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La inteligencia emocional en los docentes

CAPÍTULO I MARCO TEÓRICO

1.4. La inteligencia emocional en los docentes

El docente juega un papel importante en torno al manejo del esteres y desarrollo de la inteligencia emocional de sus alumnos. Él es educador, el que orienta y un ejemplo director para sus alumnos, los cuales actuarán según lo que han visto en él. El docente debe estar preparado para actuar con inteligencia emocional y también debe estar preparado para afrontar los problemas que se dan en el entorno educativo, fomentando el ejemplo de un buen accionar.

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No es fácil, es un reto y un compromiso que debe ser asumido de manera profesional y responsable. “Para que el docente se encuentre preparado para asumir este reto, es necesario, en primer lugar, que piense en su propio desarrollo emocional: solo entonces estará apto para capacitarse y adquirir herramientas metodológicas que le permitan realizar esta labor” (Buirón & Navarrete, 2008, p. 57).

No hay forma en la cual se puede educar a un menor si el docente primero no tiene clara su estructura de valores y este consciente de que es el ejemplo que el alumno verá.

Buitrón & Navarrete (2008) mencionan que: “Un maestro emocionalmente inteligente debe percibir este movimiento afectivo, para dirigirlo de forma provechosa para el aprendizaje, basándose en su capacidad interpersonal y liderazgo” (p. 61).

La premisa anterior es clave, puesto que, si el docente es un motivador, un conciliador, es una persona alegre, con buen sentido de humor, pertinente, justo, obviamente tendrá un impacto positivo en los alumnos que lo acompañan, claro, es algo complicado por los factores personales o familiares que podamos padecer, pero es un reto, un compromiso, una responsabilidad. De otro lado, si el docente es intolerante, déspota, frío, rígido, afectará negativamente el ambiente de aprendizaje, pre condicionará a los alumnos a un clima en el aula estresante. Esta labor del docente no solo se limita a un ánimo p laboral, implica un trabajo en el campo personal y ello es una responsabilidad que debe asumir como profesional de la educación, en pocas palabras, mis conflictos no deben ser transmitidos a mis alumnos. “El mundo interno del maestro se mueve: debe crecer como persona, conocer sea sí mismo, y enfrentar sus miedos y conflictos” (Buitrón & Navarrete, 2008, p. 62).

Fernández-Berrocal & Ruíz (2004), señala: “La enseñanza de las habilidades emocionales depende de formar prioritaria de la práctica, el entrenamiento y su perfeccionamiento, no tanto de la instrucción verbal”. Lo más importante del rol que desempeña el docente es enfatizar el desarrollo de habilidades emocionales y hacer de ellas una respuesta adaptativa que el alumno pueda usar de forma natural en su proceso de vida, sea en el plano, personal, familiar o social de manera general, ese en realidad es el verdadero reto de una educación comprometida en desarrollar personas felices propensas a crear una sociedad igual.

Extremera & Fernández-Berrocal (2003) mencionan al respecto que: “Las habilidades de inteligencia emocional presentan efectos beneficiosos para el

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profesorado a nivel preventivo, como la capacidad para razonar sobre las emociones, percibirlas y comprenderlas, como habilidad intrínseca del ser humano…” (p. 76), dicho de otra manera, el proceso educativo que conduce el profesor debe conducir a desarrollar procesos de regulación emocional que ayudarían a los alumnos a moderar y prevenir cualquier situación negativos que puede generar una situación de estrés. Así mismo, los profesores deberán primero aprender a desarrollar esa actitud en aras de una vida más ordenada, si cabe, que transmitirán a sus alumnos ene l aula y en las relaciones cotidianas que puede involucrar un patio de recreo o una despedida ala salir del centro de estudios. La educación no se limita al horario de clase. Imagínese a un profesor que habla sobre la tolerancia en la clase pero al salir es observado insultando al personal de limpieza o discutiendo airadamente con el chofer del autos, el alumno aprenderá más de esto que de las dos horas de explicación, con ejemplos y casos, que el docente haya desarrollado en el aula.

Durán, Extremera & Rey (2001) son enfáticos en identificar y advertir que el ejercicio docente implica un riesgo alto de contraer distintas enfermedades, directas e indirectas al ejercicio profesional, digamos que los niveles de estrés si no son manejados y canalizados adecuadamente resquebrajaran la salud del maestro.

De acuerdo a diversos estudios, la ansiedad es el principal problema que enfrentan los docentes así mismo los índices de ira y depresión se han incrementado considerablemente, mientras que el síndrome de burnout va ganando más víctimas.

Como ya se ha referido, estos problemas de carácter psicológico originan trastornos físicos que van experimento en un paulatino deterioro de su salud, así tenemos las úlceras, el manifiesto insomnio, así como los frecuentes dolores de cabeza y dolores de las articulaciones. Los diversos estresores a los que está sometido el docente mellan su salud, por eso debe ser capaz de adaptarse con inteligencia a cada situación, pues no es habitual que estos estresores pasen sin dejar algún daño temporal o permanente que debe ser resuelto o tratado oportunamente.

Según Durán, Extremera & Rey (2001, p. 47), “En la actualidad, los profesores han de afrontar una posición diferente, nuevos retos y desafíos que poco tienen que ver con los de décadas anteriores”. Claro, los tiempos han cambiado, las formas de aprendizaje y enseñanza deben adaptarse a ellos y claro, el comportamiento también, hoy es más común la falta de disciplina del alumnado, pues la figura autoritaria del docente ha ido desmoronándose, este problema de comportamiento, tiene diferentes factores como por ejemplo el excesivo número de alumnos, lo que

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limita al docente para tener un control directo y personal con el alumno y entender sus problemas de atención o disciplina, otro factor que se ha desarrollado es la falta de motivación por aprender, los alumnos están distraídos y encandilados con otras cosas, lo que desencadena una la apatía estudiantil que manifiestan en tareas escolares incompletas o mal elaboradas, por cumplir, en el sentido estricto de la palabra. Hay un bajo rendimiento en el aprovechamiento escolar. Todo esto es uno de las principales Notas de estrés para el profesor y que claro, afectan su desempeño y rendimiento laboral profesional.

Lo que debemos señalar es que, estas afecciones o problemas que se describen, no afectarán de manera única ni exclusiva al profesional docente, sino que desencadenarán una situación laboral estresante que lo perjudicará aún más, tal es la situación que se han descubierto acciones evasivas conscientes o inconscientes del profesorado, dicho de otra manera, hay docentes que se estresan de solo pensar que deberán ir a su centro laboral. Todo esto es percibido por el alumno, “Él va a ser el directo receptor de un servicio de baja calidad en relación a algo esencial: su propia educación y/o formación como profesional” (Extremera &

Fernández-Berrocal, 2005, p. 51).

Extremera & Fernández-Berrocal (2005), identifican un grupo de agentes que

“contribuyen a la aparición del estrés laboral en el profesorado”, clasificándolo en tres grupos:

1. Factores en el contexto organizacional y social: aquí pueden identificarse claramente, por ejemplo, la sobrecarga laboral, el trabajo en casa y el papeleo que genera una situación de estrés, así mismo, la preocupación que causa la falta de recursos o materiales.

2. Factores vinculados a la relación educativa: si no hay una relación basada en el respeto, el ambiente se torna conflictivo, así la escasa o falta de disciplina y mala conducta de los estudiantes, estresa al docente, como también lo hace la desmotivación estudiantil a las labores o la falta de empatía de los compañeros de trabajo.

3. Factores personales e individuales: se relacionan a factores inherentes al docente, aquí juega un papel preponderante, por ejemplo, la autoestima del docente, su seguridad al conducir una clase, la cual dependerá por ejemplo de su experiencia y formación, al carecer de ella los cuadros de estrés se harán presente.

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Investigaciones diversas han demostrado que estas situaciones estresantes pueden ser reducidas en su impacto si el docente es consciente ellas y es responsable de una actitud resolutiva y no abrumadora, que entienda los factores negativos y los acepte de manera propositiva para su bienestar y el bienestar del estudiante de manera general. Mearns & Cain (2003) describen que en sus investigaciones descubrieron que, profesores estadounidenses, de los niveles primaria y secundaria, al identificar emociones negativas buscan utilizar estrategias que le hagan frente para que estos factores laborales estresantes sean afrontados con mayor tino y su impacto en la persona no sean perjudiciales y sumen a un desempeño laboral mejor ejecutado o desarrollado.

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