3. ASPECTOS MATERIALES Y TÉCNICOS DE LA ELABORACIÓN DE
3.1. MATERIALES Y TINTES
La materia prima empleada en las alfombras provinciales era mayoritariamente la lana de oveja. Se solía usar en algunas ocasiones, y esto es quizá propio de algunos talleres o localidades determinados, el pelo de cabra para la confección de la urdimbre y de la trama. A partir del siglo XVIII, en las últimas fases de nuestras manufacturas, se utilizó el yute y también el lino para elaborar los elementos mencionados. La hebra con la que se hacían los nudos siempre era la lana, excepto en contadísimas ocasiones que se hacía con pelo de cabra.
Los ganados lanar y cabrío abundaban en los términos de las localidades producto- ras de alfombras y en algunas de ellas, como Chinchilla y Alcaraz, constituían una fuente de riqueza de suma importancia.
En los siglos XIV y XV una de las mayores riquezas de Chinchilla era la ganadería ((Los grandes rebaños de la ciudad no sólo se apacentaban en estos campos, sino que solían acudir en busca de pastos de invierno a tierras mucho más le- janas. Así el 12 de Marzo de 1384 se resolvía un pleito ante la Corte del Rey Juan 1 de Castilla, suscitado entre el Concejo de Chinchilla y la Ciudad de Murcia, sobre los inmensos ganados (más de 70.000 cabezas) que enviaban los vecinos de Chinchilla a apacentar en el campo de Cartagena y a los tér- minos de Lorca y Librilla. Todo esto era la principal causa del engrandeci- miento de Chinchilla, que en aquellos tiempos estaba considerada, sin con- tar Lorca, como la segunda población de todo el Reino de Murcia, por enci- ma de Villena, Cartagena, Mula y otras poblaciones importantes» 364.
En el siglo XIV, el ganado era, quizá, la principal riqueza del Concejo de Alcaraz.
Las rentas de herbaje y paso constituían un importante ingreso. La preponderancia económica de esta actividad fue motivo de graves conflictos 161 y a partir de mediados del siglo XIV fueron continuos los enfrentamientos planteados entre dos formas de pensar y de vivir (agricultores y ganaderos) que continuaron en Alcaraz hasta bien
364 FUSTER RUIZ—Op. cit. Pág. 175.
365 PRETEL MARIN.—Una ciudad... Op. dl. Págs. 60 y 61.
entrada la Edad Moderna, cuando la ciudad entró en el rápido declive que la converti- ría en la empobrecida que hoy es, a pesar de las ordenanzas y sentencias reales que se fueron repitiendo.
Superando las dificultades, la ganadería alcaraceña experimentó un amplio de- sarrollo y a mediados del siglo XV
«...eran abundantes los rebaños, algunos de ellos de varios millares de cabe- zas, que venían a los ricos pastos alcaraceños desde villas cercanas, como el Provencio, Yeste, Hellin, Chinchilla, etc. y aún desde ciudades de Castilla la Vieja, más interiores y alejadas. Ello no resulta extraño en absoluto, si tene- mos en cuenta que por el alfoz alcanzaba a pasar una rama descendente de la cañada manchega de la Mesta, que bajaba desde las altas tierras de Cuen- ca hasta Sierra Morena y el Campo de Montiel»366.
De los otros centros productores de alfombras, Letur, Liétor, Hellin... tenemos menos noticias. Sin embargo, ya hemos visto cómo en las Relaciones de dichas pobla- ciones, aunque indiquen pobreza económica, siempre figura la ganadería como fuente de riqueza importante de los moradores.
En Alcaraz y Liétor son numerosos los protocolos notariales que documentan el importante comercio de animales y lana y en general son multitud los documentos, protocolos y ordenanzas que prueban la existencia de gran número de cardadores, peinadores, urdidores, tejedores, etc. que trabajaban esta fibra, aunque es muy poco frecuente encontrar entre ellos el de tapiceros o alfombreros como ya hemos visto an- teriormente.
Atendiendo a la documentación encontramos tres tipos de lana. En los protocolos alcaraceños se distinguen dos tipos: la bellori, más fina y que alcanzaba mayor precio, y la burel. En los protocolos del escribano de Liétor, Pedro Belmar, se expresa con mucha frecuencia en las operaciones de compra-venta el concepto «...lana grosera de alfonbras... »367 de lo que parece desprenderse que se utilizaba un determinado tipo de lana para la confección de las alfombras y que el tipo no era de la mejor calidad. No obstante, esta expresión sólo la encontramos en este notario y creemos que en la ma- nufactura de ellas se elegirían calidades y que las denominaciones de común, entrefina y fina estarían estrechamente relacionadas con la clase de lana que se empleaba en el tejido.
Los vellones tenían características diferentes (longitud, grosor, color, etc.) y había que clasificarlos. Luego de un mismo vellón se obtenían calidades distintas y los mechones tenían que separarse de uno en uno agrupándolos en montones según la si- militud. No tenemos noticias referentes a la zona pero
.los ordenamientos urbanos más estrictos exigían al menos la obtención de cinco clases diferentes, especificando concretamente la calidad de la lana. )»)368
Por ello, creemos que según la finura y precio de la alfombra a tejer, el artesanado elegiría la lana adecuada y quizá la «. . .Iana grosera... » de los documentos esté sólo en función de una calidad de alfombra concreta a la que denominaban común, que era corriente en los talleres de Liétor y Alcaraz desde mediados del siglo XVI, o también
366 PRETEL MARIN.—Una ciudad... Op. cit. Pág. 106.
367 A.H.P.Ab. Sección Protocolos: Lietor. Escribano Pedro Belmar. Legajo n.° 720.
368 IRADIEL MU RUGAR REN.—Evolución de la industria textil castellana en los siglos XII al XVI. Univer- sidad de Salamanca. 1974. Pág. 188.
que ésta fuera destinada a los elementos bases para la duración y la resistencia del teji- do como eran la urdimbre y la trama que no se veían una vez terminada.
Las ordenanzas municipales regulaban el proceso artesanal de los oficios. Creemos que ocurriría así con la tejeduría de alfombras anterior a la mitad del siglo XVII. Por documentación y bibliografía tenemos referencias de que en el XVIII ya no las había porque se habían perdido y que la elaboración se realizaba sin tenerlas en cuenta.
No hemos encontrado estos ordenamientos del principal centro de producción que fue Alcaraz, a pesar de tener su Archivo Municipal casi completo, aunque sí acuerdos aislados del Concejo que hacen mención de esta vigilancia en la elaboración de al- fombras. Tampoco hemos encontrado ordenanzas de Letur y Liétor. Por el contrario, hemos conseguido y estudiado las de oficios textiles de Chinchilla` aunque la regla- mentación que se refiere a las alfombras es muy reducida y marginal. Son una buena colección de documentos del siglo XV, contemporáneos, pues, de la mejor época de la tejeduría que nos ocupa y que nos permiten conocer algunas operaciones preparato- rias hasta llegar a la fabricación de la hilaza y las madejas y hacernos una idea aproxi- mada de los tintes que se empleaban entonces.
Los tintes de Chinchilla pasaban por ser de alta calidad en época de dominación musulmana y ya hemos visto la referencia concreta a ellos en el texto de El-Edrisi
«.. .se fabricaban tapices de lana que no podían ser imitados en otras partes circunstancia que depende de las cualidades del aire y de las aguas»
Se ponen de relieve las condiciones favorables para la calidad del color del tintado.
Alcaraz tuvo una potente industria tintorera en función del gran desarrollo que to- maba la industria textil de la ciudad. La importancia de estas manufacturas atrajo a expertos maestros tintoreros aragoneses que la mejoraron hacia comienzos del último cuarto del siglo XIV. De 1379 conocemos el nombre, Juan López, del dueño de una de las principales instalaciones tintoreras de Alcaraz 370.
Conocemos tres Ordenanzas de tintoreros de Chinchilla y están fechadas en
1484371, en 1496372 y en 1499373 . De su estudio podemos obtener una serie de conoci- mientos.
El tintado se podía realizar sobre la lana, después del lavado, o sobre la madeja.
En el primer caso la lana se tintaba y después se hilaba y ovillaba.
El segundo, el tintado de la madeja, debía ser el comunmente realizado y aparece detallado en las ordenanzas y recogidos los precios de la operación según el color que se diese. Los hilos de las alfombras que aún existen, especialmente los gruesos, no tienen una coloración uniforme. Al ser teñida la lana en madeja el tinte no penetraba por igual en el interior de los hilos lo que tenía como consecuencia que las fibras exte- riores apareciesen en su justo color mientras que las interiores presentaban la gama de colores próximos que hacía que el espumillado presentara un aspecto que no tienen las alfombras actuales que con los modernos tintes y los nuevos procedimientos in- dustriales tienen teñidas uniformemente las fibras. Esta irregularidad del colorido es, segun Ferrandis 374 , uno de los mayores atractivos de nuestras alfombras antiguas.
369 SANCHEZ FERRER, J. y CANO VALERO, J.—La manufactura... Op. cit.
370 PRETEL MARIN.—Una ciudad... Op. cit. Pág. 62.
371 SANCHEZ FERRER y CANO VALERO.—La manufactura... Op. cit. Pág. 119 y Ss.
372 IDEM. Págs. 173 y ss.
373 IDEM. Págs. 167 y 168.
374 FERRANDIS.—Cata!ogo... Op. cit. Pág. 21.
No toda la lana se empleaba teñida. Para los colores blanco, marfil y, a veces, el negro se solía emplear el color natural. La urdimbre, la trama y las orillas de las al- fombras generalmente no se teñían y cuando se hacía con alguno de estos elementos era para dar referencia de taller o población y no para dar colorido. Tenemos docu- mentadas muy pocas alfombras en las que trama y urdimbre estén tintadas con el mis- mo color que el fondo con lo que se aprecia ya una intencionalidad cromática.
Antes de la reglamentación de los oficios se debieron utilizar fórmulas caseras y personales de cada artesano que debieron transmitirse de generación en generación.
Tras la formación de cofradías de oficios y gremios se aplicaron fórmulas de base para todos los tintoreros las que, posteriormente, fueron recogiéndose en manuales y trata- dos.
Según las Ordenanzas citadas, los colores que se empleaban en Chinchilla, y cree- mos que en el resto de las poblaciones que estudiamos, básicamente eran tres, el azul, el rojo y el amarillo. Con la mezcla, superposición y mayor o menor saturación de la materia tintante se conseguía la gama del mismo color o los colores compuestos.
Las materias primas necesarias para el tintado podemos dividirlas en dos clases: las sustancias fijadoras o mordientes y las sustancias colorantes.
La mayoría de los colorantes que empleaban necesitaban de un vehículo interme- dio para ceder el color. Dicho vehículo era una de las sustancias citadas en primer lu- gar, el mordiente.
Los mordientes preparaban la lana mediante la adición de sustancias químicas para que luego pudiera adherirse mejor el color definitivo y resultara más sólido. La utiliza- ción de distintos mordientes con un mismo tinte daba como resultado una gama de co- lores diferentes.
El principal producto para fijar los tintes, sin dañar la lana, era el alumbre. Los es- tatutos de los tintoreros establecen su empleo como insustituible en las tintadas de alta calidad. En el Ordenamiento de los Tintoreros de 1484 encontramos una indicación del uso de este mordiente
.que las brunetas sean lumynadas. ..
Se empleaban distintas calidades de alumbres que podemos diferenciar en importa- dos y castellanos 376 . Los más apreciados y, por ello, los más caros fueron los importa- dos, especialmente los de Asia Menor. Entre los castellanos el más importante fue, quizá, el de Mazarrón, monopolio del Marqués de Villena y que circulaba ampliamen- te por Castilla, Corona de Aragón e incluso que exportaba al exterior. No tenemos re- ferencias en las ordenanzas chinchillanas a este respecto pero pensamos que sería dicho alumbre el que se emplearía en estas tintorerías por la cercanía de la producción y por tener durante muchos años al Marqués de Villena como señor, aunque no siempre tuvieran unas relaciones pacíficas hasta el punto de que la ciudad tomó parti- do por los Reyes Católicos en contra del Marqués hasta que, tras diversas alternativas y vicisitudes, en 1480, formalmente ya lo era de hecho en 1476, pasó a tierra de realen- go 377.
Además de este alumbre castellano hay que pensar en el que suministraban los ge- noveses. Estos mercaderes, primero con la explotación y monopolio de los yacimien- tos de Focea y después con el control del alumbre italiano, se convirtieron en los pri- 375 SÁNCHEZ FERRER y CANO VALERO.—La manufactura... Op. cit. Pág. 151.
376 IRA DIE L.—Evo!ución... Op. cit. Pág. 175.
377 FUSTER RUIZ—Aspectos... Op. cit. Págs. 175 y 176.
meros productores y abastecedores de esta materia prima con importaciones conside- rables a través del puerto de Cartagena` que extenderían y comercializarían en toda la región.
Un corrosivo menos efectivo, aunque tolerado y extendido en la industria textil chinchillana era la «cendra» o ceniza que se utilizaba para preparar los tintes de cali- dad corriente y como sustancia obligatoria en la tintura con pastel. Este producto pro- venía de las cenizas de madera o quema de troncos de árboles y parece ser que las zo- nas litorales mediterráneas se especializaron en su producción.
En algunas Ordenanzas de Cuenca del siglo XV` se encuentran referencias a la
«cendra de Hellín» que se vendía a precios bastante bajos y podría ser esta la proce- dencia de parte de la utilizada en la zona. No obstante, este producto era objeto de un activo comercio en manos, principalmente, de mercaderes alemanes que se aprovi- sionaban en los bosques de los paises bálticos. Este comercio aparece documentado en el Ordenamiento de la Renta de la Almotacenia de Chinchilla de 1491. Cuando trata de «Los derechos que an de llevar los almotacenes a los estrangeros de lo que conpra- ren o vendieren» cita expresamente la «zendra» por la que había que pagar
«. . . una blanca con tanto que no suba de seis maravedis por cada vez que se vendiere o conprare...
Generalmente, unido al alumbre y para intervenir en la tintura del negro o colores muy oscuros se empleaba el tarta¡ 311 que apretaba las fibras y hacía más compacta la tinta que se daba sobre ellas dando brillantez y uniformidad al color. Se obtenía ras- cando el depósito de la uva del fondo de las cubas de vino.
La cal y todas las sales calizas también se empleaban como mordientes, especial- mente en los azules, que avivaban. En la citada Ordenanza de Tintoreros de 1484 se dedicaba un apartado a los caleros
• . mandaron que los caleros nyn otra persona algunna que vendiere cal que non la venda mas de veynle maravedis la carga e Cinco maravedis de traer e que sean de medida antigua so pena de dies maravedis por cada una carga que demas vendiere para el veedor e que sea asy por sabida commo por to- mada e que la tal cal sea bien quemada» 382.
El hecho de que se adquiriera por cargas y no por arrobas, que era lo ordinario en los productos tintóreos, nos indica el gran empleo que se hacia de ella y que estaba di- rectamente relacionado con la tintura del pastel, la más frecuente e importante de las que se realizaban.
Las sustancias colorantes eran muy numerosas y todas vegetales excepto la grana y la cochinilla que eran de origen animal. Los productos más importantes que se em- plearon hasta el siglo XVII fueron el pastel, la rubia, el brasil y la grana. De calidad inferior eran la orchilla y el zumaque.
Todos ellos aparecen ya relacionados en el Fuero de Alcaraz y sujetos al pago del portazgo
378 TORRES FONTES.—Genoveses en Murcia (s. XV). Miscelánea Medieval Murciana. Vol. H. 1976.
Pág. 78.
379 IRADI EL. —Evolución... Op. cit. Pág. 178.
380 SÁNCHEZ FERRER y CANO VAIERO.—La manufactura... Op. cit. Pág. 137.
381 IDEM. Pág. 151.
382 IDEM. Pág. 152.
«. . Del arroua de la grana o del annir...
Del arroua del çumac...
Del arroba de las agallas...
De la libra de açafran...
De la libra de bermeion.
De la libra del azul.
De la libra del brasil... »383
y en las Ordenanzas del Marqués de Villena, 1380 n las que se refieren a las villas de Almansa y Chinchilla, cuando se indican los productos que deben pagar portazgo mencionan varias de estas sustancias tintantes
«. . . ala por ... ruuia molyuda ... tierra de Manizes e ruuia ... e alhonbras ... e pastel e tintas... »384
También los hallamos en su totalidad en las diferentes Ordenanzas de los Tintore- ros de Chinchilla, excepto la grana, y en el citado Arancel del Ordenamiento de la Renta de la Almotacenia de Chinchilla se detallan los derechos que debían cobrar los almotacenes a los extranjeros. Así
«De la arrova de la rubia de cada una un maravedí. De la arrova del zuma- que que lleve una blanca. De la libra de azafran que lleve dos maravedis y que no suba de cinco maravedis aunque venda en mas cantidad.
Del arrova del pastel y de las otras tinturas que se lleve de derecho un maravedi de cada arrova con tanto que no pase de seis maravedis por cada vez que vendieren o compraren.
De la arrova de la zendra y de la orchilla y brasil e gualda una blanca con tanto que no suba de seis maravedis por cada vez que se vendiere o com- prare.))
Del resto de las localidades aparecen esporádicamente contratos de compra-venta de alguno de los productos citados.
En conjunto era la gama completa de los colorantes permitidos que se utilizaban en cualquier ciudad textil castellana de la época. Este número de tintes se vería enri- quecido después del descubrimiento de América con la llegada del palo campeche, el catecú, la cochinilla mejicana, etc.
Aunque la grana no aparece en las ordenanzas de tintoreros, no sabemos las razo- nes, tenemos la certeza de que se empleaba ya que son abundantes los testimonios re- ferentes a Chinchilla y Alcaraz de su recolección y de las disputas a que ésta daba lu- gar.
Aparte de éstos, que eran los productos más conocidos en el mercado, existían otras muchas variedades, generalmente autóctonas de la región, que se empleaban también y que proporcionaban tintados de baja calidad y eran muy perseguidos por los ordenamientos.
Estos malos tintes, más baratos, se empleaban como sustitutivos de los mejores y de aquí la constante prohibición de que eran objeto lo que hace que no encontremos referencias suyas en las Ordenanzas que estudiamos y que no podamos conocerlos. En
383 ROUDIL, Jean—Les Fueros d'A/caraz et d'Alarcón. París. 1968. Págs. 570-583.
384 PRETEL MARIN.—.4lmansa medieval. Una villa del señorío de Vil/ene en los siglos XIII, XIVy XV. Al.
mansa. 1981. Pág. 209.
«Almojarifazgo y derechos señoriales del siglo XIV en el Marquesado de Villena. Un ordenamiento de D.
Alfonso de Aragón» (en prensa).
los documentos se suelen nombrar como tintas falsas y con esta denominación sí en- contramos numerosas indicaciones en las reglamentaciones.
La preocupación de los Concejos por un tintado de calidad era enorme y hemos visto ya las reiteradas veces que los Ordenamientos y los Acuerdos Municipales reco- gen recordatorios y penalizaciones para desterrar el empleo de malas tintas.
Además de los fragmentos documentales incluidos en el capítulo anterior, en- contramos en una de las Ordenanzas chinchillanas una afirmación categórica del Con- cejo manifestando la situación de los tintados de finales del siglo XV,
«...los tintoreros desta çibdad y otras personas no fazen las tinturas bien e los panos e lanas e madexas que se unen son mal tintas o falsas... »385.
Hay incluso un reconocimiento expreso de que personas no consideradas profe- sionales están realizando la labor de tintoreros.
Esta preocupación es totalmente explicable porque la calidad del tinte era funda- mental en las alfombras y más en Chinchilla que tenía un gran prestigio en la brillan- tez y solidez de sus colores. En los documentos de compra-venta de alfombras comu- nes no es frecuente ver referencias a la bondad de los colores pero cuando es de las fi- nas vemos sistemáticamente que los clientes incluyen una cláusula o frase que haga alusión al colorido «. . .de buenas colores...», «. . .de muy buenas colores...», «. . .flnas de colores...». En algunas ocasiones especifican con detalle los del fondo, labores y cenefas. En algunos casos vemos que lo que se hace, sobre todo en Alcaraz, es la indi- cación del colorido de una alfombra excepcional o de muy alta calidad confeccionada antes y que se pide como modelo.
Las alfombras de nuestra zona van decayendo y perdiendo finura cuando en su manufactura confluyen dos factores negativos. Técnicamente, dejando al margen las causas ya apuntadas que pudieron motivar la situación, las alfombras cada vez tienen menor densidad de nudos (lo estudiaremos en el próximo apartado) y el tintado es de inferior calidad. Hemos expuesto la continua vigilancia del Concejo de Chinchilla en el siglo XV y las quejas que el Ayuntamiento de Alcaraz hace en el XVI, pensamos que lo mismo ocurriría en Liétor, para mantener unos niveles adecuados en los teñi- dos. Esta situación de control se mantuvo a lo largo de la decimosexta centuria y po- siblemente en el primer tercio de la siguiente pero tras la enorme crisis de la segunda mitad de esta última, las industrias alfombreras de nuestros talleres prácticamente de- saparecen.
A principios del siglo XVIII, algunas resurgen, caso de Liétor, y otras arrastran una existencia lamentable, Alcaraz. Las de los otros pueblos parecen extinguidas.
En ninguna de las localidades alfombreras parece que se conservaron las ordenan- zas anteriores ni sus artesanos pudieron o supieron, a excepción de alguna fábrica aislada de Liétor, sustituirlas por sistemas adecuados de producción y comercializa- ción.
El caso de Villamalea es diferente. Cuando tenemos noticias de su industria, tanto conventual como no eclesiástica, en la segunda mitad del siglo XVIII, la organización gremial ha desaparecido y su situación con dudas de si era una creación artesana con tradición, como hemos visto, es singular con relación a los otros centros.
Consecuencia de todo ello fue esa industria domiciliaria o de pequeños talleres, pobre de recursos, que utilizó, ya sin trabas, los tintes inferiores.
385 SANCHEZ FERRER y CANO VALERO..—La manufactura... Op. cit. Pág. 175.