LA ARQUEOLOGÍA Y EL MUSEO DE ALBACETE. ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LOS OBJETOS ARQUEOLÓGICOS
2. Del museo como referencia a la descentralización 1. El Museo como referencia
Durante aproximadamente una centuria el museo fue el depositario de la arqueología de la provincia de Albacete: depositario en sentido material, como custodio de los bienes entregados, y depositario en sentido figurado, pues desde él emanaba y a él llegaba la investigación arqueo- lógica relacionada con su demarcación administrativa. Su origen está en la Comisión Provincial de Monumentos, institución creadora y vinculada con el museo durante toda su existencia9.
El primer establecimiento se debió abrir a finales de los años setenta del s. XIX (ca. 1877);
aunque no hay una fecha concreta de montaje y apertura, se sabe por las actas de sesiones de la Comisión de Monumentos que estuvo instalado en el segundo piso del palacio de la dipu- tación provincial. Este Museo de Bellas Artes y Antigüedades ya tuvo entre sus atribuciones e intereses el acopio, la excavación (Cerro de los Santos, Lezuza…), y la conservación de piezas, aunque más con un afán erudito y anticuario (en el sentido coleccionista) que como conservador y difundidor de la historia y la cultura.
Sin embargo a fines del siglo prácticamente había cerrado y no será hasta 1927 cuando vuel- va a abrir sus puertas de la mano de la renovada Comisión Provincial de Monumentos, rehecha a finales del año 1925.
Este segundo intento será el que se mantiene en la actualidad, aunque con cambios tanto en el nombre como en la titularidad y gestión, o en su ubicación espacial. De Museo de la Comisión Provincial de Monumentos (1927 a 1943) ubicado en la planta alta de la diputación provincial (fig. 1), pasó a denominarse Museo Arqueológico Provincial de Albacete (1943-1975), de titula-
9 Sobre la historia del museo y sus colecciones: Sanz Gamo 1988, 1993 y 2005, y Sanz Gamo, Gamo Parras y Clemente López 2013.
Figura 1. El Museo de 1928. (Memoria 1928: 10).
Figura 2. Discusión de posters de la sesión 1ª: Arqueología y Patrimonio. Salón de Actos del Museo de Albacete.
22 de enero de 2015.
ridad y gestión de la diputación provincial en cuya planta baja se ubicó, por entonces obtuvo el reconocimiento del Estado (BOE 191 de 10 de agosto de 1963). Trasladada su sede a la planta baja de la Casa de la Cultura, en 1975 pasó a titularidad del Estado y su nombre fue cambiado al de Museo de Albacete (integrado en el Patronato Nacional de Museos por O. del 27 de mayo de 1975, BOE 137 de 2 de julio de 1975), a la vez que se daba por concluido un edificio de nueva planta, diseñado para museo, situado en el parque de Abelardo Sánchez e inaugurado en 1978.
Las competencias de gestión fueron transferidas a la Junta de Comunidades de Castilla-la Man- cha por R.D. 3296/83, de 5 de octubre y publicado en el BOE nº 8 de 10 de enero de 1984 (el texto íntegro fue publicitado en el DOCM nº 4 de 29 de enero de 1985).
El museo es el lugar donde se recogen, ordenan, estudian, exhiben y custodian para el fu- turo los objetos aparecidos, tanto los que vienen de excavaciones y prospecciones, como los que, encontrados de manera casual, se venden o donan a la administración pública; por tanto es una institución que ha de estar al día de los avances arqueológicos en la provincia, conocer qué permisos se conceden o qué hallazgos se han producido; dicho esto, válido para cualquiera de los museos provinciales, la clave —o al menos una de las claves— para entender el porqué de la fuerte vinculación del Museo de Albacete con la arqueología albacetense, pasa por tener en cuenta las normativas que sobre arqueología fueron sucediéndose a lo largo del siglo XX, y las figuras de sus directores, todos arqueólogos vocacionales (podían no haberlo sido). Esta circunstancia ha favorecido, desde el principio, el establecimiento de vínculos estrechos con los profesionales de la disciplina (Hugo Obermaier, Antonio Beltrán, Augusto Fernández Avilés, Blas Taracena Aguirre, Antonio García y Bellido, Gratiniano Nieto, Ana Maria Muñoz, Miguel Ángel García Guinea, Manuel Fernández Miranda, Jose Maria Blázquez, etc., por citar solo a algunos) que se han plasmado en numerosas iniciativas, desde los ya lejanos congresos arqueológicos del sureste español (el 2º en 1946 se celebró en Albacete), hasta la reciente reunión de arqueo- logía, motivo de esta reflexión (fig. 2).
En una provincia alejada hasta tiempos recientes del mundo universitario, la Comisión Pro- vincial de Monumentos primero y tras su desaparición en 1944, el museo ya solo, se convirtió en
un centro de estudio y divulgación con distintas iniciativas: Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos entre 1928 y 1932 (Sanz Gamo, 1993: 183) o el Seminario de Historia y Arqueolo- gía de Albacete con su propia publicación (dos números en 1951 y 1962).
Pero sin duda, para el caso que estudiamos, el que los dos primeros directores, Joaquín Sánchez Jiménez y Samuel de los Santos, fuesen responsables —por designación— de la ar- queología provincial (de nuevo podían no haberlo sido), marcó esa centralización en el museo.
El primero fue el comisario provincial de excavaciones desde la creación de las comisarías provinciales en 1941 hasta su desaparición en 1955, y desde esta fecha hasta su fallecimiento (noviembre de 1962) delegado provincial de excavaciones10 . Samuel de los Santos fue primero comisario local de Excavaciones Arqueológicas en la zona de Hellín (1950)11 , luego, tras el fa- llecimiento de Joaquín Sánchez Jiménez, delegado provincial de excavaciones arqueológicas, y en 1969 delegado provincial de bellas artes.
Al poner sobre papel las excavaciones realizadas en la provincia12, si dejamos a un lado las realizadas en el siglo XIX (Amarejo en Bonete, Lezuza, y Cerro de los Santos en Montealegre del Castillo), la campaña de la Comisión Provincial del Monumentos en Las Peñuelas de Chinchilla (1929) cuya documentación se conserva en el museo (dibujos, fotografías y memoria), las de Zuazo en diversos lugares del término de Montealegre del Castillo, la de Federico de Motos en el Bancal del Estanco Viejo (Hellín), o la de Ricardo García en la Dehesa de Caracolares (Tiriez, Lezuza), hay un periodo muy fecundo que se asocia a la figura de Joaquín Sánchez Jimenez, quien desde los primeros años posteriores a la guerra civil hasta su muerte fue el responsable de la mayor parte de las campañas arqueológicas en la provincia: Cerrico de los Moros (1941) y Hoya de Santa Ana (1941-1943 y 1945-1946) en Chinchilla; Cerrico Redondo (1942 y 1945), Llano de la Consolación (1946-1948), y Cerro de los Santos (1962) en Montealegre del Castillo;
El Tolmo de Minateda en Hellín (1942); Cerro del Pino de la Pasa (1943), Pajar de los Zorros (1943 y 1945) y Las Eras (1946) en Ontur; Macalón (1946) en Nerpio; Los Villares de Venta de Segovia (1952) y Casa de Berruga (1953) en Tiriez (Lezuza); Casas Viejas en Tarazona de la Mancha (1952) y pinturas rupestres en Socovos (1952) y Nerpio (1954).
Estos trabajos fueron variados, hubo excavaciones planificadas y sistemáticas, otras pro- ducto de hallazgos casuales, las hubo muy exiguas y también de varias campañas, pero todas tienen en común que tanto los restos (cerámica, hueso…), como la documentación producida (diarios, fotografías, informes…) se conservan en el archivo del museo, junto con el inicio de los
“Cuadernos de prospecciones” donde se recogen noticias y hallazgos varios como complemen- to a la documentación puramente administrativa de los mismos. En este periodo (1941-1962) únicamente estuvieron fuera de la actividad de la institución museística los trabajos de Miguel Ángel García Guinea en Peñarrubia, El Tobar y el Macalón (1958)13 respectivamente en Elche de la Sierra, Letur y Nerpio, y de Emeterio Cuadrado en la zona del río Taibilla (Nerpio).
10 El Servicio Nacional de Excavaciones Arqueológicas fue creado en 1956, en sus artículos 5º y 6º se crearon las Delegaciones provinciales que recaerían preferentemente en los Directores de los museos arqueológicos, los catedráticos de Instituto o los correspondientes de las Reales Academias de Bellas Artes de San Fernando o de la Historia, hasta su supresión y delegación de funciones en 1968 con la creación de la figura de los Dele- gados Provinciales de Bellas Artes (recogido en Díaz-Andreu y Ramírez 2001: 341-342).
11 Por aquel entonces estaba vinculado al Seminario de Historia Primitiva que dirigía Martínez Santa-Olalla, amigo de su padre Samuel de los Santos Gener que tras la guerra civil iba a ser purgado por su vinculación socialista. Fue salvado y rehabilitado por intervención de Santa-Olalla.
12 Obviando los hallazgos producidos por rebuscas clandestinas no autorizadas.
13 Tanto los materiales como algunos escasos apuntes fueron recuperados muchos años después por interven- ción de Lucía Soria Combadiera.
Durante los años en que Samuel de los Santos fue director (septiembre 1962- noviembre 1983), el panorama empezó a cambiar14. Hubo campañas de excavación bajo su dirección en Los Villares en Balazote (1970-1976), Pozo Moro en Chinchilla (1971), Castillo y Los Casares en Munera (1973) y la Casa de los Guardas en Tarazona de la Mancha (1977), de las que el Museo de Albacete es el depositario de la documentación generada. Realizó una intensa labor de prospección y recogida de objetos hallados casualmente, y de protección de abrigos con arte rupestre. A él se debe también la creación del primer fichero de yacimientos de la provincia.
A su labor se sumaron nuevos proyectos desde ámbitos externos al Museo, algunos deriva- dos del periodo anterior, como la intervención de Fernández de Avilés en el Cerro de los Santos (1963), y otros fruto de espectaculares hallazgos como los producidos en 1973 en la Cueva del Niño (Ayna)15, o la segunda campaña en Pozo Moro en 1979; además se produjeron actua- ciones de emergencia como son los casos de El Tesorico en Hellín (1980) o el Camino de la Cruz en Hoya Gonzalo (1982) a cargo de técnicos de la Subdirección General de Arqueología.
Por entonces se estaba generando un nuevo modelo en la elección de los proyectos de inves- tigación, que centraban sus esfuerzos en conocer periodos o aspectos concretos, siendo sus actores investigadores generalmente asociados a la Subdirección General de Arqueología. Así se hicieron campañas en el Cerro de los Santos (1979-1981), El Amarejo en Bonete (1978-88), Morra del Quintanar en Munera (1976-86).
De estas excavaciones de investigación --y de las anteriores--, el Museo de Albacete guarda los materiales y parte de la documentación, pues no de todas, ni de todas las campañas hay memorias, fotografías o dibujos etc., si bien es cierto que sí fueron dadas a conocer a través de publicaciones, algunas de las cuales recogían inventarios completos de lo hallado; en esa línea de transmitir los resultados obtenidos se celebraron en 1982 las Jornadas de Arqueología de Albacete 1977-1982: una exposición y un ciclo de conferencias en torno a esos yacimientos de reciente excavación16. El propio S. de los Santos señalaba entonces cómo el Museo de Albace- te era todavía un lugar común para la arqueología de la provincia: “El Museo con la Dirección provincial de Cultura, constituye en la actualidad el centro principal de recepción y control de las noticias acerca de hallazgos casuales, trabajos de excavación, clandestinos, expolios, saqueos y destrucciones en yacimientos denunciados –excavados o en curso de excavación- daños en abrigos con pinturas rupestres, supuestos yacimientos, etc., etc. Ello supone…. Que hayamos obtenido infinidad de datos que se recogerán en una Carta Arqueológica de la Provincia –actual- mente en preparación- y que siempre hemos puesto a disposición de los investigadores y técni- cos en excavación que nos consultaron” (Santos Gallego 1984: 6). Todavía dentro de un clima
14 Durante ese tiempo las competencias en materia de arqueología estuvieron asignadas desde 1968 a la Comi- saría de Excavaciones Arqueológicas (O. de 28 de diciembre de 1968). En las provincias eran atendidas por las Delegaciones Provinciales de Bellas Artescreadas por D. 2538/1968 de 25 de septiembre, un año después, el 24 de febrero de 1969 se creó el Consejo provincial de Bellas Artes, siendo nombrado Samuel de los Santos con fecha de 24 de septiembre de 1969 (BOE 270 de 11 de noviembre de 1969), estando en el cargo hasta 1971.
En las provincias se informaba a las Comisiones de PatrimonioHistórico que fueron creadas por D. 3194/1970.
Con posterioridad, ya en el marco del estado democrático, fue creada la Subdirección General de Arqueología (RD 2258/1977 de 27 de agosto) cuyos técnicos tenían asignaciones territoriales. Poco después, por O. de 26 de junio de 1979 (BOE 161 de 6 de julio de 1979) se reguló la composición y el funcionamiento de la Junta Su- perior de Excavaciones y explotaciones arqueológicas como órgano consultivo, teniendo entre a sus miembros a conservadores del cuerpo facultativo de museos.
15 Los materiales hallados están todavía en parte pendientes de entrega al Museo.
16 Samuel de los Santos como Director del Museo y Juan J. Blánquez Pérez desde la entonces Subdirección General de Arqueología fueron los impulsores de la actividad que inauguró Pedro M. Berges Soriano, entonces Subdirector General de Museo.
de concordia y normalidad, se iba produciendo la separación, o disociación, entre el Museo y los proyectos de investigación. En realidad se repetían situaciones anteriores (casos de El Macalón y la Piedra de Peñarrubia) en las que los materiales arqueológicos que eran entregados a la institución museística carecían, en algunos casos, de documentación de contexto.
2. 2. Los museos pierden la auctoritas
Este proceso de paulatina separación del museo y la gestión de la arqueología provincial culmina en 1992, y si esto no ha sido bueno para las instituciones museísticas, menos lo ha sido en relación con la documentación de los objetos que han devenido en ser cada vez más mudos.
Pero no es éste el único problema.
Samuel de los Santos falleció poco antes de realizarse los traspasos en materia de cultura desde el Estado central a la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha, de manera que tras él se abrió un tiempo muy distinto para el Museo de Albacete y su papel en la historia de la conservación de los bienes arqueológicos (cambio de dirección y cambio de gestión). Esa trayectoria tiene algunos tiempos que constituyen importantes inflexiones en el desarrollo de la arqueología regional y, por ende, en la provincial.
En una primera etapa la Consejería de Cultura creó una Comisión asesora de arqueología en cuya composición, además de la universidad17, estaban presentes los cinco directores de los cinco museos de ámbito provincial, y dos representantes del Museo Nacional de Ciencias Naturales para cuestiones relacionadas con la paleontología18. Fue entonces cuando se trató de potenciar investigaciones arqueológicas tendentes a completar la información sobre las im- portantes lagunas históricas existentes; cuando dieron comienzo los proyectos que transcurri- dos algunos años fueron seleccionados para formar la primera red de parques arqueológicos de carácter regional. Por otro lado el estado de las autonomías propició la creación de nuevas universidades, y al mercado cada año eran lanzados un importante número de arqueólogos.
Además ese mismo desarrollo de las Comunidades Autónomas, generaba la realización de nuevas obras públicas, es decir, se asistía a un proceso de crecimiento y de desarrollo que de- mandaba campos de actuación para la arqueología que hasta entonces eran raros entre otras razones por ausencia de una legislación adecuada. Finalmente en 1988 la O. de 1 de febrero (DOCM de 01/03/1988) reguló las investigaciones arqueológicas y paleontológicas. Un nuevo Decreto de 20 de febrero de 1989 reconoce a la Comisión Asesora de Arqueología, Paleontolo- gía y Etnografía de Castilla-La Mancha como competente en la resolución de las solicitudes de investigación. En ese mismo año de 1989 uno de los responsables políticos de la administración regional señalaba que los museos eran fundamentales en la protección del patrimonio arqueoló- gico (Peris 1989: 11), sin embargo pronto se iba a producir un significativo cambio.
Hasta entonces se conjugaban, de nuevo, trabajos de investigación con otros de “urgencia”
con participación directa del museo, custodio de la documentación generada. Vinculadas a esta institución se realizaron campañas de investigación en el Pozo de la Peña en Chinchilla (1985- 1987) y junto con la Universidad de Alicante en el Tolmo de Minateda en Hellín (1988-1998), así como una intervención de urgencia en el Camino Viejo de las Sepulturas (1987) en Balazote.
Desde los departamentos de distintas universidades dieron comienzo las excavaciones siste- máticas en un número importante de yacimientos que cubrían amplios espacios temporales: la prehistoria antigua a través del Abrigo del Molino del Vadico en Yeste (1987-1991), y la reciente
17 El profesor Manuel Bendala, ya catedrático de arqueología en la Universidad Autónoma de Madrid, y la profesora Rosario García Huerta de la naciente Facultad de Letras de Ciudad Real.
18 Emiliano Aguirre y Ana Mazo.
en los lugares de El Acequión en Albacete (1985-89), El Cuchillo en Almansa (1986-96), Cerro Mojón en Pétrola (1983-84) y El Castellón en Hellín/Albatana (1986-89); la protohistoria en Los Villares en Hoya Gonzalo (1984-1990); la arqueología romana en Zama (1985-87) y Villa de Hellín (1986-87), ambos en Hellín.
La novedad de estos años fue el incremento notable de las intervenciones de urgencia, to- davía impulsadas desde el museo aunque sin su participación efectiva: en Hellín La Campana (1984), en Hoya Gonzalo Los Castillicos (1986), en Balazote La Vega (1986), en Almansa Las Torres (1986), en Munera el Castillo de Munera (1986); en Alcalá del Júcar la Casa Grande (1987), El Rincón (1990) y La Reiná (1991); en Yeste el Castillo (1990), y en Montealegre Los Castellares (1991) en el Llano de la Consolación19.
Es decir, un total de 21 yacimientos abiertos entre 1984 y 1991, de los cuales los materiales entregados al Museo de Albacete están acompañados de documentación en todos ellos, aun- que con variantes en el contenido de los informes, inventarios y/o memorias, y prácticamente todos están publicados.
Por otro lado en los años en los que estuvo activa esa comisión asesora tuvo lugar una ex- posición, Arqueodos, que de alguna manera reflejaba el grado de conocimiento-investigación existente por entonces en cada una de las provincias. En Albacete fueron contabilizados algu- nos de los sitios arqueológicos publicados: 5 paleolíticos, 9 neolíticos/calcolíticos, 28 de la Edad del Bronce, 24 ibéricos, 10 romanos y 1 medieval (Fernández Galiano et al. 1989: 217)20.
Una segunda etapa supuso el comienzo del fin de la custodia de documentación en los mu- seos. Con fecha de marzo de 1992 un escrito de la Consejería de Educación y Cultura dirigido a los Delegados provinciales señala que con el fin “de coordinar cualquier actividad, denuncia o informe arqueológico… el negociado de arqueología de esta Consejería será quien emita o en su caso proponga… las personas que actúen en cada caso, a la vez que se intentará cubrir desde la propia Dirección General de Cultura las necesidades que surjan, los informes y las visitas urgentes que necesitéis”. Aunque el Museo de Albacete siguió realizando salidas hasta 1996 con la aquiescencia de la consejería y de la delegación provincial21, el mazazo había caído sobre los museos. La decisión fue sorprendente pues la consejería no contaba entonces con un sólo técnico del ramo en la plantilla de ese nuevo negociado de arqueología, solamente había una persona contratada temporalmente22. Poco después fue creado el servicio de Patrimonio (hasta 2011, en la actualidad Patrimonio y Arqueología) que fue incorporando arqueólogos, his- toriadores del arte, etnógrafos y arquitectos, e instituyó delegaciones en cada provincia; y así desde el año 1998 en Albacete hay una plaza de Técnico Superior de Gestión del Patrimonio Histórico de la JCCM. A ello se añadió la supresión de cualquier comisión asesora en materia de arqueología, a la vez que se producía un aumento inusitado hasta entonces de los permisos de actuación en yacimientos arqueológicos.
Junto con las excavaciones sistemáticas en curso en algunos yacimientos23, se realizaron intervenciones de urgencia en la Fuente de Isso (1992) y Loma de Eugenia (1995) en Hellín, El
19 En 1986 un convenio entre la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el INEM generó un incremento notable de actuaciones.
20 En realidad el número de yacimientos registrados era mucho mayor.
21 Recogidas en los correspondientes “Cuadernos de prospecciones”, iniciados por Joaquín Sánchez Jiménez y cerrados definitivamente en 1996.
22 Fue algo más adelante cuando comenzaron las interinidades y después las oposiciones para plazas creadas en la RPT.
23 Las correspondientes a los sitios de El Tolmo de Minateda y El Cuchillo.