1. ELEMENTOS TEÓRICOS
1.5. Manifestación de los conflictos: intercomunitarios, intracomunitarios,
27 la lucha de los oprimidos, quienes veían en el dictamen o resolución la concreción de la justicia y la distribución de la mayor de las riquezas: la tierra.
1.5. Manifestación de los conflictos: intercomunitarios, intracomunitarios,
28 llegando a ser coprotagonistas directos de las demandas. Las controversias quedan delimitadas entonces como intracomunitarias, intercomunitarias, institucionales- comunitarias y pequeños propietarios-comunitarias.
Simmel (2014) analizó los conflictos que surgen dentro de asociaciones íntimas, como es el caso del matrimonio, mismo que puede ser aplicado al estudio y entendimiento de colectividades con una identidad arraigada. Al respecto expresa que
es imposible que en comunidades muy íntimas (…) no surjan ocasiones de conflicto. No ceder nunca a ellas, previniéndolas ya de antemano y por la mutua condescendencia cortándolas antes de que surjan, no es cosa que proceda siempre del más genuino y profundo afecto. (…) El que está seguro de que su sentimiento es irrevocable y absoluto (…) sabe que nada puede conmover la base de la relación. Cuanto más fuerte es el amor, más puede soportar los choques.
(págs. 283-284)
En efecto, las sociedades o grupos con mayor grado de cohesión e identidad resisten y toleran mejor las contiendas, en tanto que procuran la resolución de éstas con el menor de los daños. El sentido de solidaridad entre los miembros de esta asociación es tan alto que su estructura no se ve afectada, de modo que el resultado es contrario, pues antes que una división provoca una mayor unidad. Empero, los grupos con lazos superficiales terminan por disolverse ante las situaciones de distención que enfrenten, más aún, Simmel (2014) apuntó que las disputas se tornan virulentas por el recuerdo del estado previo de armonía y porque los sectores en conflicto pretenden distinguirse uno del otro, intentan aferrarse y defender su posición de forma radical. De ello se desprende la explicación de las posturas de los grupos en conflictos intracomunitarios, que son más enzarzados que entre grupos dispares.
Es necesario enfatizar que los conflictos son resultado de la toma de conciencia, no son acciones viscerales ni momentáneas, en tanto que persiguen la modificación del estado de cosas y la defensa de sus particulares intereses. De acuerdo con el análisis de Kriesberg (1975), en un conflicto social hay dos formas de llegar a la conciliación, una de ellas es la persuasión y la otra es denominada como “recompensa contingente”, referida
29 a un estímulo positivo proporcionado por una de las partes sobre la otra, se trata de ceder sobre ciertas diferencias para llegar a un mutuo acuerdo.
Josep Redorta (2007) señala que todos los conflictos siguen una estructura, un ciclo que tiene tres puntos cumbre: la escalada, el estancamiento y la desescalada, los cuales definen el desarrollo de la contienda. En este sentido, Mercado Maldonado y González Velásquez (2008) diseñaron un esquema basado en las aportaciones de Redorta:
Ilustración 1. Ciclo básico del conflicto. Fuente: Mercado Maldonado & González Velásquez, “La teoría del conflicto en la sociedad contemporánea”, Espacios públicos, 2008.
Bajo estos señalamientos, se observan diversos factores que confluyen en la duración del conflicto. En primer lugar se aprecian las “expectativas al alza”, entendidas como “(…) una situación de ambigüedad respecto del poder que se atribuyen los contendientes (…)”
(Redorta, 2007, pág. 53), es decir, como la fase en la que los grupos en disputa se asumen con cierta capacidad de recursos que les podrían permitir la victoria y alardean sobre ello con el grupo en oposición.
El lapso de estancamiento se advierte cuando “(…) del proceso de «competición» se intenta pasar a un proceso de «cooperación» (…)” (Redorta, 2007, pág. 54), debido principalmente a cuatro elementos: fallo de las estrategias empleadas, extinción de recursos, pérdida de apoyo de grupo y los altos costos; sin que ello implique
Expectativas al alza
Desescalada
Cambio de lideratos Potenciales Pausas y concesiones Estancamiento
Escalada
Larga duración Costos altos Agotamiento de
recursos
30 necesariamente la eliminación del conflicto inicial, sino sólo una suspensión con posibilidades de reactivación.
Finalmente, la desescalada aparece en el momento en que hay un “incremento de la interacción, construcción de momentos o espacios de pausa en el conflicto con el inicio de pequeñas concesiones mutuas, la generación de objetivos comunes superiores y las concesiones unilaterales” (Redorta, 2007, pág. 55), en otras palabras, cuando se presenta mayor cooperación y ambas partes ceden.
Las categorías sobre el conflicto referidas en este trabajo resuelven, hasta cierto punto, la tipificación sobre la que han trabajado diversos investigadores, en tanto que “(…) los conflictos son difíciles de estereotipar y las clasificaciones intentadas muchas veces son demasiado simples para que sean operativas para el interventor o demasiado complejas (…)” (Redorta, 2007, pág. 70). Agrupamos de esta forma a los conflictos en cuatro grandes grupos: intercomunitarios, intracomunitarios, institucionales-comunitarios y pequeños propietarios-comunitarios; de los cuales ya se abordaron los dos primeros.
En el medio rural, los conflictos con las instituciones se crean cuando son ellas quienes no intervienen de forma expedita en las situaciones de incertidumbre con respecto a la tierra. Nos referimos en este caso a las solicitudes de tierra, a las controversias por colindancias o a las posesiones ilegales de terrenos. Es en este último punto en donde caben los conflictos con los pequeños propietarios, pues son ellos los directamente afectados, creándose así un círculo de interacción y demandas entre las dependencias gubernamentales, los campesinos y jornaleros, y los pequeños propietarios.
Las situaciones no resueltas se vuelven un centro permanente de combate, son zonas latentes que a la mínima hostilidad resucitan problemas añejos. Sin embargo, la hostilidad no explica por sí misma todas las aristas de los conflictos, pero sí actúa como catalizador de éstos (Tejerina Montaña, 1991), desatando grados incalculables de violencia y efectos adversos para las partes involucradas.
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