Capítulo 4: Todos éramos una sola voz. 117
4.5 La tierra es de quien la habita, de quien la trabaja,
Lo que inició como una organización de colonos en descontento por los fraudes, posteriormente se convierte en la Casa del Pueblo, sus principales demandas iban enfocadas inicialmente a la negación de seguir siendo estafados, que se les permitiera la estancia en la colonia, es decir que su principal exigencia era la vivienda: "Era la necesidad que teníamos de tener un lugar donde vivir, un lugar que merecemos porque somos mexicanos y porque tenemos derechos a tener donde vivir y a cobijar a nuestros hijos, eso era lo que principalmente demandábamos" (Josefina Miguel Maldonado), era “defender la tierra, defender nuestros derechos, defendernos de los vendedores clandestinos y que ya no hubiera más desalojos” (Hilaria Peláez Hernández),"Luchar por nuestros terrenos, pero la demanda era que el gobierno supiera que estábamos aquí, que estábamos presentes, que estábamos ocupando un lugar y que no lo íbamos a dejar" (María Blanca Huizar Rodríguez).
Así pues los colonos se desarrollaban en un contexto común y compartían la exigencia de obtener una vivienda, pero también la demanda de reconocimiento colectivo en un contexto de exclusión y marginalidad: "yo tenía el interés, el ánimo y la necesidad de tener una vivienda propia, de tener un patrimonio” (María felicitas Soto Cano), “necesitaba tener una vivienda… tener donde dormir”
(Josefina López), cabe señalar que habían integrantes que si bien la vivienda y la estafa eran motivos que los llevaban a sumarse a la organización, éstos no eran
135 los principales, tal es el caso de Lucrecia quien menciona que ella estaba muy chamaca y su principal interés era otro: "Yo me integré… luego, luego porque…
quise saber qué era un trabajo de comunidad…” (Lucrecia Guadarrama Aristeo).
De esta manera, prácticamente la mayoría de los colonos se movían bajo la necesidad de la obtención de la vivienda, misma que los llevó a accionar en oposición a actores específicos, por una parte en contra de los vendedores fraudulentos, y por otra en descontento con las autoridades de Tlalpan por la inatención que mostraban hacía sus demandas, pero también hacia sus acciones violentas.
En la Casa del Pueblo se tenía un lema"La tierra es de quien la trabaja, de quien la habita, es de quien la necesita… los líderes que luchaban en Belvedere, tenían una idea de colonia como un proyecto comunitario, es decir que no estaban aquí por un terreno, sino que se luchaba por el terreno pero para dárselo a quien lo necesitara… luego veías a gente bien jodida y le decías: oye compa acércate, acércate por un terreno…” (Jorge Osorio Ortiz).
Cuando los colonos observan que las autoridades no mostraban interés en solucionar la tenencia de la tierra y mucho menos en otorgarles los servicios de vivienda, comienzan a autoconstruir su colonia, esto lo hicieron mediante las faenas colectivas que se realizaban generalmente los domingos y le entraban todos hombres y mujeres parejo: “íbamos abriendo las calles poco a poco, con picos, palas y machetes, con todo lo que se podía” (Hilaria Peláez Hernández);
“eran largas las faenas, eran de ocho de la mañana a seis de la tarde, pero sí nos costó un buen esta colonia” (Josefina López); "hacíamos faenas los domingos con pala, pico, carretilla, con cubetas, con lo que tuviéramos las hacíamos para poder abrir las calles… nosotros no ocupamos máquinas, nuestras máquinas eran nuestras manos, la barreta, la carretilla, el pico, la pala, la cubeta, lo que podíamos ocupar" (María Teresa Salazar Ruíz); “toda la comunidad le entraba, le entraban, niños, adultos, jóvenes, los lideres… obviamente íbamos… siguiendo a nuestros líderes porque también ellos trabajaban con nosotros… le llamábamos encalles a ir delineando las calles de la colonia ya que las tierras eran cerros que no tenían ni
136 pies ni cabeza" (Lucrecia Guadarrama Aristeo); “aquí no se necesitaba a la delegación para abrir las calles, las abrió la propia comunidad mediante las faenas” (Jorge Osorio Ortiz); “se hacían por grupos entre ellos mismos se ponían de acuerdo, decían vamos a hacer faena al terreno del compa...” (María Felicitas Soto Cano); "Aquí empezamos a trabajar mucho para levantar la vivienda, por ejemplo en mí caso iba mi esposo, iba yo y a veces hasta los niños llevábamos…
entonces participábamos porque era nuestra necesidad de tener una vivienda, de tener nuestro lugar, con mucho entusiasmo empezamos a entrarle a todo tipo de trabajo…” (Josefina Miguel Maldonado).
De esta forma, en los primeros años de los ochentas ya se dejaba ver a una colectividad organizada, pero guiada por los que en un principio fueron asesores y para esos momentos ya eran considerados como líderes por los colonos, desde luego se hace presente la importancia de los líderes para la comunidad de los belvederes. Una de las acciones colectivas que permitía ver no sólo la capacidad organizativa, sino también el apoyo y solidaridad que se hallaban en Belvedere eran las faenas colectivas, éstas surgen como una manera de trabajo colectivo y organizado en beneficio de la comunidad, principalmente se trataba de construir espacios inexistentes en la zona con el apoyo de toda la comunidad por medio de la fuerza de trabajo y los materiales aportados para dichas construcciones. Es importante señalar que este tipo de acciones colectivas surgen como una respuesta de los colonos ante la nula intención por parte del Estado para la dotación de servicios públicos, así pues la faena es una manera de realizar trabajos por y para la comunidad gestados de manera autónoma en relación al Estado.
A través de las faenas también iban construyendo otros espacios de los que carecían en Belvedere, unos de éstos era la escuela para sus hijos, la construcción de ésta era una de las principales preocupaciones de los padres y las madres, algunas personas comentan que cuando todavía no había escuela sus hijos “estudiaban abajo del árbol, con el cuaderno en las piernas” (Josefina López). Si algo podía caracterizar la construcción de la escuela, era la colectividad
137 y la solidaridad, “entre toda la gente se empezó a hacer la escuelita” (Hilaria Peláez Hernández); "Habían muchos niños en la zona, entonces empezamos a construir la escuela porque sentíamos…
que ya con la primaria dábamos un buen jalón" (María Felicitas Soto Cano);
“pensamos en construir una escuela para nuestros hijos... entonces todo mundo nos organizamos y el que tuviera tabique, llevaba tabique, el que tuviera graba pues llevaba graba y el que tuviera arena pues arena, los que pudieran llevar una lamina pues también y así poco a poco se fue parando, ahí como dios nos dio a entender se hicieron las aulas” (Josefina Miguel Maldonado).
Cuando construyeron la escuela se dieron cuenta que no contaban ni con maestros, ni con los materiales necesarios para que los niños y las niñas comenzarán a estudiar, “pensamos que necesitábamos pizarrones, mesas, bancas y de todo eso carecíamos” (Josefina Miguel Maldonado), justamente en ese momento aparecían los grupos de apoyo con los que contaba Casa del Pueblo, uno de éstos era el que integraba la Preparatoria Popular de Tacuba, quienes donaron pizarrones, sillas, mesas y otros materiales para la escuela, además los tacubos245 mandaron maestros para que fueran a darle clases a los niños.
De modo que, se da un proceso de empoderamiento dirigido no sólo a la demanda de la vivienda, sino también a la obtención de los servicios públicos, en este caso la escuela de sus hijos, como una forma de mejorar sus condiciones de vida.
245 Así llamaban los colonos de Belvedere a las personas que pertenecían a la Preparatoria Popular de Tacuba.
Ilustración 5 Escuela realizada por los colonos de Belvedere a través de las faenas y con el apoyo de los tacubos. Imagen obtenida de:
Unomásuno. Un salón de clases de la escuela en el Ajusco, 22 de mayo de 1984, José Luis Rocha.
138 Asimismo, los hijos e hijas de los colonos obteníamos los servicios de acuerdo al trabajo de nuestros padres, por ejemplo mi hermano mayor asistió a esa primera escuela construida por los colonos, mi hermana mayor no pudo asistir al kínder pues en esas fechas aún no existía el preescolar en la zona, sin embargo a los niños de generaciones como la mía nos tocó estrenar el kínder, la primaria construida posteriormente y la preparatoria en tiempos más recientes.
De esta manera, los integrantes de la Casa del Pueblo construían su colonia, su espacio a base del trabajo comunitario que se caracterizaba por largas y pesadas jornadas, asimismo comenzaban a acuñar cada vez más el lema la tierra es de quien la trabaja, de quien la habita, de quien la necesita, por esto no estaban dispuestos a que se les despojara de ella.