..." p. 142). Este último murió, al parecer, pues en novielnbre de 1483, a petición del propio Diego López Pacheco, los reyes requerían a sus herederos que entregaran a éste la contabilidad de todos sus dominios (RGS, IlI, Fo!. 116).

243Parece ser que el mismo 28 de febrero todavía pretendía el marqués permutar a los reyes Escalona y Cadalso por Chinchilla y las villas del partido del sur, pretendiendo quizás reagrupar sus dominios (AGS, Patronato real, Leg. 11, N° 74); pero este proyecto no llegaría a término.

244El 4 de marzo de 1480, en Toledo, los reyes ordenaban a lorquera por una carta autógrafa reducirse al marqués y entregarle sus rentas"segund e en la manera que le acudiades e faziades acudir antes que la guerra en el dicho marquesado se comenzase". l. Almendros Toledo, "Apuntes para el estudio de la extinción del señorío de lorquera",Congreso de Historia del Seiiorío de Vil/ena, lEA, Albacete, 1987, p. 38. El 20 de marzo de 1480 volvían a ordenarlo, prometiendo que la defenderán frente a cualquier posible represalia de éste; y esta misma orden se reitera cinco días después (RGS, 11, Fo!. 404 y 402).

245El 29 de febrero de 1480, en Toledo, se ordenaba la entrega al marqués del puerto de Alcalá y sus rentas (RGS, I1, Fo!. 177), aunque también sabemos que en años posteriores los guardianes de éste sufrirían asaltos y violencias de las gentes de Ves.

246Las salinas de Cotillas, antes en propiedad del marqués de Villena, estaban en poder de Leonor de Acuña, la esposa de don Pedro, que decía estar en posesión de ellas desde hacía 12 años. El 23 de diciembre de 1477, visto que la señora"se teme e rer;ela que algunas personas de fecho e contra todo derecho de justir;ia le querran quitar e tomar e depojar e molestar de las dichas salinas", los reyes ordenaban dejarlas en sus manos, si esto fuera cierto (RGS, Fo!. 550). Tanto estas salinas como las de Bogara y Pinilla no serían devueltas al marqués hasta la paz final (4 de lnarzo y 20 de mayo de 1480, Toledo, RGS, 11, Fo!. 401). Pero aun así sabemos que don Pedro Manrique se resistió a entregarlas. El 27 de julio de 1480 aún se pide a don Pedro que entregue al marqués las salinas de Pinilla, Cotillas y Bogarra, y el 17 de noviembre de 1480, en Medina del Campo, los reyes le ordenaban entregar las de Cotillas, pues el marqués había protestado ante ellos.

247Varios años después, en 1485, aún le reclamaba el regidor de Murcia Álvaro de Arróniz, que sucedió a su padre en la alcaidía de lUlnilla, el valor de las armas y pertrechos que quedaron en esta fortaleza al traspasar el cargo a Gil Rodríguez Noguerol (AGS, IV, Fols. 44y61, A. Antolí Fernández,Historia de Jumilla ... p. 147). En 1488 aún se queja este Álvaro de que le han tomado un molino en tierra de lumilla que tenía por merced del marqués luan Pacheco (RGS, Fo!. 103).

248Véanse los conflictos que reseña A. Antolí Fernández (Historia de Jumilla ... pp. 96-98) en los años ochenta, tanto con los alcaldes de las sacas COlno con

249 los portazgos de Yecla, Alcaraz y Almansa y los guardas de puertos.

BN Mss. 13124, Fo!. 204. Memorial en defensa del marqués:"Pero los reyes tampoco guardaron lo últimamente capitulado, ni hicieron otra cosa que la restitución de Jorquera. Pasaronse los dos años del plazo asignado en la escritura de concordia, y aunque fue pacto no prorrogar la tercería de la ciudad de Chinchilla, por cuyo tiempo la tenía don Gutierre de Cárdenas, se vio el señor don Diego en necesidad de prorrogarlo, para lo que dio poder (aunque sin perjuicio de su derecho) en Escalona a 12 de febrero de 1482".

250En las cuentas reales de 1480 se incluyen 200.000 maravedíes de la tenencia de Chinchilla, y 80.000 de las tenencias de Ves, Sax y Jorquera, además de una gran cantidad para el adelantado por sueldo, acostamiento, quitación y la merced por vida concedida a su hermano (M. A. Ladero Quesada, La Hacienda real castellana entre 1480 y a492, Valladolid, 1967, p. 67).

251El 15 de diciembre de 1480, Isabel reconoce la deuda, que era compensación de las rentas perdidas en el marquesado, y dice que si en cuatro meses no la ha satisfecho mandará al de Cárdenas devolver al marqués la fortaleza de Chinchilla, que estaba en tercería. Manda que se le pague esta suma anual a partir de 10 de enero de 1482. El 27 de febrero de 1484 se ordenaba pagarle 1,550.000 maravedíes, de acuerdo con los términos de lo capitulado (AGS, Merc. Y Privo Leg. 71, fol. 83). Pero años después, en 1486, todavía se trata un acuerdo del marqués con los reyes para liquidar las cuentas pendientes de la toma del marquesado: le darán tres millones en dos años y un juro de otro medio situado a voluntad. (D. Torrente Pérez,Documentos... p. 113). Y el 20 de enero de 1487 aún se ordena librar ciertos maravedíes al marqués COlno conlpensación de la villa de Riaza, que debía pasar a manos de los reyes, teniendo como rehén la fortaleza de Chinchilla (AGS, Merc. y Privo Leg. 71, FoI. 83).

queña en parangón con lo que aquellos pueblos solían rentuar.

Algunas poblaciones de tierra de Belmonte (Hontanaya, Monreal e Hinojosos) seguirían en manos marqués, mien- tras que El Pedernoso, Las Mesas, Robredillo y Pedroñeras, ocupadas por don Jorge Manrique y acaso recobradas por fuerzas de Belmonte, así como Las Mesas, en tierra de Alarcón, quedarían sujetas a una investigación para ver si se alzaron después del compromiso, en cuyo caso deberían re- tornar a Diego López (casi huelga decir que no serán devuel- tas y que pronto tendrán problemas por sus términos con concejos cercanos252).y para suavizar el despojo al marqués se reintegran a éste los títulos y oficios (mayordomo mayor) que tenía expropiados253, y a sus partidarios algunas propieda- des que seguían en manos de personas adictas a los reyes254.

Con todo, en este caso, no se puede decir que los reyes fueran muy generosos con el marqués vencido, como sí que lo fueron con la casa de Stúñiga y con otros rivales. Es cierto que el castigo no llegará al extremo del que Enrique III infli- gió en el siglo anterior al marqués don Alfonso de Aragón;

es cierto que le dejan sus títulos y rentas, convirtiendo en dinero las villas y ciudades que le han expropiado; pero la equivalencia es desproporcionada, sin contar con que a ve- ces no cumplieron tampoco con lo estipulado, y con que, desde luego, el acuerdo de 1480 no era ni mucho menos el de cuatro años antes, del que acaso sí pudiera decirse que fuera equilibrado. Claro está que también gran parte de las pérdidas -Requena, Alcaraz, Madrid, Trujillo, etc.- eran pla- zas realengas que indebidamente ocupó Juan Pacheco; pero eso no explica la campaña brutal del licenciado Frías ni el despojo de 1480. Por mucho que los reyes no buscaran -y es cierto- destruir a la nobleza, sino sólo imponerse por enci- ma de ella255 , no se puede decir que el marqués de Villena

fuera, al fin de la guerra, tan rico como antes, ni que no fuera objeto de una represalia (hasta tuvo problemas para el mante- nimiento de su título). Sin embargo, tendrá que someterse, vencido por las armas. Unos días después de firmar el acuer- do en Belmonte Diego López Pacheco llegaría a Toledo y besaría a los reyes unas manos que con seguridad hubiera preferido morder si le dejaran. El 12de diciembre, todavía, descontaban los reyes de su deuda otro medio millón por las alcabalas reales de Escalona, y aplazaban el pago de los res- tos hasta que terminara la estancia en tercería del alcázar de Chinchilla en febrero del año siguiente256. Con la devalua- ción decretada en las cortes de Toled0257, esta indemnización aún perdió más valor, pero ¿a quién reclamar? Diego López Pacheco, desde luego, no lo hará, por lo menos, en veinticin-.

co años, mientras viva la reina IsabeF58. Le habían obligado a aprender la lección.

Por su parte, los pueblos que se habían alzado a favor de los reyes y en contra del marqués, aprenderán también, ya durante la guerra, y todavía más después de la victoria, que aquella monarquía en la que habían puesto todas sus espe- ranzas no era menos corrupta ni menos arbitraria que el sis- tema que habían debelado. Si en los primeros tiempos la opi- nión popular creyó de buena fe que los reyes venían a res- taurar sus fueros y dar fin al odiado régimen señorial, pronto comenzarían a ver que no era así. Como muy bien ha visto don Luis Suárez Fernández259, Isabel y Fernando no venían a acabar con la nobleza, sino a someterla. En la misma me- dida pretendían someter también a los concejos, a las Cor- tes, las Juntas, Hermandades y demás instrumentos que el estado común había utilizado contra la aristocracia, reconvirtiendo su uso en beneficio propio. La Hermandad, la presión de los nobles adictos, la presencia de los corregi-

252Según un memorial de la casa Pacheco (B.N. Mss. 13124, Fo!. 166v), en la tierra de Belmonte quedaron para el marqués los lugares de Hontanaya, Hinojoso y Monrea!. Robledillo, Pedernoso Las Mesas y Pedroñeras quedaron sujetos averiguación sobre si se habían alzado por la corona antes de 14 de octubre de 1479; "cuya averiguación tengo por cierto que no se ejecutaría, porque apenas se cumplió por los reyes cosa de lo contenido en la concordia". De los que quedaron, La Ossa se haría villa en 1663; y Hontanaya y Tres Juncos en 1635. Monreal en 1636. Ya en 1487 Las Mesas y Socuéllamos contendían por razón de sus términos y aprovechamientos (RGS, V, FoI. 104),Ylos pleitos de algunos pequeños señoríos, como el de los Castillo en Santa María del Campo, contra algunos concejos comarcanos, como el de Pedroñeras, sobre comunidad de pastos y labranzas, se prolongan aún al siglo XVI.

253J. Torres Fontes, "La conquista..." pp. 111-114, Y transcripción del acuerdo en pp. 138-151.

254El 8 de junio de 1480, en Toledo, se ordenaba a Pedro y Garcí Ruiz de Alarcón, hijos de Pedro Ruiz de Alarcón, devolver ciertas fincas y molinos que tenían ocupados en tierras de Alarcón, Garcimuñoz y San Clemente, a Alfonso Puertocarrero, hijo del doctor Pedro González del Castillo y hermano del señor de Santa María del Campo y Santiago el Quebrado. D. Torrente Pérez, Documentos.... Doc. 51. Conviene recordar que esta familia, González del . Castillo, documenta muy mal su pretensión de remontar su origen a Clemente Pérez de Rus, supuesto fundador de San Clemente, por lo que se sospecha

(M. Rodríguez Llopis, "Procesos de movilidad..." p. 62) su ascendencia conversa.

255Claroest~que también pudo perder la vida, y desde ese supuesto puede tener razón Suárez Fernández cuando dice que el marqués de Villena aún salió con suerte de aquel enfrentamiento. L. Suárez Fernández, Nobleza y monarquía... p. 262Y 269.

256En las cuentas reales de 1480 figura el pago al marqués de Villena de 750.000 maravedíes, que en los años siguientes son ya 1.050.000, y en 1488 1.500.000, además de una "costa" de 400.000 ( M. A. Ladero Quesada, La Hacienda rea!... p. 72, 74, 79, 82, 85).

257L. Suárez Fernández, Nobleza y monarquía... p. 271.

258Es obvio que el marqués quedaría vencido, pero no convencido. Muchos años después, Inuerta Isabel, su lnortal enemiga, Diego López obtuvo, en 1505, la anulación por parte del Papa Julio 11 de aquellos juramentos que fue obligado a hacer en 1480, alegando "la falta de libertad y el justo miedo de perder la vida y estado" y empezó a negociar con Felipe el Hermoso la recuperación de algunas de sus villas, que parece llegó a conseguir, aunque al morir el rey todo quedó en suspenso. En 1506 y 1507, a la muerte de éste, se opondría primero al regreso de Fernando a Castilla, y luego intentaría negociar otra vez con el viejo monarca, quien llegó a ofrecerle Villena, Almansa y Yecla, pero al dispararse los rumores de que la reina Juana también había muerto y de que su hijo Carlos habría de heredar, hubo alguna intentona de entrar con gente armada a tomar el antiguo marquesado, que causaba el rebato de Chinchilla en los primeros meses de 1507. Contemporáneamente, el conde de Paredes, don Rodrigo Manrique planearía otra intentona para hacerse con la ciudad de Alcaraz, contando con la ayuda de don Pedro Fajardo, reeditando la acción de sus abuelos de esos mislnos nombres. Sobre este conato de reacción nobiliaria, que en certeras palabras del Cura de Los Palacios, hacía parecer "que ya era vuelto el tienpo del rey don Enrique próximo yde su fortuna, que el que más podía más tomaba", y sobre los intentos del marqués de recobrar al menos parte del señorío, ver A. Pretel Marín, "Las ciudades y la nobleza de Albacete en la crisis política castellana de 1506-1507". Información cultural Albacete, N° 65, Diciembre de 1992, pp. 3-24;Y A. López Serrano, Yecla, una villa... pp. 208Ysiguientes; y "En torno a los problemas y confusión jurídica en la posesión del señorío de Villena", Miscelánea Medieval Murciana, XXI-XXII (1997-1998), pp. 171-213.

259L. Suárez Fernández, Nobleza y monarquía... p. 259.

In document ii congreso de historia de albacete (página 146-151)