ERGOLOGÍA. ASPECTOS DE LA VIDA MATERIAL
3. LA VIVIENDA Y OTRAS CONSTRUCCIONES RURALES
Existen varios modos para la construc- ción de los muros en la vivienda rural.
Uno de los más antiguos es el TAPIAL (o barro apisonado) que se fabrica relle- nando de barro el encofrado que forman dos tableros paralelos, dejando medio metro de anchura entre ambos (o más), y apisonándolo con unos mazos de madera que se llaman precisamente “pisones”, compactando el barro lo más posible; una vez seco el paño se quitan los tablones y sobre el mismo se repite la operación. Ya Plinio, en el siglo I, escribió en su “Na- turalis Historia”: “Por lo demás ¿no hay en África e Hispania paredes de barro, a las que llaman “de molde”, porque se levantan, más que construyéndolas, vaciándolas entre dos tablas, las cuales paredes duran siglos por ser inmunes a la lluvia, al viento, al fuego, siendo más fuertes que cualquier cemento? En Hispania aún están a la vista las atalayas de Hannibal y las torres de barro alzadas en lo alto de las montañas”.
Una variante es el muro de CAL Y ARE- NA poniendo en el espacio del encofrado una mezcla de arena y cal en listas cada 20- 25 cm; entre lista y lista se rellena con tierra fuertemente prensada a base de pisones y nuevamente se echa arena y cal; alternando así las franjas de materiales duros con la tierra prensada, la pared se va subiendo a cuadros, a base de distintos y sucesivos encofrados. La obra se suele terminar recu- briendo el muro exterior con una capa de cal viva que, conforme se va endureciendo, se desgarra (“araña”), lo que le da una gran consistencia y duración, de hecho, muchas de ellas con más de doscientos años todavía siguen en pie, y llevan abandonadas más de cincuenta años.
El llamado CAL Y CANTO se utiliza- ba cuando los recursos económicos eran mayores mezclando la cal con distintos materiales duros, principalmente piedra toba, si era posible. La cal se obtenía de la misma sierra (de composición caliza) desgajando a pico y con barras de hierro grandes piedras que se trasladan a la calera donde se cuecen para que se deshagan y una vez frías se picaba con una maza de madera moliéndolas totalmente; después se mezclaba con abundantes piedras dentro del encofrado de madera, de manera poco uniforme, se apisonaba y se iba levantando el muro de mayor consistencia
El YESO también era muy utilizado en zonas donde existen canteras de este material mezclándolo con distintos mate- riales, principalmente arena y piedra toba, que suele ser muy abundante en la sierra.
De las canteras de yeso se sacaban a pico grandes piedras que se cocían en los hornos o yeseras para deshacerlas (exactamente igual que las caleras) y, una vez frías, con una maza de madera se picaban las piedras para dejarlas molidas; este yeso se utilizaba principalmente para los tabiques y los cielos rasos. Para los tabiques interiores, se ponían unos palos de pie derecho que sujetaran la masa y así, con el yeso y ripios (trozos de construcciones de desecho anteriores, ya inservibles, que se “reciclaban”) se iban levantando los paramentos para separar las habitaciones. Para echar los cielos rasos haciendo voltones (revoltones) se ponían palos y conchas de pino entrecruzadas y debajo unos sacos para dar la forma de los voltones, a continuación se echaba el yeso.
También se llegaron a utilizar los ADOBES –mazacotes o ladrillos de barro mezclado con paja y secados al sol– para hacer muros, aunque son menos frecuentes.
Encima de todo se echaba la CUBIERTA O TECHUMBRE (normalmente “a dos
aguas”) a base de un cañizo que hacía de soporte y las tejas de tipo árabe, fabricadas en tejeras, principalmente del llano, aca- rreando la arcilla y cociendo la teja.
La CASA MANCHEGA, de la que todavía quedan magníficos ejemplares en los pueblos pero que ya no se construye, era de gran extensión; constaba del edificio principal, el patio, el corral, las cuadras y las gorrineras. La vivienda suele tener zaguán, cámaras en el piso superior que sirven para granero y retiro y, algunas veces, pajares;
en el piso bajo están las habitaciones que, muchas veces dan al patio interior, patio al que no son ajenos los porches para carros y aperos de labranza y los emparrados.
Es pieza fundamental el hogar con una gran chimenea de campana para cocinar y calentarse en el invierno. Así mismo eran imprescindibles el pozo y el horno.
CUCOS, BOMBOS Y CUBOS
Al igual que ocurre con los molinos, la llanura manchega se caracteriza por la pre- sencia y enorme abundancia en el campo de cucos, bombos, cubos o cubillos (que de todas estas formas se conocen), sobre todo en las extensas zonas vitivinícolas, una arquitectura rural en piedra seca que
Casa manchega
es quizás la muestra más palmaria de la creación arquitectónica del pueblo, signi- ficándose como una de las muestras más evidentes del carácter agropecuario que ha marcado la economía provincial. El valor histórico, etnográfico y cultural de estas construcciones en piedra seca es indudable.
Existen varios antecedentes del cuco como las cabañas circulares del Neolítico, los chozos ibéricos, las pallozas gallegas o los ventorros de la sierra conquense, pero la característica diferencial del cuco estriba en su falsa bóveda, a piedra seca.
El cuco es una evolución más alta del ma- jano al objeto de guarecerse el agricultor de la tormenta o cobijarse en la hora tremenda del mediodía estival, también para meter dentro de él los animales de labor y para dejar ciertos aperos que no necesitaba en su regreso al pueblo o a la aldea. El campesino alzó el montón de piedras recogidas, les dio forma de bóveda y al hueco destino de refugio y, en ocasiones, vivienda estacional.
La planta suele ser más o menos circular, semiovoide, de muy variado diámetro, lo mismo que la altura, dimensiones pues, para todos los gustos. Construirlo precisa rara habilidad y pericia singular ya que, como que no quiere la cosa, el constructor es el propio labrador, sin plomada, ni escuadras, ni encofrado, en piedra seca, es decir, sin masa alguna, lo que, no me negará el lector, que en estas condiciones construir un techado en falsa bóveda, y en seco, no es una proeza.
Los útiles, un mazo de hierro para retocar la piedra e introducirla entre las losas a modo de cuña, y las manos. Las losas suelen ser algo planas y anchas, lo que permite el irse retranqueando a medida que se inicia una fila nueva, es decir, un círculo superior de menor diámetro. Al ser la planta circular la bóveda se va formando a base de círculos de piedras superpuestas apoyada en los robus- tos muros, y al final se coloca la última losa
o pequeño monolito llamada clave o llave, y la obra queda terminada. El aislamiento es muy importante, a veces se incrementa la cubierta de piedras con una capa de guija- rros, también el piso interior se rebaja del exterior una cuarta, en recuerdo a la cueva, produciendo más abrigo en invierno y fresco en verano; ni que decir tiene que se deja un hueco para puerta, a veces con cerramiento y otras, la mayoría, abierta, generalmente orientada al sur, de cara al sol, y no es raro que se remate por un dintel que suele ser una losa horizontal más larga. Igualmente, en ocasiones, se hace una chimenea, sólo en los chozos, y un par de poyatos para sentar- se, pero no es lo frecuente. No disponen de ventanas, en raras ocasiones se enjalbegan e, indiscutiblemente, la sensación de intimidad y cobijo está lograda.
LOS CHOZOS
Son de la sierra. Diferentes a los cucos ya que mientras en La Mancha son circulares y se cubren de forma abovedada con una elegancia magistral sin utilizar mortero de ninguna clase, en las comarcas serranas los hay de todo tipo: también circulares pero principalmente cuadrangulares, con la techumbre a dos aguas o a una sola- mente, bastante inclinada en este caso, por las lluvias. Normalmente se suele recubrir con tierra pero su variedad es inmensa;
tienen en común el uso de piedras para las paredes –las piedras que extraen de los campos cuando labra y que otras veces se amontonan formando majanos– y su servicio principal es para guarecerse y para guardar los aperos.
EL CORRAL DE RAMAS
Es un cercado para meter las ovejas, hecho de ramas de pinos, con algunos pa- los de pie, para darle cierta consistencia y resguardarlas de depredadores.
LOS RANCHOS
Se hacían de maderas cruzadas y de ramas (hiniesta, enebro…), se le echaba una capa de tierra encima en el tejado, y a veces barro en las paredes, siendo su razón de ser el de refugio eventual para albergar a personas y animales mientras estaban en labores del campo, lejos de su casa, principalmente por las tormentas,
aunque los había en que se vivía de con- tinuo, se construían mejor y eran mayores, convirtiéndose en cortijillos más o menos duraderos. Los carboneros solían cons- truirlos cerca de las carboneras para vivir la familia eventualmente mientras duraba el trabajo del carboneo, ya que había que vigilarlo constantemente para que no se convirtiese en ceniza.