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Sociedad, complejidad y TIC: estableciendo un escenario

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REPRESENTACIÓN TERRITORIAL Y CONTEXTOS EDUCATIVOS

3. CONTEXTO SOCIAL DE LA TECNOLOGÍA EN LOS PROCESOS EDUCATIVOS PROCESOS EDUCATIVOS

3.2 Sociedad, complejidad y TIC: estableciendo un escenario

3.2.1 Sociedad del Conocimiento frente a una Sociedad de la Información Un punto de partida necesario para intentar comprender la realidad en que se sitúa la sociedad actual, es determinar el rol que están cumpliendo los avances tecnológicos en el desarrollo y estructura de las comunidades en sus constantes intentos de alcanzar el bienestar. Este punto se encuentra marcado por la diferenciación entre los conceptos de

“Sociedad de la Información” o “Sociedad del Conocimiento”52, estructuras que en un principio parecen similares, pero que tienen trasfondos desiguales, y con ello, implicaciones diferentes en lo que respecta a cómo se configuran, entienden e interpretan esta nuevas condiciones en los ámbitos sociales del ser humano (Martínez Abad, 2013).

En una “Sociedad de la Información53 el protagonismo lo determinan los medios digitales que permiten la creación y divulgación de los datos a escala global. Este constante traspaso de información digital se hace presente en muchos sectores de la sociedad, traduciéndose en nuevas formas de organización social y productiva (Castells, 2010; CEPAL, 2003; Joyanes Aguilar, 1997). Por otro lado, en una “Sociedad del Conocimiento” no solamente se hace referencia a la complejidad de los soportes tecnológicos, diferenciándose de una etapa anterior –Sociedad Industrial– por las nuevas formas de producir conocimiento dando importancia al uso de las TIC y su implementación en las actividades económicas. Además:

52 El concepto fue desarrollado en 1969 por Peter Drucker, experto en administración empresarial, que le dedicó un capítulo en su obra “La Era de la Discontinuidad” a «La Sociedad del Conocimiento». En este capítulo desarrollaba, a su vez, una idea anterior, apuntada en 1962 por Fritz Machlup, la de «Sociedad de la Información» (Brey, 2009, p. 19).

53 Es importante destacar el concepto de Cibersociedad, presentado por Joyanes (1997), el cual, como sinónimo de Sociedad de la Información “…se sustenta en el hecho de que la información es un recurso o bien económico fundamental y base del desarrollo social actual. La información es un bien que no se agota con su consumo, es más, puede que se enriquezca en un desarrollo ideal y utópico hasta valores incalculables, naciendo otra nueva y rica información que cada vez va produciendo más información” (p.

169), estableciéndose como una de las primera referencias en torno al valor que toma la información en una nueva etapa conocida como Sociedad del Conocimiento.

- El conocimiento es unos de los pilares del crecimiento económico, junto con el capital y el trabajo, siendo fundamental para la creación de productos con un alto valor agregado que a su vez dan lugar a servicios y tangibles ricos en complejidad y también en conocimiento (Bell, 2001; Krüger, 2006);

- Los procesos educativos adquieren un nuevo rol con dimensiones que parten de la formación inicial, pasando a la profesional, hasta llegar a la formación a lo largo de la vida (López i Amat, 2010; OECD, 2001; Reich, 1992);

Así, la ‘Sociedad del Conocimiento’ queda establecida en función de cambios habidos en ciertas áreas de la tecnología y también en algunas actividades económicas que se encuentran fuertemente enlazadas con la actuación de las TIC. Los ámbitos implicados parten de la planificación de la educación y la formación, pasan por la organización de la información entendida como gestión de conocimiento, y llegan a las formas de entender las actividades laborales con conocimiento (Brey, 2009; Jara et al., 2015; Krüger, 2006).

3.2.2 Precauciones en torno a esta Sociedad del Conocimiento, en un contexto de aprendizaje

La Sociedad del Conocimiento es un concepto de entrada que ya no solamente abarca los corpus teóricos de la economía o la sociología: se ha transformado en un punto común en las Ciencias Sociales debido al impacto transversal –desde lo político hasta lo educativo– y a diferentes escalas –desde lo personal hasta lo nacional– que tienen la información y la tecnología sobre el quehacer humano. Sin embargo, la construcción de un concepto tan general que todo lo puede ser, debe ser presentada con atención. Autores como Heidnereich (2003) proponen una postura escéptica frente al fenómeno, planteando interrogantes como la definición inherente de sociedad en la cual, el conocimiento, es una base fundamental de su composición: ninguna sociedad existe sin disponer de algún tipo de conocimiento (como se cita en Krüger, 2006).

Otro punto importante lo establece Innerarity (2009, 2011) en donde la sociedad actual está abocada a una particular especie de ignorancia que es consecuencia del contexto y las características propias de la modernidad –y el exceso– de datos en que se encuentra inmersa. La complejidad tecnológica no solo facilitaría el intercambio de

información en diferentes magnitudes y escalas, sino que también sería fuente de nuevas dificultades que es necesario abordar. Estas precauciones se expresarían en las formas siguientes:

- Los datos en crudo no sirven para representar el carácter no inmediato de nuestra experiencia de mundo. Los avances actuales de la ciencia no hacen más fácil la comprensión de la realidad, sino por el contrario, la complejizan a niveles tales que solo es posible entender una parte general de un sistema cada vez más complejo.

Y, como consecuencia, cuanto más complejo es el sistema “realidad”, más se cae en la tentación simplista de aceptar los fundamentos y hechos sin la conocer la naturaleza del por qué funcionan, relacionan o producen los fenómenos, dando todo por la facilidad que significa dar todo por supuesto. En síntesis, la aceptación sin el comprender. Lo anterior se produce por la complejidad de los conocimientos generados por las ciencias en la actualidad, los cuales, en su mayoría, cada vez se relacionan menos con la experiencia inmediata de la vida cotidiana de los individuos y por tanto, resultan incompresibles para el sentido común y con ello, excluyen la posibilidad de crear un correcto entendimiento.

- La cantidad y densidad de la información existente es enorme. En la actualidad el saber de la humanidad se duplica cada cinco años, pero el conocimiento generado se ha vuelto excesivamente fragmentado o especializado, lo cual da lugar a que la visión de conjunto de los fenómenos de la realidad sea más difícil de alcanzar. A lo anterior se le agrega que la sociedad se encuentra en un maremágnum de sobrecargas de información que no tienen directrices ni guías, y esta sociedad no dispone de una capacidad de procesamiento humano que permita y logre su entendimiento y el posterior paso para la generación de saber54.

- Existen diversas interacciones y a veces complejas mediaciones tecnológicas con la realidad. Al parecer, en este mundo interconectado, el saber se encuentra en todas partes, con expertos y temáticas que confluyen, principalmente, en el ciberespacio. Sin embargo, nuestra capacidad de autosuficiencia se ve cuestionada en el momento en que mucha información no se puede comprobar, ni siquiera

54 La búsqueda del concepto “Sociedad de la Información” en www.google.es arroja 22.800.000 millones de resultados (consultado el 7 de enero de 2016). Dedicando solamente un minuto para la visita de cada resultado, se necesitarían 43,37 años para poder consultar la totalidad de la información obtenida.

entender: aparatos que no sabemos cómo funcionan (a manera de ejemplo coches, ordenadores, electrodomésticos por mencionar algunos) o sucesos y eventos que no se pueden comprobar de manera inmediata poniendo en duda su veracidad. Toda la información se encuentra sumida en profundas cajas negras en donde solo es posible comprender y procesar los simples “outputs” que generan dichos sistemas, pero sus componentes y sus interrelaciones tienen que aceptarse como reales y certeras.

A pesar de esta situación, las sociedades tienen la posibilidad de adaptarse mediante una suerte de resiliencia estructural, que les permite avanzar hacia nuevas etapas en donde la información adquiera un nuevo valor y forma: el saber.

3.2.3 Cuando la información se convierte en saber

Así en esta Sociedad del Conocimiento, el asunto principal radica en el cómo se procesa y entiende la simple recolección de datos y se transforma en algo más importante y con valor agregado, lo que se conoce como conocimiento. El conocimiento ya no sería la simple información, aislada de contexto, origen y objetivo en sí, sino que también lleva consigo en su construcción la experiencia del que la interpreta, el juicio de quien la valora, la intuición y la incorporación de valores de discernimiento, y así aporta un orden coherente, con lógica y relevancia práctica (Innerarity, 2011, p. 27). Los simples datos iniciales, que se caracterizan por ser de diversa naturaleza, con estructuras y elementos heterogéneos en su composición y expresión, no conllevan la distinción fundamental de lo que es utilidad, reflexión y sentido. Al aportar esas propiedades a la información se logra lo que es el saber, un tipo de conocimiento que está verificado y legitimado por un mecanismo institucional válido como son los grupos o las sociedades científicas (Lesemann, 2014).

3.2.4 La apuesta de la educación en la Sociedad del Conocimiento. De la implementación de los datos al creación de políticas del saber

La inclusión de las TIC en los procesos educativos va estableciendo –no necesariamente de manera explícita y premeditada– la creación de lazos entre disciplinas, desde acciones conjuntas, mezcladas e integradoras, intentando visualizar una realidad que es sumamente compleja y que tiene múltiples formas de lectura e interpretación. En

otras palabras, se pretende la creación de un saber que tenga un significado para el que lo comprenda, lo utilice y lo enseñe. Lo que en un primer momento es un problema de atomización de conocimientos o de aislamiento en la comprensión de los fenómenos que se encuentran profundamente interrelacionados en la realidad, hace necesario el establecimiento de marcos y estructuras generales en la compresión de la información para tratar de comprender, o al menos iniciar, un nivel de conciencia que establezca que el mundo real está formado por diversas dimensiones, capas e interrelaciones, las cuales funcionan como un todo que es particular. Así, se trata de evitar la hiperespecialización – o aislamiento de contenidos– propia de esta época tratando de crear un modelo investigativo donde confluyen diferentes conocimientos, temáticas, métodos y experiencias:

“El conocimiento pertinente debe enfrentar la complejidad.

Complexus, significa lo que está tejido junto; en efecto, hay complejidad cuando son inseparables los elementos diferentes que constituyen un todo (como el económico, el político, el sociológico, el psicológico, el afectivo, el mitológico) y que existe un tejido interdependiente, interactivo e inter-retroactivo entre el objeto de conocimiento y su contexto, las partes y el todo, el todo y las partes, las partes entre ellas. Por esto, la complejidad es la unión entre la unidad y la multiplicidad. Los desarrollos propios a nuestra era planetaria nos enfrentan cada vez más y de manera cada vez más ineluctable a los desafíos de la complejidad. En consecuencia, la educación debe promover una «inteligencia general» apta para referirse, de manera multidimensional, a lo complejo, al contexto en una concepción global.” (Morin, 1999, pp. 15-16).

La idea no es terminar con la especialización y el reduccionismo de las disciplinas en este contexto de globalidad informacional, sino más bien, hacer frente al conocimiento desde la complejidad, dimensión que toma un nuevo significado y que va más allá de entender de manera sistémica las distintas realidades que existen. Desde esta perspectiva, temáticas y disciplinas que en un primer momento pueden aparecer aisladas –la educación, la tecnología y el territorio– se perciben como formantes de un sistema complejo, intentando comprender desde estas dimensiones en conjunto, las realidades que se crean como sociedad y sujetos.

Si desde hace mucho tiempo se reconoce la importancia de los procesos educativos en el avance y mejora de las sociedades y más particularmente de las personas, la incorporación de las TIC genera un nuevo escenario, en donde se podría dar respuesta a los grandes desafíos en torno al desarrollo con las dimensiones éticas, sociales, productivas, culturales y políticas, con ese marco general conocido como Sociedad del Conocimiento. De esta manera, cada región ha tenido implementaciones de diversa índole en la incorporación de las TIC al ámbito educativo y que hasta el día de hoy continúan siendo parte fundamental por incorporarse al escenario global desde estos aspectos.

3.2.5 Caso latinoamericano

En el caso latinoamericano la incorporación de las TIC en el ámbito educativo, ha perseguido como objetivo la constante mejora de los niveles educativos e indicadores de desarrollo. Como lo establecen Hilbert, Bustos y Ferraz (2015), los primeros proyectos de TIC implementados en educación se presentan a finales de la década de 1980 con el fin de disminuir la brecha digital de la región, teniéndose en cuenta que nos encontramos en un mundo cada vez más basado en la tecnología. De esta manera se establece como objetivo general modernizar los procesos de enseñanza-aprendizaje e implementar la informatización en las dimensiones administrativas y académicas de los centros educativos. De esta manera, y desde el año 2002, se han establecido una serie de reuniones que se sintetizan en el “Plan de Acción Regional sobre la Sociedad de la Información en América Latina y el Caribe (eLAC)” cuyo objetivo fundamental es determinar las necesidades tecnológicas de los países de la región en relación a los marcos globales establecidos en la cumbre “Objetivos de Desarrollo del Milenio”. Hasta la fecha ha habido tres versiones del plan (eLAC2007, eLAC2010 y eLAC2015), en donde se plantea que las TIC son un instrumento para el desarrollo económico y de la inclusión social de los países (Sunkel, Trucco, & Espejo, 2013).

En una escala más concreta de visualización, la mayoría de los países de la región han pasado a una siguiente fase, que va más allá de la implementación inicial de las TIC en los procesos educativos (Figura 3.1), configurándose una nueva etapa en donde se establece la formulación, ejecución y evaluación de proyectos educativos de mayor complejidad y mejores alcances en términos tecnológicos y educativos (Guerra & Jordán, 2010).

Figura 3.1 Políticas nacionales de TIC en América Latina y el Caribe

Fuente: Guerra y Jordán (2010)

Esta implementación de las TIC dentro de la región ha presentado diferentes formas y experiencias, teniendo antecedentes de comienzo en la década de los 70 del siglo XX con la inclusión de la radio y la televisión en los procesos educativos, para pasar en una segunda etapa a la incorporación de los ordenadores y al acceso generalizado a internet, hasta llegar al momento actual con la implantación de los dispositivos móviles en el aula (Sunkel et al., 2013).

Todas estas incorporaciones e iniciativas han tenido como resultado un avance muy irregular en lo tocante a la incorporación de las TIC y también en lo que respecta a su verdadera efectividad en el ámbito educativo. Dentro de la región existen países en los que la cobertura TIC continúa siendo muy reducida, y el acceso generalizado a

ordenadores a nivel escolar se encuentra en niveles lejanos a los estándares mundiales55. De manera paralela hay países con una fuerte implementación de las tecnología y con planes y programas revisados de manera constante y actualizados según los requisitos educativos como es el caso de Chile, Uruguay y Brasil (Jara & Toledo, 2009).

3.2.6 Situación en España

Dentro del entorno europeo y particularmente en el español, las TIC se han convertido en un medio de transformación y dirección para las actividades económicas.

Desde el año 2000, a través de la reunión del Consejo de Europa que se realizó en Lisboa, se planteó convertir a la Unión Europea (UE) en una economía basada en el conocimiento, con altas capacidades de competitividad y dinamismo. En este contexto se puso en marcha el “Plan de Acción Global eEurope i2010” cuyo objetivo era que todos los ciudadanos, escuelas, empresas y administraciones pudiesen acceder a las nuevas tecnologías de información y comunicación. Este plan de acción pretendía alcanzar tres objetivos (Valle, 2011):

- La construcción de un espacio único europeo de la información.

- Reforzar la innovación y la inversión de las investigaciones en materia de TIC.

- Lograr una sociedad europea de la información basada en la inclusión.

De manera local, España crea el Instituto de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado –INTEF– dependiente Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el cual realiza informes de manera periódica y es el responsable de la integración de las TIC en el ámbito educativo (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte España, 2015). El INTEF ha desarrollado diversos políticas para la incorporación de las TIC en el ámbito educativo destacando el Plan Avanza (2005-2010) cuyo objetivo es tener una inversión del 3% del PIB español en investigación y desarrollo (Vignola, Pardo Mellado, &

Peris Garcia, 2011).

55 Aproximadamente 4 estudiantes por ordenador (Instituto de Tecnologías Educativas, 2011).

De manera específica, en el ámbito investigativo, la mayoría de los estudios sobre la situación española de las TIC en la educación se concretan en seis factores (Colás Bravo

& Casanova Correa, 2010, p. 125):

- Uso e infraestructura de las TIC en los centros escolares.

- Iniciativas y actitudes hacia las TIC por parte del profesorado y los centros.

- Frecuencia de uso de las TIC en las actividades curriculares.

- Producción de materiales.

- Información sobre las TIC.

- Contexto escolar.

Al igual que en el caso latinoamericano, la implementación de TIC en los centros educativos se realiza de manera heterogénea sin ser tampoco extensiva, lo que se explicaría por diversas variables asociadas al uso integrador de las tecnologías en procesos educativos (de Pablos Pons, Colás Bravo, & González Ramírez, 2010).

Un claro indicador del escenario que se produce es el porcentaje de ordenadores presentes en los hogares (Figura 3.2) en donde se puede visualizar que el promedio general de los países de Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) corresponde al 77,2%, mientras que España presenta un 71,5%. Los países latinoamericanos participes de esta organización se encuentran muy por debajo del promedio actual (Brasil 45,4%, Chile 43,9% y México 30%).

Figura 3.2 Porcentaje de familias con acceso a un ordenador desde casa, año 2011 países OCDE

Fuente: Elaboración propia tomando como base datos de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico –OCDE– (2015).

3.3 Difusión de las innovaciones, adopción de tecnologías y su impacto en

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