Capítulo 4: Todos éramos una sola voz. 117
4.7 Todos éramos una sola voz. 143
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144 desigual del acceso a la vivienda. Precisamente ese desequilibrio o desigualdad social es lo que lleva a los Belvederes255 a alzar la voz, a organizarse hacía un fin en común.
Bajo esta dirección y justamente en oposición a aquel sistema que los excluye, los líderes de Belvedere tenían muy nítida la idea de colonia que querían edificar, es decir aplicando "un proyecto comunitario que trataba de ver un cambio en el sistema, es muy difícil pero se deja la semilla, entonces en ese tiempo se estudiaba mucho a Marx, a Engels y a Lenin, era una idea anti capitalista que pretendía hacer una colonia diferente a las demás” (Jorge Osorio Ortíz), de esta manera al interior de Belvedere se dejaban ver acciones, formas de organización y toma de decisiones que se negaban a continuar con el modelo imperante, pero que al parecer iban dirigidas a una comunidad autónoma.
Es importante señalar que a pesar de que se haga referencia a los líderes, la Casa del Pueblo se caracterizaba por ser una organización horizontal, donde la toma de decisiones se realizaba en consenso, ya que "la máxima autoridad era la asamblea general” (Jorge Osorio Ortiz), y en éstas “se juntaban todas las opiniones y decían pues esta es la más viable, pero ahí todos, todos cooperábamos con una opinión… bien o mal pero todos daban una opinión, ahí mismo se decidía qué se iba hacer, cómo se iba hacer, cuándo se iba salir a marchas, cuándo se iba a pedir algo, qué comisión iba a entrar, qué personas iban a conformar esa comisión y cada quien tenía su tarea” (Lucrecia Guadarrama Aristeo). De esta forma, los líderes (Jerónimo Martínez, Eloy Avilés, Mario Avilés) eran principalmente jóvenes universitarios que coincidían académica y teóricamente en desarrollar una forma de organización comunitaria, cooperativa, solidaria y participativa, con una perspectiva anti capitalista, que si bien las señoras, los señores, los jóvenes e incluso las niñas y los niños no conocían teóricamente, si lo hacían empíricamente al llevarlo a la práctica.
255 Algunos informantes mencionan que otras organizaciones los identificaban como los Belvederes.
145 Por lo tanto, en la Casa del Pueblo la toma de decisiones, la ejecución de las tareas, la respuesta ante situaciones de riesgo y en general el curso de la organización se movía en conjunto, en colectivo, de tal suerte que al interior de Belvedere había toda una infraestructura organizativa, una autogestión colectiva y una especie de autogobierno, ya que existían diferentes comisiones que abarcaban distintos aspectos de la comunidad: la comisión de honor y justicia que se dedicaba a asuntos relacionados con los predios, comisión de cultura en donde se conseguía el préstamo de proyectores y se pasaban películas mudas de Charles Chaplin, la comisión de salud que se encargó de hacer el primer centro de salud de la colonia, comisión del centro de abasto que se dedicaba a ver lo tocante al mercado y al comercio, la comisión de deportes que organizaba equipos de voleibol, futbol y una estudiantina, la comisión de relaciones exteriores que se encargaba de estar en contacto con otras organizaciones y trabajar en conjunto para ponerse de acuerdo en las movilizaciones.256 De igual forma se explicaba a los colonos qué era una cooperativa257, de manera que se formó la CEPAC, es decir una cooperativa al interior de Belvedere "donde se trataba de dar productos más baratos, para la comunidad” (Jorge Osorio Ortiz).
Asimismo, casi en todo momento se hacía presente la solidaridad entre los miembros de la organización, por una parte y tomando en cuenta que las familias que llegaban a la zona eran de recursos económicos bajos, inicialmente se construyó una cocina comunitaria, donde generalmente cocinaban las mujeres "se hizo una cocina para los compañeros que querían ir a comer ahí podían hacerlo gratis" (Lucrecia Guadarrama Aristeo), "aquí se compartía el pan y la sal y se hizo la cocina popular donde la gente que podía llevaba frijol, o si no donde se podía se sacaban los recursos para sostener esa cocina… inclusive en el basurero que estaba aquí junto, pues a juntar pescado o lo que tiraban y de ahí mismo se cocinaba, fue como se hizo la cocina" (Jorge Osorio Ortiz).
256 Información obtenida a través de la entrevista realizada a: Jorge Osorio.
257 Véase anexo 11.
146 En la cocina participaban todos, generalmente las mujeres cocinaban, mientras que otros iban a conseguir la materia prima para preparar los alimentos:
la leña, el agua, los alimentos, etc. Inicialmente una de las principales fuentes que tuvieron los colonos para obtener los alimentos, fue, por un lado, mediante el boteo, donde se dirigían a distintos lugares para explicarle a las personas sobre la situación de la colonia y pedirles un apoyo económico, por otro lado, recurrían al basurero que se encontraba a unas cuadras de la colonia, de ahí muchas personas subsistieron: "de ahí comimos mucha gente” (Jorge Osorio Ortiz), ya que en ese lugar los camiones de restaurantes descargaban alimentos, “había mucha comida buena, manzanas, me acuerdo muy bien porque mis hijos estaban muy chiquitos en ese entonces y… pues iban y traían unas manzanotas, de todo encontraban" (Hilaria Peláez Hernández).
“las personas de Belvedere estaban bien amoladas eh, pero fíjate que a pesar de que estaba uno bien amolado, yo me acuerdo que… nos invitábamos, como que era más humano uno… más… no sé… como que había más comunicación, me acuerdo que luego en la cocina nos servíamos, aunque fuera arroz y frijoles, pero había y todos comíamos bien a gusto, bien bonito, me gustaba esa unión que había, esa comunicación”. (María Blanca Huizar Rodríguez).
De igual forma, en el espacio que actualmente está destinado para el salón de usos múltiples, anteriormente se construyó un invernadero “donde se sembraban huazontles, había encinos, y ahí se hacían las faenas, se iban a regar y todos los consumían, "la gente que quería, “¿quién quiere?”, cuando ya estaba la cosecha, se daba y se respetaba… no iba la gente y lo agarraba, no lo tomaba… se distribuía a los que querían” (Jorge Osorio Ortiz). De ahí que algunos integrantes de la organización plantearan que en Belvedere “se quería hacer algo como lo que se hizo en Chiapas” (Jorge Osorio Ortiz), ya que existía la solidaridad y la distribución igualitaria y colectiva, por eso para todos todo.
Retomando lo planteado en el primer capítulo, respecto a la memoria como la determinación emocional de los recuerdos, reitero la idea de que los recuerdos generalmente los asociamos a sentimientos como: la nostalgia, el enojo, la alegría, el repudio, etc., ya que justamente la evocación de esos sentimientos se relaciona con la experiencia vivida de ese recuerdo. Esto lo pude observar en situaciones
147 muy claras, en situaciones generalmente de alegría y felicidad o de tristeza, coraje e impotencia, ya que mientras platicaba con los portadores de la memoria y les preguntaba ¿cómo era la convivencia dentro del grupo?, en su mayoría los informantes mostraban algunas expresiones faciales: sonrisas y suspiros que me permitían complementar sus palabras con los movimientos corporales.
Los Belvederes, tienen muy presente en la memoria la convivencia dentro del grupo, la mayoría de ellos coinciden, describen y caracterizan dicha convivencia como muy bonita: “era como si todos fuéramos una sola familia… a pesar de que éramos varios, todos nos preocupábamos por el bienestar de todos”
(Hilaria Peláez Hernández). Por su parte la señora Matilde al igual que Hilaria, apunta hacia la convivencia asociada a la hermandad: “hacíamos de cuenta que todos éramos una sola familia… fuimos muy unidos,
nos veíamos todos aquí como compañeros, no nos veíamos como extraños”
(Matilde Trejo). Asimismo la señora Soto enfatiza en las reuniones de los colonos no sólo con motivos asociados al conflicto de la territorialidad, sino también dirigidos a las diversas celebraciones: “era muy bonito, todos éramos compañeros, todos éramos compas… me acuerdo que en la navidad nos juntábamos y en la calle hacíamos piñatas, alguien ponía el aparatito ahí bailábamos todos, tomábamos ponche, todos convivíamos… y pues unas compañeras decían yo traigo el ponche o ahí mismo lo ponían con leña, unas piedras, ponían la olla y ahí bien calientito nos lo estábamos tomando" (María Felicitas Soto Cano). Incluso en la manera de dirigirse entre ellos mismos como compañero o compañera, se podía observar el sentido de pertenecía al grupo y la fraternidad existente: “...uno estaba más
Ilustración 6. Convivio de colonos de Belvedere (Imagen tomada del archivo de la Casa del Pueblo).
148 amolado, más jodido, pues uno buscaba el compañerismo, que anduviera uno como compañero para todos lados, porque eso es lo que éramos, compañeros…
compañeros de las desgracias de aquí, compañeros para luchar por un terreno"
(María Blanca Huizar Rodríguez).
De esta manera, Lucrecia, Jorge y Matilde mencionan la solidaridad entre los integrantes de la Casa del Pueblo, así como el respaldo, la defensa, la unión, la ayuda y el apoyo que se brindaban mutuamente: "!Era bien padre! éramos muy unidos, muy unidos que éramos… y sí alguien tenía un problema pues todos a ayudar o todos a ir con esa persona, era una unión muy muy bonita” (Lucrecia Guadarrama Aristeo), "era una convivencia muy sana, de hermandad, se podría decir, porque todos nos decíamos compa, ¿qué onda compa?, no había diferencias, todos éramos iguales y había mucho respeto… inclusive se decía:
aquí no hay líder, todos somos líderes, todos somos comunidad, todos somos uno sólo” (Jorge Osorio Ortiz), "todos respondíamos a una sola voz de lo que fuera...
entonces nos protegíamos unos a los otros, eso yo creo que fue lo que nos ayudó a quedarnos" (Matilde Trejo).
Ahora bien, los integrantes de la Casa del Pueblo no luchaban únicamente por bienes materiales, sino también y muy importante por bienes simbólicos, es decir que su lucha no iba orientada únicamente a la obtención de la vivienda, sino además hacia la reivindicación de las clases más bajas, de las clases más desprotegidas, de las clases olvidadas y excluidas, de las clases a las que se les niega cualquier acceso a una vida digna (alimentación, salud, vivienda, trabajo, etc.). Esto se puede ver claramente con lo que comenta la señora Josefina López respecto a lo que Jerónimo mencionaba sobre los derechos de las personas: "el difunto Jerónimo decía que nosotros teníamos derecho a vivir como los de Jardines258, porque ellos vivían con calles empedradas con cosas buenas, entonces por qué nosotros vamos a vivir mal, él decía siempre hay que vivir igual que los ricos, no nada más los ricos tienen derecho a vivir bien" (Josefina López).
Así pues, las luchas emprendidas por los Belvederes no son sólo objetivas y
258 Jardines es una zona residencial que igualmente se encuentra al sur de la ciudad de México.
149 dirigidas a la materialización, sino que también implican orientaciones simbólicas, dichas orientaciones son el resultado de un proceso de concientización política.
Así pues, la Casa del Pueblo se caracterizaba por la constante participación y organización colectiva, "todo estaba organizado, un grupo se dedicaba a una cosa, el otro a otra, pero todos teníamos que participar y todos teníamos que trabajar, trabajar para sostenernos porque de ahí nos sosteníamos, ahí comíamos, ahí vivíamos… lloviera o tronara ahí estábamos día y noche, defendiendo nuestras tierras y fue como nos quedamos… nos repartíamos el trabajo, el trabajo no se le dejaba a una sola persona, se hacía entre todos… éramos muchos y todos éramos una sola voz" (Hilaria Peláez Hernández). Como mencionaba con anterioridad, los colonos de Belvedere se enfrentaban a condiciones precarias de vida, a la austeridad de la vivienda, (pues tomando en cuenta las características climáticas del Ajusco, resulta muy difícil imaginar que las personas habitaran en casas de cartón), a la ausencia de servicios básicos en la zona, al fraude de los vendedores, a los desalojos y a la inatención y omisión de las autoridades de Tlalpan, justamente bajo esas condiciones se vuelve importante el papel que juega la colectividad y el poder del movimiento en las luchas sociales, ya que “un entorno de apoyo grupal es esencial para activar la disposición de los individuos a alzar la voz contra una autoridad injusta, autoridad que quizá hubieran podido tolerar si hubieran tenido que enfrentarse a ella solos”.259
Hasta ese momento, la Casa del Pueblo, contaba con tres de las cuatro propiedades empíricas que planeta Sydeny Tarrow en relación a los movimientos sociales: la primera se refiere al desafío colectivo, el cual iba dirigido en contra de los vendedores fraudulentos y posteriormente también en descontento con las autoridades de Tlalpan; el segundo tiene que ver con el objetivo común, es decir que las familias que llegaban a Belvedere se adherían al grupo bajo exigencias, intereses y valores comunes relacionados claramente con la obtención de la vivienda; y el tercero se relaciona con la solidaridad al interior del grupo, pues al estar insertos en contextos y situaciones comunes es casi inevitable que no
259 Sidney Tarrow. El poder en movimiento…, op. cit., pág. 55.
150 exploten sentimientos asociados al sentido de pertenecía del grupo. Sin embargo, en los inicios de la organización, aún era indescifrable el reto del mantenimiento planteado por Tarrow.
En este sentido, es de gran importancia la identificación dentro de las luchas sociales, ya que el hecho de que las personas tengan sentido de pertenecía al grupo, esto les permitirá entender de una mejor manera su situación existente y los beneficios que desean obtener para todo el grupo, pero no sólo, ya que a partir de conocer el entorno que los envuelve, podrán también plantear los riegos que están dispuestos a asumir.
Si bien es cierto que la organización de los colonos de Belvedere surgió de la negación a los efectos del capitalismo, cabe señalar que también se insertaban en la lucha popular urbana, ya que “la crisis económica ha conducido al capital a exigir del Estado una drástica reducción de los gastos que no le son directamente rentables, en particular en los servicios públicos”.260 En suma, se hace cada vez más evidente la política de austeridad iniciada por la burguesía y ejercida por el Estado respecto a la dotación de servicios básicos. En el caso de los belvederes, éstas afirmaciones se podían observar claramente, pues por una parte los vendedores fraudulentos y las inmobiliarias, específicamente la Inmobiliaria Rena, tenían en mente hacer con las tierras de Belvedere una colonia modelo, una zona residencial dotada de todos los servicios necesarios de vivienda, dicha colonia sería vendida a personas de clase media que pudieran pagar dichos costos, por su parte, la delegación de Tlalpan, no sólo no intervino en la especulación de la tierra, sino que además con su omisión invitó a los vendedores clandestinos a perpetuar la estafa: “la Inmobiliaria Rena ya tenía lotificado aquí para vender por lotes a la gente de dinero, a los ricos y nosotros como éramos pobres pues no nos querían vender” (María Teresa Salazar Ruíz).
Sin embargo y como mencionaba anteriormente, el caso de María de los Ángeles fue distinto, pues comenzó a vender a las familias sin importarle su
260 Manuel Castells. Movimientos sociales…, op. cit., pág. 119.
151 condición económica, pero ella tenía claro que únicamente estaba vendiendo esperanzas, ya que los terrenos no le pertenecían ni a ella, ni a nadie.
De manera que, la Casa del Pueblo comenzaba a coordinarse con otros grupos de apoyo, se une a la Coordinadora Nacional del Movimiento Urbano Popular (CONAMUP), contaban con el apoyo de los trabajadores de Ruta- 100, “de la CNPA de Michoacán, con arquitectos y científicos de la UNAM, con el PT, La Prepa Popular Tacuba, con varias organizaciones a nivel nacional, pero también con otros grupos inclusive había grupos de Nicaragua, el Salvador, pero igual luchando por un cambio” (Jorge Osorio Ortiz). Así pues, al hacer referencia al MUP, se hace alusión al desarrollo de las luchas urbanas respecto al otorgamiento y acceso a los bienes públicos, de aquellos excluidos, la idea es unificar las luchas, acumular las fuerzas. Y eso es precisamente lo que estaban consiguiendo los Belvederes, ya que cada vez se convertían en una organización más fuerte, por ello la señora Hilaria menciona: "teníamos mucho respaldo de otras organizaciones y fue como nos hicimos fuertes… era temible, en un tiempo fue temible la Casa del Pueblo", “venía mucha gente a apoyarnos: los de las escuelas, de las fábricas, los muchachos de la universidad (UNAM)”
(Matilde Trejo).
Ilustración 7. Imagen tomada de: La Jornada, El país, 14 de agosto de 1991. Bloqueo en el Ajusco, pág. 12.
152 De tal suerte, que cuando los colonos empezaron a cuestionar el poder existente mediante la exigencia que hacían al Estado de que se les otorgara la vivienda indistintamente, se convierten en un peligro para éste, y sobre todo, cuando atentan contra los intereses de los poderosos, es decir cuando piden que se respeten sus pagos y se niegan a ser expulsados de las tierras que ellos mismos han construido, es justamente cuando empiezan a tener respuesta por parte de las autoridades, es cuando empiezan a ser reprimidos.
En un principio, cuando las primeras familias comienzan a instalarse en Belvedere, pasan por un proceso de ventas fraudulentas principalmente por parte de María de los Ángeles y la Inmobiliaria Rena, sin embargo cuando los colonos dan aviso a las autoridades de Tlalpan sobre dichas ventas son ignorados, no obstante posteriormente la misma delegación, a través de los granaderos y los policías de la montada, ejecuta los desalojos masivos forzosos, dando a los colonos el argumento de que la zona se encontraba en litigio y por ello resultaba nula la posibilidad de que compraran los terrenos, posteriormente “ante la ineficiencia del argumento de la ilegalidad de las tierras, se acusó a los habitantes de estar contaminando la zona… cuando la propia delegación permitía la tala de bosques e instalaba un basurero a corta distancia de las colonias”.261
Ante el doble discurso de las autoridades de Tlalpan, respecto a la preocupación ecológica de las tierras, los Belvederes recurren a uno de sus grupos de apoyo, es decir a los estudiantes universitarios de la UNAM y a otros movimientos ecologistas, comienzan a apoyar a los colonos mediante la realización de un programa de protección ambiental para la zona de Belvedere.
Así pues, ante la respuesta supuestamente de preocupación ecológica plantada por Tlalpan, los colonos responden de igual forma, pero con dicho plan para edificar una colonia verde, “se presenta todo un proyecto ecológico, se presenta que la construcción debería de ser nada más un 40 por ciento, lo demás aprovecharlo, como hortalizas, para aprovechar el agua, para el baño, para lavar
261 Martha Schteingart, Expansión urbana…, op. cit.
153 trastes, también se pretendía que no hubieran bardas, es decir que las personas sustituyeran las bardas de sus terrenos por un tipo de arbustos u otros materiales más naturales” (Jorge Osorio Ortiz). Asimismo el GIEA emite un documento en donde contradice y niega la argumentación de las autoridades, mencionando la existencia de otras actividades cerca de la zona que contaminaban en mayor medida que los colonos que se instalaban.
“El grupo Interdisciplinario de Estudios Agrobiológicos de la UNAM, después de estudiar la zona consideró en un documento presentado (GIEA, 1984) que la población de esas colonia causa poco perjuicio al ambiente, de por sí ya contaminados por las industrias, los automóviles, la tala excesiva y nula repoblación de árboles, causado por compañías que explotan bosques para la producción de papeles o muebles, bajo el único interés de la ganancia”.262
Ante dichas aseveraciones, las autoridades de Tlalpan dejaron de lado el discurso dirigido a la preocupación ecológica y decidieron iniciar la regularización, sin embargo se comenzó a operar el “desalojo, pero por la vía económica, a través del alto costo que se exigían por el metro cuadrado de terreno que se iba a regularizar, desde luego nuevamente la organización formó una coalición, estableciendo convenios con los ejidatarios para lograr la disminución de los precios.263 Ante las constantes respuestas que mostraban los integrantes de la Casa del Pueblo, las autoridades comenzaron a ejercer otras medidas que permitieran disuadir a los colonos de su participación y por lo tanto de su estancia en las tierras de Belvedere.
Carlos Beristaín plantea cinco finalidades de la represión política, mismas que se ajustan casi perfectamente a los métodos empleados hacía los integrantes de la Casa del Pueblo durante el proceso organizativo, sin embargo ahora mencionaré dos y las restantes las abordaré más adelante:
262 Ibidem.
263 Ibid, pág. 472.