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MARTE EN EL CINE DE CIENCIA FICCIÓN

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Academic year: 2023

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MARTE EN EL CINE DE CIENCIA FICCIÓN

O POR QUÉ LA GENTE CREE QUE MARTE ESTUVO HABITADO POR LOS EGIPCIOS

Bartolomé Luque Serrano

Departamento de Matemática Aplicada y Estadística

E.T.S.I. Aeronáuticos, Universidad Politécnica de Madrid Plaza Cardenal Cisneros 3, Madrid 28040, España.

Se estima que el 90% de todos los científicos que han existido están de cuerpo presente en estos momentos: unos 40 millones. Nunca tuvimos tanta ciencia y tecnología como ahora, y nunca dependimos tanto de ella. Sin embargo, recientemente leía que 8 de cada 10 españoles piensa que solamente los tomates transgénicos poseen genes. Los tomates de siempre, los del gazpacho, está claro que no ... Con este bagaje científico, ¿cómo puede el ciudadano español formarse un criterio propio al respecto de la multitud de controversias en ingeniería genética que se están produciendo?

Una sociedad informada es capaz de tomar mejores decisiones

En una reciente encuesta de la Fundación Nacional para la Ciencia de EE.UU. leemos, por tomar sólo dos ejemplos, que el 49% de los estadounidenses cree que nuestros ancestros convivieron con los dinosaurios y el 51% no sabe que la Tierra tarda un año en completar una órbita alrededor del Sol.

¿Y en Europa? Disponemos del Eurobarómetro: el 51% piensa que los dinosaurios son contemporáneos de los humanos y el 49% ignora que la tierra gira una vez al año alrededor del Astro Rey. Conclusión de un periodista: los europeos saben más astronomía que los estadounidenses y estos últimos más paleontología que los europeos ...

Los sociólogos estiman que 9 de cada 10 ciudadanos de EEUU y la UE son incapaces de formarse un criterio propio sobre cuestiones políticas relacionadas con la ciencia. Y estamos hablando de las sociedades más cultas científicamente de nuestro planeta. La mayor parte de premios Nóbel son de EE.UU. y de la UE. ¿De dónde abreva la población sus opiniones científicas? ¿Cuánto piensan que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol? ¿Y de dónde han sacado la idea de que los dinosaurios convivieron con nosotros?

Un pequeño experimento

Cierre los ojos durante un instante y recree en su imaginación la cara de un científico. Si es usted un científico argentino: no vale pensar en uno mismo. ¿Ya está? Compruebe si coincide con mi previsión: la fotografía al final de este artículo. Tal vez no haya acertado en su caso. Pero le aseguro que he repetido esta prueba muchas veces y he acertado más del 80%. Es una prueba de cómo cristalizan en nuestro inconsciente colectivo las imágenes de la prensa. ¿Qué respuesta podemos dar al equívoco de los dinosaurios? Fácil: Raquel Welch en la película

“One Million Years B.C. ” (Figura 1). ¿Quién puede olvidarse de la Raquel Welch de aquellos tiempos? Y sí, creo recordar vagamente que aparecían dinosaurios... Pero: ¡cómo estaba Raquel!

¿Eh? … Por supuesto no vamos a convencer a nadie de que todo falso conocimiento científico del que hace gala el ciudadano medio proviene de la prensa, la televisión o el cine. Creo, por ejemplo, que la gente no sabe que la Tierra tarda un año en completar una órbita alrededor del Sol porque en la pregunta de las encuestas aparece un “¿Cuánto?”. Y esa partícula actúa como bloqueador mental en el grueso anumérico de la población. Respecto a los genes de los tomates: ¡No tengo ni la menor idea!

Mi intención con este artículo no es explicar el por qué de esta patética situación de la cultura científica, ni exponer remedios, que confieso no conozco. Más bien me gustaría simplemente que

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pasaran un buen rato rastreando en esa densa malla de cañerías y tubos conectados que es la cultura con minúsculas. De ese entramado de relaciones surrealistas muchas veces la gente extrae sus ideas tan extravagantes sobre cuestiones científicas. Como ejemplo concreto he tomado la imagen social de Marte y el papel específico del cine de ciencia-ficción en su construcción.

Figura1: La neumática Raquel Welch en sus tiempos mozos, presa de dinosaurios libidinosos en la película “One Million Years B.C.”.

La atracción marciana

Marte vende. Y los periodistas lo saben. Este pasado 27 de Agosto del 2003, Marte estuvo a tan solo 55.758.000 Km. Una oposición semejante ocurre cada 60.000 años. Fernando Ballesteros, un amigo astrónomo del Observatorio Astronómico de la Universidad de Valencia, que también participa en este congreso de Arecibo, daba esa noche una charla sobre Marte y la oportunidad al público en general de observar el planeta a través de los telescopios de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. El evento estaba dimensionado para un centenar de personas. Como me relató luego: “habían muerto de éxito”.

Se presentaron unas 5.000 personas. La observación se prolongó desde las 10 de la noche hasta las tres de la mañana. ¿Recuerdan eventos científicos que hayan movilizado a tanto público? El conserje del Planetario de Madrid me contó algunas anécdotas simpáticas de aquellos días. Una señora se presentó con un telescopio perfectamente embalado. Se lo acababa de comprar e iba al planetario para que se lo montaran y lo apuntaran a Marte para observarlo. No fue la única. La prensa se había hecho eco de que Marte no volvería a estar tan cerca de la Tierra en 60.000 años …

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¿Por qué esa atracción marciana? Sin duda los fenómenos astronómicos atraen la curiosidad del ser humano más alienado, pero Marte además ofrece otro aliciente: ¡Vida extraterrestre! ¿Cómo se ha forjado esa asociación de ideas entre Marte y vida? Es más, algo verdaderamente absurdo: ¿cómo ha llegado mucha gente a creer que Marte estuvo habitado por egipcios? Las cloacas de la cultura son inescrutables.

Pioneros: ver para creer

Cuando alguien que nunca ha hecho observación astronómica, al mirar por primera vez Marte con telescopio suele sentir una decepción: “¿Ya está? ¿Solamente eso?”. Probablemente la madrileña del telescopio embalado acabó pensando que tiró el dinero por el desagüe. Acostumbrados a las espectaculares imágenes de las sondas espaciales, aquellos que nunca han mirado por un telescopio quedan decepcionados. Pero imágenes como esa fueron las únicas que alcanzaron a vislumbrar los astrónomos durante mucho tiempo. En el siglo XVII Christian Huygens (1629-1695) detectó en Marte casquetes polares y Sirtys Major, una mancha oscura que permitiría determinar el periodo de rotación en poco más de 24 horas. Marte se mostraba muy semejante a la Tierra. Cuando Giacomo Filippo Maraldi a principios del siglo XVIII documentó cambios estacionales, empezó a especularse con posible vegetación. En 1840 disponíamos del primer mapamundi de Marte realizado por Maedler y Beer. Se fueron dibujando sucesivos mapas más y más detallados, hasta que en la oposición de 1877, un reputado astrónomo, Giovanni Schiaparelli (1835-1910), vio algo que nadie había visto antes: los canales de Marte.

Schiaparelli, a la sazón director del observatorio de Milán, tenía fama de ser un excelente y meticuloso observador. Allá donde otros habían visto manchas, él acabó perfilando un entramado de líneas rectas de miles de kilómetros que enganchaban zonas oscuras del planeta. A esas líneas las llamó en su lengua, el italiano, “canali”. Esta palabra no distingue si se trata de un accidente geológico o una construcción artificial, pero su incorrecta traducción al inglés en la prensa como “canals”

(canales o acequias), en vez de “channels” (cauces), indicaba una construcción artificial. Por aquel entonces la finalización del canal de Suez había constituido una noticia mundial y aún estaba fresca en la mente de los periodistas y ciudadanos. La asociación fue inmediata. El canal conectaba el Mediterráneo con el Mar Rojo, color que sin lugar a dudas ayudó. La construcción del canal de Suez fue comparada una y otra vez con la construcción de las pirámides y probablemente esta fue la primera conexión débil egiptomarciana en el imaginario colectivo.

Muchos astrónomos no veían las líneas de las que hablaba Schiaparelli, pero desde luego la prensa sí. Y quién también las vio y mejor que nadie fue Percival Lowell (1855-1916), un diplomático estadounidense que hizo bandera de los canales de Marte. Con los medios que le proporcionaba su propia fortuna, Lowell construyó un observatorio en el desierto de Arizona y dedicó el resto de su vida al estudio de Marte. Realizó una enorme cantidad de dibujos de los canales marcianos y llegó a la conclusión de que se trataban de enormes construcciones artificiales (Figura 2). Los marcianos eran una civilización agónica. Lowell afirmaba que las líneas observadas no eran propiamente los canales, sino “las bandas de vegetación que los bordean, de la misma manera que el Nilo transcurre redibujado por las zonas cultivadas en Egipto” (sí, de nuevo Egipto). Una sequía asolaba todo el planeta y los ingenieros marcianos habían construido gigantescos canales para llevar el agua de los polos hasta el ecuador de Marte. La prensa estaba encantada y nació la Martemanía. Gran parte de los astrónomos permanecían escépticos y en 1909 Eugenio Antoniadi les dio la razón al observar Marte con el mejor telescopio del momento. Los canales se esfumaron como por arte de magia.

Finalmente Vincenzo Cerulli demostró que todo había sido una mala pasada, una elaboración mental de estructuras al límite de la visibilidad. Lowell, sin embargo, se mantuvo firme en sus convicciones hasta su muerte 1916. ¿Misa fúnebre para los canales? Los mitos nunca mueren …

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Figura 2: Mapamundi de Marte donde se perfilan los famosos canales marcianos fruto de la observación de Percival Lowell.

Marte comunica

Es un hecho que la existencia de vida en Marte estaba tan asumida socialmente a finales del siglo XIX, que cuando la Academia de Ciencias Francesa propuso un premio de 2.500 francos a quien encontrara vida en algún planeta, se excluyó al planeta Rojo como candidato por evidente y facilón.

En 1901 el gran ingeniero Nikola Tesla sería el primero y no el último en anunciar a la prensa, encantada de hacerse eco de la noticia, que había detectado señales de radio procedentes de Marte.

La comunidad científica permanecía escéptica al revuelo informativo alrededor de Marte, y alguno mantuvo un sano sentido del humor al respecto, como el astrónomo G.E. Hale que en 1912 ante la premura con que lo invitó a escribir un redactor del Herald Tribune:

Telegrafíe inmediatamente 500 palabras sobre posible existencia vida en Marte”, respondió inmediatamente:

Lo ignoramos, lo ignoramos, lo ignoramos, lo ignoramos ...” hasta completar la demanda.

El que fuera director del Jet Propulsion Laboratory, William Pickering, propuso utilizar espejos parabólicos inmensos para focalizar la luz de una miríada de lámparas eléctricas sobre la superficie de Marte. Semejante engendro no podría pasar pasar desapercibido a los telescopios marcianos.

Según Pickering un sistema de señales semejante podría haberse construido por 10 millones de dólares del ala. Esta no fue la propuesta más descabellada. Algunos espíritus emprendedores aconsejaron trazar letras gigantes sobre la superficie de las arenas desérticas del Sahara. Escéptico a la tormenta de arena mediática y no falto de humor, el astrónomo Edward Emerson Barnard escribió una novela dónde, después de muchos esfuerzos terrestres por comunicarse con los marcianos, estos por fin entran en comunicación con la humanidad. "¿Por qué nos enviáis señales?" , preguntan los terrestres. Los marcianos responden: "No es con vosotros con quien estamos hablando, sino con los saturnianos".

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Pero no era el escepticismo de los científicos lo que llegaba a oídos del ciudadano, sino la prensa.

Los periodistas en su afán de noticias sorprendentes (sí, entonces ya eran así) siguieron con su cruzada marciana. Y aparecen una y otra vez noticias de comunicaciones por radio con Marte, descubrimiento de vegetación de color rojo o declaraciones de médiums espiritistas que aseguran haber visitado Marte y entablado tertulias de café con marcianos muy educados.

La primera Guerra de los Mundos

Por supuesto la literatura no estaba al margen de este contubernio. Estrictamente no se puede hablar de alienígenas hasta finales del siglo XIX. Abierta la revolución conceptual que supuso la teoría de la evolución de Darwin y Wallace, la sociedad disparó su imaginación. La mayor parte de los relatos anteriores de la protociencia ficción estaban capitaneados por seres angelicales, dioses o sátiras de los mismos. “Tenían poco que ver con el concepto de forma-de-vida-repugnante-proveniente-de-otro- planeta” [1]. Esta moderna visión astrobiológica fue popularizada, entre otros, por el astrónomo Camille Flamarion en obras como “Real and Imaginary Worlds” (1864) y “Lumen” (1887) donde describía con su rica prosa plantas y animales de mundos lejanos. Flamarion creía en la reencarnación y como amigo íntimo de Arthur Conan Doyle alucinaba con todas las estupideces espiritistas que asolaron la época. Ya comentamos que la prensa hizo cobertura de las comunicaciones que algunos espiritistas aseguraban haber mantenido con marcianos. En esa línea, Louis Pope Gratacap escribió en 1903 la novela: “The Certainty of a Future Life of Mars”. En ella el alma humana ascendía después de la muerte a Marte para reencarnarse en marciano. El protagonista logra comunicarse con su padre muerto, pero marciano, a través de ondas de radio y recibe unas clases sobre el sentido de la vida cargadas de nociones sobre el ocultismo y la electricidad. Los estadounidenses alcanzaron Marte en 1889 en la novela por entregas “Edison´s Conquest of Mars” de Garret P. Serviss. Su protagonista, el Edison de toda la vida, en una augurio de lo que sería la política preventiva actual de los EE.UU., decide conquistar Marte, antes de que Marte nos conquiste a nosotros. Aborda el planeta ayudado por los mejores científicos del planeta y un kit completo de nuevas armas de su propia cosecha.

Pero si hubo una obra literaria que fundiría en el imaginario colectivo Marte e invasión alienígena esa fue “La Guerra de los Mundos”. Escrita por H.G. Wells en 1889 es una de las obras de ciencia-ficción más celebrada. Una novela donde los marcianos intentaban invadir la Tierra y finalmente, nuestras amigas las bacterias lograban sofocar el intento. Considerada una alegoría del colonialismo británico por los enteradillos del parchís, se convertiría en el cliché de las invasiones alienígenas por excelencia. Desde entonces Marte fue el planeta preferido de los escritores de ciencia-ficción para ubicar civilizaciones extraterrestres cercanas a la Tierra. Y el campeón fue Edgar Rice Burroughs (1875-1950), el creador del mítico Tarzán. Más que nadie, fue el escritor de ciencia-ficción que contribuyó a que Marte se convirtiera en una misteriosa segunda Tierra escribiendo entre 1917 y 1948 diez novelas, donde el héroe John Carter cruzaba su destino con toda suerte de marcianos de aspecto humanoide. A pesar de que las aventuras no tenían ninguna consistencia científica, autores como Ronald Bracewell, Ray Bradbury o Arthur C. Clarke que novelaron más “seriamente” sobre Marte han reconocido que su lectura les iluminó. Fueron todos estos autores los que lograron finalmente fijar la palabra “marcianos” en nuestro lenguaje como término genérico para

“extraterrestres inteligentes”. Otros candidatos como los “jovianos” o los “venusianos” perdieron esa gloria. Pero si además los asociamos a seres cabezones y de color verde, eso seguro que fue gracias a los Pulp.

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Los Pulp

Figura 3: Marcianos libidinosos en revistas Pulp.

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A partir de 1926 aparecieron en EE.UU. una multitud de revistas dedicadas en exclusiva a la ciencia- ficción (Figura 3). La primera de ellas fue Amazing Stories (1926-1994), creada por el mítico Hugo Gernsback. Designadas bajo el término “Pulps” que hacía referencia a la mala calidad del papel barato con que estaban hechas, todavía hoy subsisten algunas entre nosotros como es el caso de The Magazin of Fantasy and Science Fiction y Analog (Astounding en sus lejanos orígenes). En ellas predominaban los space operas, “historias que se desarrollaban en galaxias lejanas y que apartaban la mente de los lectores del sórdido mundo de la crisis económica que por entonces asolaba los Estados Unidos” [2]. Muchos de estos mundos se situaban en Marte. Dos personajes típicos de space opera, para que sepan de que estoy hablando, fueron Buck Rogers y Flash Gordon. Ambos, por supuesto han sido llevados al cine en varias ocasiones.

Lo cierto es que estas revistas también estaban llenas de buenos atinos de divulgación científica. El ilustrador Frank R. Paul (1884-1963), considerado el padre de la ilustración de ciencia-ficción moderna, formó un excelente tándem en este sentido con Gernsback. Tomemos como ejemplo un texto de la revista Fantastic Adventure de 1939 ilustrado por Paul (Figura 4 izquierda): "Invitamos a nuestros lectores a viajar a través del espacio para presentarles al hombre de Marte. Al salir de nuestra nave, vestidos con un traje presurizado, saludamos al marciano que se acerca. ¡Qué extraño individuo! Su evolución es muy diferente a la nuestra debido al hecho de que el planeta Marte posee una gravedad débil, una atmósfera tenue y variaciones extremas de temperatura. Tiene orejas grandes para captar los sonidos débiles en el aire rarificado. Se comunica con sus semejantes gracias a sus antenas por telepatía. Es de gran tamaño y marcha con pies de ventosas. Sus pulmones están enormemente desarrollados, y por el contrario su cuerpo es esbelto. Sus ojos y su trompa nasal son retráctiles para protegerlos contra las heladas. Se trata de la criatura más avanzada del sistema solar, está armado con un fusil atómico, resultado de una investigación científica avanzada". Y, en un verdadero acto de autocrítica, nos relatan cómo nos imaginan los marcianos a nosotros en sus revistas pulp (Figura 4 derecha): "Como parece haber una gran cantidad de agua en el planeta Tierra, el terrestre es un ser semiacuático con las manos y los pies palmeados. Puesto que abundan los nutrientes, el terrestre es obeso y se pasa el día entero devorando. Cercana como está la Tierra al Sol, el color de la piel del terrestre es dorado." (Amazing Stories, Julio 1940).

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Figura 4: Los marcianos vistos por los humanos en las revistas pulp terrestres (izquierda) y los humanos vistos por los marcianos en sus propias revistas pulp (derecha).

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Cine 1900-1930

El cine por supuesto tampoco permaneció ajeno al ajetreo mediático. A principios del siglo XX comenzaba su andadura y en cuanto a ciencia-ficción estaba en pañales. Aún así Marte ya ocupaba con asiduidad las pantallas. En sus primeros 30 años podemos contabilizar una veintena de películas con referencias al cuarto planeta (el lector dispone de una lista por décadas de más de cien como apéndice al artículo). En general, el cine ha actuado como caja de resonancia del interés despertado en el público por la prensa o la radio. Por ejemplo, aprovechando las noticias sobre comunicación con Marte, en 1923 se estrena "Radio Mania". El protagonista es un joven inventor que sueña con comunicarse por radio con Marte. Puesto que el guión obliga: ¡lo consigue! Descubre que los marcianos, unos seres de enormes cabezas y grandes orejas que visten al estilo egipcio (¡otra vez Egipto!), son una civilización mucho más avanzada que la nuestra. Los marcianos le cuentan unos cuantos secretillos, algunos de los cuales le resultan especialmente prácticos, como es el caso de cómo convertir carbón en diamantes.

Las primeras películas con la presencia de Marte nos relatan las vicisitudes del viaje interplanetario hecho de las maneras más ingenuas, para encontrarnos a la llegada con grupos de vedettes vestidas de carnaval y de lo más apetecible para ser marcianas. O bien los marcianos son mostrados como seres angelicales dispuestos a resolver nuestros problemas sentimentales más burgueses. A pesar de la ingenuidad de la mayoría de estas películas pioneras, los círculos cinéfilos parecen coincidir en considerar a “Aelita” (Figura 5), dirigida por Yakob Protazanov en 1924 como un clásico: “El mayor éxito del cine soviético a escala internacional antes de la fulminante aparición de El Acorazado Potemkin (Sergei Eisenstein, 1925)” [3]. Basada en la novela homónima de Alexei Tolstoi, Aelita narra las peripecias del ingeniero “Los” que, tras asesinar a su esposa, decide poner pies en polvorosa camino a Marte. El planeta rojo parece haber sido diseñado por Picasso en una noche de insomnio, espectaculares y oníricos decorados y vestuarios cubistas (¡Estilo egipcio! ¡Lo juro!) que marcaron un patrón en el diseño de producción del género volcado en lo alienígena. El protagonista se enamora de Aelita, la reina marciana. Circunstancia que permite al guión recrearse en las costumbres extraterrestres, sospechosamente parecidas a las capitalistas americanas de la época. Aprovechando el rojo marciano, el protagonista intenta llevar adelante una nueva revolución bolchevique en el seno de la degenerada sociedad marciana. Lamentablemente todo era un sueño.

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Figura 5: “Aelita”, dirigida por Yakob Protazanov en 1924 como un clásico: “El mayor éxito del cine soviético a escala internacional antes de la fulminante aparición de El Acorazado Potemkin (Sergei Eisenstein, 1925)” [3].

La segunda Guerra de los Mundos

La noche de Halloween de 1939 sucedió algo que puede revelarnos lo mucho que creía el público que Marte esta plagado de marcianos, o lo muy idiotas que eran, según se mire. Esa noche de marras se produjo la famosa emisión radiofónica de Orson Welles adaptando la “Guerra de los Mundos” de H. G. Wells. El relato dramatizado formaba parte de las emisiones del Mercury Theatre On the Air, un programa que se emitía a la misma hora que el más famoso del momento en EE.UU.:

el del ventrílocuo Edgar Bergen y su muñeco Charlie McCarthy. El programa de Orson Welles conseguía audiencias aceptables solo en los momentos en que Bergen daba paso a algún cantante especialmente torpe (es penoso que un programa de radio de ventriloquia te supere en índice de audiencia). Pensando en retener a los radioyentes, Welles parió la argucia. La emisión comenzó como era de costumbre con Welles anunciando con voz clara el programa de esa noche: “Orson Welels y el Mercury Theatre en la Guerra de los Mundos de H. G. Wells”. Ladino, Welles, sabía que la mayor parte de los oyentes estaría en ese momento escuchando las paridas del ventrílocuo. La dramatización comenzaba en el Hotel Park Plaza con Ramón Roquello y su orquesta en sus labores.

Pero súbitamente un locutor interrumpía la música para anunciar una extraña noticia: “un objeto en llamas, al parecer un meteorito” había caído en las inmediaciones de una granja de Nueva Jersey. Se prometían más noticias y mientras un enviado especial se ponía en camino, se volvió a la música de Roquello y sus muchachos. Evidentemente el objeto en cuestión era una nave espacial. Y tras interrumpir de nuevo la música, se pudo escuchar en “directo”: “Señoras y señores... es lo más horrible que he visto en mi vida... un momento, atención... alguien o algo sale arrastrándose. Desde el agujero negro nos enfocan dos discos luminosos... Tal vez sean un par de ojos... tal vez sea una cara... tal vez... ¡Dios mío! Algo sale deslizándose entre las sombras igual que una serpiente. Hay otro, y otro y otro más. Por su aspecto yo diría que son tentáculos...” El reportero muere carbonizado y los flashes de noticias se suceden uno de tras de otro en dosis adecuadas. Al final se anuncia:

Damas y caballeros, me veo obligado a darles una grave noticia: por increíble que parezca, tanto las observaciones científicas como la más palpable realidad material nos conducen a creer que los extraños seres que esta noche han aterrizado en una zona rural de Jersey son la vanguardia de un ejército de invasores proveniente del planeta Marte”. Y la peña tragó. Se estima que un millón de personas, alrededor del 10% de la audiencia, pensó que asistía a una noticia auténtica y el pánico cundió entre ellos. La histeria colectiva provocó un colapso de las autopistas en la huida de los ciudadanos hacia las montañas. Al día siguiente Orson Welles era portada en muchos periódicos.

La tercera Guerra de los Mundos

Desde 1930 a 1936 nos encontramos con un hueco en el cine marciano (y en realidad en todo el cine de ciencia ficción, que pasa por un período de extinción). A pesar del bombazo de Orson Welles entre 1937 y 1949 solo se ruedan seis películas en referencia a Marte y no hay nada demasiado interesante que decir de ellas. No debemos olvidar que la Segunda Guerra Mundial está ahí en medio. Sin embargo a partir de ese momento asistiremos a una eclosión cinecienciaficcional inusitada: las Monster Movies de los 50. Los que saben de esto opinan que la edad de oro de la literatura de ciencia ficción fue el periodo inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial. Los mismos, sitúan su equivalente cinematográfico en la década de los 50.

En 1951 nace una década mítica para el cine de ciencia-ficción, que hasta la fecha no ha vuelto a repetirse. Ese año se estrenaron “El enigma de otro mundo” o “The Man from Planet X”, por citar un par de títulos de culto. Los críticos cinematográficos se han estrujado los sesos para encontrar metáforas y mensajes crípticosociales en muchas de estas grandes películas. Desde discursos pacifistas de connotaciones religiosas en “Ultimátum a la Tierra” (Robert Wise, 1951) a mensajes bíblicos en “Cuando los mundos chocan” (Rudolph Mate, 1951). Por supuesto Marte ocupó un lugar

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privilegiado en esa explosión creativa. Hemos contabilizado 23 películas en esa década, la más movida para el planeta rojo en la historia del cine.

Podemos distinguir, a grandes rasgos tres grupos de películas, con Marte como protagonista o de fondo: los clásicos, la propaganda patriótico política y las “de marcianos” de toda la vida. Como clásicas, con más interpretaciones que la definición de entropía, tenemos por ejemplo, las famosas

La Guerra de los Mundos” (1953, Byron Haskin) e “Invasores de Marte / Invaders from Mars” (1953, William Cameron Menzies), dedicadas ambas a las invasiones de la Tierra por parte de los habitantes de Marte. Se ha escrito tanto sobre ellas, que simplemente les dedicamos desde estas líneas un homenaje en su exacto 50 aniversario. Lo importante para nosotros en el tema que nos ocupa es sencillamente que estas películas enseñaron al público que si nos invadían extraterrestres, 1000 a 1 a que venían de Marte.

Aparte del puñado de películas míticas que dieron el prestigio al cine de la época, en muchos casos el mensaje o propaganda político-social del film era meridianamente claro. Eran los tiempos de la Guerra Fría y la era atómica. Durante la Segunda Guerra Mundial se sufrió en EE.UU. una paranoia a todo lo ajeno al país, cualquier persona de acento extraño, fueran orientales o europeos podía ser un enemigo infiltrado (¿les suena?). “Este crispado clima en que tu hermano podía ser un espía japonés, fue el terreno abonado en el que creció el miedo al comunismo” [1]. En plena era McCarthy (no confundir con el ventrílocuo competencia de Orson Welles) asociar el peligro rojo e invasiones desde el planeta rojo era inevitable: “Esta es una historia todavía no contada” nos advierte una voz en off en el film estadounidense “Red Planet Mars”. Dirigida por Harry Horner en 1952, “ni antes ni después es fácil encontrar en la historia del cine de ciencia-ficción obras tan explícitamente discursivas en el terreno político y en el religioso como Marte, el planeta rojo. Explícitamente concebida como una pieza de propaganda anti-comunista” [3]. La historia es simple: Marte está habitado por seres inteligentes. Pero tienen un defectillo: son comunistas, rojillos por naturaleza. Aliados con la URSS pretenden invadir los Estados Unidos de América. Una pareja de científicos patrios logra repeler el intento.

Figura 6: “Red Planet Mars” dirigida por Harry Horner en 1952. “Ni antes ni después es fácil encontrar en la historia del cine de ciencia-ficción obras tan explícitamente discursivas en el terreno político y en el religioso como Marte, el planeta rojo. Explícitamente concebida como una pieza de propaganda anti-comunista” [3].

Es cierto que el desastre que había supuesto la Segunda Guerra Mundial y el miedo atómico estaban presentes y que muchas películas lo reflejaron más o menos magistralmente. Pero el grueso de las películas de la época sencillamente pretendían ganar dinero con poca inversión haciendo pasar un

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buen rato. EE.UU., la nación vencedora de la Segunda Guerra Mundial, asentaba sus cimientos de imperio planetario. Su economía estaba boyante y los adolescentes norteamericanos disponían de dinero para comprar coches de segunda mano y grandes helados. Los empresarios del cine vieron claro el negocio e inventaron el autocine: “esos aparcamientos dotados de una pantalla gigante en los que los sanos muchachos de América desfogaban sus instintos de apareamiento en la oscuridad tapizada de los grandes Buick de la época, jaleados desde la pantalla por los gritos de neumáticas heroínas que eran despiadadamente acosadas por monstruosidades llegadas del espacio exterior...

[1].

Muchas películas sobre Marte han sido serie B o monster movies. Además no hay que olvidar que en 1947 comenzó el fenómeno de avistamientos OVNI. Que curiosamente aumentaban en los años de oposición marciana. Y que por supuesto la prensa rentabilizó todo lo que pudo y más. Sirva como muestra representativa de este tipo de películas marcianas “Devil Girl from Mars”, un film británico de 1954 dirigido por David MacDonald. En él una nave alienígena procedente de Marte y comandada por una marciana aterriza en nuestro planeta. Por exigencias presupuestarias lo hace cerca de una apartada fonda de la campiña escocesa. "La alienígena es muy enérgica, tiene buena figura y viste de cuero -una versión sadomaso de la madrastra de Blanca nieves- su misión es encontrar hombres vigorosos con los que repoblar su planeta, estéril debido a las luchas entre hombres y mujeres. Como es evidente ganaron las mujeres, y ahora Marte es un diabólico matriarcado donde el sumiso género masculino ha perdido su virilidad y la capacidad reproductora. La sexy extraterrestre, con muchas ganas de encontrar hombres de verdad, rodea la fonda con un rayo invisible y exige imperiosamente machos para utilizarlos como sementales en Marte. [...] Tremendamente británica" [1].

Pasada la década prodigiosa, no se produjo film donde apareciera Marte digno de mención.

Simplemente quedaron “las de marcianos” sin más pretensiones que entretener basadas en refritos cada vez más inverosímiles. No puedo evitar citar un botón de esa muestra teniendo en cuenta que este artículo está escrito como charla en Arecibo. Frankenstein Meets the Space Monster fue una película estadounidense de 1965 dirigida por Robert Gaffney.

Conocida también como "Mars Invaders Puerto Rico" (Figura 7), probablemente fue rodada en el momento álgido de una beach party, cuando alguien se percató de que una cámara había sido arrastrada por las olas hasta la orilla de la playa y funcionaba. En síntesis el film narra las andanzas de la malvada princesa marciana Marcuzan que ha decidido darse un garbeo por Puerto Rico a la caza de señoritas neumáticas para repoblar un Marte moribundo. Para tal menester la acompañan su enano Nadir, claro antecedente del Dr. Maligno en Austin Powers, y el mutante Mull, el tipo más alto de la fiesta con "cabeza de cítrico con los dientes mal puestos, dos antenitas en la frente, abrigo de piel de yak y dedos como morcillas afiladas" [1]. El astronauta androide Frank (muchos críticos opinan que su nombre es la única explicación posible para la aparición de Frankestein en el título del film) acaba con la invasión de pacotilla destruyendo al trío cadavera.

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Si ustedes no están dispuestos a perder su precioso tiempo viendo semejante tipo de películas, pero les gustaría hacerse una idea clara de los personajes y temas arquetipo en los 50-60 (tanto de los imaginados en los films, como de los reales en la vida misma) no se pierdan la película “Mars Attacks!!” rodada en 1996 por Tim Burton. Es un homenaje parodia y testamento merecido a todo un género cinematográfico.

Figura 7: Frankenstein Meets the Space Monster fue una película estadounidense de 1965 dirigida por Robert Gaffney, es un ejemplo típico del cine que quedó trás la década prodigiosa de los 50.

Conocida también como "Mars Invaders Puerto Rico" (Figura 7), probablemente fue rodada en el momento álgido de una beach party, cuando alguien se percató de que una cámara había sido arrastrada por las olas hasta la orilla de la playa y funcionaba.

Si hasta el momento las películas habían respondido a meras pulsiones colectivas bien claras como la paranoia xenófoba, el miedo atómico, los OVNIS o la alienación burda sin más (“para pasar el rato”), el cine de ciencia-ficción alcanzó finalmente su madurez con directores como Ridley Scott, Kubrick, Tarkovski o Cronenberg. Se pasó del cine de género al de autor, que tiene eso que llaman poética personal, impronta, universo propio, etc. Marte también lo consiguió en 1990 gracias a Verhoeven con la película “Total Recall” (traducida como “Desafío total” en territorio hispalense).

Basada en un cuento del mítico escritor de ciencia ficción Phillip K. Dick, “Total Recall” supuso una nueva mirada a Marte. Ya no se presentaba como la guarida de “Marcianos, enemigos naturales de la Humanidad de la que desean su territorio, sus riquezas o ... ¡¡¡sus mujeres!!!” [1], sino como una colonia de los humanos en su expansión por el Sistema Solar donde transcurre una interesante trama revolucionaria con confusión entre sueño y realidad al estilo Calderón de La Barca. Aunque curiosamente, al final de la película, descubrimos una enorme pirámide en Marte (¡!), un terraformador planetario creado por una antigua civilización marciana ya extinta … Otra vez Egipto. Pero, ¿de dónde le vino la idea de la pirámide a Verhoeven? ¿Casualidad? No, simplemente suma y sigue.

Las “caras” de Marte

Algunos psicólogos hacen uso del test Rorschach, el famoso test de manchas de tinta de las películas, para estudiar a sus pacientes. Aprovechan la “pareidolia”. El diccionario de escépticos (The Skeptics Dictionary [4]) define este término como un tipo de ilusión o error de percepción debido a un estímulo vago que se acaba percibiendo como alguna cosa o alguien en concreto. En España sufrimos un famoso caso: las caras de Bélmez. No solo tienen por qué ser ilusiones visuales.

Escuchar mensajes satánicos en discos de baquelita girando al revés, es otro popular ejemplo. Carl Sagan lo explica muy bien: "En algunas ocasiones, un vegetal o un dibujo de la veta de la madera o la joroba de una vaca parecen una cara humana. Hubo una célebre berenjena que tenía un parecido enorme con Richard Nixon. ¿Qué deberíamos deducir de este hecho? ¿Intervención divina o extraterrestre? ¿Intromisión republicana en la genética de la berenjena? No. Reconocemos que hay gran número de berenjenas en el mundo y que, habiendo tantas, tarde o temprano encontraremos una que parezca una cara humana, incluso una cara humana particular." [5]. Ya vimos como unas condiciones al límite de la observación, junto con un profundo deseo de que nuestro sueños se hagan realidad, ocasionaron el debate de los canales. El entuerto (nunca mejor dicho) se deshizo gracias a observaciones más detalladas con telescopios y, si quedaba el mínimo rastro de duda, se disipó totalmente con las fotografías obtenidas por las misiones espaciales. Podría parecer que con las naves orbitando y amartizando, prodigios de la ingeniería, no volverían a suceder casos como el de los canales. Pero los caminos de la mente humana son inescrutables....

En la década de los 70 se pusieron de moda entre los creyentes de lo paranormal los poderes de las pirámides. Tal vez los grandes faraones egipcios habían sido enterrados en pirámides no solo por motivos religiosos y políticos, sino tal vez también por motivos “científicos”. Motivos arcanos que nuestra civilización había olvidado. Desde entonces lo egipcio siempre ha ejercido una fascinación irracional entre la legión mundial de crédulos.

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En 1971 la Mariner 9 había captado unas fotografías en la región Elyseum donde los ufólogos y afines veían claramente pirámides de tres caras de origen no natural y de un tamaño 13 veces mayor que la gran pirámide de Giza en Egipto que es de unos 150 metros. En la época de efervescencia piramidal, esto supuso el nacimiento de los monumentos marcianos: los conspiranoicos habían descubierto faraones marcianos.

Figura 8: En 1971 la Mariner 9 había captado unas fotografías en la región Elyseum donde los ufólogos y afines veían claramente pirámides de tres caras de origen no natural y de un tamaño 13 veces mayor que la gran pirámide de Giza en Egipto que es de unos 150 metros. En la época de efervescencia piramidal, esto supuso el nacimiento de los monumentos marcianos: los conspiranoicos habían descubierto faraones marcianos.

En 1976 la Viking 1 mandó una curiosa imagen obtenida sobre la región de Cydonia. En un comunicado a la prensa del JPL fechado el 31 de Julio, se decía: "Esta imagen es una de las muchas tomada por el orbitador Viking 1 sobre terrenos de latitud norte de Marte en busca de un lugar de aterrizaje para la Viking 2. La imagen muestra una forma de meseta erosionada. La gran formación rocosa del centro, que parece una cara humana, está formada por sombras que producen la ilusión

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de ser ojos, nariz y boca. El rostro mide 1.5 Km de largo y está iluminado por el Sol con un ángulo aproximado de 20 grados”.

La imagen había sido tomada el 25 de Julio desde unos 1873 Km, era de baja resolución y estaba salpicada de motas negras que correspondían a errores de transmisión. De hecho uno de los píxeles negros hacía de agujero nasal. Los autores del comunicado pensaron que la gracia de la cara levantaría el interés de la prensa y el público por la misión. No fue muy acertado a la vista de lo que ocurrió después...

Figura 9: La fotografía de la Cara de Marte tomada desde 1873 Km de distancia por la nave Viking 1 el 25 de Julio de 1976.

La declaración desestimando el interés de la figura por considerarla un efecto de luces y sombras desató la paranoia del mundillo de los ufólogos: “NASA estaba encubriendo el descubrimiento del milenio”. Ahora, cerca de la ciudad de las pirámides, los conspiranoicos veían además una cara esculpida por una civilización marciana: “La Cara de Marte”. La revista Ancient Astronauts no perdió el tiempo. En el número de Enero de 1977 la revista comparaba la Cara de Marte con la Esfinge que acompaña a la pirámide de Giza en Egipto.

En 1979 Vincent DiPietro, ingeniero eléctrico y Gegori Molenaar, informático, hicieron una reconstrucción estereográfica de mayor detalle de la Cara. Descubrieron además otra pirámide a unos 25 Km al sur-suroeste del monumento, esta vez de cinco caras (que bautizaron como Pirámide D & M). En 1981, cansados de la indiferencia de NASA, publicaron de sus propios bolsillos “Unusual Mars Surface Features (Elementos insólitos de la superficie de Marte)”. Probablemente la cosa se hubiera olvidado como otros miles de noticias sensacionalistas si no hubiera sido porque Richard C.

Hoagland, un divulgador que justamente en aquella época cubría la misión Viking para la revista American Way, topó con el libro de D & M. Hoagland, intuyendo filón, escribió "The Monuments of Mars: A City on the Edge of Forever" (1987), donde popularizaba las ideas de D & M y rellenaba el resto con especulaciones y nuevos misterios sobre la Cara y la civilización de faraones marcianos que la construyó. Más un plus de relaciones matemáticas chuscas entre la distribución de los monumentos marcianos y sus equivalentes terrestres en Egipto.

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Los ufólogos pensaban que las imágenes de mayor calidad de la Mars Observer proporcionarían las pruebas definitivas a sus teorías. Por eso cuando en 1993 se perdió contacto con la nave, se organizó una manifestación de conspiranoicos frente al JPL. La Mars Observer no había fracasado, se trataba de “un subterfugio del gobierno para poder estudiar la cara sin tener que hacer públicas las imágenes. Se estaba encubriendo a la opinión pública la existencia de vida inteligente en Marte”. En el Weekly World News, otra revista del nivel de Ancient Astronauts, el 14 de septiembre de 1993 se podía leer: "¡Nueva fotografía de la NASA demuestra que los humanos vivieron en Marte!" (en este tipo de revistas es norma editorial que todo vaya con admiraciones o dobles admiraciones). La supuesta fotografía según los redactores había sido tomada por la Mars Observer. Lamentablemente la nave no llegó a orbitar Marte. Según la revista, “la información se ocultaba para evitar el pánico mundial”... Pero parece ser que a los editores el pánico frente a las ventas les traía al pairo.

NASA consideró que era necesario acallar las especulaciones con una prueba contundente. Así que el 5 de abril de 1998 la Mars Global Surveyor obtuvo una imagen de la Cara desde 450 Km de altura.

Fue transmitida, procesada y expuesta públicamente en Internet el día 6 de abril. Esta vez la imagen era en alta resolución (10 veces mayor que la tomada por la Viking) y la luz provenía de otra dirección. El resultado fue muy distinto. La imagen mostraba, sin lugar a dudas, que se trataba de una meseta erosionada y descartaba definitivamente la hipótesis de construcción artificial.

¿Definitivamente? No para todos. La Cara de Marte está localizada a 41 grados de latitud norte marciana, donde era invierno en abril de 1998. Como se observa en la fotografía, estaba nublado. Tal vez esas nubes ocultaban los detalles de la Cara. “No vale”, sentenciaron los conspiranoicos.

25 de Julio de 1976

Figura 10: Fotografía ampliada de la Cara vista por la Viking 2

5 de Abril de 1998

Fotografía tomada por la Mars Global Surveyor más de 20 años después.

El equipo de Michael Malin encargado de la Mars Orbiter Camera (MOC) volvió a tomar otra fotografía el día 8 de abril del 2001. Era un día de verano y despejado de nubes en Cydonia. "Debimos girar la nave 25 grados para centrar el área en el campo de visión de la cámara" [6] explicó Jim Garvin, científico jefe del Programa de Exploración de Marte de la NASA en aquel momento. "El grupo de Malin tomó una fotografía extraordinaria utilizando la máxima resolución de la cámara." Cada píxel en esta imagen equivalía a 1.56 metros, una resolución muy superior a la de los 43 metros por píxel de la

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mejor de las fotos tomadas por la Viking. "Por regla general, los objetos se pueden distinguir cuando la imagen digital es 3 veces el tamaño del píxel. Por consiguiente, si hubiera objetos en la fotografía tales como aviones sobre el terreno o pirámides semejante a las egipcias, o aun casas pequeñas,

¡podríamos reconocerlas fácilmente!", comentó Garvin.

La imagen volvió a demostrar claramente una forma geológica natural. Ahora el entuerto estaba deshecho. ¿Se rindieron ante la evidencia los conspiranoicos? En un golpe de astucia genial algunos encajaron los hechos: “La Cara no es una escultura. No lo es ahora, pero lo fue hace 20 años cuando la fotografió la Viking 2. La única explicación posible es que durante ese lapso ha habido una conflagración entre ejércitos marcianos y La Cara ha sido destruida en la batalla. ¿Qué más prueba de ello que la nueva imagen?” Sencillamente genial.

Figura 11: Secuencia de fotografías de la Cara de Marte: Fotografía de la Viking 1

de 1976, una imagen de la Mars Global Surveyor (MGS) de 1998 y la última imagen del MGS tomada en el 2001.

Por supuesto disponemos de más ejemplos de caras. La misión Apollo 15 fotografió una cara fumando en pipa sobre la superficie lunar. Desde luego eso no tiene el glamour de los faraones marcianos y ni siquiera los conspiranoicos le han sacado punta. De las propias fotografías enviadas por las Viking tenemos otro par de ejemplos: un smiley y el perfil de la rana Gustavo. Como comentan David Galadí y Jordi Guitiérrez: "Por ahora, nadie las ha empleado para argumentar el origen marciano del movimiento acid-huse o del show de los teleñecos" [7].

Figura 12: De las fotografías enviadas por las Viking y la Mars Global Survayor tenemos un par de ejemplos: un smiley y un corazón. Curiosamente no han llamado la atención de los conspiranoicos.

Como demuestran los casos de la misión Pathfinder o el monolito de Fobos (Figuras 13 y 14), no debemos esperar cordura por parte de los conspiranoicos a medida que la exploración espacial avance. A la “pareidolia”

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hay que añadir nuestra disposición evolutiva a sustraer orden del desorden, la lacra social que suponen los periodistas ávidos de noticias espectaculares y la necesidad humana de soñar.

Figura 13: En 1998 la Mars Global Surveyor tomó fotografías a alta resolución de la superficie de Fobos. En la imagen SP255103 se observa una formación inusual.

Sin embargo, Mr. Efrain Palermo, amante de “2001: una Odisea en el Espacio”, tiene clara la interpretación: visto desde la superficie de Fobos observaríamos un monolito.

Figura 14: Las sucesivas misiones seguirán descubriendo más y más monumentos marciano- faraónicos. ¿Qué es aquel extraño montículo captado por las cámaras de la Pathfinder?

¡Dios mío! Es una Esfinge.

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Por si no quedaba claro ...

Sea como fuere, lamentablemente la Cara de Marte se ha convertido en un símbolo de la cultura pop.

Hoagland fue premio IgNobel en 1997 por “identificar rasgos artificiales en la Luna y Marte, incluyendo una cara en Marte y 10.000 grandes edificios en la cara oculta de la Luna”, a pesar de ello ha seguido con su negocio particular y la quinta edición de su libro vio la luz en 2001. La Cara aparece cada dos por tres en periódicos, programas de radio y televisión … ¡Hasta en sellos! Así, que la absurda idea de una antigua civilización egipcia en Marte cada vez se retroalimenta más.

¿Y en el cine? NASA ha orquestado una campaña publicitaria sin precedentes para arropar sus misiones a Marte. Ha creado una disciplina ad hoc como es la astrobiología, ha aprovechado el efecto mediático sobre los políticos del anuncio de posible vida microbacteriana en el meteorito marciano ALH80001 y el descubrimiento de planetas extrasolares. ESA y otras agencias también participan en ese tráfico intenso de naves que se está produciendo hacia el planeta rojo. La prensa y la televisión han bailado la música y el cine ha aprovechado el tirón como demuestran las nueve películas entre el 2000 y 2002. Una de ellas, por supuesto, se llama “Faces on Mars”, una película obviable. Lo triste es que “Misión a Marte” (2000, Brian de Palma) probablemente sea la mejor con diferencia (y eso no deja el resto muy bien que digamos). En ella descubrimos que los marcianos somos nosotros … y por supuesto aparece la Cara de marras. ¿Qué podemos hacer? Una opción, que no aconsejamos a nuestro querido lector, es cabrearse como un mono y combatirla allá donde aparezca. Otra actitud más reconfortante, puesto que la vida es corta y hay mil cosas interesantes, es simplemente reírse de ella y seguir el consejo del sabio Groucho Marx: “Nunca olvido una cara, pero con la suya haré una excepción."

Referencias

[1] Arañas de Marte: video-guía de invasiones alienígenas. Pedro Duque. Ediciones Glénat, S. L., 1998.

[2] ¿Hay algo allí afuera? Jordi Costa. Ediciones Glénat, S. L., 1999.

[3] Ciencia, cine e historia. Alberto Elena. Alianza Editorial, 2002.

[4] The Skeptic Dictionary http://www.skepdic.com/pareidol.html [5] El mundo y sus demonios. Carl Sagan. Editorial Planeta, 1997.

[6] The Face on Mars, página web page del Malin Space Science Systems, http://barsoom.msss.com/

education/facepage/face.html

En la misma web, en la página dedicada a la cámara MOC de la MGS pueden verse las imágenes de La Cara a gran resolución.

http://www.msss.com/mars_images/moc/extended_may2001/face/index.html Desenmascarando la cara en Marte, Web de NASA en español:

http://ciencia.msfc.nasa.gov/headlines/y2001/ast24may%5F1.htm

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[7] Astronomía general teórica y práctica. David Galadí y Jordi Guitiérrez, Editorial Omega, 2001.

[8] Facing Mars, E. C. Krupp, Sky & Telescope, August 2003.

[9] Cae la Luna: la invasión de Marte. José Felipe Coria, Editorial Paidós 2002. Por si se quedaron con las ganas de leer más sobre Marte desde esta y muchas más perspectivas.

¿Es esta la cara que usted imaginó? Esta fotografía fue portada de la revista Time. Existen multitud de fotos de Albert Einstein, pero finalmente esta acabó convirtiéndose en la imagen del científico por antonomasia.

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Apéndice

Películas referidas a/o inspiradas en Marte.

Década de los 10 (2)

A Message from Mars (1913, Wallett Waller).

Himmelskibet, Das o Sky Ship / Trip to Mars (1917, Holger Madsen).

Década de los 20 (7)

Trip to Mars, A (1920, Bud Fisher).

Ship that was sent off to Mars, The (1921, Raymond Griffith).

Message from Mars, A (1921, Maxweil Karger).

FuBballwettspiel Erde-Mars (1922, Leopold Blonder).

Radio-Mania, o The man from Mars (1923, Roy William Neill) Trip to Mars, A (1924, Dave Fleischer).

Aelita / Aelita, o Aelita: Queen of Mars (1924, Yakov Protazanov).

Década de los 30 (7)

Up to Mars (1930, Dave Fleischer).

Mars (1930, Walter Lantz y William Nolan).

BuckRogers in the 25th Century, o An interplanetary battle with the tiger men of Mars (1934, Harlan Tarbell).

Scrappy's trip to Mars (1937, Ub Iwerks).

Deadly ray from Mars (1938, Ford Beebe y Robert F. Hill).

Fin del mundo, El, o Marte contra la Tierra / Mars attacks the worid (1938, Ford Beebe y Barney A.

Hill).

Viaje a Marte / Flash Gordons trip to Mars (1938, Ford Beebe y Robert F. Hill).

Década de los 40 (2)

Marte invade la Tierra / The purple monster strikes (1945, Spencer Bennett y Fred C. Brannon).

Rocket to Mars (1946, Bill Tytla).

Década de los 50 (23)

Rocketship X-M (1950, Kurt Neumann).

Invasor marciano, El / Flying disc man from Mars (1950, Fred C. Brannon).

Man from planet X (1951, Edgar G. Ulmer).

Conquistando a Marte / Flight to Mars (1951, Lesley Selander).

Milagro de Marte, El / Red planet Mars (1952, Harry Horner).

Termites from Mars (1952, Don Patterson).

Monstruo de Marte, El / Robot monster (1953, Phil Tucker).

Llegaron de otro mundo / It came from outer space (1953, Jack Arnold).

Guerra de los mundos, La / The war of the worids (1953, Byron Haskin).

Invasores de Marte / Invaders from Mars (1953, William Cameron Menzies).

Abbott y Costello en Venus / Abbott and Costello go to Mars (1953, Charles Fred Lamont).

Devil girl from Mars (1954, David MacDonaId).

Hudba z Marsu, o Music from Mars (1954, Ján Kadár & Elmar Kios).

La lupa (1955, Luis Lucía).

Conquista del espacio, La / Conquest of space (1955, Byron Haskin).

Pánico mortal / Quatermass Xperiment, o The creeping unknown (1955, Val Guest).

Woodpecker from Mars (1956, Paúl J. Smith).

Vasallos del mal / Quatermass II (1957, Val Guest).

Mars and beyond (1957, Ward Kimball).

(23)

Round trip to Mars (1957, Paúl J. Smith).

Invasión de los hombres del espacio / Invasion of the saucermen (1957, Edward L. Cahn).

Amenaza de otro mundo, La / It! The terror from beyond space (1958, Edward L. Cahn).

Aterrador planeta rojo, El / The angry red planet (1959, Ib Melchoir).

Nave de los monstruos, La (1959, Rogelio A. González).

Década de los 60 (18)

Un Martien à Paris (1961, Jean-daniel Daninos) Kid from Mars, The (1961, Seymour Kneitel).

Day Mars invaded Earth, The (1962, Maury Dexter).

Mad as a Mars hare (1963, Chuck Jones y Maurice Noble).

Santa Claus conquers the Martians (1964, Nicholas Webster).

Mars na Drinu (1964, Zivorad Zika Mitovic).

Robinson Crusoe en Marte / Robinson Crusoe on Mars (1964, Byron Haskin).

Llegaron los marcianos, Il Marziani hanno dodici mani, o The twelve-handed men of Mars (1964, Franco Castellano y Giuseppe Moccia).

Wizard o f Mars, The (1965, David L. Hewitt).

Alphaville / Alphaville, una étrange aventure de Lemmy Caution, o Dick Tracy on Mars, o Tarzan vs.

JBM (1965, Jean-Luc Godard).

Frankenstein meets the space monster, o Mars invades Puerto Rico (1965, Robert Gaffney).

Santo contra la invasión de los marcianos (1966, Alfredo B. Crevenna).

D. day on Mars (1966, Spencer Gordon Bennett y Fred C. Brannon).

Queen of Blood (1966, Curtis Harrington).

Ne Jouez Pas avec les Martiens (1967, Henri Lanoi).

¿Qué sucedió entonces? /Una tumba en la eternidad / Quatermass and the pit, o Five million years to Earth (1967, Roy Ward Baker).

Misión Marte / Mission Mars (1968, Nick Webster).

Mars needs women (1968, Larry Buchanan).

Década de los 70 (4)

Niños y el marciano, Los / Le martien de Noel (1970, Bernard Gosselin).

The Alpha Incident (1976, Bill Rebane) Message from space (1978, Kinji Fukasaku).

Buck Rogers in the 25th Century (1979, Daniel Haller).

Década de los 80 (7)

Jackie McLean on Mars (1980, Kenneth Levis).

Mars, De (1983, Job Pannekoek).

Start Crystal (1985, Lance crystal).

Invaders from Mars [Invasores de Marte] (1986, Tobe Hooper).

Midnight movie massacre (1986, Mark Stock).

Martians!! (1989, Patrick read Johnson).

Over-sexed rugsuckers from Mars (1989, Michael Paúl Girard).

Década de los 90 (17)

Desafío Total/ Vengador del futuro. El / Total recall [Desafío total] (1990, Paul Verhoeven).

Martians go home!! (1990, david Odell).

Lobster man from Mars (1990, Stanley Sheff).

Mars still needs Woman (1991, Armanel Gazarian).

Girl form Mars, The (1991, Neill Fearniey).

Bad girls from Mars (1991, Fred Olen Ray).

E. Y. E. S. of Mars, The (1993, Iku Suzuki).

(24)

Alien escape (1995, Scott Harris).

Spiders from Mars (1996, Paul Verhoeven).

Bad trip to Mars (1996, Fulvio Bernasconi).

¡Marcianos al ataque! / Mars Attacks! (1996, Tim Burton).

Destination: Mars (1996, Andy Liebman).

Escape from Mars (1999, Neill Fearniey).

Inquisiteurs de Mars, Les (1999, Cari Mathieu).

Mi marciano favorito / My favorite Martian (1999, Dónala Petrie).

Robots of Mars (1999, Don Fox & Michael Harley).

Top of the food Chain, o Invasion (1999, John Paizs).

Siglo XXI (9)

Planeta rojo / Red planet (2000, Antoñ Hoffman)

Misión a Marte / Mission to Mars (2000, Brian de Palma).

Mars and beyond (2000, Herbert Wright).

Eléphants de la planète Mars, Les (2000, Philippe Barassat).

Faces on Mars (2001).

Fantasmas de Marte / John Carpenterls Ghosts of Mars (2001, John Carpenter).

Folie de Rachid en transit sur Mars (2001, Philippe Barassat).

Horses on Mars (2001, Eric Anderson).

Postkort fra Mars (2001, Tzara Tristana).

Stranded/ Naúfragos (2002, María Lidón).

Referencias

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