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LA TREGUA DE LOS TRES AÑOS (1476-1479)

In document ii congreso de historia de albacete (página 131-143)

Tras la firma el 11 de septiembre de 1476del pacto del marqués con los Reyes Católicos, que incluía la puesta en poder de terceros de algunos castillos (los de Almansa, Chin- chilla, Villena, Ves y Sax, así como Trujillo en el frente ex- tremeño) como prenda de la devolución de muchas de las plazas tomadas al marqués, hay un gran desconcierto, propi- ciado por miles de rumores, por el comportamiento inexpli- cable de muchos capitanes, como el mismo Fajardo, que en agosto había recibido órdenes de luchar, pero no se movía, y por el secretismo y las contradicciones que imperan en las órdenes de los propios monarcas (parece que Fernando, que era el que negociaba, tenía sus problemas a la hora de apla- car las iras de su esposa, con la cual -dice él mismo- "es menester mucho tiento"112) y en el propio concierto de con- cordia, que parece redactado ex profeso para que nadie sepa a qué carta quedarse l13.

En efecto, los reyes -sin contar con el padre de Fernan- do, cuya opinión pesaba también en los negocios- tenían opi- niones diferentes sobre el trato a dar al marqués de Villena, y solían además acompañar sus instrucciones públicas y es-

critas con otras más privadas transmitidas de manera verbal, lo que contribuía al recelo y creaba no poco desconcierto.

Cuando el bachiller Juan López de Sangüesa se presenta en octubre en Villena a dar a conocer la capitulación hecha con el marqués, trae instrucciones verbales, y la reina Isabel ad- vierte además que "non creays otra cosa que por parte del nlarqués se ha publicado, y por lo qual otro dia vos escribi lo que le mueve a publicar esto"114. El bachiller juró que la villa quedaba por los reyes, como ya se anunció por carta anterior de la reina Isabel, aunque el marqués pudiera difun- dir otra cosa; pero los villeneros no debieron quedar muy convencidos, a juzgar por las cartas que inmediatamente di- rigen a Chinchilla pidiendo información. Quizá por este tiem- po se redujo Tobarra, que pactó sus acuerdos con dicho ba- chiller l15 .

Es bastante probable, conociendo los usos de los Reyes Católicos, que tienen precedentes hasta en el mismo pacto de Guisando, que el pobre Diego López firmara un docu- lTIento diferente del que éstos transmiten a los pueblos alza- dos por su causa. Desde luego, la parte del marqués de Villena, según un manuscrito que justifica luego los dere- chos del mismo l16, entendía que los pueblos del partido del sur del marquesado debían ser devueltos al marqués pasados veinte meses, y entre tanto los reyes debían indemnizarle a criterio de dos componedores, uno por cada parte. Como una garantía, en lOO días los reyes pondrían en poder de Gonza- lo de Ávila las fortalezas de Sax, Villena y Almansa, y el Marqués le daría Chinchilla Trujillo en 50 días. Todas las fortalezas que pudieran alzarse después de Santa María de septiembre serían de inmediato devueltas al marqués, que a cambio renunciaba a sus derechos sobre Madrid, Requena, Mira, Alcaraz, Baeza y Trujillo (es decir, poblaciones de realengo que el viejo Pacheco mantenía usurpadas a la coro- na real). Condiciones que son bastante equilibradas y res- ponden al tipo de acuerdos de los reyes con otros caballeros, a los que no querían destruir por completo, sino sólo quitar- les lo que habían quitado a Enrique IV 117; condiciones, no obstante, que parecen muy poco coincidentes con las que los monarcas notifican a los pueblos alzados por su causa (a Villena le juran, por ejemplo, que en el pacto se incluye su entrega a la corona; y a casi todas ellas les habían prometido que serían mantenidas en realengo). Se pudiera pensar en tergiversaciones por parte del marqués, de no ser porque exis- te un documento del antiguo archivo de los Duques de Frías, un poco posteriorl18,por el que Isabel, firmando de su mano,

111 Documento transcrito en J. Torres Fontes, "La conquista...." Doc.n.

112J. Torres Fontes, "La conquista ", p. 85.

113Hasta el propio Zurita(Anales XIX-LIV) incurre al explicarlo en la contradicción: dice, por una parte, que Albacete, Hellín, Tobarra, Villena, Almansa y otros pueblos alzados antes de esa fecha habrían de quedar para los reyes, que indemnizarían al marqués en dinero; pero en la misma página dice que estos pueblos deberían entregarse al mayorazgo del marqués de Villena. La capitulación, publicada ya en tiempos por J. Torres Fontes, ha sido publicada, según otra versión, que difiere un tanto de aquella, por A. López Serrano, "Documentos para la Historia de Yec1a y del señorío de Villena en el Archivo Histórico Nacional, Sección Nobleza", Yakka, N° 9, 1999, Doc. XIV.

114J. MaSoler García,La relación... pp. 349-351.

115Así lo afirmarán las Relaciones Topográficas hechas por esta villa a Fel ipen.Los reyes confirmaron los privilegios de Tobarra por carta dada en Toro en fecha ilegible -que es 4 de octubre- de 1476. H.V. Navarro Pascual,Tobarra en el tránsito.... pp. 221-226.

116BN Mss 13124, Fol. 196Y Sigs.

117L. Suárez Fernández,Nobleza y monarquía... pp. 259-261.

11828 de junio de 1477. Al pie del documento está la diligencia de ese mismo día por la que Gonzalo de Ávila hace pleito homenaje de cumplir este acuerdo en manos del cardenal y en presencia del maestresala Gutierre de Cárdenas, el bachiller de Talavera y Juan Chacón (todos ellos personas adictas a los reyes); homenaje que aún repetiría el 14 de septiembre. Tenemos fotocopia de este documento, pero no conocemos su referencia actual en la sección Nobleza del AHN.

se compromete a dar a Diego López la ciudad de Chinchilla y las villas alzadas por su causa, que serían entregadas al marqués antes de 1 de mayo del año siguiente, con excep- ción de Almansa y de Utiel. Está claro, por tanto, que la rei- na juega con dos barajas, prometiendo al marqués lo que no ha de cumplir.

A este desconcierto contribuye la muerte en noviembre de Rodrigo Manrique -que provocó debates entre los santiaguistas y obligó a la reina a tomar posesión de Ocaña y Uclés para evitar peleas entre ellos- y la falta de coordina- ción entre los capitanes de las fuerzas aliadas, quizá debida en parte a10confuso, prolijo y enredado del acuerdo firma- do, y en parte a compromisos o intereses de cada uno de ellos:

mientras Pedro Fajardo, que había recibido a finales de agosto orden de reanudar operaciones hasta la rendición del mar- qués de Villena, no ha movido un dedo (hace bien, pues muy pronto se firmaba el acuerdo citado), Cocentaina parece apo- yar claramente al enemigo, y al comenzar noviembre había retirado gran parte de las tropas que tenía en el cerco de Chin- chilla, en tanto que acogía en sus tierras a algunos destaca- dos parciales del marqués. Gaspar Fabra, al contrario, ha to- mado el castillo de Almansa ya en pleno período de suspen- sión de guerra, incumpliendo con ello el pacto de los reyes, e incluso ha ayudado a las sublevaciones de lorquera y Ves119, ocupando estas plazas con la paz ya firmada l20. El mismo desconcierto parece observarse en el campo contrario, don- de Diego de Merlo se pasó al enemigo -ignoramos la fecha- y obtuvo recompensas de los Reyes Católicosl 21 ; al igual que lo harían el licenciado Lope de Chinchilla y su hijo Martín, alcaides de Xiquena l22, o cierto Garcí López de Chinchilla, eficaz instrumento de los reyes en los años siguientes, que bien pudiera ser un cierto Garcí López del Castillo, que sufrió represalias en los primeros tiempos por servir al marqués 123.

Los concejos alzados, viéndose abandonados, desconfían de todos, incluso de los reyes, y se cruzan mensajes llenos

de desconcierto, donde lo único claro es el temor que sien- ten. El14 de noviembre de 1476 algunos dirigentes de Chin- chilla responden a Villena, que les solicitaba información, diciendo que hay noticias de que están en Belmonte cien lan- zas, que suponen leales a los reyes, al mando de un tal Avellanedal24, al que se cree en La Roda, y que al parecer viene a pedir a Fabra que entregue los castillos que están en su poder, y que trae poderes para hacer guerra a éste, si no quisiera dárselas, unido a Cocentaina y al Adelantado (es decir, se supone que los reyes mandan a Avellaneda para hacer guerra a Fabra, que era por entonces el único caudillo realmente partidario de proseguir la guerra contra el de Villena). De por sí, la respuesta no es un paradigma de infor- mación precisa, pero aún más oscura será la conclusión: "pero esto non lo sabemos de fierto, antes lo que aca cree1110S es que, pues 1110sén Gaspar Fabra está con Sus Altezas, segund non dizen, que de alla vendra determinado lo que ha de ser, y aquí tene1110S por 111UY (¡ierto que la tierra queda para los reyes nuestros sennores. De lo al, tan grandes dubdas avernos aca como aUa".A la proposición de tener una junta, según la vieja usanza, entre todos los pueblos del partido del sur, responden con cautela que en principio se acepta, pero que antes habrá que pedir licencia a Cacentaina (los chinchillanos saben que mientras éste tenga fuerzas en la comarca, nadie puede moverse sin que él lo autorice). Por supuesto, Chin- chilla tampoco deseaba ser moneda de cambio en las nego- ciaciones del marqués con los reyes, pero era consciente de la poca importancia que los pueblos tenían en aquella parti- da a tres bandas en que los contendientes principales tenían de su parte importantes ejércitos.

Al final habrá junta en Corral Rubio al comenzar diciem- bre, tan pronto el hijo del conde de Cocentaina comenzó a retirar los últimos soldados que tenía en Chinchilla. En aque- lla reunión, los concejos de Hellín, Tabarra, Albacete, Chin- chilla, Villena, Yecla, Sax, se oponen, por supuesto, al mar- qués de Villena y a los viejos abusos que aún se deri vaban de

119El28 de noviembre de 1476 los reyes ya ordenaban devolver a la villa de Ves los 32 enriques castellanos que había prestado al marqués de Villena (RGS, Fo!.784), Y tres días antes nombraban como corregidor en esta y otras villas a Gonzalo de Á vila, que noll~góa ejercer.

120J. Torres Fontes, "La conquista...", pp.88-100.

121En1477 sería nombrado corregidor de Córdoba, donde entró con mal pie: Alfonso de Aguilar le hizo prisionero en un levantamiento, y moros a su mando le sacaron a rastras de la iglesia, aunque luego la reina le repuso en el cargo durante poco tiempo, para dejar sentado el principio de autoridad. Luego será nombrado asistente de Sevilla, y será consejero - no leal ni brillante- del rey don Fernando en la preparación de la fallida campaña de Ronda contra los granadinos, en la que participa su hermano Juan de Merlo. En aquellas campañas -las de Alhama y Álora- colaboran también los recién sometidos Diego López Pacheco y Rodrigo Girón, que morirá en Loja, de un flechazo enemigo, en ese mismo año de1482 (Palencia, Crónica... pp. 43-44, 58 Y 85-86 Y 96).

122Lope de Chinchilla, que a mediados del XV fue secretario y hombre de confianza del marqués Juan Pacheco, y su alcaide en Xiquena, hace de interme- diario en la carta de capitulación de Diego López Pacheco en 1480. (J. Torres Fontes, "La Conquista..." p, 139), lo que no evitaría que siguieran pendientes ciertas reclamaciones de diversas personas que en1484 todavía le acusaban a élya su hijo, Martín de Chinchilla, de prisiones y abusos en su tiempo de alcaide en Xiquena (RGS, III, FoI. 121 y 84). En efecto, sabemos que Martín de Chinchilla, que había recibido un privilegio de armas de los Reyes Católicos en1480 por haber defendido esta plaza frente a una intentona granadina de tomarla en el año anterior (él mismo, estando herido, les impidió la entrada cuando ya habían logrado atravesar la puerta, por lo que el escudo de armas concedido tendría "un castillo combatido, la puerta abierta; que sea el canpo azul e el dicho castillo blanco "), se portó con dureza con algunos "lacayos" a los que hizo ahorcar, acusándoles de estar en connivencia con el enemigo, y con una mujer, a la que despeñó (ver J.F. Jiménez Alcázar, "Perdones y hOlTIicianos en Xiquena a finales del XV", en La Península Ibérica en la era de los descubrimientos, 11, Sevilla,1991). En 1485 Lope de Chinchilla, vecino ya de Hellín, arrendaba, junto a cierto judío, la renta del alumbre perteneciente a medias a los dos herederos de Pacheco y don Pedro Fajardo. No SabelTIOS si ya sería señor de Ontur, población que en el siglo siguiente-1560- sería expropiada a un Lope de Chinchilla procesado y quemado por hereje.

123Sabemos que los Reyes enviarán a Galicia en1480 a cierto licenciado Chinchilla, Garcí López de Chinchilla, (M. A. Ladero Quesada, La Hacienda real castellana entreJ480 Y a 1492, Valladolid, 1967, p. 68, Y L. Suárez Fernández, Nobleza y monarquía... p. 252.). Lo que ya no sabemos es si estamos tratando del mismo Garcí López, que ya había sido miembro del Consejo Real, y que hubo de sufrir algunas represalias, al igual que otro miembro de la oligarquía chinchillana, Ferrand López del Castillo, que puede ser su hermano. A. Pretel Marín,Chinchilla medieval, p.376.

124Suponemos que sea Lope de Avellaneda (o de Valdivieso), que unos años atrás fue maestresala y hombre de confianza de Isabel. M8I.Del Val,Isabel la Católica... p.452.

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la gran protección de los Pacheco a personas concretas (el difunto señor de Montealegrel25)o a concejos (Jumilla). Tam- bién se adoptan normas de carácter social, como la prohibi- ción efectiva y total de la saca de trigo (la reivindicación de los pecheros en años anteriores). Pero a nuestro entender im- porta mucho más la adopción de medidas que creemos más

"revolucionarias" -si cabe esta expresión- que dejan bien patente la postura política de unos pueblos que quieren tener parte en la guerra y no ser manejados por ningún interés con- trario al suyo propio. Así, se intentará asumir el control de las operaciones y el cerco del castillo de Chinchilla hasta su rendición sin tercería alguna, y exigir a los reyes que cum- plan la palabra de guardar la comarca en su propio poder y no devolver nada al marqués de Villena. Incluso llegarían a hablar de resistirse mancomunadamente a "qualquier cavallero o capitan o señor" que viniera a hacer daño a cualquiera de ellosl26, o a los mismos reyes, si éstos incumplieran algunas libertades y franquezas que acababan de dar o confirmar, o si "contra lo que tienen jurado e pro- metido" quisieran devolver alguna de estas villas al marqués de Villena: "e se defiendan onestamente como convenga por todas las vias e modos que menester fueren, pues asy cunple a su servirio, e Sus Altezas podrian fazer lo tal por ynportunidad e ocupalniento o novedad, mas que por volun- tad propia". Al tiempo, se acordó que se unieran los pueblos para solicitar que no fuera nombrado ningún gobernador del marquesado, ni un corregidor para cualquiera de ellas, "sal- vo a pedimiento de los dichos lugares", "porque segund la dispusirion del tienpo no cunple a su seruirio que se de".

Un programa foral en defensa de viejas "libertades", pero quizás también de una "libertad" entendida de forma bastan- te más moderna127-que recuerda bastante al de los comune- ros de 1520- en defensa de una monarquía que presumían débil; programa que responde a aquellas peticiones que las Cortes pasadas exigieron del rey Enrique IV en torno al de- recho que los pueblos tenían a levantarse en armas frente a las concesiones excesivas hechas a la nobleza.

Un programa, no obstante, que tendría muy pocos efec- tos en la práctica, dada la poca fuerza que tenían los conce-

jos en aquella comarca rodeada de tropas nobiliarias mucho más importantes y eficientes que las que ellos pudieran le- vantar. Hasta parece ser que esta gallarda junta fue disuelta a la fuerza, antes de concluir sus deliberaciones, por tropas, no sabemos si amigas, enemigas, o más bien enemigas bajo la protección de supuestos "amigos". Sabemos que dos hom- bres de Villena hubieron de librar pelea en Corral Rubio con- tra diez caballeros que venían en su persecución desde tie- rras del conde de Cocentaina. El ataque sería rechazado con la ayuda de gente de la aldea y de algunos refuerzos llegados de Villena, pero seguramente allí acabó la Junta, si es que estos sucesos, como imaginamos, se refieren al tiempo en que se celebró. Luego, los diez jinetes marcharían a unirse con el nuevo señor de Montealegre128, Y juntos todos ellos saquearon Iniesta (con colaboración, al parecer, de vecinos de ésta) y mataron a once hombres para vengar la muerte del padre de Ruiz de Tragacete y del comendador Pedro de La Plazuela. Después, y bajo el mando de don Juan, hermano del marqués, atacaron Jorquera matando a dos personas y apresando a otras varias, que dijeron harían degollar a la vis- ta de todos si la plaza no se les entregaba. Por fin, viendo que no lograban su objetivo, y ante la posibilidad de verse atacados por fuerzas superiores del mismo marquesado, vol- vieron al refugio que les brindaba en Elda don Juan Ruiz de Corella, conde de Cocentaina. Con razón se quejaba unos días después -11 de enero de 1477- la villa de Villena, en carta a Juan 11 de Aragón, de que el conde que "se nos es fecho enen1igo, e tiene nuestros enemigos e del señor rey de Castilla, criados e servidores del marqués, en sus tierras, dando lugar que en su tierra nos enogen e nos corran; e, aun, señor, tiene mandado que si alguno de Villena entra en su tierra, que le maten". En actitud muy digna, y bastante ilusoria, Villena terminaba su escrito suplicando al padre de Fernando el Católico que corrigiera al noble, pues de no haber sido por el mucho respeto que el rey les inspiraba, el conde "ya toviera condigna paga de su siniestro proposito"129.

En cuanto a las muertes habidas en Iniesta (parece que tam- bién en Villanueva de La Jara y otras partes), la respuesta de Isabel y Fernando será decepcionante: en abril de 1477 or-

125Además de ganar con malas artes, bajo la protección del marqués de Villena, propiedades y rentas importantes en Jumilla, Villena y Hellín, lo que le hacía ser bastante impopular, el alcalde mayor Miguel Ruiz de Tragacete había roturado pastizales comunes y acotado dehesas junto a su señorío de Montealegre, impidiendo el paso entre Chinchilla y Yec1a. Actitud en la que luego le imitará su hijo, que se convierte así en un símbolo odiado y viviente de la opresión feudal y de la corrupción instalada en los tiempos de Pacheco. Ver J. Torres Fontes,Yecla en el reinado de los Reyes Católicos... p. 21YSigs.

126R. Mateas y Sotos,Monografías de Historia de Albacete, Diputación, Albacete, 1974-1977, pp. 45YSigs. Mejor transcrita el acta de esta iInportante junta en MaC. Gil Pertusa, "Las juntas del marquesado de Villena en 1476",Congreso de Historia de Albacete, 11, pp. 201-202. Además se adoptaron acuerdos relativos a la veda de saca del trigo al reino de Valencia, a pedir el socorro de las villas de este mismo reino para Almansa y Villena, a la común defensa contra el nuevo señor de Montealegre y sus abusos, y a la eliminación del trato de favor que tenían los vecinos de Jumilla por antigua merced de los Pacheco.

127Señala Valdeón que en la Baja Edad Media "se experimentó en la corona de Castilla un avance del sentimiento de libertad, por más que su concreción variara en función de los grupos que la pedían y de las circunstancias concretas en que se formulara ese deseo"; y añade que, aunque fuera de manera indirecta, aquella resistencia popular favoreció el progreso del estado moderno, porque debilitó el poder de los señores territoriales, reforzó el poder de los monarcas como árbitros de las tensiones y alimentó valores normativos como el de la propia libertad (J. Valdeón Baruque, "Resistencia y Estado Moderno en Castilla, 1350-]521", enLa Península Ibérica en la era de los descubrimientos,1391-1492. Actas de las 111 Jornadas hispano-portuguesas de Historia Medieval, Sevilla, 25-30 de noviembre de1991, Vol, 1, Sevilla, 1997, pp. 513-514). Pero ello no excluye -añadimos nosotros- que el estado moderno se volviera después contra ese mismo pueblo, aliándose a los privilegiados, culminando el proceso de e1ilninación de esa libertad en 1520-21.

128No olvidemos que Juan Ruiz de Montealegre, comendador de Aleda, y ahora señor de Montealegre, era casi vasallo, y desde luego amigo, de don Pedro Fajardo, en cuya compañía le veíamos un par de años antes. Por mucho que su padre hubiera sido el alcalde mayor del marquesado, y por tanto enemigo de los reyes, y aunque el mismo Juan Ruiz estuviera al servicio más o menos notorio del marqués de Vi llena, podía estar tranquilo de que el adelantado no habría de impedirle que tomara venganza.

129A. Paz y Meliá,El cronista Alonso de Palencia. Tip. De la Rev. de Archivos, Madrid, 1914, pp. 278-280.

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