CAPÍTULO 1. Primeras iniciativas en la evaluación de bibliotecas
1.1. Principales fuentes para el estudio de la evaluación en bibliotecas
La evaluación bibliotecaria empezó siendo una materia de interés minoritario12 tanto en el ámbito académico como entre los profesionales de las bibliotecas, y en las últimas décadas se ha extendido como una práctica común en la Biblioteconomía.
Desde sus inicios en los años 70 del pasado siglo XX, las principales aportaciones en este campo se han producido en países de cultura anglosajona, y desde allí se ha extendido a sistemas bibliotecarios de todo el mundo, siendo muy destacable la contribución de los países nórdicos al desarrollo de esta materia.
Las principales fuentes para su estudio se concentran en un número relativamente reducido de títulos de libros y revistas científicas del campo de la Documentación y la Biblioteconomía13, aunque una revisión en profundidad de la literatura especializada
12 En España la investigación sobre la evaluación bibliotecaria no ha sido muy abundante hasta la
fecha. Como muestra de ello, la base de datos TESEO
(https://www.educacion.gob.es/teseo/irGestionarConsulta.do) arroja una veintena de tesis doctorales sobre esta materia leídas entre 2001 y 2016.
13 La base de datos LISA: Library and Information Science Abstracts (https://www.proquest.com/products-services/lisa-set-c.html) arroja cerca de quinientos artículos científicos publicados entre 1975 y 2018 como resultado de una búsqueda por la materia “Library Evaluation”. Una búsqueda por la materia “Libraries Evaluation” en el catálogo OCLC (https://www.oclc.org/es/worldcat.html) arroja cerca de 2.000 títulos de libros publicados entre 1970 y
28 permite encontrar trabajos que abordan la evaluación bibliotecaria incorporando elementos de otras disciplinas afines de las Ciencias Sociales, como la Economía Aplicada, la Sociología o el Marketing. Desde estos enfoques multidisciplinares, la teoría y la práctica de la evaluación de los servicios de información se ha ido enriqueciendo con nuevos marcos conceptuales y diferentes aproximaciones metodológicas.
Junto a las publicaciones científicas, los estándares internacionales constituyen una fuente fundamental para el estudio de la evaluación bibliotecaria. Los proyectos internacionales de normalización en este campo se han realizado a instancias de organismos e instituciones de ámbito nacional e internacional. Entre ellas, cabe destacar el papel de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Organización Internacional de Normalización, que fueron desde fechas muy tempranas grandes impulsoras14 de estudios de evaluación.
En esta línea, el corpus de normas elaboradas por el Subcomité 8 de Evaluación Bibliotecaria de la ISO constituye la compilación de los conceptos y términos específicos de esta disciplina, y es una síntesis de las metodologías y las prácticas evaluativas más utilizadas a nivel internacional en los distintos tipos de bibliotecas (Organización Internacional de Normalización, 1974, 1991, 1998, 2003a, 2003b, 2006, 2008, 2009, 2012, 2013a, 2013b, 2014a, 2014b).
2018 en el campo de la Biblioteconomía y la Documentación. De ellos, cerca de 250 títulos corresponden a tesis y disertaciones.
14 Como ejemplo de ello, la primera edición de la norma ISO 2789 (Organización Internacional de Normalización, 1974) de estadísticas internacionales de bibliotecas fue un proyecto auspiciado por la UNESCO, en colaboración con la ISO y la Federación Internacional de Asociaciones Bibliotecarias y Bibliotecas (IFLA). El proyecto había sido adoptado por la Conferencia General de la UNESCO en su XVI reunión de París en noviembre de 1970. Basándose en la norma ISO 2789, la División de Estadísticas de la UNESCO elaboró una serie de cuestionarios para la recopilación de datos en los distintos tipos de bibliotecas a nivel mundial (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 1981, 1983, 1992) y posteriormente publicó entre 1996 y 2005 tres series de estadísticas bibliotecarias dedicadas a bibliotecas nacionales, bibliotecas públicas y bibliotecas de instituciones académicas. En estas series se recogían datos estadísticos básicos de colecciones, edificios y uso de los servicios.
La Sección de Estadísticas y Evaluación de la IFLA, la UNESCO y la ISO volvieron a colaborar en el proyecto Global Library Statistics (2006-2008), para la selección de datos estadísticos fiables que sirvieran para demostrar la contribución de las bibliotecas en los programas de alfabetización de las regiones en desarrollo. Por su parte, la ISO ha venido impulsando la elaboración de proyectos de normalización desde la publicación en 1974 de la norma ISO 2789, y con la creación del Subcomité 8 de Estadísticas y Evaluación del Rendimiento en bibliotecas en el año 1987. Desde esta fecha, el citado Subcomité ha sido el responsable de elaborar y actualizar los distintos proyectos de normalización en el ámbito de la evaluación bibliotecaria (Organización Internacional de Normalización, 1991, 1998, 2003a, 2003b, 2006, 2008, 2009, 2012, 2013a, 2013b, 2014a, 2014b).
29 Además de las publicaciones científicas y las normas, otra fuente importante para el estudio de la evaluación bibliotecaria es la literatura gris generada por las distintas bibliotecas y organizaciones y asociaciones bibliotecarias, en forma de estudios e informes, así como documentos de carácter colectivo, como actas de grupos de trabajo y congresos, borradores de textos normativos, etc. Gran parte de esta documentación es de difícil acceso, y con frecuencia tiene una difusión restringida dentro de las organizaciones. No obstante, la progresiva expansión de las políticas de transparencia está propiciando paulatinamente el acceso abierto a estas fuentes a través de repositorios y sitios web institucionales.
Entre las promotoras de estudios y herramientas de evaluación destacan las asociaciones de profesionales de las bibliotecas de ámbito internacional, como la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias (IFLA), el European Bureau of Library Information and Documentation Associations (EBLIDA), la Association of Research Libraries (ARL) y las asociaciones de ámbito nacional, como la American Library Association (ALA), o la Federación Española de Sociedades de Archivística, Biblioteconomía, Documentación y Museística (Fesabid). Estas organizaciones han actuado como interlocutoras en proyectos de normalización evaluativa y han contribuido a la difusión de herramientas15 para la evaluación entre los profesionales de las bibliotecas. Además, han impulsado estudios de impacto de redes y sistemas bibliotecarios, con el fin de mostrar su valor social y económico a las autoridades y poderes públicos y a la sociedad en general (Cottrill et al., 2015)16. Con
15 La IFLA fue impulsora de la publicación de la norma ISO 2789:1974, primer proyecto de normalización de estadísticas internacionales para bibliotecas junto a la UNESCO y la ISO. Asimismo, la IFLA lanzó en 2010 su Manifiesto sobre Estadísticas de Bibliotecas (Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas, 2010). La Association of Research Libraries (ARL) (Kyrillidou y Cook, 2008) ha estado en la vanguardia de la evaluación de bibliotecas universitarias y de investigación. Desde su actuación en el área de Estados Unidos y Canadá, sus proyectos han tenido una repercusión internacional. A la ARL estuvieron vinculadas figuras tan destacadas como F. Wilfrid Lancaster, y, desde siempre, la compilación de datos estadísticos y el desarrollo de herramientas para la evaluación de bibliotecas han sido unas de sus líneas principales de actuación. La ARL fue impulsora del proyecto LibQUAL, que evaluaba la satisfacción de los usuarios respecto de los servicios ofrecidos por las bibliotecas. Por su parte, el European Bureau of Library Information and Documentation Associations (EBLIDA), lanzó entre 2013 y 2015 una encuesta a nivel europeo para recabar información estadística de utilidad para defender los beneficios de las bibliotecas frente a las autoridades europeas.
Entre las asociaciones de bibliotecarios de carácter nacional se puede destacar la labor de la American Library Association y la Public Library Association, que publicaron ya en los años 70 y 80 las primeras guías sobre medición de rendimiento en bibliotecas públicas (De Prospo, Altman y Beasley, 1973; Zweizig y Rodger, 1982). En España, la Federación Española de Sociedades de Archivística, Biblioteconomía, Documentación y Museística (Fesabid) fue impulsora del primer estudio sobre el valor económico y social de las bibliotecas españolas (Gómez Yáñez, 2014).
16 En este sentido, la Declaración de Lyon, lanzada en el marco del Congreso Mundial de la IFLA y firmada por más de 600 instituciones de todo el mundo, abogaba por “el desarrollo de objetivos e indicadores que permitan medir el impacto del acceso a la información y a los datos e informen sobre
30 frecuencia estos estudios suelen estar dirigidos por evaluadores especialistas procedentes del ámbito académico o del ámbito de las empresas de consultoría, y en su financiación y coordinación intervienen las asociaciones profesionales y otros organismos e instituciones responsables de políticas públicas educativas y culturales de ámbito local, nacional o internacional.
Entre las instituciones políticas de carácter supranacional impulsoras de proyectos de evaluación bibliotecaria destacaremos el papel de la Comisión Europea, que fue promotora de varios proyectos17 relacionados con la evaluación de bibliotecas desde los años 90.
Entre los promotores de estudios evaluativos no hay que dejar de mencionar las fundaciones privadas financiadoras de proyectos bibliotecarios. Entre ellas se pueden mencionar la Laser Foundation, impulsora de un estudio de evaluación del impacto de bibliotecas en Reino Unido (PricewaterhouseCoopers LLP, 2005) y la Fundación Bill y Melinda Gates, impulsora de la Iniciativa Global Libraries para el desarrollo de las tecnologías de la información en bibliotecas de regiones en desarrollo, y a la que está vinculada una red internacional de especialistas en evaluación bibliotecaria. Como se verá más adelante, los proyectos del Programa Global Libraries han ido acompañados de estudios de evaluación del impacto (Streatfield et al., 2015) que demostraban la contribución de las bibliotecas a la mejora de las condiciones educativas, sanitarias y económicas de comunidades en desarrollo.
Hecho este sucinto repaso de las distintas tipologías de fuentes documentales para el estudio de la evaluación bibliotecaria, hay que decir que, a pesar del avance de las políticas de transparencia, el investigador se encuentra con frecuencia con el problema de la inaccesibilidad de los conjuntos de datos originales en los estudios empíricos publicados sobre esta materia. Este hecho dificulta enormemente que se puedan realizar réplicas experimentales, que se puedan perfeccionar y consolidar nuevas metodologías, e impide la reutilización de datos y su incorporación a estudios longitudinales.
los progresos realizados cada año en los objetivos en un informe sobre el Desarrollo y el Acceso a la Información” (Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas, 2014).
17 Entre los proyectos financiados por la Comisión Europea en el ámbito de la evaluación de bibliotecas se pueden mencionar: DECIDE (Decision support models and a DSS for European academic and public libraries) (1995-1998); CAMILE (Concerted Action on Management Information for Libraries in Europe) (1996-1998); DECIMAL (Decision making in libraries; decision research for the development of integrated library systems) (1995-1997); EQLIPSE (Evaluation and Quality in Library Performance Systems) (1995-1997); MINSTREL (Management Information Software Tool - Research in Libraries) (1995-1997); EQUINOX (Library Performance Measurement and Quality Management System) (1998- 1999); NUMERIC (2007-2009), ENUMERATE (2011-2014) y EUROPEANA (Poll, 2010).
31 En el siguiente apartado se profundiza sobre el corpus de normas internacionales sobre evaluación bibliotecaria. Su contribución a la creación de marcos conceptuales y al desarrollo de metodologías evaluativas específicas para bibliotecas les convierten en fuentes fundamentales para comprender la evolución de esta materia hasta nuestros días.