PARTE I. INTRODUCCIÓN Y MARCO TEÓRICO
CAPÍTULO 3. Medida de las preferencias gustativas
3.1. Pruebas de consumo
Para medir la magnitud del aprendizaje gustativo, tanto en el caso de las preferencias condicionadas por los sabores como de las aversiones, la mayor parte de las investigaciones al respecto han empleado, de forma habitual, dos tipos de pruebas de consumo (Bures, Bermudez-Rattoni y Yamamoto, 1998).
3.1.1 Prueba de exposición a un solo fluido
En esta prueba está disponible para el animal una botella con el sabor EC que fue emparejado con el EI durante el condicionamiento. Su consumo se compara con el de un grupo control que ha recibido el sabor EC sin la presentación del EI (o que lo ha recibido de forma no contingente). Otra opción alternativa sería comparar el consumo del sabor EC con el consumo de agua durante los días de habituación (fase previa al condicionamiento en la cual los animales beben diariamente, en tubos calibrados, para habituarlos a la metodología utilizada). La principal limitación de este procedimiento es que, cuando la preferencia o la aversión condicionada es débil, el programa de privación puede hacer que los animales beban el fluido igualmente, al disponer de una sola opción. En la misma línea, cuando se desarrolla una fuerte preferencia o aversión por el sabor durante el condicionamiento, es probable que las diferencias en la magnitud del aprendizaje se vean oscurecidas en la prueba por los efectos denominados “techo” y “suelo”. Esto es, que los sujetos beban el máximo de fluido disponible si hablamos de preferencia o que, por el contrario, se elimine totalmente el consumo si la aversión es fuerte. Una posible solución a este problema sería analizar la resistencia a la extinción o utilizar el procedimiento de elección de dos o más botellas.
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43 | P á g i n a 3.1.2. Prueba de elección entre dos fluidos
Siguiendo las pautas de los trabajos pioneros de Ritcher y Campbell (1939) con roedores, se presentan simultáneamente dos botellas con un contenido diferente. El animal, generalmente, tiene la oportunidad de escoger entre agua destilada (u otro sabor alternativo) y el fluido que fue asociado al EI durante la fase de entrenamiento, registrando su consumo. Sin embargo, esta prueba también tiene alguna limitación. En los procedimientos de preferencia condicionada que utilizan más de un sabor como ECs, sabiendo que la mayor preferencia por el EC+ puede deberse, en parte, a una evitación aprendida del sabor EC-, metodológicamente hablando también podría ocurrir lo que se llama “efecto de preferencia de lado” (Simmen, Pasquet y Hladik, 2004), por la presentación del fluido condicionado siempre en el mismo lado de la caja.
Para evitar esta situación, la posición de las botellas debería variar alternativamente y de forma contrabalanceada a lo largo de los ensayos, tanto en la fase de condicionamiento como en la fase prueba. Por otro lado, podría darse el caso en el que los animales escogieran una botella al azar y continuaran bebiendo de ella sin probar la alternativa (en aprendizajes gustativos no muy intensos y concretamente en los procedimientos de condicionamiento de preferencias en los que se utilizan sabores apetitivos en lugar de sabores neutros o moderadamente aversivos). Una solución a este problema pasaría por colocar, de manera igualmente accesible, botellas con los sabores intercalados pero limitadas en cantidad, con la intención de que tengan que beber de varias botellas para saciarse. Algunos autores han estudiado si la utilización de más de 2 botellas podría resultar beneficiosa a la hora de estimar la preferencia, encontrando mejores resultados con 3 botellas que con 2, pero sólo si la solución condicionada está presente en 2 de las 3 botellas disponibles, conteniendo agua la
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botella restante (S-A-S). Este resultado parece lógico, dada la existencia de una mayor disponibilidad de la solución condicionada que de agua (o solución alternativa). De hecho, si se invierte el procedimiento y se proporcionan 2 de las botellas con agua y tan solo 1 con la solución condicionada (A-S-A), los resultados no mejoran los del test de 2 botellas convencional. Además, para condicionar soluciones moderadamente aversivas, como por ejemplo el ácido cítrico, ni siquiera la mayor disponibilidad de la solución condicionada parece ser más efectiva (Tordoff y Bachmanov, 2003). De la misma forma, estos autores indican que la utilización de 6 botellas (3 con la solución condicionada y 3 con agua) tampoco fue mejor que el test convencional de 2 botellas.
Así pues, dado que utilizar más de 3 botellas parece inefectivo, unido a que en nuestra línea de investigación también se utiliza ácido cítrico como sabor EC y entendiendo, además, que la disponibilidad relativa de la solución al utilizar 3 botellas parece un sesgo importante, en esta tesis se ha optado por la utilización del test 2 botellas, alternando el lado de presentación para evitar el efecto de preferencia de lado.
Al margen de las diferentes modalidades de pruebas de consumo existentes, cuando se desarrolla una preferencia condicionada por un sabor, existe también un componente emocional o afectivo que nos informa del valor hedónico de las soluciones implicadas en el procedimiento. Sin embargo, las pruebas de consumo que acabamos de describir pueden no reflejar adecuadamente la valoración hedónica de los fluidos proporcionados a los animales, al igual que sucede en el caso de una aversión condicionada al sabor. Para analizar esta asociación sabor-valor hedónico en base a las respuestas hedónicas condicionadas e incondicionadas a un sabor, surgen otro tipo de técnicas más sofisticadas como el análisis de las respuestas orofaciales en el test de reactividad al sabor y el análisis del patrón de ingesta o consumo.
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