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Referentes teóricos de la actitud

In document ACTITUD HACIA LA CARRERA PROFESIONAL (página 32-37)

Según Moya y Rodriguez-Bailón (2011) y Huéscar, et al (2014) la teoría de la acción planeada explica que “la conducta de una persona, estaría determinada de

forma inmediata por la intención que la persona tiene de realizar (o no realizar) esa conducta” (p. 738), pero, la intención de llevar a cabo un comportamiento está en función de tres elementos fundamentales:

a) la actitud hacia la conducta como variable inicial, que viene determinada por las creencias de la persona sobre los resultados de la conducta que pretende, por la valoración de tales resultados, y por la experiencia.

b) la norma subjetiva, que es el componente más social del modelo, e implica, a su vez, la creencia que la persona tiene de que existen presiones sociales que se ejercen sobre ella para que realice o no la acción en cuestión, y la motivación por complacer tales presiones, y,

c) la percepción de control comportamental que se tiene en la situación en la que se debe tomar la decisión y actuar. Esa percepción es, también, función de las creencias que la persona tiene sobre sus propias capacidades para llevar a cabo un determinado comportamiento.

Figura 1

Esquema de la teoría de la acción planeada

Nota: Adaptado de Baron y Byrne (2005, p. 138) y Moya y Rodríguez-Bailón (2011, p.

264)

Por otro lado, Ubillos et. al (2004), plantea que “las actitudes se organizan en torno a tres componentes, denominados, en función del tipo información que contienen, componente cognitivo, componente afectivo y componente conductual.

Actitud hacia una conducta específica

Normas subjetivas

Intenciones conductuales

Conducta explícita

Control conductual

percibido

Los tres tipos de información juegan un papel importante en la formación y desarrollo de las actitudes” (p. 463).

Actitudes basadas en información cognitiva

Nuestros juicios se basan sobre aquello que nos gusta, nos agrada o nos mostramos de acuerdo en función a las cualidades positivas o negativas que tenga el objeto de actitud, o cómo con ayuda a lograr nuestras metas por ello se asevera que las actitudes están relacionadas directamente con las creencias y pensamientos que desarrollamos sobre el objeto de actitud. (Briñol, 2007 p. 463). Las personas desarrollamos nuestras actitudes en base a creencias y valoraciones hacia los objetos y personas al entrar en contacto directo con ellos diariamente y también a partir de experiencias indirectas de otras personas y del entorno, aunque no se haya tenido una experiencia personal y directa con el objeto de la actitud por los grupos de referencia como: padres, compañeros, amigos, quiénes a lo largo de las diversas etapas de desarrollo nos van suministrando criterios con los cuales se forman nuestros comportamientos y actitudes. En síntesis, el componente cognitivo de las actitudes son las respuestas que se refieren a las ideas, pensamientos, percepciones o creencias que surgen en la relación diaria con objetos y personas que interactúan, los describen y valoran como tal.

Con relación a las teorías (Briñol, 2007, p. 463) precisa que, los modelos teóricos más reconocida que explican y fundamentan la relación de las creencias con las actitudes y la conducta, son: la Teoría de la acción razonada (Fishbein y Ajzen, 1975) y la Teoría de la acción planeada (Ajzen, 1991) que es la ampliación del modelo anterior que intenta predecir tanto conductas voluntarias como aquellos que no están bajo el control exhaustivo de uno mismo.

Teoría de la acción razonada

De acuerdo con Azjen y Fishbein (1980) citado por Moya y Rodríguez-Bailón (2011) para esta teoría “las personas poseen una variedad de creencias asociadas con la actitud, creencias que van desde estimaciones de la probabilidad y deseabilidad

hasta las expectativas en relación con lo que sería deseable para los demás”. Es decir

“la teoría de acción razonada interpreta el hecho de la racionalidad en la toma de decisiones”, la teoría de la acción razonada “estudia los procesos psicológicos que intervienen entre la activación de una actitud y la respuesta conductual llevada a cabo hacia dicho objeto”. Briñol (2007) asevera que esta propuesta se basa en el modelo de la expectativa-valor es decir que las actitudes están determinadas por las creencias que tenemos acerca de cualquier objeto de actitud. Asimismo, Moya y Rodríguez- Bailón (2011), complementa que “La norma subjetiva se refiere a las creencias de una persona acerca de cómo los demás evaluarán el objeto de actitud, y a la motivación que tiene para ajustarse a las expectativas ajenas”. (p. 263).

En relación la teoría de la acción razonada, Briñol (2007) presenta la explicación correspondiente en la siguiente síntesis:

Según estos modelos, las personas poseen una variedad de creencias asociadas con la actitud, creencias que van desde estimaciones de la probabilidad y deseabilidad de las conductas asociadas con el objeto de actitud hasta las expectativas en relación con lo que sería deseable para los demás. Aunque este modelo describe algunas de las creencias que pueden contribuir a la formación y el cambio de actitudes, no especifica los procesos psicológicos que median la relación entre actitud y conducta (p. 464)

Actitudes basadas en información afectiva

En las explicaciones de Briñol (2007), menciona que el afecto es otro proceso que influye en las evaluaciones de un objeto de actitud, porque las experiencias que vivimos con cada persona, objeto o situaciones lo asociamos con determinados estados de ánimo, emociones y sentimientos al margen de las creencias que cada uno posee sobre el objeto evaluado. Asimismo, señala que existen muchos planteamientos que explican de cómo los afectos influyen en la formación de las

actitudes y destaca los tres más importantes: “el condicionamiento clásico, el priming afectivo y la mera exposición” y explica cada uno de ellos.

El condicionamiento clásico, es usado frecuentemente en la formación y cambio de respuestas afectivas. Este se refiere a una forma de aprendizaje que provoca una respuesta emocional inicialmente a través de un estímulo condicionado emparejado a un estímulo incondicionado, en palabras de Briñol (2017):

Se refiere a una forma de aprendizaje en la que un estímulo que inicialmente no evoca ninguna respuesta emocional (estímulo condicionado) termina por inducir dicha respuesta como consecuencia de su emparejamiento sucesivo con otro estímulo (estímulo incondicionado), que sí provoca naturalmente la mencionada respuesta afectiva.” (p. 465).

Al respecto (Barra, 1998) resalta que, algunos estímulos que inicialmente se presentan como neutros y son emparejados con estímulos que elicitan fuertes reacciones negativas, en consecuencia estas provocarán reacciones desfavorables, por lo tanto pueden ser adquiridas (p.100)

El priming afectivo, es “una variación de los procedimientos tradicionales de condicionamiento clásico” que consiste, básicamente, en la variación del orden de emparejamiento de estímulos del condicionamiento clásico, ya que primero utiliza el estímulo incondicionado y luego el condicionado, para de esa forma conocer de forma indirecta las actitudes de las personas hacia los estímulos incondicionados.

(Briñol, 2007, p. 466).

La mera exposición, resalta que se pueden formar actitudes dejando de lado el emparejamiento de estímulos, considera que solo basta presentar un estímulo reiteradamente para que guste a las personas.

Actitudes basadas en la información conductual

Las actitudes se reflejan “por la forma en que el propio comportamiento puede servir de base para desarrollar nuestras evaluaciones sobre diferentes objetos

de actitud. Es decir, las conductas que realizamos en relación con dichos objetos pueden proporcionar información relevante para la constitución” (Briñol 2007, p.468). Es decir que, la forma en que nos comportamos (acciones, intenciones/

tendencias) afecta a nuestras actitudes.

De acuerdo Briñol (2007), los procesos que explican la influencia de la conducta sobre los propios estados internos son el condicionamiento clásico, la disonancia cognitiva, la autopercepción, el sesgo de búsqueda y la autovalidación.

Condicionamiento clásico. Nuestra propia conducta puede afectar a las actitudes funcionando como un estímulo incondicionado.

Disonancia cognitiva. Explicar cómo nuestra propia conducta nos influye para que acabemos adquiriendo y modificando nuestras actitudes” y en referencia a las explicaciones de Festinger (1957) citada por Briñol (2007) señala que, “cuando las personas se comportan de forma inconsistente con su forma de pensar se produce un estado aversivo de malestar que lleva a las personas a buscar estrategias para reducir o eliminar ese estado de ánimo negativo”

Autopercepción. La teoría de la Disonancia es la teoría de la Autopercepción planteada por (Bem, 1972) Según esta teoría, utilizamos la observación de nuestras propias conductas para juzgarnos a nosotros mismos, igual que hacemos con la conducta de todos los demás”.

Sesgo de búsqueda. La propia conducta también podría cambiar las actitudes haciendo unas creencias o pensamientos más accesibles que otros.

Autovalidación. La Teoría de autovalidación planteada por Briñol y Petty (2003), explica que la propia conducta se utiliza en ocasiones como un indicador de la validez de los propios pensamientos. Es decir, la conducta no sesgaría los pensamientos que vienen a la mente, sino que serviría para decidir sobre su validez” (pp. 468 - 469).

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