LAS OPERACIONES NAVALES
D. LOS OBJETIVOS ESTRATÉGICOS EN LA GUERRA NAVAL
En capítulos anteriores y al inicio del presente, quedó claro que el objetivo estratégico ulterior de la guerra del mar es el control del mismo, sea total o parcial de acuerdo a los objetivos de la guerra, y que está directamente vinculado a las líneas de comunicaciones marítimas. Todas las operaciones navales que se realicen estarán finalmente destinadas a lograr obtener tal propósito.
Sin embargo, en el párrafo anterior, pudimos apreciar que para obtener el dominio del mar, el control absoluto, es necesario neutralizar previamente la fuerza naval enemiga; se genera inclusive la teoría del primer objetivo y su consecuente orden cronológico de las operaciones. También se observó que esta teoría no debe ser aplicada en forma rígida, debiéndose evaluar la situación estratégica y la presentación de oportunidades de explotación del escenario existente, para lograr alcanzar los objetivos estratégicos de la guerra.
Por otra parte, en muchos casos para poder alcanzar la neutralización de la fuerza y hacer uso de las líneas de comunicaciones marítimas, es necesario contar con espacios terrestres que permitan proyectar la fuerza propia para obtener ambos o alguno de estos dos propósitos.
Como se puede apreciar, existe una interrelación entre los siguientes componentes, a los que denominaremos objetivos estratégicos naturales: Las líneas de comunicaciones marítimas, la fuerza y la posición.
En algunos casos, estos tres objetivos estarán tan fuertemente vinculados, que el hecho de alcanzar uno permitirá obtener los otros. En otras situaciones, se deberán ir alcanzando en forma secuencial, siendo requisito de uno el haber obtenido otro. La necesidad de ir alcanzando estos objetivos de forma consecuente con los objetivos militares y políticos de la guerra generará un orden cronológico de operaciones navales planificadas por el comandante operacional dentro de su maniobra estratégica.
A continuación, se ampliarán los conceptos de estos objetivos estratégicos y se expondrán algunos casos históricos que sirvan de ejemplo para un mejor entendimiento.
1. La posición estratégica
La posición estratégica tiene un carácter geográfico de repercusión militar o económica. Existen países que tienen una posición privilegiada que les permiten controlar directamente puntos focales de las líneas de comunicaciones marítimas, impidiendo su empleo al enemigo, y facilitando su explotación para preservar su flujo económico y logístico, y poder proyectar adecuadamente sus fuerzas. Otros países, sin embargo, de acuerdo a los objetivos de la guerra o su situación geográfica, se encuentran con una posición desfavorable, debiendo concretar la conquista de territorios que sirvan de soporte a las operaciones navales que deban llevar a cabo o neutralizar el accionar del adversario.
A continuación, se citan algunos ejemplos históricos:
Expansión marítima británica
Gran Bretaña, en el transcurso de la historia, ha procurado ocupar posiciones geográficas en las inmediaciones de los puntos focales de las líneas de comunicaciones marítimas existentes en el mundo, dentro de su expansión como potencia marítima mundial. Así pues, tenemos su propia presencia o de países de la Commonwealth (antiguas colonias británicas) en los siguientes estrechos, canales o pasos obligados:
Canal de la Mancha y acceso al Mar del Norte: La propia isla británica e Irlanda del Norte.
Estrecho de Gibraltar (acceso al Mar Mediterráneo): Peñón de Gibraltar.
Acceso a los mares internos del Mediterráneo, Canal de Suez y Mar Negro:
Malta y Chipre.
Cabo de Buena Esperanza: Sudáfrica.
Golfo pérsico: India y Pakistán.
Estrechos que unen los océanos Pacífico e Índico: Australia, Nueva Zelanda, Nueva Guinea, Papúa Nueva Guinea, etc.
Canal de Panamá: Belice, Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Jamaica y Guyana.
Estrecho de Magallanes y Cabo de Hornos: Islas Malvinas y Georgias.
Segunda Guerra Mundial: Campaña del Pacífico
Japón, después del intento fallido de destruir de un solo golpe a la fuerza naval norteamericana en el ataque a Pearl Harbor, requería de la conquista de las islas hawaianas como requisito para generar una amenaza tangible sobre los territorios continentales norteamericanos, poder proyectar sus fuerzas para controlar las líneas de comunicaciones marítimas del océano Pacífico oriental e impedir que los Estados Unidos puedan expandirse sobre el Pacífico occidental.
Asimismo, el intento de toma del atolón de Midway respondía a la necesidad de obtener una posición estratégica previa para efectuar el ataque sobre Hawái.
Después del combate de Midway, Japón, con sus fuerzas reducidas, trataría de mantener el control de las islas y territorios conquistados en el Pacífico occidental, para desde allí mantener sus líneas de comunicaciones marítimas necesarias para su economía y logística, y para hacer frente al avance de las fuerzas norteamericanas, empleando de alguna manera a las islas como “portaaviones fijos”.
Por su parte, los norteamericanos realizaron las campañas de saltos de isla en isla en el Pacífico con el único propósito de tomar bases de avanzada para ganar el control de los accesos marítimos para la recuperación de las Filipinas y la invasión de Japón.
2. Las líneas de comunicaciones marítimas
Las líneas de comunicaciones marítimas son el objetivo final y principal de la guerra en el mar; los otros dos, en todo caso, se encontrarán directamente relacionados y comprometidos en la obtención de éste. Sea que se busque la destrucción o neutralización de la fuerza adversaria o la conquista de una posición estratégica, el esfuerzo finalmente estará dirigido a la obtención del control de las líneas de comunicaciones marítimas, tal como pudimos apreciar en los anteriores ejemplos históricos y en los que se detallarán posteriormente.
Las líneas de comunicaciones marítimas tienen un carácter económico-militar. El control de estas generará una situación favorable para el sustento económico del país, de la logística y de la proyección de las fuerzas para el esfuerzo de la guerra; y de forma contraria, afectará negativamente en estos aspectos al enemigo.
En el desarrollo del conflicto, existirán operaciones navales que estarán directamente subordinadas a este objetivo, como es el caso de protección de convoyes logísticos, del tráfico mercante o de unidades de transporte de fuerzas expedicionarias.
A continuación, se presentan los siguientes ejemplos:
Segunda Guerra Mundial: Guerra del Atlántico
Las fuerzas aliadas establecieron la protección de las líneas de comunicaciones marítimas para mantener el flujo de suministros entre América y Europa por medio de los convoyes a los cuales se asignaron un gran número de buques de guerra para impedir el accionar de los submarinos y buques corsarios alemanes.
Es distinguible el hecho de que Inglaterra haya comisionado a tres de sus mejores cruceros de batalla para dar caza al acorazado de bolsillo Graf von Spee, a fin de finalizar los estragos que esta unidad generaba a su comercio y logística en el Atlántico sur.
Cabe resaltar que Alemania no tenía por objetivo la fuerza naval adversaria, sino directamente la negación del empleo de las líneas de comunicaciones marítimas a sus adversarios y el corte de suministros necesarios para su subsistencia y el esfuerzo bélico.
Guerra de Malvinas
El principal objetivo de las Fuerzas Navales británicas fue asegurar el transporte de las fuerzas expedicionarias y su desembarco en las Malvinas para la posterior reconquista de las islas. Este es un claro caso de objetivo sobre las líneas de comunicaciones marítimas militares.
Los británicos, para lograr esto, neutralizaron a la Armada Argentina con el hundimiento del crucero General Belgrano, y obtuvieron el suficiente control del mar para llevar sus fuerzas terrestres a desembarcar en las Malvinas.
3. La fuerza naval organizada
Este objetivo tiene un carácter netamente militar, y, como se apreció anteriormente, es la forma más lógica de obtener el control del mar, sea por la destrucción o la neutralización de la flota adversaria, teniendo de esa forma la total libertad de acción para llevar a cabo subsecuentes operaciones. Al respecto, ya se expuso lo suficiente sobre este tema, especialmente cuando se trató sobre la teoría del primer objetivo y del orden cronológico de las operaciones.
La historia tiene innumerables casos históricos sobre operaciones navales destinadas a la destrucción de las Fuerzas Navales del adversario y es en este orden donde se encuentran los más renombrados combates navales: Salamina, Lepanto, Trafalgar, Tsushima, Jutlandia, entre muchos otros.
También tenemos otras operaciones que buscan la neutralización de la fuerza organizada enemiga y no necesariamente su destrucción, como es el caso de algunos bloqueos militares o como en el caso de la Guerra de Malvinas, en que el hundimiento de un solo buque, el crucero General Belgrano, por un submarino nuclear británico provocó que toda la flota argentina se replegase a su puerto base.