expresión de Torres (2001a): “Carne de reclutamiento y cañón” (p.
98) para referirse a este tipo de reconstrucciones erróneas como visión de las masas-audiencias. Sus palabras:
[…] las masas, profundamente escépticas ante la política, poco formadas e incapaces de orientarse en las luchas entre los parti- dos -que, al fin y al cabo, eran rencillas burocráticas y ajustes de cuentas entre las élites- sirven de carne de cañón cuando se ha menester de ellas. (p. 130)
Segundo, del ya citado trabajo de González (2014), donde la necesi- dad de dejar de lado dicha visión aparece en el plano de la “recupera- ción del sentido político de las guerras civiles del siglo XIX, en con- traposición con la mirada estereotipada que las ha presentado como enfrentamientos absurdos de caudillos ambiciosos, que arrastraban a las masas populares” (p. 187). Como resultado de estas críticas, tene- mos, entonces, que el punto extremo de aquel lado de la dicotomía deba ser extendido de manera que el choque Borda-Torres resulte más intenso que Samper-Torres.
en una toma de postura que “[it] is to be at odds nor only with religion but with normal politics as well” (p. 9); CPL implica nada menos que la renuncia a todo orden normativo que (sea o no considerado de ca- rácter divino, suprahumano) vaya más allá de “common and immedia- te experiences” (p. 9). Y si las cosas son así, una nueva respuesta (cru- cial para este artículo) se hace necesaria; esto, respecto a su aparente incompatibilidad con el que fue el esquema inicial de mis reflexiones (hecho/emoción/toma de postura). Va la nueva respuesta: de tal odio a la crueldad no puede afirmarse que se quede en el ámbito emocional (que no de paso a una toma de postura), en la medida en que surge como rechazo, como alternativa histórica e intelectualmente definida (nada menos que) en contra de la figura de Maquiavelo.
Primero, en el sentido (diría obvio) de oposición al Maquiavelo del Príncipe. De manera que mientras el apologeta de la crueldad pre- gunta cómo debe actuar el depositario del poder para conservarlo,
“Montaigne raised the question that the prince`s victims may ask: Is it better to plead for pity or to display defiance in the face of cruel- ty?” (p. 10).
Pero también y mucho más importante, en tanto que oposición al Maquiavelo de los Discursos, es decir, no solo el autor que queda incluido dentro de la tradición de la supervivencia, sino el digno re- presentante (fundador) de la ciencia política. Nada menos que el que aparece referenciado por González (2014) desde la “fórmula menos Hobbes, más Maquiavelo” (p. 25). Ese, en contra del cual Shklar (1984) afirma que frente a la pregunta anterior solo se puede decir:
“[T]here are no certain answers […] Victims have no certainties.
They must cope without guidebooks to help them” (p. 10); y, más adelante, CPL “was thus an instant reaction to the new science of politics” (p. 11).5
5 Parece necesario agregar que, de acuerdo con Shklar (1984), la noción de necesidad tiene para este Maquiavelo un sentido que va más allá de la simple razón de estado, del simple hecho de que lo político exige acudir a la fuerza (al infligir daño a otros o a la amenaza de hacerlo) en aras de responder a los peligros: “But ‘necessity’ in the Machiavellian vocabu-
Así las cosas, CPL ofrece una toma de postura en donde mantener la línea que separa el explicar del justificar tiene un enorme costo: la renuncia a todas nuestras certezas; “it […] leaves us in a state of in- decision and doubt” (p. 23); o desde un pasaje previo al que cito en toda su extensión:
[CPL] might help one to decide who the victims at any moment is, but no without some very real doubts and uncertainties, of just the sort that ideologies disperse so readily. To have standards is not a way of avoiding doubt; only faith can offer us that, and then only at vast intellectual and moral cost. (p. 22)
Para terminar solo me hacen faltan dos consideraciones. Una, referi- da a la manera en que creo posible darle contenido a esos estándares de los que habla Shklar y que operan apenas como faro dentro del oscuro mundo de las víctimas. Una vez decimos sí al CPL, sabemos (respecto a quien sufre un trato cruel) que “it does no matter whether the victim […] is a decent man or a villian” (p. 19); y, (respecto los perpetuadores) que no hay diferenciación relevante, ni en las motiva- ciones, contextos, ni en las situaciones, con lo que quedan, pues, en el mismo plano de repugnancia, los actos de chulavitas y bandoleros, pájaros y chusmeros, paramilitares y guerrilleros.
Por el otro lado, debo señalar cuál es el lugar que en este ejercicio grá- fico le corresponde a la postura de Villegas (ejercicio que hasta ahora muestra que en los dos extremos de mi taxonomía aparecen, respec- tivamente, la versión de Borda y el liberalismo de Shklar; así como en los puntos intermedios se ubican Samper y el liberalismo de Torres).
De acuerdo con mi entender, dicha mentalidad conservadora exige expandir aún más tal lado de los apologetas de las Furias, de manera que en su extremo quede ubicado Villegas. Mi argumento: esta mayor distancia con Shklar obedece al rol que le corresponde a lo que esta última llama el sentido de la injusticia, y que desde aquel no es otra cosa
lary means more than that. It expresses a great confidence in controlling events once they have been intelligently analyzed” (p. 30).
que las Euménides; eso sí, no en el elevado sentido de Nussbuam, sino en tanto que “arquetipo del resentimiento” (Villegas, 1937, p. 217).
Explico: tal y como mostré arriba, para Villegas la más grande ame- naza para la doctrina verdadera (así como la razón que explica la ne- cesidad del intelectual-combatiente) está en el inexorable destino de toda democracia, lo reitero: la herejía marxista. Herejía que define de la siguiente forma:
El marxismo es una escuela que trata de resolver todos los proble- mas dentro de una avalancha vengativa. Marx es el mayor acumu- lador de odio que ha existido después de Lutero. La lucha de clases es la doctrina catastrófica de la venganza social. Marx se encerró en la Biblioteca […] para producir una tempestad de cólera en los des- heredados contra los capitalistas, los burgueses y los ricos. (p. 194) Así las cosas, resulta clara la mayor cercanía entre Villegas y un Torres cuya mentalidad hace eco de estas palabras, insisto, gracias a su lla- mado (exigencia) para serenar nuestro corazón, para arrancar las se- millas del odio. Sea este el momento para decirlo, lo que explica por qué ninguna de estas dos posturas permitirá, entonces, darle paso a la propuesta de Nussbaum para diferenciar las Furias de las Euménides.
También deja clara la razón de la mayor distancia entre Villegas y Shklar. Aunque para ello aún debo señalar el último de los elementos propios de este liberalismo del miedo y al que la misma Shklar deno- mina un igualitarismo de tipo negativo. Ocurre que también dentro de CPL (así como en el marxismo) tienen lugar esas (de acuerdo con Villegas) ideas dudosas que despiertan nuestro sentido de la injusticia, que dan paso al odio en nuestros corazones, y que configuran “una época turbada, donde un confuso anhelo de justicia despierta en las multitudes sin fortuna” (p. 236). Esto, con una diferencia: en tanto que “an obvious collorary of putting cruelty first” (Shklar, 1984, p.
29) el sentido de la injusticia que se desprende de tales ideas no sig- nifica que Montaigne, Montesquieu o Shklar estuvieran dispuestos a considerar la igualdad social como un bien. Todo lo contrario:
Inequality mattered inasmuch as it encouraged and created oppor- tunities for cruelty. Theirs was a purely negative egalitarianism roo- ted in a suspicion of the paltry reasons offered to justify not merely inequality, but its worst consequences […It] is a fear of the conse- quences of inequality, and especially of the dazzling effect of power, which frees its holders from all restraints. (Shklar, 1984, pp. 28-29)