SOCIOLOGÍA. ASPECTOS DE LA VIDA SOCIAL
15. ALGUNAS TRADICIONES POPULARES
EL MOJIGANGO
Totalmente perdido es este personaje de paja que se vestía con ropas viejas y se adornaba con plantas y vegetales que imitaban o simbolizaban los atributos mas- culinos (falo y testículos) llevando colgado un gran cencerro y montado en una burra recorriendo las calles del pueblo o aldea en el comienzo del Carnaval. Parece ser que simboliza el fin del frío (del invierno) y, como tal, termina manteado y destrozado.
En otras zonas de Castilla-La Mancha, los Judas, son muy parecidos. Y siempre ter- minan escarnecidos por las gentes.
LOS QUINTOS
Como despedida para irse a la mili los quintos hacían una fiesta grande, no
paraban en toda la noche de ir de casa en casa y de cantar y rondar a las mozas con guitarras, violines, acordeón, platillos, etc.
dando serenatas (los quintos y los que no eran quintos). Era una fiesta muy popular en la que participaba todo el pueblo be- biendo cuerva y paloma y era típico comer las roscas con miel, además de encender una gran hoguera en muchos de nuestros pueblos El día que se iban a la mili se hacía un baile y recogían dinero.
Los quintos suelen celebrar su entrada en “caja”, es decir el año que a su quinta le toca sortear para ir a la mili. Diversos actos, cánticos, mensajes de las calles, petardos y pedir aguinaldo por las casas suelen ser las actividades más comunes.
En las Pascuas los quintos cuando llegan a las puertas a pedir cantan:
“A esta puerta hemos llegado a pedir el aguilando, no se asuste Vd. señora
que son los quintos de este año”.
Una vez que se les ha dado el regalo, como muestra de agradecimiento vuelven a cantar:
“Muchas gracias a Vd. señora, le tenemos que cantar, que pasen felices fiestas paz este año y muchos más”.
En algunos lugares eligen a la “quinta”
entre las chicas y en otros se corre la “va- quilla de los quintos” y se suben coronas votivas de flores –guirnaldas– a lo alto de los muros de la iglesia, por su parte exterior,
En Socovos se hace el llamado “espar- fallo” de las panochas de maíz; para ello se juntaban con un grupo de mozas y a quien le salía una panocha con granos rojos tenía que besar a la moza, o viceversa (a veces volvía a meter las panochas al montón para pasarlo mejor).
Ramo-ofrendada Los Quintos (Bienservida)
Aún quedan mozos que viven con ilu- sión lo que representaba la ruptura de su vida habitual en los pueblos y que iban al encuentro de otras emociones.
El acto final solía ser cuando los quintos del año en curso entregaban el testigo a los del año siguiente que lo pregonaban con la típica “alboreá”.
LAS CENCERRADAS
Se llevan a cabo o “se dan” cuando se casa un viudo o una viuda. Normalmente los novios no decían nada y se casaba medio en secreto a horas poco usuales, pero siempre había quien se enteraba y los muchachos y muchachas del pueblo salían con cence- rros a dar la murga cuando terminaba la misa, tocándolos sin parar y cantándoles coplillas alusivas, y repitiendo la serenata varios días…hasta un mes, a no ser que los novios invitasen a todos los de las cercanías.
Sobresalen La Recueja, Motilleja y Paterna.
“Con una viuda me caso, todos dicen que voy bien, porque en carretera abierta nadie se puede perder”.
ELABORACIÓN DE PRODUCTOS PARA OFRENDAS
Muy típico de nuestra provincia es la ela- boración de productos, sobre todo dulces, para subastarlos, ofrecerlos o simplemente degustarlos con motivo de las fiestas, princi- palmente en las romerías, y especialmente en San Blas donde pan, rollos, tortas, torteles o bizcochos se bendicen y con los que antigua- mente se hacía caridad, dándolos a los po- bres; así ocurre en Alatoz, Abengibre, Alpera, Pétrola, Elche de la Sierra, Tarazona de la Mancha, Robledo, El Ballestero, La Herrera o Alcalá del Júcar. También era frecuente el bendecir los alimentos que se llevaban en las carrozas de las romerías de San Isidro y repartirlas entre todos los romeros.
RELACIONADAS CON EL AGUA Principalmente en la sierra existía la costumbre de ir a buscar el agua a un lu- gar especial para gozar de sus propiedades curativas y, principalmente, para conservar la hermosura. Existen muchas tradiciones sobre el mirarse en una fuente o en el pilón, lavarse la cara al amanecer, guardar el agua de la fuente en un lugar especial, bendecir el agua, etc. En Abengibre acu- dían las chicas, al amanecer, a la fuente de debajo de “la piedra encantá” para lavarse la cara y frotarse el pelo con cáñamo. En Balazote, para evitar las arrugas, se recogía agua de una acequia y se guardaba para lavarse la mañana siguiente. En Alpera las chicas derramaban agua en su puerta a la espera del paso del primer chico, del que se enamorarían.
ROGATIVAS
Se hacían rogativas para que lloviera o para pedir que no apedreara, sacando el Santo al campo para bendecirlo y rogar por las lluvias. Destaca en Fuenteálamo la procesión de San Dionisio “el Aserrao”.
TOQUES DE CAMPANA
Aunque específicos de la Iglesia, también podemos considerar los toques de campana como tradiciones ya que, a menudo, tras- cendían su función religiosa y formaban parte del acervo cultural de la comunidad.
Así ocurría con algunos toques de carácter extraordinario como eran el de “A rebato”
y el de “Al Punto”, el primero para alarmar a la población de ataque o fuego, princi- palmente; y el segundo para orientar a las gentes que estaban fuera de la población en las grandes nevadas o nieblas cerradas.
Toques de tormenta eran el “De nublo”
para ahuyentar las nubes y “Llamar capella- nes” para avisar al cura de turno para con- jurar la nube; también en muchos lugares
se “repicaba de Cruz de Mayo a Cruz de Septiembre” para pedir buen tiempo.
Los toques de “Agonizos y difuntos”
diferenciaban entre hombres y mujeres (tres golpeos para el hombre y dos para la mujer), indicando también la forma de en- tierro elegida y la hora del oficio religioso.
Los toques “De diario” eran el de Alba, Misa, Alzar a Dios, Rosario, Doctrina, Ánge- lus, Oración, Almas y Misa dominical.
Los toques “De fiesta” eran numerosos:
Antevísperas, Vísperas, Alboradas, Vísperas volteadas, Señas de Procesión, Procesión, Misa Mayor, Volteo general y Enjuaguico y Cierre. Si se incluía la campana mayor volteada indica mayor solemnidad.
Finalmente, en Semana Santa, cuando no se pueden usar las campanas se utilizaba el Matracón (quizás nos suene aquello de “no me des la matraca”).
LA MATANZA
La tradicional matanza, sigue hoy en plena vigencia, su rito no ha cambiado en absoluto y el aprovechamiento de todas las partes del cerdo corrobora aquello
“del cerdo me gustan hasta los andares”.
Quizás la única ocasión en que los emigra- dos vienen a su aldea, o al pueblo de sus abuelos, además de a las fiestas de agosto, sea ésta a principios de diciembre para la matanza. Ya podemos comprender aquello de no pasar hambre: entre la matanza, la gallinería, algún cordero, pan de su horno, vino de su parra, aceite de sus olivicas y algunas hortalizas y patatas ¿quién podía pasar hambre? Aunque para ello trabajasen de sol a sol padres e hijos.
LAS TASCAS
“Pues parece que fulanito vende vino”.
Hasta aquí todo normal, pero... ¿cómo lo sabían si nadie se lo había dicho?. La expli- cación está en el arceutobio que colgaban
con una cuerda desde una ventana. De esta forma se sabía que esa casa era una “tasca”
donde se vendía vino. Este indicador no tie- ne nada que envidiar de los actuales carteles luminosos, porque cumplía perfectamente con su función.
PARA FUMAR
¿Para fumar? Tabaco verde que los pro- pios lugareños sembraban. Con sus hojas aún verdes y faltos del calar tropical se hacían unas picaduras que parsimoniosa- mente liada en aquellos pliegos de papel que vendía en cajetillas ¡les sabían a gloria!
Todavía hoy podemos ver algunos ancianos en el poyo de la puerta de su casa o del bar, al sol, liarse un cigarrillo de tabaco verde. Para los que no tienen costumbre, un “petardo” de éstos y una copita de orujo nos pueden dejar “colocados” durante un buen rato.
CORRER LA BANDERA
En Cenizate, Villarrobledo o Balazote se realiza esta tradición de juegos o bailes de bandera, consistente en exhibiciones realizadas con grandes enseñas al son de una música, en una práctica derivada de las
“corridas” de los enormes estandartes de la Edad Media y Renacimiento. Los ejerci- cios son variados y van desde la ejecución libre, con sueltas de manos y lanzamientos
al aire, hasta las perfectas coreografías con un significado preciso. En cualquier caso las banderas tienen un contenido histórico y suelen estar asociadas a una advocación religiosa.
JUEGO DE LA TAZA. VILLAPALA- CIOS
Más que un juego es una tradición ya que es único en la provincia, también fue el único que durante muchos años se per- mitió jugar en tiempos en que los juegos de apuestas de dinero estaban prohibidos.
Se juega en Villapalacios, solamente en sep- tiembre, en las fiestas del Santísimo Cristo de la Veracruz, y es un juego lucrativo en el que ocho bolas de cristal deciden la suerte del que las lanza y de los que hacen apuestas según de que deje fuera del agujero de “la taza” (un círculo metálico) un número par o impar de bolas. Las apuestas son muy fuertes y viene gente de todo el país a jugar.
LAS RONDAS
Ronda es el nombre que reciben en la Mancha una serie de músicos de cuerda cuya actividad principal era la de rondar.
Eran contratados para ello y tocaban bajo la ventana de la mujer a rondar hasta que, ésta, hacía acto de presencia o hasta que el padre los echaba. Además, también tocaban en fiestas interpretando un amplio reperto- rio de música bailable tanto “suelto como agarrao”. Dentro del baile suelto el surtido era a base de fandangos, jotas y seguidillas y en el “agarrao” la serie es más amplia. Tam- bién participaban en actos religiosos como el Canto de los Mayos o el acompañamiento del canto del Rosario de la Aurora.
El paso del tiempo coloca a las rondas en vías de desaparición, sustituidos por bandas de música y charangas con instrumentos de viento, si bien han encontrado refugio en grupos de coros y danzas recopilando los
repertorios y realizando una labor eminen- temente etnológica. Hoy son frecuentes las intervenciones de las rondas de Nerpio y Yeste –conocidos allí como Animeros– y las rondas de Albacete, de la Ribera de Cubas y de Motilleja.
LA CHICHARRA. MOTILLEJA
En Motilleja se celebra para las fiestas la tradición de las Rondas, que intenta man- tener viva ya que es de las más antiguas. Se sabe que ya se celebraba a finales del siglo XIX existiendo varias Rondas en la localidad y en las aldeas cercanas al río Júcar que, con la llegada de los Mayos y las fiestas de Santa Ana recorrían las calles del pueblo tocando y bailando toda la noche, al son de guitarras, laúdes, bandurrias, octavillas o panderetas, entre otros instrumentos. La fiesta se conoce como La Chicharra y las rondas interpretan jotas, seguidillas, rondeñas, pasodobles, tonadas o cantos de taberna en cualquier lugar y a cualquier hora.
LOS ENCIERROS
Lo que antaño eran ferias ganaderas, con sus arrieros, chalanes, recoveros, tra- tantes… se han transformado en festejos populares de indiscutible protagonismo en toda la sierra de la provincia. Los encierros tienen la magia de lo intenso y familiar, a
la llamada del toro acuden un sinfín de gentes salidas de todas partes. Son citas ineludibles que, de punta a punta, llenan los pueblos de algarabía y color, donde nadie es ajeno, ni vecino ni forastero, ni grandes ni pequeños. La fiesta de los encierros se adueña de las gentes en una especie de emoción colectiva.
Los que permanecen en la calle van tomando posiciones, cualquier lugar puede ser bueno: la verja, el corral, el pilar o las cuerdas. La tensión va subiendo a medida que la manada se acerca. Entre un griterío que va avisando de su presencia, cabestros y toros van cogiendo velocidad hasta que entran en el casco urbano donde el tropel de gente que viene corriendo delante de los morlacos realiza el máximo esfuerzo mientras los toros corretean de arriba abajo haciendo fiesta, creando angustia y emoción, viviendo el riesgo de muchos co- rredores ansiosos de adrenalina. Mientras,
la mayoría, tras o sobre las empalizadas, o desde ventanas y balcones, lo viven más sosegadamente sin perder detalle.
Son los celebérrimos encierros de la Sierra que se celebran desde julio a sep- tiembre en su inmensa mayoría aunque en algunas otras fiestas también se aprovecha para soltar unas vaquillas que refuercen una costumbre que va “in crescendo”.
LA NOCHE DE SAN JUAN
Desde tiempos remotos todos los pue- blos y culturas han considerado la noche del 21 al 22 de junio como una noche especial y mágica. Durante el solsticio de verano, la Tierra alcanza, en su recorrido elíptico sobre el Sol, su máxima inclinación, provo- cando sobre el hemisferio norte el día más largo del año. No obstante, la celebración del solsticio en la tradición cristiana viene a trasladarse a la víspera del 24 de junio, fiesta de San Juan, cuando la noche se llena de hogueras y tradición para celebrar, con retraso, la llegada del verano, la estación de la luz.
Las creencias relacionadas con la noche de San Juan son muy numerosas:
–Así, según se cree, en el exacto mo- mento en que el sol ilumina el amanecer del día 24, las aguas de fuentes y arroyos están dotadas de poderes especiales para curar y brindar protección a las personas.
Por esta razón los jóvenes bajaban a los ríos y se acercaban a las fuentes para bañarse o lavarse y de este modo “coger gracia”. Con el mismo sentido, se cogía agua antes del amanecer, se embotellaba o guardaba en cántaros para ser bebida.
–Quien se baña en el rocío que cae esa noche queda protegido durante todo el año.
–Meterse desnudo y de espaldas al mar, mirando la luna, permitirá, a quien lo haga, obrar ciertos prodigios.
–Quien se coloca debajo de una higuera
con una guitarra en sus manos puede apren- der a tocarla de forma inmediata.
–Los solteros y solteras que, al comenzar el 24, se asomen por la ventana de su casa, verán pasar al amor de su vida.
–Si se quema un papel donde se haya escrito aquello que se quiere olvidar, se puede lograr bienestar por todo el año.
–Quien madrugue el día 24 no pasará sueño el resto del año.
–En esta noche se puede presagiar la muerte. Así, si una mujer desnuda se mira de espaldas en un espejo, a media noche y con la luz de una vela, verá el momento de su muerte. De igual manera los hombres que salían a trabajar de madrugada se aso- maban a las acequias, balsas, fuentes…para observar si sus figuras relejaban una o dos cabezas, en este último caso el desdichado no vería otro día de San Juan. Parecida es la creencia según la cual si al despintar el día en el horizonte las personas veían dos sombras significaba que moriría ese año.
Del mismo modo era frecuente también la creencia de las “Encantás” cuando las mujeres, mirándose la cara en una acequia o una fuente, si se veían dos caras era pre- sagio de muerte.
–Muy conocidas son las “Enramás de San Juan” (o “los ramos de San Juan) en la que los jóvenes cantaban a sus amadas; después, además del ramo, se hacía un regalo sorpresa, bonico o feo, que las mozas guardaban o tiraban según fuera de su agrado.
–También en esta noche son numerosos los ritos y oraciones de curación o protec- ción y, al ser considerada una noche mágica, abundan los lugares donde se hacen lumi- narias y se baila alrededor de ellas
–En muchos lugares de la sierra se
“Echaban los mayos” en esta noche de San Juan y, utilizando elementos naturales del campo (hierbas, aire, tierra, agua), era posible saber si el hombre o novio del que
estaba enamorada la mujer le correspondía y también se podía augurar la fortuna de los pobladores del lugar.
–Lo mismo que el agua, también el aire de San Juan “tiene gracia” por lo que se ventean las prendas más íntimas y queridas para que durasen más.
–Numerosas especies vegetales obtienen efectos benefactores en esta madrugada por lo que son utilizados para obtener mejores cosechas; así ocurre, por ejemplo, con ramas de tomillo, romero, sabina… que se planta- ban entre los garbanzos para impedir que les afectara “la roña” (rolla).
–Son muy numerosos los ritos de pro- tección frente a tormentas o leyendas sobre el “Sol de San Juan” –que tiene poderes de curación siguiendo ritos muy antiguos–
como, por ejemplo, la curación de la ictericia llevando al enfermo, antes de la salida del sol, ante una higuera, se le hacía poner la planta del pie en la corteza del árbol, sobre ésta se trazaba su silueta con un cuchillo, se recortaba y volvía a atar al árbol con una cuerda, pero al revés; con ello el mal se introducía en el tronco del árbol y el enfermo sanaba.
EL FUEGO
Está presente a lo largo de todos los ciclos festivos en nuestra cultura y en la mayoría de nuestros pueblos aparece de uno u otro modo, siempre como un rito, a veces acompañado de retahílas y oraciones.
HACHOS Y TEAS
Típicos de la Ribera del Júcar y muy principalmente de Alcalá del Júcar son los
“Hachos” que consiste en hacer un manojo de esparto atado de tal forma que queda un extremo grueso y el otro estrecho hasta rematar en una soga por la que se sujeta a la mano. Al hacho se le prende fuego por el
extremo grueso y cogiéndolo por el otro se le hace girar para avivar el fuego, tradición que se lleva a cabo también en los días de San Antón, San Blas y La Candelaria, paseando por las calles y haciéndolos girar en distintas direcciones al tiempo que se canta: “Hacho pinocho que se queme la pipa de Pancho”.
En el Corpus, era costumbre hacer una custodia de teas enfrente del pueblo, en lo que se llama “la Trinchera”: se ponían unos palos en forma de trébedes y encima la custodia, a la que se prendía fuego por la noche.
LAS LUMINARIAS
Tradición de hace siglos, siguen vigen- tes. Al calor de la hoguera callejera que los amigos atizan continuamente se comen tortas de cañamones o tostones, corren las historias, los cuentos y los chascarrillos, incluso comentarios sociales y políticos jocosos o satíricos, más bien subidos de tono y caústicos, quizas por el calor. Una tradición que nunca desaparecerá porque el fuego es la vida y la lengua caliente es un animal que no para.
Aparte de los pueblos citados en otros capítulos, aquí nombraré a Ayna (Fiesta del Bolo), Fuenteálamo (hoguerita de San Marcos), Montalvos (luminarias), Povedilla (hoguera de los quintos), Ta- razona (hogueras de San Bartolomé), Villarrobledo (hogueras de San Antón), Alatoz, La Recueja y Elche de la Sierra (hogueras para San Blas y La Candelaria), Casas de Juan Núñez (hogueras de San Antón), Yeste, luminarias para San Antón, Santa Lucía y San Bartolomé), Pozohondo (hogueras), Molinicos (luminarias para San Antón y Santa Lucía), Bogarra, Peñas de San Pedro, Nerpio, San Pedro, Casas de Lázaro y Alcadozo (luminarias para Santa Lucía), Montalvos, Salobre y Villatoya (hoguerillas para San Antón, San Blas y La Candelaria) y Casas Ibáñez (luminarias para San Juan).
EL TORO DE FUEGO. BARRAX
En Barrax, en las fiestas de San Roque, se corre el llamado “Toro de fuego”, de origen mejicano y traído por un indiano sin fecha precisa. Consiste en un cajón o armatoste con cabeza de toro alrededor del cual se colocan petardos, bengalas y carretillas, un hombre se introduce en su interior persiguiendo al público con- gregado que corre para evitar quemarse.
Espectacular.