2.2 Bases Teóricas y enfoques
2.2.2. Teoría de Roles
Los estudios de roles investigan una de las posibles causas de la existencia y expansión de familias monoparentales, cambian el rol del género en la familia e investigan cómo se pueden resolver los conflictos de género en las escuelas. Divorcio o Separación lleva a hombres y mujeres a negociar y transformar cosas tradicionales. División del trabajo por género dentro y fuera de la familia. En el interaccionismo simbólico, a diferencia del enfoque estructuralista y funcionalista, el concepto de rol es más dinámico.
Porque, aunque asociados a la estructura jerárquica de las organizaciones sociales, los
actores tienen un espacio o amplitud particular para reproducir y modificar normas explícitas o implícitas. En este sentido, por ejemplo, siempre ocurren cambios en los roles de las mujeres en las familias y sociedades, al igual que las diferentes reacciones y roles de los hombres ante estos cambios. Donde la estructura social lo permite, hombres y mujeres buscan nuevas formas de actuar como esposas, esposos, padres y madres, pero al mismo tiempo tienen un nuevo conjunto de acciones.
"Los roles son normas divididas y aplicadas a aquellos que ocupan enfoques sociales” (Heiss, 1981, p. 95)
Teoría de roles de género, Fernández L. (1996)
Las reglas sociales van señalando de manera muy clara las expectativas que estas relacionadas a los roles de las personas. La idea que se tiene, sobre el rol de los padres, esposos están en gran medida condicionada por la sociedad. El concepto de género no solo hace referencia a la mujer, sino a ambos sexos. Las investigaciones muestran que una mujer está preocupada y atenta al cuidado y la crianza de sus hijos; Por ello, se encarga de alimentarlos con determinadas tareas, como la preparación de la comida, que incluyen la afirmación de que está equilibrada y en gran parte consumida, y la vigilancia.
adherirse a un horario. Estos roles están destinados a impartir cualidades femeninas a las madres como la humildad, la abnegación, el sacrificio y la devoción; reflejándose en su desempeño familiar y social (Amaris, Cienfuego, & Maury, 2000).
Las mujeres y las familias se ven a sí mismas como las que enseñan a sus hijos las reglas de los modales, la organización y el arreglo personal. Este deber se considera una de las principales funciones de la familia. Asimismo, creen que las mujeres han recibido de sus padres, especialmente de sus madres, los valores, actitudes, comportamientos y
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normas que forman parte de su existencia social. Ella hizo lo mismo con sus hijos, transmitiendo el modelo a seguir masculino y femenino de generación en generación. Por lo tanto, se cree que estos comportamientos siguen la representación cultural del papel de la madre, lo que lleva a suponer que todas las mujeres poseen ciertas cualidades como la devoción, la devoción y el sacrificio.
El entorno también es muy influyente, con mujeres haciendo tareas domésticas y padres y padres haciendo otras cosas fuera del hogar. Contribuye así a perpetuar la dicotomía existente entre hombres y mujeres. Y se ha recreado durante generaciones en una cultura sexista. El nivel de compromiso de las mujeres en la educación de sus hijos y el alto sentido de responsabilidad que la sociedad les asigna como educadoras de personas se reconoce claramente en la familia y en la sociedad.
A lo largo de su vida, ha asumido una variedad de roles específicos que resultan de realizar las tareas asignadas según las expectativas culturales. Biológicamente, las mujeres son responsables de dar amor generosamente a sus hijos basándose en características funcionales distintas como la maternidad. Este proceso comprende desde la concepción hasta la educación y formación del niño, posibilitando que el niño sea capaz de afrontar el afecto, la confianza en sí mismo, situaciones y expresar sentimientos y pensamientos. El espacio que las madres crean para hacer su parte les permite tener una mayor intimidad y tener la capacidad de mostrar afecto a sus hijos. Sin embargo, cuando una mujer desempeña el papel de fuente de ingresos, realiza las tareas del hogar y, al mismo tiempo, desarrolla sus habilidades y su mano de obra para conectarse con otras tareas del hogar. Del mismo modo, en el caso de problemas económicos, la familia juega un papel central en la supervivencia de sus miembros a través de la organización de la familia o mediante la provisión de diferentes ingresos y el desarrollo de su red de apoyo.
Estos hechos son observados de manera clara en hogares monoparentales, con una jefatura femenina (Amarís, Ávila, Londoño & Martínez, 2000).
Este tipo de familia es reconocida como “como un hogar donde la mujer genera ingresos, también asume tareas domésticas, impone autoridad y toma decisiones ahí”
(Gutiérrez, 1988, pág. 26). Una característica importante de las mujeres jefas de hogar es su alta tasa de participación en el mercado laboral. Como resultado, las mujeres tienen obligaciones financieras con otros miembros de la familia y están empoderadas para ser reconocidas como jefas de familia.
Las mujeres que son el sostén de la familia son uno de los grupos más vulnerables.
Les cuesta ser madres y tienden a tener más empleados de los que su salario puede cubrir.
Esto se debe a que el mercado laboral realiza las tareas del hogar y otros trabajos con menos responsabilidad, lo que resulta en salarios más bajos y opciones de trabajo limitadas. Como resultado de lo anterior, las mujeres tienen hasta 3 jornadas de trabajos, impidiéndoles que corran y participen en el proceso de desarrollo.