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La Teoría General de Sistemas

In document Universidad Autónoma Chapingo (página 45-51)

4. Marco teórico

4.1 La Teoría General de Sistemas

La ciencia y sus actores han propuesto diversos métodos en la búsqueda del entendimiento de fenómenos de muy diversa naturaleza. Ramírez (1999) presenta un análisis que concluye en la agrupación de dos grandes corrientes para el estudio de fenómenos y situaciones diversas: 1) el Método Analítico Clásico y 2) la Teoría General de Sistemas.

El método analítico clásico ha sido el dominante en los trabajos científicos y de organización del conocimiento occidental y presenta las siguientes características:

1. Supone la posibilidad de resolver una entidad en partes. La entidad se supone constituida de tales partes y éstas serían discernibles, existiendo la posibilidad de aislar cadenas causales.

2. Supone que la interacción de las partes es lo suficientemente pequeña como para ser despreciable; se procede a aislar dichas partes y luego se les suma.

3. Este principio de suma supone un principio de superposición lineal que remite a la descripción del todo en términos de los comportamientos de las partes.

Este método, según Ramírez (1999), ha evidenciado, limitantes para analizar problemas complejos a la luz de las interacciones que presentan dichos problemas. Es necesario considerar estas interacciones, entre otras razones, por la “imposibilidad de aislar cadenas causales, sobre todo en las ciencias sociales”.

Ludwig Von Bertalanffy (1968) propone un esfuerzo de reorientación, el cual publica bajo el nombre de Teoría General de Sistemas (TGS). Como principio básico, la TGS deja atrás la reducción de los fenómenos a la interacción entre sus partes elementales12 y enfatiza en las nociones de totalidad y jerarquía. Estas nociones reconocen la existencia de relaciones significantes para la evolución y estudio de situaciones, particulares y generales, que no son observables en el comportamiento de las partes vistas en forma aislada.

Según Johansen (1982), la concepción contemporánea de la TGS adquiere cierta relevancia a partir de su publicación por Bertalanffy en 1925. Sin embargo, la aplicación de sus principios ocurre hasta 1945, una vez que fue discutida y aceptada en diversas disciplinas. Este autor refiere que el enfoque sistémico busca “el conocimiento y la explicación de la realidad o de una parte de ella en relación con el medio que la rodea, a partir de poder predecir el comportamiento de esa realidad, dadas ciertas variaciones del medio o entorno en el cual se inserta” (Johansen, 1982). Con esta afirmación el autor se suma a la lista de científicos partidarios del uso de la teoría de sistemas para la comprensión de fenómenos complejos. Sin embargo, reconoce la

12 Elementales en tanto que se les suponía aislables unas de otras e investigables por si mismas.

aportación del enfoque clásico reduccionista, contrario al sistémico, en el conocimiento científico de aspectos aislados o más simples. Para el caso de la sociología o la biología, en donde las relaciones de unas partes obedecen y afectan a otras, el enfoque sistémico debe ser preferido.

Desde su publicación, la Teoría General de Sistemas es aceptada en diversos ámbitos, por ser una teoría que sugiere la existencia de modelos, principios generales, y leyes que “se aplican a todos los sistemas, independientemente de la naturaleza de sus entidades, del carácter de las fuerzas que actúen en estos y del tipo de relaciones que se establecen entre los elementos;

entonces, se trataría de encontrar principios universales que sean aplicables a los sistemas en general…” (Ramírez, 1999).

Como principios generales la TGS presenta, según Ramírez (1999) los siguientes:

1. Principio de equifinalidad. En un sistema cerrado, el estado final está determinado por las condiciones iniciales; si las condiciones iniciales se alteran, el estado final se altera. Tal principio no es válido en sistemas abiertos, es decir, estados finales idénticos pueden ser alcanzados a partir de condiciones iniciales diferentes y haber sido desarrollados de diferente manera.

2. Principio de retroalimentación (FEED BACK). Apoyándose en nociones derivadas de la teoría de la información, es posible corroborar la existencia de un proceso de autorregulación que garantiza la estabilidad o la dirección de la acción.

3. Principio de teleología. Busca el origen de las causas totales en lugar de la descomposición de elementos para buscar causas parciales.

4. Principio de organización. Considera que los fenómenos por analizar presentan jerarquías, y relaciones de competencia. Esta concepción permite la emisión de teoremas para la definición general de la organización.

Para el caso de sistemas agrícolas, es claro que los rendimientos, precios, o beneficios en general, no dependen de una variable única. Por el contrario, es aceptable reconocer que el desarrollo de un sistema agrícola está influenciado por diversas variables y que sus relaciones son tan importantes como sus mismos componentes. En un sistema se puede sacrificar la conservación de recursos con la finalidad de obtener beneficios económicos, incluso, los

entornos social y político pueden condicionar, desde la región y paquete tecnológico a emplear, hasta la conservación, fomento, o desaparición del sistema. Se observa pues, que en el caso agrícola, los principios básicos de la teoría general de sistemas encuentran franca aplicación.

Johansen (1982) destaca, además de los principios mencionados por Ramírez (1999), los principios de sinergia y recursividad como aspectos clave en la Teoría General de Sistemas. El principio de sinergia se refiere a que la suma de las partes es diferente del todo, es decir, cuando el examen de una parte del fenómeno en forma aislada no puede explicar o predecir la conducta del todo. Este principio impide ver a los sistemas agrícolas como la suma de partes. Por su parte, el principio de recursividad se entiende como el hecho de que un objeto sinérgico (sistema) está compuesto de partes con características tales que son a su vez objetos sinérgicos (sistemas). Se introduce en este principio el concepto de subsistema. Cada subsistema está integrado por elementos que lo hacen susceptible de ser analizado de manera independiente, sin descuidar, por supuesto, que el subsistema guarda relaciones que deben considerarse al interior del sistema del que forma parte. Para el estudio de sistemas agrícolas, cada subsistema puede considerarse como los grupos de aspectos que lo integran: economía, tecnología, relaciones sociales, ecología, entre otros. El concepto de recursividad permite analizar las partes de un sistema pero no en una suma aritmética, sino como parte de un todo. Esta es la principal diferencia del enfoque de sistemas con el enfoque reduccionista.

En los principios de sinergia y recursividad se respalda la consideración de la Teoría General de Sistemas como la teoría base para el estudio o valoración de la producción agrícola.

Torres (1999) considera que la utilidad final de la Teoría General de Sistemas, está en función de la definición del sistema y sus límites analíticos que presenta con el entorno. Así, el sistema agrícola, más allá de la definición general de sistema de Bertalanffy (1968), es un espacio físico- conceptual en el que confluyen aspectos diversos, los cuales presentan relaciones tanto entre ellos, como con su entorno. Por lo anterior, los sistemas agrícolas deben ser valorados en aquellas dimensiones que permitan conocer tanto sus componentes o atributos, como las relaciones entre éstos y su entorno. Miramontes (1999b) resume lo anterior al escribir “los sistemas son las cosas más los procesos”.

Por su parte, Duval (1999) propone la utilización del concepto de sistema complejo desde una perspectiva constructivista. Este autor menciona que:

1. El sistema complejo es una propuesta de organización de un recorte de la realidad, es decir, el sistema no está dado en la realidad y por ende no se descubre.

2. El sistema se concibe necesariamente abierto. Guarda relaciones con factores externos cuyas dinámicas propias son independientes en relación con él. A su vez, el sistema recibe influencias de estos factores y en esta interacción se dan las condiciones de contorno (condiciones en el límite) del sistema particular construido.

3. El sistema se concibe como una totalidad organizada en la cual confluyen procesos heterogéneos. Así planteado, no es reducible a la “simple yuxtaposición de procesos, situaciones o fenómenos del dominio de una disciplina”. La realidad no está dividida en disciplinas, pero sí se caracteriza por abarcar elementos que pertenecen al dominio de diversas disciplinas.

El enfoque de sistema complejo implica que los problemas abordados están determinados por la interacción de múltiples factores, es decir, que su visión será incorrecta si ésta se basa en informaciones parciales elaboradas separadamente en campos disciplinarios distintos. Los sistemas sociales son ejemplos típicos de sistemas complejos y deben ser analizados, si bien recurriendo a diversas disciplinas, considerando en todo momento la existencia de relaciones entre los componentes definidos en el análisis.

En relación con el concepto de sistemas complejos, Miramontes (1999a) agrega a lo expuesto por Duval (1999) que “la aportación fundamental de la ciencia de los sistemas complejos en la tarea de conocer y transformar nuestra realidad es identificar los principios y fundamentos generales de la operación de dichos sistemas sin importar los detalles particulares de su realización material”. En este sentido, su aplicación en el estudio de sistemas agrícolas será de utilidad en tanto se logre detectar sus principios y fundamentos generales mediante el estudio de los componentes y las relaciones que la constituyen. Lo anterior implica el uso, como lo menciona Bertalanffy (1968), de herramientas analíticas diversas pues el enfoque de sistemas es por sí mismo una teoría interdisciplinaria. Muchas de estas herramientas, sobre todo para el análisis

exploratorio de variables, y más aún, para la búsqueda de relaciones, provienen de las ciencias exactas.

Gutiérrez (1999) contrasta la búsqueda de comprensión de sistemas sociales complejos, como los sistemas agrícolas, mediante el uso de herramientas estadísticas con el uso de descriptores cualitativos de los fenómenos. Así mismo argumenta que la resistencia a la utilización de las matemáticas para facilitar el entendimiento de sistemas complejos obedece al uso inadecuado de algunos directivos; o bien, a la incapacidad de comprender el significado y fundamento estadístico de aquellos que se rehúsan a aceptar estas metodologías. Concluye que “en la sociología, el lenguaje matemático permite leer y decir de manera precisa cosas que, de otra forma, son objeto de interminables discusiones semánticas que las vuelven incomprensibles”. La idea expresada por Gutiérrez (1999), de matematizar relaciones, es observable en un sinnúmero de trabajos que analizan sistemas partiendo de la Teoría General de Sistemas de Bertalanffy.

Podemos observar aquí una evolución teórica, la cual se considera como ecléctico de disciplinas cualitativas y cuantitativas. Un uso cada vez más frecuente lo constituye la presencia de índices utilizados en la evaluación de sistemas, y los cuales son expresados en escalas ordinales. Estos índices se diseñan con la finalidad de ser empleados como insumo para la toma de decisiones.

La garantía de que un indicador numérico derivado de un enfoque sistémico sea útil y metodológicamente aceptado lo constituye el hecho de su integración por aquellos aspectos clave del sistema en cuestión. Para el caso de sistemas agrícolas, los índices empíricos deberán considerar los grupos de variables clave, reconociendo que el sistema agrícola es un sistema complejo.

Los dos enfoques básicos bajo los cuales es posible aplicar el enfoque sistémico al estudio de diversos fenómenos, entre ellos los sistemas agrícolas, según Johansen (1982), son:

1. Observar el universo empírico y escoger ciertos fenómenos generales que se encuentran en las diferentes disciplinas y tratar de construir un modelo teórico que sea relevante para esos fenómenos.

2. Ordenar los campos empíricos en una jerarquía de acuerdo con la complejidad de la organización de sus individuos básicos o unidades de conducta y tratar de desarrollar un nivel de abstracción apropiado a cada uno de ellos.

El mismo autor refiere que ambos enfoques deben tomarse como complementarios en la exploración o estudio de fenómenos bajo la visión de sistemas.

La pertinencia de emplear el enfoque sistémico para analizar situaciones complejas, como la sustentabilidad de ecosistemas, incluido el agrícola, es apoyada por muy diversos autores que, como Conway (1994), consideran que la posibilidad de analizar componentes y sus relaciones son básicos para comprender, intervenir, y valorar los efectos en los posibles cambios deseables en los sistemas. Sin embargo, es necesario abordar también elementos de la teoría evaluativa si lo que se pretende es emplear la teoría sistémica para la formulación de metodologías de evaluación de sistemas agrícolas.

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