Introducción
Capítulo 1: 34;Recorridos teórico-metodológicos"
1.1 Referentes teóricos
1.1.2 Sobre el sujeto del discurso
1.1.2.1 Posiciones de sujeto yposicionamiento discursivo
En los estudios arqueológicos que Foucault (1963, 1969, 1975) efectuó sobre la medicina, su mirada y su discurso, se detecta el momento en que la cuestión de la salud de las poblaciones se convirtió en una de las normas económicas requeridas por las sociedades industriales de la civilización occidental. Hacia el siglo XIX, las políticas de actualización sanitaria implicaron la renovación de las técnicas y de los avances instrumentales. El campo documental, foijado de las observaciones publicadas y transmitidas y las informaciones estadísticas, cobró una importancia inusitada sobre el libro y la tradición. El hospital, en tanto, devino en el espacio en que tenían lugar las observaciones sistemáticas y homogéneas, las confrontaciones en amplia escala y la detección de la enfermedad, ya no como especie singular, sino como proceso cuyos límites y posibilidades de evolución ofrecían puntos de referencia significativos. La incorporación del laboratorio a la práctica clínica cotidiana, asimismo, proveyó al discurso médico de notas experimentales, similares a las propias de la fisica, la química y la biología (Foucault E19691 2008a: 69-71) En efecto, el establecimiento de los nuevos sistemas de registro de flotación, de descripción, de clasificación, de integración en series numéricas y en estadísticas, redefinieron las diversas situaciones que podía ocupar el sujeto del discurso médico. En el conjunto de los "sujetos parlantes", éste seria el único con el derecho a emplear el lenguaje específico de géneros como los informes sobre la interpretación de signos corporales, los relatos clínico-biográficos, o las estimaciones estadísticas sanitarias. En este sentido, Foucault afirmará que el valor, la eficacia y aun los poderes terapéuticos de la palabra médica no son disociables del personaje estatutariamente definido que tiene el poder de articularla así como de manifestar el poder de resguardar a los pacientes del dolor o de la muerte (ibid.: 70).
¿Cuáles serían los parámetros que definirían el estatuto del médico? Primero, los criterios propios de su competencia y de su saber. Luego, el régimen de autoridad determinado por los ámbitos institucionales (el hospital, el laboratorio, el campo documental, la práctica privada) desde los cuales el médico despliega sus discursos, los legitimay los aplica Intervendrían, también, las condiciones legales que dan derecho a la práctica .y a la experimentación. Finalmente, operarían en este estatuto los rasgos que
definen el rol del médico con el conjunto de la sociedad, es decir, el papel y los derechos de intervención y decisión que la sociedad le reconoce al médico, y las funciones que le solicita al considerarlo guardián y garante de la salud de una población, de un grupo, de una familia o de un individuo (Ibid.: 70-71). Pero los interrogantes que orientan a Foucault en el desentrañamiento del "sujeto de la palabra médica" conciernen, además de los aspectos señalados sobre su estatuto, a las posiciones que el sujeto despliega en el marco de su práctica. Estas posiciones son definidas por la situación que le es posible ocupar en cuanto a dominios u objetos del campo e implican, por ejemplo: al sujeto interrogante, al sujeto observador, al sujeto de la enseñanza o pedagogía hospitalaria.
Este haz de relaciones, recíprocamente implicadas entre el estatuto, los ámbitos institucionales y las posiciones (terapeuta, pedagogo, difusor y/o responsable de la salud pública) del sujeto médico, puede rastrearse en las modalidades de enunciación que se ponen en juego en su discurso y que, en términos de Foucault (ibíd. :72-73), responden a la construcción de los puntos de vista, de las formas y el estilo de la descripciones, o a la utilización de razonamientos inductivos, probabilísticos o causales' 5
En principio, estos lineamientos nos han resultado fecundos para reflexionar sobre este haz de relaciones (institucionales, posicionales) que atraviesan a un sujeto de la palabra médica particular en el que se tensionan y articulan problemáticas políticas y científico-pedagógicas. Sin embargo, hemos precisado de una ampliación teórico- metodológica acorde a los propósitos del campo disciplinar en el que nos inscribimos, al momento del análisis. A partir de los interrogantes de Foucault concernientes a las posiciones del sujeto, Maingueneau (2006: 151-152) ha establecido la categoría de toma
de posición o posicionamiento, y ha ampliado su alcance analítico desde el campo médico hacia otros dominios de discurso en los que el "derecho a enunciar" no seria tan preciso. En este sentido, el análisis del posicionamiento abordaría otras operaciones tales como el empleo de cierto léxico, registro de la lengua o género mediante las que el locutor se instaura, se posiciona en un campo discursivo (Charaudeau y Maingueneau 2005: 452-453), pero también involucraría a la construcción de la imagen del locutor, en
15 Foucault afirma que las modalidades de enunciación han sido renovadas por el discurso clínico del siglo XIX, y que remiten, antes que a la síntesis o a la función unificadora de un sujeto, a su dispersión en diversos estatutos, ámbitos, posiciones que puede ocupar o recibir cuando pronuncia un discurso (Foucault
términos de ethos (Maingueneau y Cossutta 1995: 123-124). Mediante esta última categoría, que ha resultado privilegiada para las tendencias francesas del Análisis del Discurso en las últimas décadas y que especificaremos a continuación, abordaremos nuestro análisis en los Capítulos 6 y 7. No obstante, varios de los lineamientos señalados de Foucault sobre el estatuto del sujeto de la palabra médica y sobre las modalidades de enunciación serán retomados en el Capítulo 7.
1.1.2.2 Ethos, auditorio y análisis argumentativo del discurso
Se ha señalado que la noción cilios, proveniente de la retórica aristotélica, y referida por Arnossy como la imagen de sí que el orador construye en su discurso para contribuir a laeficacia de sus palabras, fue articulada de manera efectiva a los estudios del lenguaje en las elaboraciones pragmático-semánticas de Oswald Ducrot (1984), al establecer que el análisis del locutor consiste en observar, antes que lo que él dice de sí mismo, la apariencia que le confieren las modalidades de su habla' 6 (Amossy 2000: 60, 65).
Sin embargo, en esta investigación privilegiamos, por una parte, las consideraciones teóricas efectuadas por Ruth Amossy (1999, 2000, 2002, 2008), concernientes al estudio del ethos, que parten de la articulación entre las propuestas de la retórica (Aristóteles) y de la nueva retórica (Perelman), y las que denomina como lingüística de la enunciación o lingüística del discurso (Benveniste, Kerbrat-Orecchioni).
La concepción de Amossy, que desde un andamiaje enunciativo propone un análisis de la construcción del ethos en su relación recíproca con la construcción de su auditorio, nos ha resultado útil para el estudio de las configuraciones vinculantes de las distintas imágenes del profesor académico y del alumno de medicina que se diseñan en los textos de enseñanza e investigación que nos convocan. Por otra aparte, apelamos a las
16 Para Duero!, "el ethos está ligado al locutor en tanto tal (L)" dado que al estar en el origen de la enunciación se ve investido de lo caracteres que la hacen aceptable o desechable. Solo con el fin de referir de modo sucrnto la perspectiva de Ducrot -autor que excede el mareo teórico de esta investigación- vale aclarar que su reflexión, cuyo nivel de análisis se sitaa en la lengua y no en el discurso, distingue entre el locutor (L), responsable de la enunciación, y el locutor Q. del cual se habla y que se transforma en objeto de lo dicho. En el sentido ducrotiano, el ethos no tiene que ver con lo dicho explícitamente en la alocución -
"No se trata de las afirmaciones jactanciosas que puede emitir sobre su propia persona dentro del contenido de su discurso"- (1984: 205); es, por el contrario, tributario de lo que el discurso testimoma por lo que muestra.
reflexiones de Maingueneau (1995, 1999, 2002, 2008, 2010) en la medida en que han inscripto la noción de ethos al Análisis del Discurso en vinculación con una serie de categorías (escena de enunciación, ethos prediscursivo, incorporación), que enriquecen nuestro abordaje en el análisis de las imágenes discursivas mencionadas.
En las últimas décadas, Amossy y Koren han destacado la indagación del ethos y del auditorio como intereses privilegiados del ADARR Groupe 17. Tal como especifica el número inaugural de su órgano de difusión, la revista ArgumeÑtalion & Analyse du discours, su propósito es el de explorar los vínculos entre el Análisis del Discurso, al que entienden -alineadas con Maingueneau- como el análisis de un dispositivo de enunciación en el cual la organización textual y la situación de comunicación están intrínsecamen1e ligadas, y ciertos enfoques de los estudios argumentativos (Amossy y Koren 2008: § 2)18. Establecen este vínculo de manera recíproca: mientras que, por un lado, entienden que el Análisis del Discurso debe dotarse de un panel argumentativo (panel que, señalan, aún está muy lejos de ser unánime); por otro, consideran que los esquemas de razonamientos o de estrategias retóricas propias del trabajo de persuasión deben ser abordados a partir de la materialidad concreta del discurso y siempre de manera tributaría a sus reglas 19. Así pues, en nuestro trabajo nos apoyamos en la concepción de locutor entendida por el Análisis Argumentativo del Discurso que, aún reconociendo el modo en que los espacios socioculturales e institucionales lo vuelven tributario de una doxa de época, registra su capacidad de maniobrar en este espacio para definir un
17 El primer número de la revista despliega una sub-sección sobre "Ethos et pathos: á la criosée de l'AD et de l'argumentation" (2008), el tercer número, en tanto, se despliega en su totalidad sobre la problemática del "Ethos discursif et imagen d'author" (2009).
18 Disponible en http:llaadrevues.org/184 [Fecha de consulta 1-11-20111. El símbolo § refiere a la numeración de los párrafos en esta publicación, que solo ofiece un formato virtual.
Dado el interés por la retórica, la perspectiva argumentativa de Perelman es mayormente recuperada en las elaboraciones del ADARR Groupe. También son tenidos en cuenta otros enfoques sobre la argumentación como los de Stephen Toulmin, Christian Plantin y los propios de Grize. En efecto, la concepción del discurso como una tentativa de hacer ver las cosas de cierta manera y de actuar sobre el otro aproxima los postulados del ADARR Gmupe a los de la perspectiva argumentativa de la Lógica Natural que, atenta a las premisas compartidas por un auditorio, se ocupa de analizar los razonamientos efectuados en lengua natural (Grize 1996: 80). De manera puntual, Amossy (2008: § 4) rescata de Grize, la idea del interlocutor como alter ego sobre el que se intentará compartir una visión, antes que su concepción como un objeto de manipulación.
19 En la medida en que el Análisis del Discurso se ocupa del funcionamiento del discurso en situación,
proyecto específico o de hacer cierto uso eficaz de la palabra con efectos persuasivos (Amossy y Koren 2008: § 11)20.
El acento que Amossy propone sobre la noción de ethos parte de la recuperación de aquellas reflexiones aristotélicas que habrían irrumpido como una crítica frente a los estudios que ignoraban el relevamiento de las pniebas de persuasión en el discurso. Tales pruebas fueron clasificadas por Aristóteles, a partir del modo en que el carácter moral del orador se articulaba como digno de ser creído cuando pronunciaba el discurso de una u otra manera (ethos), pero también a partir de la disposición de los oyentes para ser conmovidos o apasionados por el discurso (pathos), y de las pruebas lógicas propias del discurso que demostraban lo verdadero o lo verosímil sobre la base de lo que en cada caso era apto para persuadir (logos) (A rs Rhetorica LI, 1354 a; 1356 a).
En la reactivación de las formulaciones retóricas como eje constitutivo del Análisis del Discurso, Amossy le otorga un lugar privilegiado a las reflexiones de Chaim Perelman ([19581 1989: 34) concernientes a las técnicas y a los medios discursivos que permiten provocar la adhesión de• los destinatarios a las tesis presentadas para su asentimiento. Mientras que entre los siglos y y XV, el lugar de la retórica en el seno del trivium se había debilitado en beneficio de la gramática y de la lógica (Adam 2002: 5) -desarticulación acentuada a partir del auge alcanzado por las demostraciones propias de la razón cartesiana y de los criterios y las evidencias científicas-; el interés de Perelman por rehabilitarla subrayó el hecho de que es siempre en función de un auditorio que se desarrolla toda práctica persuasiva, por lo que su perspectiva propone rebasar los límites de la retórica antigua y ampliar su estudio a todo tipo de géneros discursivos y de auditorios2' (Perelman y Olbrechts-Tyteca 11958] 1989: 37, 42-43; Pereiman [1977]
1997: 23=24). En esta concepción la persuasión efectiva depende de que la construcción que el orador (se) haga de su auditorio sea la más adecuada para la ocasión, por lo que
20 Vale destacar que este enfoque no se aleja demasiado de la concepción de locutor de la Lógica Natural.
En efecto, si bien Grize concibe un locutor que puede, a partir de preconstruido cultural, reorganizar el material verbal en función de un ajuste del sentido del objeto, no desestima ni los planteos de Pécheux (1969) que consideran al discusso de un sujeto como representativo de la relación entre su situación socio- económica y su posición (ideológica) en un estructura; como tampoco reniega de la concepción de Kerbrat- Orecchioni (1986), en cuanto a la necesidad de establecer una relación dialéctica entre las prácticas discursivas y sus condiciones socio-culturales de efectuación Grize 1990: 32).
2 Definido como el conjunto de aquellos sobre quienes el orador quiere influir con su algumentación, el auditorio es una preocupación central para la nueva retórica Perehnan y Olbrechts-Tyteca [1 9581 1989:
38).
aquel no podrá escoger como punto de partida de su razonamiento, sino tesis admitidas por aquellos a quienes se dirige Perelman y Olbrechts-Tyteca [19581 1989: 55; Perelman [1977] 1997: 43)22
Asumidos estos lineamientos, Amossy (1999, 2000, 2002) propone un abordaje enunciativo de las dimensiones del ethos y de auditorio. Para diseñar este enfoque parte de los pioneros estudios enunciativos que definían al discurso como el "lenguaje puesto en acción necesariamente entre participantes" (Benveniste f19581 1985: 179), y entiende que al situar una relación de mutua dependencia entre locutor y alocutario (postulado este último implícita o explícitamente), la enunciación es necesariamente alocución, es decir, por definición, propone un alocutario. En la especificación de los lineamientos que guiarían este análisis, Amossy se nutre de la propuesta de Kerbrat-Orecchioni y de su estudio sobre los procesos lingüísticos (shfters, modalizadores, términos evaluativos) como huellas de las tomas de posición y de los juicio de valor del locutor a través de las cuales imprime su marca en el mensaje y su relación frente a éste (Kerbrat-Orecchioni 1986: 43).
Es importante señalar que este estudio de Kerbrat-Orecchioni sobre las modalidades de inscripción del alocutario en el discurso anclaban, a su vez, en las reflexiones sobre "las condiciones de producción del discurso" desde la que Michel Pécheux (1978: 48) ilustraba los lugares de enunciación (A y B), como determinados por la configuración específica de una formación social (por ejemplo, el lugar del patrón y del obrero)23. Estos lugares de representación adquirían, en el vocabulario de Pcheux, el nombre de formaciones imaginarias y designaban, justamente, el lugar que A y B atribuían cada uno a si mismo y al otro, a través de regias de proyección que los
22 Vale aclarar que no fueron únicamente los postulados de Perelman sobre la retórica los que permitieron su reivindicación entre las reflexiones sobre el discurso. Los estudios retóricos barthesianos (1968: 7) han señalado que "no es más que a partir de la antigua Retórica ( ... ) que una ciencia del discurso pudo salir a la luz, o -para ser prudente- pudo reclamar su existencia". Barthes (2003: 88) incluso ha indicado que Retórica fue el glorioso nombre que, durante mucho tiempo, tuvo la lingüística del discurso.
23 En su relectura del esquema clásico de Jakobson sobre la comunicación, Pécheux transfiere el punto de gravedad desde el emisor al mensaje. Propone, por eso, descartar la idea de un acto de transmisión de información entre emisor y receptor, y reemplazarla por la de un efecto de sentido que se produce por el despliegue de los enunciados de un discurso, ya no entre seres humanos concretos que ocupan el lugar de
estructuran 24. Al reconsiderar estas relaciones en términos de inscripción discursiva, Kerbrat-Orecchiom (1986: 28-29) entiende que la definición del alocutano es explícitamente considerada por el locutor y las operaciones para codificarlo dependen de la imagen que éste se construye de aquellas. De este modo, Amossy concibe en los enfoques de Pécheux y de Kerbrat-Orecchioni, cierta aproximación a la problemática enunciativa de las imágenes inscriptas en el ethos y en el auditorio, formulación que ella desarrollará de manera exhaustiva (Amossy 1999, 2000, 2008).
Interesado, asimismo, en un abordaje de esta noción desde instancias enunciativas, Maingueneau (2008) sostiene que si bien el ethos está crucialmente ligado al momento y acto de enunciación, el auditorio puede construir representaciones sobre la imagen del locutor, incluso antes de que se pronuncie o constmya un enunciador. De este modo, señala la importancia de un análisis que atienda a las dimensiones discursivas y prediscursivas del ethos. Aún más, Maingueneau (2008: 60) entiende que aunque el destinatario desconozca la imagen previa de aquel locutor, por el solo hecho de que un texto pertenezca a un género de discurso o a un cierto posicionamiento ideológico induce a prejuicios en materia de ehos. En este sentido, la cuestión de los géneros no es menor en este enfoque que convoca a un estudio del ethos siempre en vinculación con las instancias que dan cuenta de la escena de enunciación (Maingueneau 2002: 9, 2009: 93).
Es decir, el análisis del ethos discursivo no podría desentenderse ni de la escena englobante de tal discurso (aquella que le otorga estatuto pragmático al discurso, o lo integra en un tipo: publicitario, administrativo, filosófico) ni de su escena genérica (aquella que plantea un contrato ligado a un género o sub-género del discurso: editorial, sermón, guía turística, visita médica), así como también debería considerárselo de
24Pécheux ejemplifica este juego recíproco de relaciones imaginarias a partir de una serie de preguntas que se hacen el remitente y el destinatario: ",Quién soy yo para hablarle así? (imagen de A sobre el lugar de A); ",Quién es él para que yo le hable así?" (imagen de A sobre el lugar de B); "Quién soy yo para que él me hable así?" (imagen de B sobre el lugar de B); " 4,Quién es él para que me hable así?" (imagen de B sobre el lugar de A) (Pécheux 1978: 49). Destacamos que la Lógica Natural también se acerca a estas problemáticas en su propuesta de esquematización de los objetos. En ésta entraría en juego no solo las representaciones del locutor (A) sobre el tema (F) y el auditor (B), sino también aquellas concernientes a las relaciones (jerarquía, igualdad, distancia) entre los tres elementos, es decir, del vínculo entre interlocutores (A-B), de la actitud del auditor sobre el tema (B-T) y del tipo de relación (opinión, creencia, certidumbre) entre el locutor y el tema (A-T). Grize (1990: 32-35) se interesa en este esquema de representaciones recíprocas qué, delimitadas las distancias en términos de presupuesto teóricos subyacentes, habían formulado la nueva retórica, la lingüística de la enunciación y la reflexiones pécheuxtianas, aunque acentúa, en la reconstrucción de dicho intercambio, la necesidad de observar las representaciones sobre el objeto, elemento clave de su propuesta.
acuerdo con una escenografla, o sea, de acuerdo con una escena de habla que, sin ser impuesta por género, el discurso propone para ser enunciado y que a su vez, lo valida y lo legitima a lo largo de su desarrol10 25. Finalmente, Mainguéneau (2008: 65) considera como elemento constitutivo el modo en que el destinatario (auditor o lector) se apropia o asimila de dicho ethos, al que denomina instancia de incorporación. La observación sobre la construcción del ethos y del auditorio que se despliegan en la discursividad médico-académica de Ramos Mejía e Ingenieros, tal como la conciben Amossy y Maingueneau, tendrá lugar en los capítulos 6y 7 de esta tesis 26.