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Una nieta del lonko Neculman en la población Arturo Prat de Renca

4. Tomas de sitio: las condenadas de la tierra y la ciudad

4.1. Una nieta del lonko Neculman en la población Arturo Prat de Renca

En el movimiento de pobladores, un punto de inflexión es la histórica toma de La Victoria en 1957, esto no porque haya sido la primera, sino por su realce público; ‘‘marcó un antes y un después en la historia urbana de Santiago de Chile […] con esta toma, los pobladores se harían visibles como actores sociales, impidiendo que la situación de este grupo social continuara siendo ignorada por el resto de la sociedad’’ (Cortés, 2014: 240). Así, las y los pobladores comenzaron a tener una importancia pública como sujetos políticos. Tal como sostiene Mario Garcés, un especialista en la materia, ‘‘el movimiento de pobladores, se fue convirtiendo en el actor urbano más dinámico de la ciudad’’ (2002: 5).

Santiago fue una ciudad receptora de cientos de migrantes que provenían del norte y el sur del territorio nacional, impactadas por las consecuencias del empobrecimiento de las guerras de soberanía. En el norte la Guerra del Pacífico, y en el sur la Ocupación Militar de la Araucanía. El crecimiento desmedido de la ciudad provocó una saturación de las demandas habitacionales. Razón por la cual se explica la irrupción del movimiento de pobladores desde la mitad del siglo XX hasta la fecha. Juan Lemuñir, poblador mapuche de La Victoria, sostiene que ‘‘el drama de los marginados era terrible y sus condiciones de vida eran verdaderamente inhumanas. El peor caso era el de quienes residían a orillas del Zanjón, brazo

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de agua que descendía del río Colorado recogiendo desperdicios de la ciudad […] las ratas infaltables compañeras de la miseria’’ (1990: 10).

Segundo Ñanco, otro susurro de un condenado de la ciudad y de la tierra, dirigente panificador y, posteriormente en la década de 1980, encargado del departamento de cultura mapuche de este gremio. Según un relato realizado por sus familiares, le gustaba caminar por la población, recogiendo el aire y saludar a la gente que veían pasar. La llegada de Ñanco y su esposa Enedina Valenzuela fue un acontecimiento, pues se sabía de su rol dirigencial en sindicato de panificadores; ‘‘cerca de la década del ‘50 llega junto a su familia y vecinos del Cerro Blanco a tomarse la Población 7 de Febrero, la cual hoy nos acoge. Aquí se desempeñó durante muchos años como presidente de la Junta de Vecinos, luchando junto a ellos por lograr metas para la comunidad’’ (Guerrero, Schuster y Yáñez, 2006: 55).

Las trayectorias mapuche en las tomas de sitios no se agotan con los casos nombrados.

Graciela Ulloa, una de las nietas del lonko Ignacio Neculman del sector de Boroa, también participó de una toma de sitio (1960-1970), levantamiento popular de los sintecho que terminó en lo que hoy se conoce como la Villa Arturo Prat en Renca, al borde del Río Mapocho. Otro afluente fundamental en la toma de sitios urbanos debido a que en sus orillas emergieron un sinnúmeros de campamentos, agua que cruza la ciudad de Santiago, desde los barrios más adinerados hasta los periféricos, consigo lleva -al igual que el Zanjón de la Aguada- los desperdicios biológicos de la capital. Se ha dicho que este río representa una frontera, no sólo como una muralla que separa las clases sociales, sino como la representación de un ‘‘receptáculo simbólico de los males, ya que al determinar un margen, abre un espacio, una zanja para que conviva todo lo que está fuera de lo permitido, al límite de lo concebido, al borde de lo imaginado (Muñoz, 2005:3).

En Santiago de Chile, el periodo más álgido de las tomas de sitios fue entre 1970- 1973. Boris Cofré, a partir de un exhaustivo análisis de contraste de documentación periodística, contabilizó 166 tomas exitosas (2011: 135). Dentro de esos números, de seguro se hallaba Graciela Ulloa Neculman, quien junto a su esposo panificador y con un hijo a cuesta, habitaron el campamento a las orillas del Río Mapocho. Muy lejos del principal afluente imperialino que la vio nacer en el sector Boroa. Según el relato de su vecina y amiga, Emelina Garrido, la conoció cuando vivía en el campamento. En estas conversaciones,

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Graciela hacía uso de la memoria histórica de la toma de terreno, aquello que en mapuzugun sería representada como el weupin, es decir, el o la que vuelve a decir:

Yo llegué después aquí, cuando ellos ya tenían las casitas del campamento. Doña Graciela invitaba a tomar once, me contaba que todo esto fue un campamento por las tomas, todo esto era tierra y mugre. La señora Graciela, Juana, Angelica y Elsa, estaban encallampaos14. Todos haciendo fuego para calentarse y cocina, me contaba que ahí tomaban tecito. Después nos hicieron un traslado de sitio porque el sitio fue tomado allá [en la Costanera a unas cuadras de la actual ubicación de la casa de las mujeres], pero nos trasladaron para acá (Entrevista a Emelina Garrido, 2022).

Así, a partir del relato de una vecina que conoció a una joven Graciela, es posible dar cuenta de uno de los nodos temáticos centrales para las trayectorias del movimiento de pobladores, que es dar cuenta de sus orígenes y evaluaciones del proceso (Fauré y Vera, 2022). En este punto, cuando Emelina recuerda que la nieta del lonko fue una de las personas que volvía a decir los procesos de la toma y, lo difundía en las conversaciones cotidianas con las vecinas recién llegadas, es posible insertar las trayectorias de mujeres mapuche en las tomas de sitios. Inscripción que no sólo se realizó en clandestinidad étnica, sino en una conjunción de tiempos, tal como lo revisé en apartados anteriores, los vecinos de Graciela estaban al tanto del conflicto por tierras en el sur.

El registro de la carta enviada al ministro de Agricultura Jorge Prado en 1983 es clave para seguir profundizando en su trayectoria santiaguina. Esto debido a que la narrativa, de manera permanente menciona tres ejes interrelacionados: 1) Justificar la pertenencia a la comunidad dando cuenta de un origen campesino y mapuche; 2) Destacar la historicidad de su abuelo Ignacio Neculman y su madre Abelina Neculman, para legitimarse como heredera;

3) Dar cuenta de la escasez de recursos económicos de ella y su hermana Zunilda en la ciudad de Santiago. Si bien estos tres aspectos son centrales en reclamo de tierras en sus comunidades de origen, se relacionan de manera directa con su trayectoria poblacional. Tal como se ha dicho, sus vecinas sabían de despojo territorial y los sentimientos de rencor que se albergaron en Graciela, nieta del lonko Neculman y heredera ausente, fueron sociabilizados al borde del Río Mapocho.

14 Se le llaman poblaciones callampas a aquellas que emergieron, supuestamente, espontáneamente en las orillas de ciertos ríos o extensiones de tierras. Se le caracterizó por ser una forma de construcción de la vivienda.

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Además, cabe destacar la importancia de la firma de la carta mencionada, sobre todo porque la papay es enfática en solicitar una respuesta por parte del ministro. Solicitó un juicio justo para que se les devolviera la tierra y castigo para los que resultaran responsables. Así,

‘‘quedando en espera de prontas y favorables respuestas’’, se despidió de la autoridad agraria, insertando la dirección de la población. Acto central en el envío de correspondencia ya que, si se espera respuesta a dicha ubicación, es porque existe seguridad de su permanencia allí.

El trabajo del hogar también impactó su relación en la población, de hecho, en muchas ocasiones la vecina de la papay Chelita destacó su forma de vestir, sobre todo la atención a las faldas elegantes, el corte de su cabello y el maquillaje que usaba recurrentemente. En sus últimos años de trabajo, la recuerda como una mujer que ‘‘trabajaba haciendo las cosas de empleada y cuidaba a una señora. No supe dónde trabajaba, pero trabajaba de empelada. Se levantaba tempranito para partir al trabajo. Trabajaba puertas afuera, llegaba a su casa a ver a su esposo’’ (Entrevista Emelina Garrido, 2022). Así mismo, la evocó como una mujer solidaria, compartía la ropa que le daban en su trabajo a las mismas vecinas de la población.

Emelina, de origen campesino de Talca, sabía bien la dinámica laboral debido a que ella fue trabajadora de casa. Siendo niña de doce años llegó a emplearse a la Avenida Matta;

‘‘no me pagaban, pero me compraban zapato y ropa’’, me señalaba en nuestra conversación en su sala de estar. De esta manera, ambas mujeres compartían un lenguaje común sobre el trabajo del hogar, si bien, la diferenciaba una pertenencia étnica, las unían trayectorias populares y de género. Así, cuando Emelina insiste en darme a conocer el aspecto estético de Graciela, comenta un lugar común. De este modo, ella entendía que ‘‘allá en los trabajos uno se arregla antes de venirse a la casa. A la Chelita le gustaba pintarse la boca, los ojos, bien pintura, anda bien elegante con sus faldas. No le gustaba andar así no más, solo con sus cosas lindas. Bien elegante a trabajar salía y volvía’’ (Entrevista, 2022).

4.2 Me fui al trabajo y cuando volví ya había otra familia: la toma de sitios

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