2. PROBLEMAS AGRARIOS EN EL MÉXICO DEL SIGLO XX
2.4. Movimientos campesinos en demanda de tierras
50 (…). Entre 1934 y 1940 (…) el promedio se elevó a 3.6 ha equivalentes de riego o 7.2 de temporal (…). Entre 1947 y 1964 (…) los dotados recibieron superficies equivalentes superiores a 5 ha de riego (…). Durante la presidencia de Ruiz Cortines se alcanzó el promedio más alto, 7.8 ha equivalentes de riego (…). Con el presidente Díaz Ordaz (…) la superficie promedio de riego equivalente bajó a 4 ha; con Luis Echeverría, a 2.1; la misma con López Portillo y apenas 1.4 con De la Madrid. (págs. 62-63)
51 se organizaron por la defensa de los recursos naturales, la demanda de apoyos para la producción y la lucha por mejores salarios, exigido por organizaciones como la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC), anteriormente conocida como Central Campesina Independiente (CCI), pero que cambió de nombre en 1975 (Ortiz Mendoza, 1978).
La lucha por la tierra siguió constituyendo una exigencia dominante, tan así que durante la década de los setenta empezó la toma de oficinas de la Secretaría de la Reforma Agraria en Veracruz, Oaxaca y Puebla; la lucha de los cañeros y la democratización de la CNC; la lucha indígena en Chiapas; el combate contra los especuladores de tierras en Guerrero, Morelos y el estado de México; además de las invasiones de tierras que cubrieron todo el país (Flores Lúa, Paré, & Sarmiento, 1988), causando una represión de proporciones mayores y la tipificación de las invasiones como delito federal.
Fue en esta década que se emitió la Ley Federal de la Reforma Agraria de 1971, que sustituyó el Código Agrario de 1942, la cual estaría vigente hasta 1992. Aún con la proclama de leyes y adiciones, el movimiento agrario se generalizó en 1972 y el estallido de invasiones se convirtió en el pan de cada día: Sinaloa, Tlaxcala, Puebla, Guanajuato, Querétaro, Jalisco, Guerrero, San Luis Potosí, Zacatecas (Robles & Moguel, 1990), pero también Chiapas. Se gestaron organizaciones campesinas como la COCEO, UCI, FPZ, COCEI, CNPA, OCEZ, UCEZ y COMA, entre otras asociaciones.
Tabla 2. Surgimiento de las organizaciones campesinas con alta actividad en México
Año de creación Organización Campesina
1949 Unión General de Obreros y Campesinos de México (UGOCM) 1959 Asociación Nacional de Productores de Caña de Azúcar 1963 Central Campesina Independiente (actual CIOAC)
1969 Sindicato Nacional de Trabajadores Asalariados del Campo 1972 Unión Obrera-Campesina-Estudiantil de Oaxaca
1973 Campamento Tierra y Libertad (SLP) 1974
• Unión Campesina Independiente (Puebla y Veracruz)
• COCEI
• Alianza Campesina 10 de abril (Chiapas)
52
• Movimiento Nacional Plan de Ayala (Morelos/MNPA) 1975
• Coalición de Ejidos Colectivos de los Valles del Yaqui y del Mayo
• Federación Independiente de Comunidades Indígenas Mayos 1978
• Unión Nacional de Ejidatarios, Comuneros y Pequeños Propietarios Minifundistas
• UCEZ 1979
• CNPA
• UCEZ (Michoacán) 1980
• Unión de Uniones Ejidales y Grupos Campesinos Solidarios de Chiapas
• URECHH
• OACI-13
• OZMB
• UPM
1981 FNOA
1982 OCEZ
1983
• UELC (Nayarit)
• Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas Regionales Independientes
• OPISEM
1985 Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos aportados por Flores Lúa, Paré, & Sarmiento, Las voces del campo. Movimiento campesino y política agraria 1976-1984, Siglo XXI, 1988 y Mejía Piñeros &
Sarmiento Silva, La lucha indígena: un reto a la ortodoxia, Siglo XXI, (3ª. Ed.), 2003.
El derecho a acceder a la tierra se sigue considerando hacia los años ochenta como una potestad sagrada impresa en la Constitución. No es una opción sino un derecho conquistado a sangre y fuego. La línea sobre la que siguen muchas organizaciones agrarias consolidadas y emergentes es la defensa de ese derecho supremo, ya sea de forma regionalizada o nacional, a través de las sociedades campesinas que se niegan a desaparecer frente a la represión del Estado. La burguesía agraria de la década de los setenta y ochenta logró frenar el proceso de reparto, pero la articulación del movimiento campesino siguió hasta alcanzar la esfera nacional conformando las grandes
53 asociaciones como la CNPA, que aglutinó todas las demandas y encauzó el movimiento del campo.
Una explicación de la movilización efervescente y la toma de tierras lo constituye los miles de expedientes en lista de espera. 180,000 acciones agrarias estaban pendientes de ejecutar casi al finalizar la década de los setenta (Flores Lúa, Paré, & Sarmiento, 1988).
Si la vía legal no estaba operando lo único que quedaba era la movilización, la agitación para agilizar la entrega de tierras.
Las centrales campesinas oficiales desconocían la movilización de su base y los conminaban a la resignación. Las represalias del aparato gubernamental limitaron el empoderamiento y la fuerza campesina. Los vencedores de siempre eran los que conformaban a la burguesía agraria, que orquestaban grandes actuaciones en conjunto con las dependencias agrarias y el gobierno en turno, aparentando expropiación de bienes, pero en realidad eran maquetas armadas para conservar las mejores tierras u otras propiedades. Por ejemplo,
(…) cuando Ramírez Mijares [líder de la CNC] anunció, en agosto de 1978, la expropiación de los latifundios de Gonzalo N. Santos, de Robles Martínez y de Reyes García (…). En el caso de Reyes García, éste de manera voluntaria ofreció donar 20 mil hectáreas de su propiedad con el propósito de que no le fueran tocadas otras tierras que poseía en otras regiones del país. (Flores Lúa, Paré, &
Sarmiento, 1988, pág. 62)
En variadas ocasiones la lucha por la tierra se agrupó con la defensa de los pueblos indígenas, pues aparte de sus reivindicaciones étnicas y culturales, estos grupos peleaban por el reconocimiento y protección de sus tierras. El movimiento del campo era claro: la afronta contra el Estado y la burocratización; para tal efecto necesitaba de la fuerza de otros sectores de la población, como los estudiantes, los sindicatos de ferrocarrileros y de electricistas, para enfrentar efectivamente a la estructura de poder (Reina, 2011).
54 Fue así como se formaron las organizaciones que aglutinaron a estas esferas, como la COCEI en Oaxaca que ha luchado por la sindicalización de los obreros, el respeto de la cultura del pueblo zapoteca, la educación básica bilingüe, la regularización de la tenencia de la tierra y la democratización del pueblo (Mejía Piñeros & Sarmiento Silva, 2003). La persistente toma de tierras y la lucha por el acceso a ellas pusieron de relieve el rezago agrario, la corruptela de las autoridades agrarias y descubrieron la verdadera cara del gobierno nacido de la Revolución: la violencia.