La Fragua de los Tiempos 25 de octubre de 2009 #837
El general Pascual Orozco (Parte III)
Jesús Vargas Valdés Después del triunfo revolucionario de ciudad Juárez, el estado de ánimo de los chihuahuenses se expresó festivamente. En todas partes se celebró la caída de la dictadura, especialmente en la capital del estado. El día 8 de junio fue motivo de fiesta la llegada del gobernador provisional Abraham González. Todos los periódicos informaron del acontecimiento. Para salir a recibirlo, un grupo de diputados decidieron acudir a la estación de El Sáuz, aprovechando esta visita para dialogar con los jefes revolucionarios y las tropas que desde varios días antes se encontraban acampados, esperando que desde México llegara la orden para hacer la entrada triunfal a la capital del estado.
El recibimiento del gobernador González fue como un adelanto de la celebración popular del triunfo revolucionario, reunió a una multitud de hombres y mujeres del pueblo en cantidad tal que nunca antes se habían visto en las calles de Chihuahua. El periódico El Padre Padilla informó que más de seis mil personas se habían concentrado en torno a la estación del Ferrocarril Central, donde una comitiva encabezada por los generales porfiristas Villar y Eguía Liz esperaban al líder maderista, mientras la banda de música del 20° Batallón de Infantería animaba con sus marchas militares a la multitud.
El día 10 acudió el señor González al recinto del Congreso donde le fue tomada la protesta como gobernador provisional, preparando para el caso un extenso discurso cuyo contenido fue publicado el día doce. En el mismo periódico se dio la noticia de que el general Pascual Orozco al frente del ejército libertador del norte entraría a Chihuahua al día siguiente, pero no sucedió así.
Después del triunfo revolucionario, el club antirreeleccionista “Benito Juárez” se había convertido en el centro político más importante del estado y casi todos los días sesionaban sus afiliados para discutir los diversos problemas así como las tareas más urgentes de la revolución. En la reunión del 13 de junio se discutió el tema de las elecciones que se tenían que llevar a cabo para nombrar al gobernador constitucional del estado, de acuerdo a lo establecido en el Plan de San Luis. En esa reunión se propuso espontáneamente al general Pascual Orozco como candidato a gobernador considerando que tenía los méritos necesarios no sólo como jefe militar sino también por las ideas y los planes que había publicado en los meses anteriores.
Nunca se imaginó el señor Rodolfo Ugalde, que Orozco no entraba en los planes del señor Madero y que su proposición iba a ser el mejor pretexto para los políticos oportunistas.
En los días siguientes en los principales periódicos del estado se desató una intensa campaña de ataques contra el general Orozco a quien desde ese momento se le hizo blanco principal de los serviles y lambiscones quienes, por quedar bien con los nuevos jefes de la política nacional, llegaron a inventar la calumnia de que se había entregado a los intereses de los Terrazas.
Con esos antecedentes y después de una larga e irracional tardanza, llegó la orden para que las tropas revolucionarias avanzaran desde El Sáuz marcharan hacia la capital del estado. La entrada triunfal de las tropas revolucionarias tuvo lugar el 21 de junio y de ese acontecimiento también quedó testimonio en El Padre Padilla, periódico
donde se publicó al día siguiente que la ciudad entera se había declarado en día de fiesta; que un gentío inmenso había invadido las calles del centro, mientras numeroso público asaltaba los tranvías para dirigirse a Nombre de Dios, donde ya se habían instalado previamente las fuerzas bajo el mando del general Orozco… y también las tropas del ejército federal.
A la hora de los discursos, cumpliendo con las indicaciones del señor Madero, el gobernador Abraham González les hizo un llamado a todos para que dejaran atrás los antagonismos y las rivalidades del pasado, insistió en que ya se habían acabado las razones para seguir luchando y así lo expresó al tomar la palabra ante los tres mil revolucionarios y mil quinientos federales que desfilaron juntos ese día. Muy equivocados estaban en sus apreciaciones el señor Madero, jefe del antirreeleccionismo y Abraham González, su discípulo predilecto, pues no tendrían que pasar ni dos años para que esos “buenos ciudadanos” e “hijos del pueblo”, verdaderos engendros del militarismo porfirista, encajaran sus bayonetas en los cuerpos inermes de ambos. Por mientras ese día 21 de junio el gobernador provisional se dirigió a todos expresándoles con absoluta convicción:
“Al lanzarnos a la lucha por conquistar nuestras libertades siempre tuvimos presente que los soldados federales eran parte del pueblo, y hoy ellos como todos los buenos ciudadanos mexicanos cooperarán al sostenimiento de los altos principios conquistados, y por lo mismo son acreedores a nuestras más sinceras consideraciones.”
En los días siguientes a la entrada triunfal continuaron los intentos para evitar la candidatura de Orozco y así, el 28 de junio de 1911 apareció en El Padre Padilla un artículo bajo el título: “La candidatura de Orozco no es popular”, informándose enseguida que en la noche anterior se habían reunido los clubes antirreeleccionistas
“Benito Juárez”, “Electoral Ignacio Allende”, “Patria y Libertad, “Demócrata de Obreros y “Democracia”, decidiéndose entre los representantes de dichos clubes formar una comisión para acudir ante el general Orozco y solicitarle que renunciara a la candidatura que estaba a punto de aceptar. Por supuesto que esto lo harían
“apelando a su patriotismo y a su buena fe”.
Y mientras tanto, como expresión de “buena fe” se manejaba en las páginas del mismo periódico que la candidatura de Orozco la estaban promoviendo los
“capitalistas” enemigos de la revolución, no obstante se omitían nombres y acciones de esos enemigos de la revolución, pero lo inaudito y absurdo de esos ataques era que todo Chihuahua sabía de las relaciones casi familiares entre los Madero y los Terrazas-Creel, así como de las relaciones estrechamente familiares entre los Madero y los Zuloaga de Bustillos. Razones más que suficientes para que los capitalistas no tuvieran ninguna necesidad de buscar a Orozco como aliado en esos momentos.
Al respecto, es oportuno señalar que en esos días, casi al mismo tiempo en que se acusaba a Orozco de ser el candidato de los capitalistas, el señor Enrique Creel se dirigía por escrito a su amigo, el señor Francisco I. Madero, recomendándole conocidos suyos para que se les asignara un buen cargo en el nuevo gobierno, igualmente hay escritos firmados por Luis Terrazas en los que se demuestra la estrecha relación que tenía con Francisco Madero (padre) y con su hijo Francisco Ignacio.
Mientras esto sucedía en Chihuahua, desde la capital de la república el presidente provisional Francisco Leal de la Barra, ordenaba el desarme de todos los grupos revolucionarios. Así se empezó a informar cómo los contingentes populares se iban licenciando. Se dijo, por ejemplo, que en Jiménez las tropas de Tomás Urbina habían recibido cincuenta mil pesos para repartirse entre sus integrantes, mientras que en la
ciudad de Chihuahua el gobierno inició una campaña ofreciendo veinticinco pesos por cada rifle que se entregara. A finales de junio se informó que se habían entregado 280 rifles.
El 5 de julio se informó que se debían dejar los listones tricolores, cartucheras y polainas que habían utilizado durante la revolución. El día 7 del mismo mes se dio a conocer que la guardia nacional de Chihuahua se integraría con 648 hombres y que se formarían dos grupos con 324 plazas, uno bajo las órdenes de Agustín Estrada y el otro con Marcelo Caraveo al frente.
El 12 de julio en la mañana circuló en la ciudad de Chihuahua una carta en la que Pascual Orozco le hizo saber a todo el pueblo de Chihuahua que agradecía al club independiente el haberse fijado en su persona como candidato a gobernador del estado, pero que no podía aceptar. Así fue como el señor Abraham González fue electo gobernador constitucional del estado.
En el contexto de las elecciones presidenciales, el 30 de octubre arribó Francisco I.
Madero a Chihuahua. (Sería su última visita al estado.) Nuevamente la ciudad se convirtió en sitio de fiesta popular. Como acto principal se organizó un mitin en la Plaza Hidalgo donde tomó la palabra, pero antes de él habló un joven de nombre Fernando Aguirre quien hizo una breve intervención elogiando al ex candidato a la vicepresidencia, doctor Francisco Vázquez Gómez. Esta intervención no estaba prevista y seguramente el señor Madero la recibió como una afrenta, pues él había sido el principal promotor del cambio para que Pino Suárez tomara el lugar de Vázquez Gómez en la convención nacional que se había celebrado semanas antes en la ciudad de México.
Por eso cuando tomó la palabra el señor Madero, se sintió obligado a defender su postura y con voz pausada pero contundente, intentó convencer a la masa popular de que Pino Suárez había sido la mejor opción para la vicepresidencia, pero inesperadamente, desde abajo, la gente empezó a gritar en coro: “¡Pino no! ¡Pino no!”. En la gritería trataba de hacerse escuchar, pero cada vez que lo intentaba se escuchaba más fuerte el coro hasta que finalmente desitió, se retiró del balcón dando por terminado el mitin que se había organizado para que él se dirigiera al pueblo de Chihuahua.
Al día siguiente la prensa recogió estos hechos y por eso el incidente es muy conocido en la historiografía regional, no obstante los historiadores nacionales especialistas en el tema de la revolución no se interesaron en indagar las causas de esta inconformidad y tampoco la relación que hubo entre este hecho y la firma del Plan de la Empacadora, firmado en la ciudad de Chihuahua el 6 de marzo de 1912.
La rebelión de los chihuahuenses y el Plan de la Empacadora
El júbilo por el triunfo de la revolución se esfumó rápidamente. Después de la visita de Madero el gobernador González se fue a la ciudad de México a ocupar el cargo de ministro de gobernación, quedando en su lugar al señor Aureliano González. Dos semanas después, el 18 de noviembre renunció el secretario de Gobierno, profesor Braulio Hernández, declarando que se encontraba muy decepcionado porque la revolución no había traído los cambios que se esperaban, pues sólo se habían beneficiado unos cuantos hombres en cada estado de la república.
Al iniciarse el año de 1912 ya no había gobierno que controlara la situación. El 31 de enero cien soldados del 24° Cuerpo Rural comandado por el coronel Agustín Estrada, se amotinaron bajo el pretexto de que se había quitado del mando de la zona rural al general Orozco y gritando: ¡Viva Zapata!, ¡viva Vázquez Gómez!, ¡muera
Madero! aprehendieron a su jefe el coronel Estrada, colocando en su lugar al teniente coronel Abelardo Amaya. Se dispersaron por las calles disparando sus armas con el resultado de tres muertos, varios heridos y la población en general, presa del pánico, se saquearon tiendas y oficinas públicas, se liberaron sesenta reos de la cárcel municipal, se quemaron los puentes del ferrocarril y se interrumpió el tránsito en los puentes internacionales.
El 3 de febrero Pascual Orozco viajó a ciudad Juárez reestableciendo el orden inmediatamente. Sin embargo, ese mismo día un grupo de rurales se amotinaron en Chihuahua y liberaron de la Penitenciaría a Antonio Rojas.
El 4 de febrero el gobernador interino Aureliano González presentó su renuncia ante la legislatura y casi inmediatamente se designó a Pascual Orozco, pero éste respondió negativamente explicando en oficio firmado el 7 de febrero, que no podía aceptar porque era más importante seguir al frente de las tropas a su cargo.
Ante esta situación el gobernador interino Aureliano S. González se vio obligado a regresar al gobierno y el día 8 se dirigió a los habitantes del estado, exhortándolos a mantener el orden y llamando a los alzados en armas a que se agruparan alrededor del gobierno “para evitar la amenaza que se cernía sobre el país, procedente del norte”.
Ya no fue posible el retorno a la tranquilidad, se le había perdido la confianza al presidente y en estas condiciones se llegó al día 6 de marzo en que reunidos los principales jefes revolucionarios de todo el estado, acordaron iniciar un nuevo movimiento, pero ahora contra el gobierno del presidente Madero. Las causas y objetivos de esta rebelión quedaron plasmadas en el Plan de la Empacadora, nombre que se le asignó a ese documento porque se firmó en las proximidades de la empacadora de Chihuahua ubicada a las orillas de esta ciudad.
En los periódicos de esos días y en las reseñas que se escribieron después, se hizo común referirse a este movimiento como la “rebelión orozquista”. También se les denominaba “los colorados”, calificativo que desde el año anterior se había utilizado para los magonistas del distrito de Galeana. Lo que importa señalar, es que en la historiografía se personalizó, se identificó al movimiento con el general Pascual Orozco, y éste es un error que se debe corregir dimensionando el hecho como corresponde, como lo que fue: el intento de una revolución desde el estado de Chihuahua contra el gobierno del presidente Madero.
En marzo los rebeldes lograron un triunfo espectacular en Rellano, sitio cercano a ciudad Jiménez. Después de esta derrota el presidente Madero le asignó el mando del ejército al general Victoriano Huerta quien se dirigió a Torreón a reorganizar las tropas federales, y encontrándose en esta ciudad recibió el apoyo de otros jefes revolucionarios, quienes se incorporaron con sus contingentes en calidad de
“irregulares”. Entre otros se presentó el coronel Francisco Villa.
En unas semanas el ejército federal avanzó y derrotó a los rebeldes, no obstante el movimiento siguió cohesionado y mantuvo la continuidad como fuerza beligerante durante el resto de ese año.
Los historiadores más reconocidos en este tema se refirieron a Orozco como un traidor, por haber aceptado, en marzo de 1912, asumir la dirección de este movimiento. Algunos repitieron los argumentos de que se había entregado a las fuerzas reaccionarias de Chihuahua, específicamente a la familia Terrazas y socios.
Quizá el principal promotor de las acusaciones contra Orozco fue el doctor Ramón Puente, autor del libro Pascual Orozco y la revuelta de Chihuahua, libelo utilitarista publicado el mismo año de la rebelión con el fin de defender al presidente Madero, pero recurriendo a la calumnia y a la mentira como puede demostrarse si se revisan los archivos, así como a los periódicos y testimonios de la época. Pero en los años
siguientes, los historiadores se conformaron con la versión de ese libro y de ahí en adelante repitieron lo expresado por Puente.
Antes de concluir con esta parte de nuestro estudio, es oportuno considerar que el libelo de Ramón Puente se publicó el mismo año 1912 en la ciudad de México y que la edición fue de quince mil ejemplares, cantidad estratosférica en aquellos días, cuando los libros se editaban, cuando mucho, en tirajes de quinientos ejemplares.