6. Algunos arquitectos
6.1. Luis Lacasa y Manuel Sánchez Arcas
deporte y algunas residencias de estudiantes. La Facultad de Medicina estaba prácticamente terminada y el Hospital Clínicoy la Facultad de Odontologíatambién se encontraban con las obras muy avanzadas. La Sección de Cienciasse había cimentado y la Facultad de Derechoestaba en fase de proyecto. En esta situación estalló la Guerra Civil y con ella la casi total destrucción de los edificios. Al finalizar la contienda fueron reconstruidos, con fide- lidad, por los propios autores con excepción de los edificios de Lacasa y Sánchez Arcas que estaban exilados.
materializada, de su sentido constructivo y práctico, también aprehendido en la arquitectura humilde, popular, sin autor, donde lo racional nada tiene que ver con la moda sino con la solución de problemas cons- tructivos.
El funcionalismo americano, lo racional –sin connotaciones esti- lísticas– inherente a la arquitectura popular, el rechazo a la experi- mentación formalista de la vanguardia, y los ideales compartidos con unos hombres de su misma generación –los miembros del Grupo poético del 27–, son las coordenadas en las que se inscribe su arquitectura. A continuación pasamos revista a dos de sus mejores obras.
La Fundación Rockefeller(Véase Guía de Arquitectura, ficha n.o36). En 1928 Sánchez Arcas y Lacasa ganaron el Concurso para el Edificio del Instituto Nacional de Física y Químicapromovido por la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Cientí- ficas. Sería construido con la donación de la International Education Board (Fundación Rockefeller) en terrenos de los Altos del Hipó- dromo. El segundo premio fue para Agustín Aguirre y Miguel de los Santos. Este concurso tuvo una enorme trascendencia ya que los dos equipos ganadores fueron los elegidos por López Otero como arquitectos de la Ciudad Universitaria.
El edificio Rockefeller, paradigma del Funcionalismo Clasi- cistao Arquitectura sin Vanguardia, es un manifiesto contra la arquitectura que promovía Le Corbusier tan ajena a nuestro medio nacional. Resume, espléndidamente, la analogía que hemos tra- zado entre el pensamiento de estos arquitectos y los ideales del Grupo poético del 27, que establece una síntesis original entre polos opuestos: lo culto y lo popular; lo universal y lo español, la tra- dición y la renovación85. Es un edificio con todos los adelantos fun- cionales que no renuncia a la tradición. Representa el esfuerzo por conectar la realidad española, con los avances de las ciencias expe- rimentales. Simboliza una arquitectura culta, que integra los últi- mos adelantos de la técnica, y en la que perdura una cierta nostalgia de lo popular “con un lenguaje, que se emparienta con tantas cosas tradicionales”86como el uso de la fábrica de ladrillo, según la tradición española, que tanta importancia tendrá después en los edificios de la Ciudad Universitaria.
La característica principal de este edificio es la recuperación del clasicismo como método de composición aplicado a una rea- lidad compleja, que resulta del exhaustivo análisis de las condi- ciones de uso. Esta postura significa la búsqueda de un funcionalismo
“a la americana”, donde las necesidades del programa y de la téc- nica, están por encima de principios estéticos definidos a priori.
Con una tipología clasicista para la planta del edificio, se recha- za tanto un historicismo trasnochado, como las experiencias, a veces gratuitas, de la vanguardia.
El criterio que siguieron los autores es el funcional. Lacasa explica87que el edificio se proyectó con una trama modular nor- teamericana. La estructura de hormigón deja la planta libre para mover los tabiques según las necesidades. Estudian las cargas de los aparatos; las juntas de dilatación que absorban las vibracio- nes de los motores y los revestimientos que aíslen del ruido de las máquinas; las redes registrables de las instalaciones y la ven- tilación y renovación de aire viciado. Se trata, en definitiva, de “una arquitectura pensada para que todo resulte práctico y eficaz”88, según el proceso “del racionalismo americano de dentro afuera, y no del europeo de fuera adentro”89. Esto fue posible gracias al exhausti- vo estudio de las necesidades de un edificio de esas característi- cas. Ganado el Concurso y antes de la redacción del proyecto definitivo, los dos arquitectos, acompañados de los investigado- res Moles y Catalán, recorrieron Francia, Suiza, Alemania, Dina- marca e Inglaterra visitando instalaciones similares y recogiendo las experiencias más modernas entonces conocidas90. El resulta- do fue “un edificio total, a la vez que funcional y no exento de valores arquitectónicos, incluso monumentales en el mejor senti- do de la palabra. El valor doble del edificio se debe tanto a la ade- cuación del destino adjudicado como a la calidad de una realización racional o científica de la arquitectura, paralela a la de la Ciencia que se investiga dentro de su recinto. Nada más «parlante» que la armonía de su exterior y la correspondencia con el interior”91.
Al referirse a las fachadas, Lacasa dice que “no presentan nin- gún elemento superfluo […] Solamente en la portada hicimos una con- cesión, que creo es de poca monta, aunque confieso es innecesaria.
Se proyectó un orden alargado, del estilo llamado colonial norteame- ricano, y se hizo así pensando en que Rockefeller, que prohibe que su nombre figure en sus donaciones, tuviera un recuerdo, aunque fuera mudo”92. El “orden alargado” del pórtico, no era una vuelta al neocla- sicismo en un sentido historicista, ya que –como afirma Grassi– la “re- ferencia al elemento clásico de la arquitectura tiene un valor especial.
No se trata de una referencia cultural a una experiencia, a un momen- to de la historia, o sea, no se trata de un «neoclasicismo» en el sentido tradicional, sino que más bien se trata de una determinada estructura lógica que se integra, la consideración racional de las reglas de la ar- quitectura”93. No fue un contrasentido que estos arquitectos hicieran ese pórtico sino que, como hemos advertido anteriormente, les traía sin cuidado la imagen “moderna”
del edificio. Sus únicos intereses eran los funcionales. La imagen clasicista del pórtico enraíza más con una tradición de la que par- tir, que con el lenguaje de cita ar- queológica rechazado por ellos.
El Hospital Clínico de la Ciudad Universitaria (Véase Guía de Arquitectura, ficha n.o 42).
Sánchez Arcas era un experto en arquitectura hospitalaria cuan- do se planteó modernizar las infraestructuras sanitarias espa- ñolas. En 1926, junto con Laca- sa y Solana, ganó el Concurso para el Hospital de Toledo. En 1928 recibió el encargo del Clí- nico de Madrid, aunque hasta
1931 no redactó el proyecto definitivo. En 1929, ganó con J. Arnal, el Concurso para el Hospital Español de la Beneficenciaen Méji- co. En 1930, también con Lacasa, ganó el Concurso para el de Logro- ño; y, por último, en 1933 participó con Aizpurúa, Labayen y Lagarde en el Concurso para el de San Sebastián.
Villa de Monticello. Charlottesville (Virginia). T. Jefferson, 1796-1809
Con el Clínicode la Ciudad Universitaria de Madrid, por primera vez en España, se quiso realizar un edificio que cumpliera el doble fin de enseñanza y hospitalización. Con tal motivo, en diciembre de 1928, Sánchez Arcas emprendió un viaje de tres meses por Estados Unidos y Canadá, acompañado por De los Santos –que proyectaría las Faculta- des de Medicinay de Odontología– para estudiar, sobre el terreno, las últimas y más modernas realizaciones de esos países94.
A la vuelta de ese viaje, Sánchez Arcas publicó un elogioso artí- culo sobre el Medical Centerde Nueva York, obra de Gamble Rogers95. Según recuerda De los Santos, ese centro fue una de las múltiples ins- talaciones médicas que visitaron96. El Medical Center, inaugurado en 1928, alojaba además de la Escuela de Medicina y Cirugíade la Uni- versidad de Columbia, clínicas y hospitales. Era el ejemplo más mo- derno y con mayor pa-
recido a lo que se pre- tendía hacer en Madrid, y no cabe duda que in- fluyó notablemente en su concepción. El aná- lisis que hace del com- plejo médico, es, ex- clusivamente, de los problemas funcionales y técnicos, omitiendo cualquier comentario acerca del estilo, de las fachadas o de la deco- ración. Destaca de es- tos edificios la claridad de la disposición gene- ral y la facilidad con que circulaciones tan complejas se encauzan en las tres partes prin- cipales del complejo médico: Policlínica,
Medical Center, plantas.
Nueva York. J. G. Rogers, 1928
Hospital y Facultad, y lo considera como la solución más radical y brillante de las conseguidas hasta entonces. Estudia las distintas opiniones acerca del número de camas que debería tener un hospital, en cada planta (que fija en ochenta) y en su conjunto. Analiza también algunos problemas técnicos: ventilación, calefacción, materiales, absorción de vibraciones y sonidos…
El Medical Centerfue el modelo para el Clínicode Madrid. Se concibió de forma análoga al hospital neoyorquino: un único y gran edificio que agrupaba las diversas funciones evitando los pabellones inconexos. Es de notar el parentesco en la distribución de las plantas de hospitalización que están formadas por alas paralelas con tres crujías y unos elementos sa-
lientes en forma de peine, en los que se disponen las habita- ciones colectivas. En la cabecera de estos peines se sitúa el ca- racterístico solarium común al Medical Center, al Clínico, al de Logroño y al de San Sebastián; inclu- so también al pro- yecto que Pedro Mu- guruza hace para el citado Concurso del Hospital donostiarra.