EL GRAN CONFLICTO Y PLAN DE SALVACIÓN
En un mundo desbastador y lleno de oscuridad se predica un mensaje de amor y salvación de parte de Cristo, pero las consecuencias de todo lo malo que causa el pecado hacen el hombre se cuestione si realmente existe dicho mensaje de esperanza y se pregunta el motivo o la causa del origen de todo este mal. Ante esto, Write (1858) nos dice: “Es imposible explicar el origen del pecado como para dar una razón a su existencia. Como para dar razón a su
existencia. Sin embargo, puede entenderse lo suficiente con respecto al origen y a la situación final del pecado como para que resulte plenamente manifiesta la justicia y benevolencia de Dios. Dios de ninguna manera es responsable del mal, no hubo una retención arbitraria de la gracia divina ni deficiencia en el gobierno de Dios para que diera ocasión a una rebelión. El pecado es un intruso por cuya presencia no puede darse ninguna razón. El excusarlo sería defenderlo. Si se pudiera encontrar una excusa para ello sería pecado. El pecado es el
desarrollo de un principio que está en guerra con la Ley del amor, la cual es el fundamento del gobierno divino.” (pág.214).
Y es que analizamos las consecuencias del pecado llevan a un futuro desolador, que es la muerte. Contario al mensaje predicado por Cristo cuando dijo: Yo soy la resurrección y la vida;
el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. (Juan 11:25). Aquí podemos ver dos mensajes diferentes, uno de muerte, donde reina el pecado y otro, de vida y salvación por lo que es inevitable deducir que hay guerra espiritual. Sin embargo, no siempre fue así, la ser la naturaleza de Dios amor, en el cielo todo era bueno. Había alegría, misericordia, bondad, armonía, pero todo eso fue perturbado por la rebelión sin causa de un ángel llamando Lucero.
Él era un “Querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.” (Ezequiel 28: 14-15) Él corrompió la
sabiduría que se le otorgó cuando su corazón se enorgulleció y quiso ser como Dios. Comenzó su plan revolucionario persuadiendo a ángeles poniendo en duda la justicia divina. A pesar de este mal, Dios, en su inmenso amor, le había ofrecido su perdón durante muchas ocasiones, sin embargo, el enemigo reconoció su error, pero la influencia que había impartido en los ángeles era demasiada que su orgullo no le permitió enmendar su error. Por lo que cegado de
exaltación fue a otros mundos a difundir sus ideas. La rebelión se hizo cada vez más notoria que ya no había esa paz en el Cielo, por lo que tuvieron que ser expulsados del cielo. De esa manera, el pecado se trasladaría, el enemigo vio la oportunidad en el nuevo mundo formado, en la tierra. Satanás vestido de serpiente, tentó a Eva prometiendo lo mismo que les dijo a los ángeles: “Serás como Dios “una gran mentira. “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió, así como ella.” (Genesis 3:6) y a partir de ahí el mundo fue condenado a muerte por causa del pecado. Dios, puso en marcha un plan de salvación:” Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:16) Entonces desde la creación de este planeta hasta ahora, pasando por todos los profetas y reinos, se abrieron dos caminos, los hijos de Dios y los hijos de los hombres estaban en guerra espiritual.
Sin embargo, cuando Jesús vino al mundo, se mostró el camino verdadero. La White (1858):
“Durante el ministerio terrenal del Salvador, el gran engañador fue desenmascarado. La atrevida blasfemia de su exigencia de que Cristo le rindiera homenaje, la malicia siempre creciente con que lo persiguió de lugar en lugar, inspirando el corazón de los sacerdotes y del todo el pueblo a rechazar su amor y a clamar: “Crucifícalo”; todo esto despertó el asombro y la indignación de todo el universo. El príncipe del mal ejerció todo su poder y astucia para destruir
a Jesús. (pág. 218) Para lamento de él no fue así, sino que, a los tres días, Jesús se levantó gloriosamente de la muerte. Jesús había ganado, todo el universo reconocía que la ley de Dios era justa y se basaba en amor. Satanás estaba derrotado. Sin embargo, ahora su ira se iría al pueblo de Dios (la iglesia remanente). Empezó la persecución a los seguidores de Cristo, pero no se afligían que “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán
persecución ( 2 Timoteo 3:12) La obra en vez de perecer, aumentaba como semilla, la obra de Dios siguió adelante, White (1858) afirma: “Los justos son colocados en el horno de la aflicción para ser purificado, para que su ejemplo convenza a otros acerca de la realidad de fe y la bondad, y para que su ejemplo, y para que su conducta consecuente condene a los impíos e incrédulos. Dios permite que los malvados prosperen y revelen su enemistad contra él con el fin de que todos vean la justicia del Señor y su misericordia en la total destrucción que sufrirán los malos. Todo acto de crueldad hacia los fieles de Dios será castigado como si lo hubieran realizado al mismo Cristo.” (pág. 23) Y es que aferraban a la promesa de Cristo, que, si bien ya no estaba con ellos, no estaban solos porque- “Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro
Consolador para que los acompañe siempre.”- (Juan 14:16). Luego el enemigo cambio de estrategia, hizo que la iglesia se una al paganismo y a través de mentiras cambiar poco a poco la ley del Señor, lo hicieron, de manera especial, con el cuarto mandamiento. Y empezaron a idolatrar a imágenes. Pero en todo tiempo, Dios tuvo un pueblo fiel que no dobló sus rodillas ante Baal. Los valdenses esparcieron la luz de la verdad y reformadores como Wiclef, Juan Hus, y Lutero, no tuvieron miedo y lucharon contra las blasfemias dichas por la iglesia del enemigo. Llegó la verdad a América, y con ello hasta nosotros. Cada vez falta muy poco para que esta batalla. La hermana White nos comenta: El tiempo de congoja y angustia que está delante de nosotros requiere de una que soporte el cansancio, la demora y el hambre, una fe que no falte por severa que sea la prueba. La victoria de Jacob es una evidencia del poder de la oración insistente. ¡Todos los que se aferren a las promesas de Dios, como lo hizo Jacob, tendrán el mismo éxito que el tuvo! Hoy estamos en la secta final de este mundo, es ahora que se está decidiendo a quien seguiremos, el camino que tomaremos, si eres justo, no te
desanimes y agárrate del Señor en cada momento- “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos”- ( 1 Timoteo 6:12) Pues todo lo que pasemos estando en esta tierra
( aflicción, tristeza, dolor, enfermedades) serán de tan poca estima cuando escuchemos el han anhelado- “ Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”- Entonces el mal acabará POR FIN SE ACABARÁ. Moraremos con el Señor por la eternidad.