Caso Familia Eparre
Dr. Marcelo Barrios
En una cálida noche de febrero de 2015, Cacho, como lo llamaban en la familia, pensaba sobre el futuro de la empresa familiar. Desde hacía un par de años, ya había comenzado a evaluar su retiro de la dirección de las empresas del grupo. Su gran preocupación era como lograr que las empresas continuaran su crecimiento y la familia permaneciera unida. Sabía que tenía que realizar un protocolo o acuerdo familiar. El tema era por donde comenzar y que debía incluir.
Las Empresas
Las empresas pertenecientes al grupo familiar, fueron fundadas por el padre de Cacho Eparre hacía varias décadas. El padre de Cacho había fallecido en el 2014 y eso había permitido también comenzar a tomar otro tipo de decisiones a nivel de las empresas.
La relación entre Cacho y su padre no había sido la mejor. Hasta hacía tres años su padre había continuado involucrado con la dirección de las empresas, a pesar de sus 93 años y de haber entregado las acciones a su hijo Cacho, ya que se había quedado con el usufructo de las mismas.
Cacho no quería que pasara los mismos con sus hijos y nietos.
El padre de Cacho había desarrollado dos unidades de negocios. Por un lado el negocio agropecuario, que quedó en manos de su hija Margarita y por el otro las dos empresas relacionadas a la industria automotriz que quedaron en mano de su hijo Cacho. Esta división de bienes había llevado a un conflicto entre Cacho y su hermana Margarita que continuaba en la actualidad ya que esta última consideraba que la división había sido injusta, ya que las empresas habían crecido más que la actividad agropecuaria.
Los negocios en manos de Cacho, estaban compuestos por dos empresas dedicadas a la venta de vehículos. En una de ellas, VePub S.A. representante de una marca mundial americana, se especializaba en la comercialización de automóviles de flota o bien en licitaciones para organismos públicos. Esta empresa, era dirigida en el día a día por su hijo Ricardo.
La otra empresa, VeInd S.A. también relacionada con el rubro vehículos se orientaba a la venta de vehículos para la construcción. La misma era dirigida por su otro hijo Matías.
Las dos empresas se encontraban radicadas en las afueras de la ciudad de Buenos Aires. Las mismas eran rentables, desde hacía muchos años, y líderes del mercado.
Entre los dos negocios contaban con una planta de casi 200 empleados, algunos de ellos con muchos años de trabajo junto a la familia.
Las dos empresas estaban en proceso de profesionalización y desarrollo de su estructura.
Las dos empresas eran sociedades anónimas, Vepub S.A. era 100% propiedad de la familia Eparre y por otro lado estaba Veind S.A en la cual tenía una empresa japonesa tenía una participación del 20%. En ambas empresas, Cacho era el presidente del directorio, siendo sus dos hijos varones los gerentes generales.
En ambas empresas, el directorio estaba formado por miembros de la familia y ningún director externo, salvo el representante de la empresa japonesa.
Si bien el negocio era bueno, la situación macroeconómica de la Argentina estaba deteriorando los márgenes de utilidad, con una caída de las ventas, restricciones a las importaciones de repuestos y limitantes en la financiación. Por eso, Cacho se preguntaba hasta donde había que poner los huevos en una sola canasta. Su intención era comenzar con una diversificación. Para ello desde hacía tiempo pensaba en la compra de un campo, si bien no estaba seguro si sería una inversión para hacer negocios, o en un principio tan solo un hobby para que la familia se reúna durante los fines de semana.
La Familia
La segunda generación familiar, estaba compuesta por Cacho y su hermana luego de la muerte de su papá. Tanto Cacho como su hermana estaban casados. Cacho estaba casado con María Fernanda desde hacía casi 50 años. Esta última no tenía participación en el día de las empresas del grupo familiar.
Por el lado de Cacho, la tercera generación estaba compuesta por 4 hijos. Dos varones y dos mujeres.
El mayor, era Ricardo quién se encontraba a cargo de la gerencia general de Vepub S.A. Era ingeniero industrial y tenía un MBA de una reconocida escuela de negocio. Tenía 48 años, estaba casado y tenía 3 hijos en edad escolar.
Por otro lado estaba Matías quien se encontraba a cargo de la gerencia general de Veind S.A. Era licenciado en administración de empresas de la UCA. Tenía 45 años, casado y con cuatro hijos en edad escolar.
Además estaba Victoria con 41 años, casada e ingeniera agrónoma. Vivía en la ciudad de Venado Tuerto desde hacía varios años. No tenía participación en el día de las empresas y solía viajar a Buenos Aires para las reuniones familiares. Tenía cuatro hijos en edad escolar.
Por último estaba Mercedes, de 43 años, arquitecta, quien estaba casada y con tres hijos pequeños. No tenía participación en la empresa familiar.
La familia tenía mucha armonía, y solían juntarse casi todos los fines de semana. Eran como se decía, muy familieros. Los conflictos eran mínimos o los normales de cualquier familia.
Cacho y María Fernanda solían dedicar mucho tiempo a estar con sus nietos e hijos. La familia era muy importante para ellos.
En más o menos 2 años, el hijo mayor de Ricardo debería entrar en la Universidad. Si bien aún era chico, perfilaba para seguir algo relacionado con los negocios.
La situación en febrero de 2015
Luego de varios años de idas y vueltas y a veces por problemas con su padre, Cacho pudo encarar el difícil paso de la sucesión. En el día a día estaban casi 100% sus hijos. Igual el sentía que quería seguir teniendo algún tipo de participación en las decisiones.
Sentado en el balcón de su departamento en una torre de la zona de Belgrano, mirando el río y como iba terminando el día conversaba con su amigo, Raúl, especialista en temas de empresas familiares los pasos a seguir.
Sabía que tenía que comenzar a dar un paso al costado en todo sentido. Ya no quería sentirse responsable de la relación con su socio japonés y esos eternos viajes a Tokio. Sé que tengo que iniciar un proceso de protocolo, le decía a Raúl. “El tema es que no sé por dónde empezar”
“Me pregunto: en este proceso deben participar mis hijos…todos…o soy yo el que debo hacer todo solo. Es buena la participación o va a ser un proceso que nos lleve al conflicto.”. Además, agregó: “tengo todo el tema de las acciones…ahora yo tengo el 100%, pero no sé si es mejor ya pasarles algo en vida. Y me preocupa el futuro de mis nietos…son ya varios…(se sonreía el abuelo), debo dejar todo ordenado.”
“Y mirá esto, che: si les paso las acciones, yo de que vivo…hasta hoy tengo secretaria, un asistente y por supuesto un montón de beneficios…que creo que me lo merezco. Sé que no voy a tener un sueldo…y con la jubilación no hace falta más comentarios”.
“Me parece que está todo mezclado”, atinó a decir en voz baja Raúl. “Hay que separar las funciones ejecutivas de las funciones de director o accionista”.
Su amigo en ánimo constructivo le pregunta: “Cacho, y tus dos hijas…que no trabajan en la empresa, tenés pensado como involucrarlas…y que pasa con sus esposos…las dos tienen un buen pasar”. Cacho, solo atinó a mover la cabeza de un lado a otro, sin dar una repuesta. Después de un minuto soltó…”Y ellas no están capacitadas…no conocen el día a día de la empresa…”
Y salió con otro tema. “Y yo quiero invertir en un campito, me gusta el tema de la naturaleza, vos sabes lo que es para mí la caza…el tema es que son un par de millones…y me quedaría sin reservas…como voy a hacer para mantener mi nivel de vida…no sé qué sería lo correcto”
“Hasta me pregunto: es este el momento adecuado…o ya es tarde…la verdad no sé…me voy a servir otro trago, querés otro…” dijo con el objetivo de desviar la conversación.
“Pero la familia está unida Cacho”, dijo su amigo. “Sí, pero eso porque estoy yo y María Fernanda....que pasaría en el caso de que ya no estemos…por ejemplo si alguno necesita dinero por algún problema…cómo se debería manejar…y mejor ni pensar si por alguna razón alguno tiene la intención de vender…que hacernos!!! Eso sí que es un problema!!. Ya me estoy poniendo mal con todo esto.”.
“Me gustaría ordenar un poco más todos estos pensamientos, Raúl”. Y levantándose como para dar terminada la reunión, dijo: “¿Qué te parece si nos juntamos la semana que viene y tratamos de avanzar?”. “Dale!”, dijo Raúl.
Luego de despedir a su amigo, se dirigió al living a pensar un rato. María Fernanda había salido con los nietos. Era el momento ideal. Puso algo de música, prendió el aire acondicionado y se sentó en su sillón favorito, admirando sus trofeos de caza logrados en las zonas más remotas del mundo.
Dijo en voz alta: “¿Por dónde tengo que empezar?. ¿Qué debería ser lo primero, y lo segundo…y lo tercero?. ¿Quiénes deben participar y por qué? Y que temas sí o sí tienen que estar…”