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Las conductas y actitudes ambientales

CAPITULO I MARCO TEÓRICO

1.2. Bases teóricas

1.2.4. Las conductas y actitudes ambientales

Para Morales (1990), la actitud es una “una predisposición aprendida, no innata, y estable, aunque puede cambiar, a reaccionar de una manera valorativa, favorable o desfavorable, ante un fenómeno u objeto (individuos, grupos, ideas, situaciones, etc.)”. En consecuencia, las actitudes ambientales, son las acciones favorables o desfavorables que se tienen hacia el ambiente, citando a Fishbein y Adjen (1975) quienes consideran que la conducta social humana no está determinada por motivos inconscientes o creencias irracionales y arbitrarias, donde el sujeto controla su propia conducta y actitudes, adopta juicios, evaluaciones y toma de decisiones. en base a la información que posee.

Berenger (2002), en su estudio “La medida de las actitudes ambientales:

propuesta de una escala de conciencia ambiental (Ecobarómetro)”, diseñó una herramienta que evalúa las dimensiones siguientes:

Variables personales a nivel específico, variables personales a nivel general, variables contextuales a nivel específico (norma social, información, facilitación).

Variables sociodemográficas (género, edad, nivel de estudios, nivel de renta y clase social percibida),

Temas ambientales (conservación y contaminación).

Los resultados del estudio muestran que, si bien, existe una elevada preocupación por el medio ambiente, ésta no es homogénea a nivel inter

actitudinal para la población. Berenger, demuestra la necesidad de evaluar en forma multidimensional y específica de las actitudes ambientales.

Berenger (1997), en su tesis doctoral “Actitudes y creencias ambientales, una explicación psicosocial del comportamiento ecológico”, plantea que la "crisis ambiental" de las últimas dos décadas ha empujado a los diferentes campos de conocimiento a realizar un esfuerzo por mitigar el impacto de la acción humana sobre el medio ambiente. En el caso de las Ciencias Sociales en general y de la Psicología en particular, el esfuerzo se ha dirigido al establecimiento de las variables, internas y externas al sujeto, que explican la relación entre el hombre y la naturaleza. El trabajo que se presenta plantea una revisión teórica, haciendo especial hincapié en las limitaciones más importantes. Para superar tales limitaciones el autor propone un modelo teórico centrado en los procesos de interacción entre las variables actitudinales y situacionales que caracterizan tanto a la "preocupación como al comportamiento" ambiental. En el apartado empírico se presentan dos estudios. El primero, eminentemente exploratorio, estudia los inconvenientes que se derivan de la utilización de parámetros generales como predictores del comportamiento ambiental, así como la interacción que se produce entre las actitudes generales con otras variables de tipo actitudinal y situacional. El segundo estudio, trata de comprobar los efectos de la interacción entre variables internas y externas en el comportamiento ambiental y en el valor predictivo de las actitudes.

Según Briñol (2001), en su estudio “actitudes y comportamiento social” de la Universidad Jaume” plantea que las actitudes son “evaluaciones globales y relativamente estables que las personas hacen sobre otras personas, ideas o cosas que, técnicamente, reciben la denominación de objetos de actitud”. De una manera más concreta, al referirse a las actitudes se “hace referencia al grado positivo o negativo con que las personas tienden a evaluar y juzgar cualquier aspecto de la realidad, convencionalmente denominado objeto de actitud. Las evaluaciones o juicios generales que caracterizan la actitud que pueden ser positivas, negativas, o neutras y pueden variar en su intensidad o nivel de polarización. Las actitudes cumplen funciones específicas, es decir, llenan necesidades psicológicas. En este sentido, se han identificado cinco funciones de las actitudes, entre otras la función de conocimiento. Mediante las actitudes

satisfaciendo así la necesidad de tener una imagen clara y significativa del mundo. Las actitudes ayudan al sujeto a entender y asimilar las informaciones que pueden resultar complejas, ambiguas e impredecibles.

Papalia (2009), establece que “las actitudes están compuestas de 3 elementos, el componente cognitivo (lo que piensa), el componente emocional (lo que siente) y la manifestación de los pensamientos y emociones (componente conductual).

Alea et al (2006), en su estudio sobre “Diagnóstico y potenciación de la educación ambiental en jóvenes de la Universidad de Pinar del Río-Cuba, manifiesta que la investigación, se incluye dentro de los esfuerzos por perfeccionar y sistematizar los métodos y técnicas para el diagnóstico y potenciación de la educación ambiental en jóvenes, a partir de la estimulación de procesos psicológicos de singular relevancia en la relación hombre - medio ambiente, tales como los cognitivos, afectivos, perceptivos, actitudinales y comportamentales. Partiendo de un diagnóstico previo que abarcó los procesos antes mencionados, se diseñó e implementó una propuesta de talleres de trabajo grupal, que se apoyó en los beneficios del grupo como potenciador de procesos cognitivos y afectivo - vivenciales, dirigida hacia la estimulación de la educación ambiental de los estudiantes. El punto de vista más común entre los analistas es que el individuo establece una jerarquía organizada de representaciones de su ambiente, tal como hace por ejemplo con los espacios de su hogar.

Para Ubillos et al (2004), una definición clásica de actitud es la establecida por Allport, que la consideraba ‘un estado de disposición mental y nerviosa, organizado mediante la experiencia, que ejerce un influjo directivo dinámico en la respuesta del individuo a toda clase de objetos y situaciones’ (Allport, 1935, en Martín-Baró, 1988). esta definición plantea ya algunas características centrales de la actitud (Vallerand, 1994): a) es un constructo o variable no observable directamente; b) implica una organización, es decir, una relación entre aspectos cognitivos, afectivos y conativos; c) tiene un papel motivacional de impulsión y orientación a la acción -aunque no se debe confundir con ella- y también influencia la percepción y el pensamiento; d) es aprendida; e) es perdurable; y, f) tiene un componente de evaluación o afectividad simple de agrado-desagrado. además, otros dos aspectos que se suelen integrar en los fenómenos actitudinales son: a) su carácter definitorio de la identidad del sujeto;

y, b) el ser juicios evaluativos, sumarios accesibles y archivados en la memoria a largo plazo (Zimbardo y Leippe, 1991). La actitud incluye tres componentes. El componente cognitivo, es el conjunto de información que el sujeto sabe acerca del objeto del cual toma su actitud. Un conocimiento detallado del objeto favorece la asociación al objeto. Para que exista una actitud, es necesario que exista también una representación cognoscitiva del objeto. En este caso se habla de modelos actitudinales de expectativa por valor, sobre todo en referencia a los estudios de Fisben y Ayzen, al componente conativo-conductual como “las sensaciones y sentimientos” que dicho objeto produce en el sujeto, es el sentimiento en favor o en contra de un objeto social. Es el componente más característico de las actitudes. Aquí radica la diferencia principal con las creencias y las opiniones. El sujeto puede experimentar distintas experiencias con el objeto estos pueden ser positivos o negativos.

De acuerdo a Alea (2005), las actitudes ambientales se definen como una predisposición del pensamiento humano a actuar a favor o en contra del entorno social, teniendo como base las vivencias, los conocimientos y los valores del individuo con respecto a su entorno. Asimismo, las actitudes ambientales cumplen las funciones de elección de ambientes; proceso que ayuda a seleccionar el ambiente donde se desea vivir, estudiar, trabajar, divertirse y desarrollarse. Dicha elección conlleva un proceso de reflexión, análisis y predicción de futuras consecuencias de su comportamiento. Esta elección está determinada por el nivel de satisfacción e insatisfacción de las necesidades individuales en dicho espacio. En segundo término, las actitudes ambientales protegen el entorno natural. Estas actitudes, coadyuvan a los individuos en la toma de decisiones en el uso y preservación del medio ambiente, por ejemplo, crear o formar parte de un grupo ecologista, o simplemente dejar de fumar, son expresiones favorables hacia el ambiente.

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