• No se han encontrado resultados

Periódico Táchira El Alba 1930

N/A
N/A
Bernardo Zinguer

Academic year: 2024

Share "Periódico Táchira El Alba 1930"

Copied!
11
0
0

Texto completo

(1)

wñm ^¡raw!| wmm

Iberista mensual de intereses esfcíttiii^ttfc’iías

N ’Olttí, 1© -ígs ^®.2®gs

(2)

1 1

D ir e c to r a : R e g i n a d e V e t .a s q u e z .

A d m in is tr a d o r a : Al i c i a d e Me d i n a.

Revista mensual de intereses estudiantiles furidada el 13 de junio de 1930.

Año I.

y

m

-San C ristób a l, ju n io de 1 9 3 1 . J— {

t n s t t $ r i m M | í t t m p b a f t f l í s

(^üMPLE un a ñ o de vid a esta jardinera de los predios del espíritu.

Es ella h a sta h o y la única en una fam ilia que s ó lo va ron es cuenta.

El ideal le d ió la vid a y n a ció en un día de ju n io, el mes prim averal, bello c o m o un efebo ru b io de pupilas azules.

C on g o r g e o s dé ave y aleteos de m a rip osa vin o al m undo.

Vida que em pieza es su vid a . Y c o m o t o d o lo que nace, c o m o t o d o lo que es niño, apenas ha sá b id o de la son risa y la caricia.

H ija del risco, esta serran ita v a a la escuela en busca del saber, a ta v ia d a con las ga la s de la sierra: r o jo de sangre en los la b ios, y en la mejilla carm ín de lozan ía; fres- c u i a e n l a tez, luz en los o jo s, v ig o r en el mtxsculo y en el alm a ca n d or. P o r t o d o a d o rn o , en los bucles de la undosa y negra cabellera lleva pren dido un clavel, que le ofreció a su p a so la huerta fra ga n te y p o lícro m a que d e sb o rd a b a sus m acetas ten ta­

dora^ al alcance de la m a n o.

Es el despu n tar del día, p orq u e la gen te serrana deja su lecho con la prim era luz;

le sonríe el cielo, la saludan los trin os y con caricia bla n da la besan lo s céfiros.

Va risueña, v a ca n ta n d o p o r el senderillo ta p iza d o de césped que le hace cosq u illas en la p la n ta desnuda del d im in u to pie. Á derecha y a izquierda, arran can senderi- to s que rep ta n d o se em pinan p o r la cuesta y se pierden y aparecen y se vuelven a ocu l­

ta r h asta que dessaparecen p o r fin, entre la m arañ a espesa y verde.

Ya alegre y ca n ta d o ra , con su cesta de flores, ca m in o de la escuela.

Y a alegre, va d ich osa la pequeña, p orq u e celebra su cu m p le-añ os.

A b a jo , del fo n d o de la h o n d o n a d a , se leva n ta la niebla que v a subiendo b lan ca y lenta, h acia la cum bre, p o r los ' flan cos d ila ta d o s de la lom a . Ya subiendo b lan ca y lenta; v a subiendo.

Y con tem p la la serran ita con o jo s de ternura la belleza m agn ífica de su paisaje n a tiv o , se siente satisfecha, o rg u ljo sa de la tierra en d on d e vin o al m undo, y su c o r a ­ zón hace el v o t o de ser dign a de ella.

Va ella, va la ja rd in e ra de los pensiles del espíritu; v a la serran ita h acia la escuela.

Y a alegre, v a alegre la pequeña; n o m ira en to r n o los peligros: no ve a la serpiente que c o m o cin tá de azogu é, presu rosa entre las h o ja s se desliza en fuga.

S ó lo tiene o jo s p a ra con tem p la r a la inquieta ardilla, que de una ra m a a o tra , brin ca ágil, con g r a c io s o s m im os; al enjám bre b rilla d o r y silencioso de las m a rip osa s y a las aves alegres, c o m o ella, que g o rg e a n y que saltan desp legan d o al aire sus pin­

ta d a s plum as.

Y v a ella. El ideal le d ió la v id a y n a ció en un día de ju n io , el mes prim averal, bello c o m o un efebo ru b io de pupilas azules. Y a, y m ientras de la d o y la d o con el día la v id a bulle y em pieza, sob re el filo en crespado de la sierra en el confín lejan o, con p rom esas de luz sonríe el cielo.

(3)

.£,a

vge

de ^jsaura, la gentil y pri- j mera poetisa tacHirense, en,

nuestro cumpleaños ^

La Grita, junio de 1931. j

Señora Doña ,

Regina de Velá^qufz^Directora de «A L B A »iJ San Gi'isióbal.

Mi noble amiga:

A ú n no me había sido, dado el honor desconocer <

a Ud. personalmente, y ya su nombre, nimbado j de gloria, ocupaba en mi corazón el lugar especial ¡ designado por la admiración y el cariño que he \ sentido desde mis primeros años, por, esos abnega- ' dos seres que han consagrado su existencia a las j enaltecedoras tareas de la enseñanza; a las que \ como üd. con su aureola de tolerancia, de dul­

zura y de amor, van por el mundo disipando las ! tinieblas de la ¡ ignorancia y brindando el pan sublime de la instrucción que da vida y fortaleza a la humanidad, que es aliento y grandeza de los pueblos.

Dios bendiga a las grandes almas que, como la S.uya, vinieron al mundo con la celeste misión de hacer el bien!

' S í! bendita sea Ud, señora, que resolviendo tel gran problema del adelanto, no se conforma con nutfir de\sabias enseñanzas el cerebro y el cora­

zón dé la mujer, sino que, incansable en sus civi­

lizadores propósitos y convencida de que', corrió Jia dicho un alto pensador -«L a s ideas alumbran el mundo, pero es la fuerza, es la acción, la que lo, hace encaminar»— la conduce cual eo^perto guía, por los amplios y luminosos senderos del periodis

■mo; probando una vez mas, que si en sombrías y remotas épocas llegó á dudar sede quela compañera del hombre estuviese dotada de un alma, ella, impe­

lida por esa ley del perfeccionamiento universal, ha hecho que la ,suya, se cierna fúlgida, como ima estrella, sobre la cerrazón de la. ignorancia.

Y por esto aparece hoy a A L B A » , com,o la ja r dinera gentil que en los predios del espíritu, viene colmada de belleéa y de arte a recoger la vendi tilia de nobles y generosos idéales qué le ha trans­

fundido su alma privilegiada de mujer y de

* maestra.

Su apreciadora

¿fdanta,

Senerosa palabra dé aliento ,de una colega distinguida

E L PERIODISMO

Para A L B A

,

en su pifimer aniversario.

A manera de diminuto rayo de luz y bajo Id inteligente, dirección de la señora ,doña Regina de Velásquez, apareció en esta ciudad por prime­

ra vez, hace un año, «A L B A».

¡Q u é simpática me paréció} y qué legítimo orgullq sentí al ver que la mujer tachirense sabe vencer obstáculos y apartar las espinas punzado- rrs que las almas ignorantes tratan de colocar en sú camino, cuando, enamorada de los ideales de la civilización, se lanza a la ardorosa, pero bené ficw arena del periodismo.

¡Periodismo! Santa paílabrd! A l oír tu nombre tiembla el criminal, el tirano, el ladrón, el cobarde... E l periodismo es luz de aurora para el espíritu de las sociedades, y sol esplendoroso para el cerebro oscurecido. JEs él, juez justo y severo que condena al delincuente, faro prpviden

\ ciál para las esperanzas qué naufragan, balanza>

i exacta que pesa las virtudes y los vicios, bayco,

! milagroso que surca tranquilo el espumoso y

! amargo oleaje de la. vida y conduce al hombre a I las doradas playas del é n s i u e ñ o .

! Todo esto y mucho más, sabe la señora D i- . rectora de «Alba», y es por eso que ama tanto a

|éste hijo del progresó.

; ' Si ayer ercí «Alba» un botón de * exquisito i perfume en él jardín 'de' las detras tachirenses, j hoy ya es una rosa lozana,' cuy tí fragancia ha ido t más allá de nuestros lares.

p H Sinceramente felicito a la señora doña Regina

< d é Velásquez y demás colaboradores de «Alba», y

\ llena de entusiasmo coloco éste humilde pehsa- 1 miento en la verde corona de sus triunfos.

i *‘ Cfezidás>

(4)

2^-2§B§S

r h o 2 a d e s i e r t a

4?

E

l sol había empezado a bañar los triga- galeáV por sobre los cerros altivos se te extendía una tenue sonrisa de sombra;

§ el día arrojaba reflejos color de escarla­

ta- a lo lejos, cual suave murmullo de alguna colmena alegre y bullanguera, se oían las voces dé los trabajadores, que matcnaban con sus palas y azadones, dispuestos' a en­

trega rae a la faena.

Mientras tanto, allá al subir de una pen-

\ diente, 'por eotre las cortitoas que formaban

’ tímidas coquetas campestres, se veía un r rancho de paredes grietosas en cuyo! techo

¡ musgoso acampaban blancas palomas que al

*■ plegar las alas, su aletear, no era otra cosa que una queja lastimera y triste. Triste, si:

<5 habían quedado huérfanas., Frente al ran-

^ cho, unos surcos de claveles rojos reclaman- 1 do riego, algunos ya empezándose a secar;

^ el aspecto del jardín, en vez de darle al es- 1 .píritu embeleso, sólo servía para^ causarnos

$ dolor y hacernos pensar en la vida; la. tern- É ble vida que nos da á beber trago a trago la

i

cicuta amarga, sin temor ninguno. Dentro

i

de la estancia, silencio, soledad... nadie ha- í bitaba. ,Hoy había venido Julieta a c o r a r 1 1en ese su rancho, testigo, dé toda su dicha

* anterior, que sin saber cuándo, la rnuyin- i grata'I había, huido acaso para siem pre.

Evocaba tos día3 felices de su infancia, la calma hogareña, en donde sólo remaban el trabajó y Ú virtud; 'la caída del sól y sus

paseos por la v% a, ' cuándo soñaba coü la ciudad, qué al,creerla el país de su quimera, únicamente té había servido para ser el ase sino de su ^pro'piá existenpia.,

Julieta era lá muchacha más humilde de la comarca; vivía'con sU abuela, la tierna ahciañita que la supo amar y la-enseño a ser buená.1'! De va nándó. Capullos y fabrican­

do tejidos, pasaban aquellas dos almas; de noche, después de una breve cena* solían sentarse en el pequeño corredor de la casa;

ella y su abuelay allí charlaban sobre temas sencillos;! a vecéS 'la luna.ponía cuidado a sus cuitas y entonces, envidiosa, por entre

PABA «ALBA.!,-tor su; PRIMES ANIYEÍSSARIO. ^

los huecos que dejaban las hojas caídas de W la enredadera, se intercalaba hasta estampar ^ un beso en dicha, estancia. ,■ . . ¡ ^

Pero un día, uno de esos días'traicionérOs, ^ llegó una rica señora de la ciudad vecina, <£

que yendo de paseo, se le ocurrió entrar, y í|

como pidiese agua, Julieta apresuradamente «j se la dió con aquella bondad y dulzura tan ^ natural en ella, y después de darle las gra- ^ cias, la desconocida interrogóla acerca de su ¿ vida. Enterada de la pobreza de la jo v e n , ^ compadecida le ofreció su ayuda, diciendole j que al estar con ella lo tendría todo, la re- , conocería como siv propia hija, no necesita- . ría trabajar e iría solamente para hacerla . compañía. Julieta no quería, pero la abuela, viendo su edad avanzada y su enfermedad, la obligó .a que conviniera; ¡entonces, pali­

deciendo,' incierta contestó que sí, i ,

Después de l a , pruel. despedida que les causó la separación, subieron la señora y Julieta a un lujoso carruaje, y por entre una humareda de polvo corría el carro ve- loz a través de la amplia carretera, en tanto que las lágrimas de Julieta rodabaíi una a una. El crepúsculo hacía un juego de luces en el adiós que muere para jamás volver.

Esa noche la anciana rio pudo soportar la soledad, y murió.

A l llegar Julieta a la ciudad, ya éra otra:

ansiaba deslumbrar, ¡oh torpe anhelo! H a­

bía dejado de ser pobre, sabía qué su belleza resaltaba entre todas las demás jóvenes y el mundo le brindaba todos sus placeres^cuan- do de repente recibe la fatal noticia. ¡Cuanto hubiera dado ella por no tener nada y po­

seer un minuto siquiera de aquellas horas del ayer!

Pasando por su imaginación todo aquello, loca, desesperada, arrulló sus palotnas y al besar sus claveles, sintió desfallecerse y cayo tendida en él suelo con un mal.

Ironía del destino que apenas á los diez y seis años se atrevía a herir un corazon de

n ^ a ’ E ST H E R B A R R E R A M O N G A D A .

ü

&

4 i II

&

m

5

v

# ; 6

&

W

%

f ¡I

<&

•$*

« 3 , -A» sííjte íJz-jSl
(5)

m

m

J A R D I N S O N O R Q

m

»>-

M i m o f c a í e r n a í

] ‘j!i el primer aniven>w'io de «ALT1A»,

, ,

insigne .'portavoz de la mujei' culty, fina- '! morada eterna de la belleza psicológica.

Yo quisiera en tu plácido día verter en tu ruta lumbres estelares, y escanciar ante tí la ambrosía

que en ánforas brindan hadas tutelares.

Quisiera del ático vtrso las ñores deshojar para tí, una a una,

y agraciar mis ingenuos loores

con blandos arpegios de guzla moruna.

Pero, ay ! que mi tímida musa ceñir nunca puede corona triunfal, y , tan sólo en p rotesta profusa

va a expresarte mi hermoso ideal:

que alma dentro llevó encendido anhelo de exaltarte con fráses tnuy bellas, porque fulges, ALBA, en diáfano cielo, circundada de áureas ésirellús.

Y O L E D O R D E I.h Y . '

San Antonio del Táchira-juríio-1931.

Ú

. p a tcí & o fa bul íveoo

Para E. J. Méndez Díaz, én Caracas. La tardé, tristemente,

morid en el confín d eljOccidente.

En el miraje de la lejanía había como hogueras purpurinas, , y e n las cumbrest inmáculas Jigbífx | una franja, infinita de neblinas. . ; , jj

E l Rabí caminaba, caminaba por, la pradera verdecida.

Su fúlgida .mirada,

con delectación inmaculada, perfiló la montaña indefinida.'

Sus pupilas sombrías

reflejaban un dejo de tristeza. . ¡ , Y en su pecho pleno de melancolías , j encerraba una sed de poesías,

de amor, de ensueño y ,celestial belleza..\.

Cansado, sentóse a la ribera de una fuente parlero,,

y con placer, ufano,

bebió agua en el hueco de la ,mano.

Las aves trinadoras

. entonaron su música filena,

* y en la, solitud de aquellas horas hubo retoños y auroras

en su alma, errabunda y nazarena.

, Una música extraña , ,

de improviso escuchóse en la ¡mqntafia.

Era que Aurorti,

—zagala encantadora-,

. en su fQÍda y mísera cabaña.

tr inaba con su vpz ar ru lla dora . Jesús, semidormido , j pér el divino ruido,

dejó la jueiitecilla rumorosa:,

por irse, enamorado y complacido,¡$jj ligero en pos de la zagala hermosa.

Y llegó a la' cabaña dé la estrella...

La muchachito huraña, :í '

temiéndolo un gañán; temió por ella, yesc,ond,iósemuy presta en lacabaña. >!

(La noché había caído, y todo parecía

Ün campo én plenitud dé poesía, de tristeza, de olvido. : . ) ! ?

' también Jesús, punsiñio y divino, ' 1 encendiendo una lea,

faése á ella, y le dijo: «Sóij Rabino, soy, un triste y cansado peregrinó

qiie viene del confín de 'QaUtea..

¿Por que liuyes de mí? ¿Tupecho ignora que soy fusto con todos, qué soy bueno?

Sí tu vida' es la sombra, seré aiirord.

¡Soy el dulce y errante,Nazareno/ » Entonces la zagala ,

de su cuarto salió de asombro llena, y le dijo: aOreí tu alma mala, u ;.

y es sincera y es cándida y es buena!^ |;

Perdóname, Señor, si tu alma pura encierra cóiilra mí, maligno encono^ Perdóname! » —le dijo— y c'on dulzura le repuso el Rabino: « Te perdono!»

.[.Y,de nuevo, jesúp, meditabundo., , se dispupo a r$qrphar.-... ¡Qb^su ev}beleso cuando puso &u ¿e:spífiitu profundo en el roce,castísimo, de,un beso...!,

M

La noche era.toda poesía

¡ y una estrella en, elídelo, sonreía!

GIRO URDANETA B R A V O . (Pard «ALJJAal)

(

Por 1931.

... a

(6)

PRESEAS BE «ALBA»

P A L A B R A S D E O R O

C o n sum o interés he segu ido la m arch a de la sim ­ p á tica revista «A L B A », y a p ro v e ch o la ocasióni p a ra oresen tar mis felicitaciones m u y cordiales y entusiastas k su d ign a D irectora, cu ya lab or inteligente peí ^ ran te y silenciosa casi siempre en p ro de la cultura la m ujer tachirense, la hace acreedora al r^c° noc1^ "

t o de los que p u e d e n o están en ca p a cid a d de aprecia lo que significa p a ra la evolu ción de un pueblo un' fuerza espiritual, c o m o la que ella rePref en t* ’ ^ * n de actú a en la f o r m a p a tr ió tic a en que d o n a R egina Y elásquez h a a ctu a d o en nu estro m edio.

AmENODORO RaNGEL LAMUS.

Lfl MUJER EN Sü AL­

TO PÜESTO

A m a n t e d ecid id o c o m o s o y de la s b e lla s le t r a s , p id o a Ud. su in te r e sa n te r e v ís ta , que c o le c c io n a d a ° e u p a i J.

p u e s to de h o n o r en m i b ib lio te c a . C o n el é x ito por^el c o n q u is t a d o , el la u r o del m é r ito ceñ irá l a frente de la s que en t a n g k lla r d a s lides h a n s a b id o d e s ta c a r su n o m -

b re* y . M . Gr a t e r g l Le a l.

S U B E , , , . Y S U B E !

P A B A ALBA EN SU PRIM ER ASO D E LABORES

C

on el espíritu sediento de bellas ilusiones, sube...

v sube sin cesar, h a sta rem on ta rte a la cum bre que t o c a con lo s astros!

Este es el sueño de la s alm as b a ñ a d a s p o r la luz de espléndidas a u to ra s; de esas alm as de selec­

c i ó n q u e otean el espa cio con el so b erb io vu elo de las águilas.

Sube .. y sube! L e v a n ta tu m irad a a lo s cam ­

p o s a l o s ca m p o s azules del infinito ta c h o n a d o de o r o trém u lo y centelleante!...

No te detengas a m irar el fa n g o de la sim a , ni h a g a s ca so de los zarzales que a un la d o y o t r o del cam in o en con traras.

Sube... y sube! C a d a g o t a de p ú rpu ra que b r o ­ te de tus p la n ta s se co n v ertirá en flor que perlum a rá tu senda; se tra n sfo rm a rá en la estrella que has s o ñ a d o en tu sublim e la b o r intelectual.

£/l>CU 'T Y b a /o C o '

Él

Dios, que antes de crear al mundo conocía todos los deta­

lles que integran lo que hoy ¡se

llama la Historia de la humani­

dad, quiso que el hombre, en los penosos días de peregrina­

ción que debía pasar en esta morada terrenal, que su pecado había hecho triste, estéril y enervada, tuviese una compañe­

ra que le fuese semejante, pero dotada de las gracias mas atrac­

tivas, como recurso eficaz para servirle de consuelo; para miti- >

gar sus duras penas y alentar su ánimo abatido, a la consecu­

ción ,de su pan, con la labor continua de un suelo que solo debía producirle espinas y abrojos. Ese ser angelical, crea­

do por Dios para tan alto fin, fué la mujer, su bella mitad.

Que le fuese semejante, pero no en gracia y hermosura, por que para el lleno de su tin, te­

nía ella que superar a él en belleza, candor, ternura, delica­

deza, suavidad, y dulce gentile­

za, para trocarle en oasis deli­

cioso la aspereza de este valle del dolor. , ...

Tampoco semejante, en tuer­

za y actividad, para asumir con igual energía las funciones de labor, para afrontar por necesi­

dad las luchas por la vida, como pretende el feminismo moderno.

Las condiciones mismas del sexo determinan las atribucio­

nes de cada uno de los cónyu-

^ L a palabra sexo, de cortar, separa las dos secciones que lo forman, determinando su reci­

proca atribución, según sus

dotes. 1 ’ '

La voz mujer del Sanscristo Molle, equivale a dulzura, deli­

cadeza, ternura... y varón de vir equivale a fuerza, amparo, protección... significados que indican su misión respectiva.

Ella, para amenizar la dure-

(7)

!>

B u c B e m e l a n c ó l i c a

P-4JM “ A LB A ” . La noche está callada y el lago está dormida, tan sólo los insectos los oigo susurrar;

los cisnes en el agua se peinan su /pluviaje;

la luna silenciosa se mira en él cristal.

Los sauces soñolientos, no mecen su ramaje;

está la luna bella tranquila y silenciosa, y yo con la mirada en el azul espacio, semejo de los tristes la imagen dolor osa.

Las algas adormidas en el cristal del lago parecen ninfas de diminuto talle; \

las auras de la noche regalan el ambiente } que dan los blancos lirios, al perfumado valle.

Se rompen los sollozos en mi angustiado pecho, y vienen los recuerdos mi mente a conturbar___f f y caigo desmayada cual ave que está herida, y muero silenciosa de angustia y de pesar.

Cruzaron por mi mente recuerdos muy amados...

de mi feliz pasado que nunca olvidaré!

Dejé caer erp mis manos la pensativa fren te... . . . ! y loca de dolor mi suerte d ep loré...:..!

Brotaron de mis ojos dos cristalinas lágrimas, la luna tristemente su disco lo ocultó,

los cisnes en el lago doblaron sus cabezas, la brisa entre las flores el cáliz agitó.

§jfl |úna de cyJbendcza,

Puerto Cabello, junio de 1931. j

za de la vida del varóü; máxi­

me, con el atractivo poderoso de sus peculiares virtudes; El varón, para protegerla con su fortaleza varonil, prodigándole las atenciones y cuidados a que su compañera es acreedora, y retribuyendo sus caricias, con rasgos de hidalguía y gentil nobleza.

Pero jamás olvidemos que el alto puesto eu que el Cristianis­

mo ha colocado a la mujer, con las excelentes prerrogati­

vas y ventajas en el orden moral, social y religioso que le otorgó el D ivino Salvador, al establecer el Sacramento del matrimonio, no las debe ella a la Eva culpa­

ble del paraíso,, sino a la Eva restauradora del Calvario.

La primera, pudo trasmitirle

la belleza y esbeltez de Sus for­

mas corporales, pero intoxicada con el germen de la futura a b ­ yección a que llegó a someterla el egoísmo y torpe abuso del hombre estúpido del paganismo.

La segunda, apiadada de la triste condición de su sexo, la restableció al sublime estado de privilegios de que hoy goza; la hizo digna cora pañera del hom­

bre, con su acopió de pureza, candor y demás prendas de la virtud Cristiana.1

La mujer ha triunfado por la Santísima Virgen María, y a ella debe el alto puesto a que aspira la mujer fuerte del E- vangelio.

Ramón Vera G.

La Grita, junio de 1931.

- P A R A «ALBA') Q U E ES A L B A DE PENSAMIENTOS Y RITMOS FE M EN IN O S.-

En casi todos los pueblos pequeños de nuestras naciones indolatinas, prevalece en los entes que forman las diversas agrupaciones ya culturales, d i­

plomadas, comerciales, sociales, obreras, vagas, ¡etc. etc., esa odiosa susceptibilidad que impi­

de el progreso y el implanta- miento de la cultura, y que habla muy mal de nuestra idio- sincraeia que es como muralla de retroeéso para toda gestación noble y sagrada.

Cuántas veces el escritor que empuña la pluma en persecu­

ción de una cima, desinteresado y propulsor, tiene que abando­

nar aquélla, porque la turba ignorante de los que adoran la susceptibilidad se convierte en sayones indolentes para estorbar su misión educativa y redentora.

En los grandes centros del mundo que han sido basados en los augurales principios de edu­

cación y de cultura, sí se pueden señalar los males que surgeu como promontorios de impure­

zas, desapareciendo aquéllos sin que haya habido la dolorosa incomprensión y el descontento unánime para el que quiso apli­

car el cauterio de su genio en el propio miembro que atrofió la impureza letal.

Esos pueblos y esos centros, van siendo grandes de por sí;

la ola arrolladora de todo lo hermoso circunda como con un hálito de perfección a las mul- titutes educadas y austeras que los integran.

E l respeto y el valor cívico son sus centinelas. Díganlo si-

(8)

A L B A 7"

nó Londres, Berlín, Nueva Y ork , Bruselas, Madrid, etc., para no mencionar más, a qué deben su engrandecimiento co­

lectivo? A la educación palma­

ria de las masas.

Entre nosotros, desgraciada­

mente, el más insignificante individuo se cree con derecho para irrogarse pequeñecea y grandezas buenas o malas que no son para él y que aparecen a manera correctiva en esoá pape­

luchos que descaradamente lla­

mamos periódicos;

Es una mordaza cruel, que el mismo pueblo le ha colocado a los voceros. Sí! Porque ellos 110 pueden aludir ni corregir, porque si lo hacen, «ahí ardió Troya»! Sí

Así, quieren que se escriba sobre tópicos sociales, que se critique ésto o aquéllo, que se inicie aquesto. Para qué? N o queremos arar en el mar... ni mucho menos ganar odiosidades mientras tengamos elcarácter así ineducado e inexperto..---- Es desde los bancos escolares que se deben educar los verda­

deros caballeros; los que vayan por los tortuosos senderos de la existencia comprendiendo y amasando con el sudor de sus luchas la tierra vuelta; vida;

templar su corazón como los antiguos cruzados, en .fraguas de civismo y de carácter; tener una extricta ideología compren­

siva para todo lo humano, y llevar como una enseña roja y sangrante el propio corazón descubierto para adorar la vida y hacerla más liviana.

Y así, si queremos el total esplendor para la tierra que nos vió nacer, tengamos en nuestras horas vagabundas este pensa­

miento radiante:

Más amor a lo humano y más respeto a las obras de los hombres que luchan por hacer el bién en donde moran.

G. A. Nieto R . Ciudad, junio de 1931.

C T

CONCEPTOS INGENUOS

PA R A «A L B A », COBDIALMENTE.

Existen en nuéstro calendario patrio, fechas de trascenden­

tal grandeza; ya porque en alguna de ellas viniera al mundo uno de esos hombres cuyos nombres están hoy colocados en la cima de la Historia; o porque en una de ellas se consumara alguno de esos hechos ante los cuales ha permanecido extasiada la mirada escrutadora de un siglo.

Una de éstas, es el 13 junio: en ella nació para la gloria, por el año de 1790, José Antonio Páez, el primer lancero del mundo, como justamente se le calificara. Mereció este hombre que la gran República del Norte lo recibiera en su seno, como a un verdadero héroe; aun cuando tuvo flaquezas que más tarde én la balanza de la justicia, le contrarrestaran en parte el cau­

dal de sus méritos, militaras. ,

E l amor patrio, arraigado fuertemente en el pecho noble y altivo de nuestras mujeres tachirenses, hizo que el 13 de junio de 1930, —140 aniversario del natalicio de tan célebre llanero-, fuera festejado con la aparición de un periódico, dirigido y redactado por ellas, como un exponente de su bien cultivado cerebro.

Como un pedazo de jardín sobre el cual se extinguiera un manto de nieve; como un blanco terrón de hielo de lo más alto de nuestros Andes; como una promesa a nuestro caro suelo, así apareció este periódico, esparciendo'por doquiera pétalos de magnolias, azucenas, nardos y jazmines, embriagantes con su esencia conquistadora de aplausos y sonrisas, como que venía orlado con su no menos blanco nombre: «A L B A ».

Recibido «A lba» por nuestro pueblo con las más expresivas demostraciones de admiración, no tardó en convertirse en revis­

ta, pues así le he visto circular formalmente desde su número ocho. Doce números nítidamente impresos, en los cuales ha campeado, tanto la firma de reconocidas intelectuales, como la de ese grupo de educandas de la Escuela Federal Graduada

’ «Bustamante», con la cristalización de las palabras de Marj|

Luz en el número inicial: «“ A L B A ” presentará en sus páginas el ardor juvenil; los más delicados sentimientos de la mujer tachirense tendrán allí su reflector más patético, pues no otra cosa es el móvil que ha movido a su fundación».

Son estos mis conceptos ingenuos, para la revista «Noso­

tras» del Táchira, en el primer aniversario de su fundación; y al estrechar por este motivo la mano de su consciente Directo­

ra, me descubro galante ante «A L B A », y a su paso le digo:

¡Loor a tí, que vas cultivando un rosal de ensueños en la lla­

nura ilímite del pensamiento...!

L U IS A N D R É S R U G E L E S . En San Cristóbal, por junio de 1931.

JJ

(9)

EL VIACRUCIS DEL IDEAL

PARA «ALBA», E N SU PRIMER CUMPLEAÑOS.

Diestro caminante sobre tortuoso cami­

no, tal debe ser el hombre en su peregrina­

ción por la tierra.

Imaginemos un hombre empeñado en llegar a las puertas de un faro esplendente colocado en la cúspide de abrupta montaña y que da entrada a soberbio palacio, habi tación de la gloria, y donde se corona a los grandes* a los que supieron luchar y vencer conservando sus frentes sin mancha.

Imaginémoslo siguiendo el camino que muchos otros han seguido, pero que él des graciadamente no conoce.

Cuántos tropiezos, cuántos desvíos, cuán tos desengaños sufrirá en sus jornadas antes de llegar a la cumbre anhelada, antes de entrar al palacio en cuyosrjardines sólo hay laureles.

~ Y a lo veremos tropezar con los guijarros del camino y caer: pero si en su alma hay valor, abnegación, y eu su cuerpo virilidad, no tardaremos en verlo levantarse con la frente limpia, sacudiendo si acaso el lodo que ha intentado mancillar sus vestiduras, y luego, con la misma fe del principio, seguirá adelante alborozado.

Más allá, tal vez inconsciente, se aleja­

rá de la vía verdadera para seguir otra, aparentemente más amplia y más suave, pero qúe sólo lo conducirá al borde de un abismo; allí presenciaremos una lucha en su alma: las pasiones le dirán que su ideal es un imposible, pues no podrá salvar aquel obstáculo; que termine allí su viaje y baje con ellas al jardín delicioso que se oculta tras las tinieblas que exteriormente cubren aquella obscura sima. Pero si en su cora­

zón privan la fe, la constancia y el optimis­

mo, ya lo veremos dicernir que no es ese su destino, que debe llegar a la meta aunque tenga que volver sobre sus pasos para bus­

car de nuevo la verdadera orientación.

Una vez en ésta, seguirá adelante entu­

siasmado, sin pensar que muy pronto un 1 abrojo de la vera vendrá a rasgar, junto con sus vestidos quizá ya hechos jiras por la manada rabiosa de caninos que pretenden detenerlo en su camino, sus carnes maltra­

tadas que sirven de Pegaso a un alma que sólo ansia el triunfo desu nobley bello ideal.

Tal vez el dolor lo haga exhalar un suspiro, pero ávido de gloria, optimista, y pensando únicamente en su faro luminoso, seguirá siempre adelante.

Sin embargo, cuántos reveses se opon­

drán todavía a su éxito. Y a serán hombres sin conciencia que pretenderán humillarlo en nombre quizás de la gratitud a que se han hecho acreedores; ya populachos em­

brutecidos por los vicios, qué lo escarnecerán por utópico; ya compañeros de viaje, que sin valor para llegar, lo apedrearán para agotar sus fuerzas; ya, por último, serán hombres que un poco más arriba o ya en la cima, pero con el corazón harto de egoísmo y de célo por el triunfo de otros, despeñarán con sus zuecos los terraplenes que vayan a obstaculizar el paso a aquel pobre peregrino, que ya convencido de la vida, seguirá ade­

lante sin hacer casó, y luchará hasta sentir en su frente, siempre limpia, la frescura de los laureles con que la gloria corona a sus hijos.

H e aquí el viacrucis de todo hombre, de toda colectividad que persiga un ideal.

Pero no todo será dolor en la vía. De los abrojales de la vera no dejará do brotar una que otra floreeilla silvestre que embalsame con sus esencias las heridas del viajero.

Y en la vida del hombre o de las colec­

tividades, ¿cuáles serán esas flores? La sa­

tisfacción de la conciencia, cuando al final de las jornadas sintamos que hemos obrado bien; la esperanza de la gloria y los gritos de aliento, que brotando de corazones al­

truistas y bien intencionados, saben estimu­

lar a quien anhela perfeccionarse y triunfar.

Y hoy que «A L B A », este digno brote estudiantil que irradia dulzuras y ternezas femeniles y que encarna uno de esos viajeros del idealismo, cumple satisfecho su primer año de vida, es justo se ,;le diga: Adelante, sin hacer caso a los abrojos del camino;

siempre adelante hasta triunfar, ya que sus irradiaciones, ardientes y sinceras, son dig­

no exponente de la belleza intelectual de la mujer de nuestros Andes.

R . E. M A R Q U E Z M .

San Cristóbal, 15 de junio de 1931.

(10)

< § ¿ U E L s - l M B O Li O ••>:

P A R A «A L B A » EN SU P R IM E R A N IV E R SA R IO .

Colón, Táchira, 1931.— Pletóricos de complacencia, sostenemos una larga^y variada conversación. D e vez en cuándo abandonamos, los asientos para ir y venir depar tiendo pausadamente del uno al otro extremo del balcón, del cual penden tupidas enredaderas incrustradas de frescas y vipláce^s campánulas que hacen mayor la deli­

cia de" esta tarde dé junio. .

Celebramos q\ie se hubiera epnstruidpel balcón hacia el Poniente, porque, dada la circunstancia de ser una CTimbVe él ‘‘¡paraje de la casa de la hacienda, desdé aquí domínase un panorama múltiple y sugerente en démásía:

al frente, preséntase, un jardín, que qpnstituye'-la risa oliente del sembrado; a ún lado’, una floresta, de cuyas copas unas apárecen pobladas de frutas en sazón para festín de-los chiquillos y Jas aves;

7

las demás, en donde inquietamente los pájaros anidan \ igorgeando; arropadas graciosan?en,te, por mantones.deenredaderas multicplor^sj al; otro, foraces-colinas adornadas de labrantíos»,tornaso­

lados, én cuyo cielo sé expanden alegres las^ coplas del laVriégo'y'él" hiriente gólpéaír dé sus hérramientás en la tierra"; áMá,'dómó fruto de, la acción del hombre, levan­

tándose en espirá'les, el humo» de los variados-ingenios, orgullo de aquellos prados, hondonadas y alturas, surca­

dos por atrevidas carreteras qué lucen a sus orillas la liiimilde chóza y la- fastuosa

1

vivienda; algunas 'ñientes , poetizan la> ensabanada planicie que mora al pie de unas faldas aisladas; Jejos, extensos valles tachonados de pal - meras y enormes maderos, o (je pueblos y ciudades, en dónde él' pr^ reso y Ja cúltura son corrientes de vida que na'da'^as deiiené; acullá) selva§ y bosques- inmensos, inéxplo'tadoé todavía y !én dotíd*e,s sostétiidás con él vigor inagotable desoberbios

1

ríos- y Vertientes cristalinas, son u n - f l o , r a y la f^una;.. al Sur, fertilizando las riberas fie,;íasvpiuda.desque\Repara, e]^ caudaj de aguas torbénáés que ¿'diario atraviesa el transeúnte; óyense los bramidos de las reses vacunas'y el trotar del potro indó­

mito eii, el, pastal; las auras, impregnadaside olor a\siem­

bras fpcaiids^, impriman .pspulo acariciador en nuestra faz y pasan'a' boxear con los ramajes; óyense él jau, jau del can fiero y celoso impidiendo q u e 'lé invadan sus dominios,, y en,

1

q. últim.o de sus cantos, la cuita de los gallos en los alrededores; upas que .otras, aves cruzan el espacio azul, semejando el bramido de su volar el eco desfalleciente.de motores fscapados de la tierra; en lon­

tananza, un conjunto $zul , gríseo, quebrado y .borroso, que termina en una línea también quebrada, borrosa y téiiue en la cual parece qiie descansa el'cielo.

A sí la Naturaleza nos abruma con promesas y cari­

ños; los rayos solares, próximos a agonizar, melancólica­

mente fingen despedirse hasta la sotra aurora... y npso- tíoB, 'embebidos ante, la estupenda maravilla, cóu <el espíritu fortalecido por. los aromas qué saturan el am­

biente y., las^r-fnonías^de.jag -linfas, el , cplQridp. de las florestas y el, alma, toda del paisaje, bendecimos los ins­

tantes y, >fijoá\él pensamiento en 'I)ib s'y la mirada

1

en el

horizonte, reconociendo- que cuanto nos cautiya presente su.yji,es‘t anhelados>■ Ja, prolongación ,de- la tarde y del paisaje! , a ... & ,, ,. •. ,

.D e pronto subyúganos el contraste de unas nubes salpicadas d e tonos'vividos y un nuevo hallazgo atráenos más poderosamente: del seno de ellas surge la silueta de una Venus que despide luz y colorido celestiales; y que,

ga

1

anteá'ndonós cOn gracia y gesto tierno, nos deja ver un\legajo-entreabierto, de flexibles pastas esmeraldinas con primorosos dibujos, en platino y 01-0> obra tal vez de hadas, en cuyQ fondo leamos A L B A ; entpn,ce§ compren­

demos que de preludios ,venturosos^ es pregonera, mM diosa... entonces, poseídos de emoción sublime, lá feliz a parición táh sólo nos hace exclamar: enigmas, e n i g . y pronunciando la fila b a final, desperté.

Ti;ansourrierpn unos instantes, y otra vez,, a impulsos de M orfeo, al clarear de una mañana tod^ poesía, y bendiciones, dulcemente heríannos el tímpano estas voces venidas no sé de dónde: «Entre olores de plantas, de frutas, de flores,, de campo, acabáis, de regalaros,en el priVilegiado- panoíama dé vuestro suelo;- os habéis im­

presionado inefablemente en sus reservas y maravillas iífíigota.bles; ,os habéis recreado en la. múltiple expresión músic.al. cí^ su naturalpz, y Mpara opimo de dicha y espe­

ranzas,'sé'os ha presentado la imagen altiva y gallarda de la’ mujer táchirénse 'oiréciéndoos a « A L B A » , como paladín dé feüs ideales, de sus prendas y derechos; como blasón de una época, como un símbolo!»

j . geVe r i n o C H A C O N .

c fú ito d Í S zovinciátioó

Para ALB A , en su prime)' año.

H oy que luces en plenitud tu tviunfo digno, que dice al,to cíe los gallardos. hijos de la Cor­

dillera Andrina,) • es'* pobre y discordante este aplauso que sincero te tributo.

H oy que marcas la primera etapa en el de­

licado ja r din del pensamiento - femenino, 'per- mite que te\ofrende y te diga: A D E L A N T E .

Adelante y hacia la, cumbre, hacia arriba, y que.cuando hayas culminado tu patriótica la­

bor, cuando hayas voto con mano dura las-zar­

azas dehbamino y-cuando hayas recogido para tu sieñ\ los laiuréle& que te ‘pertenecen, puedas d ecir;«Triunfé».

. ANTONIO, ABELLANO.y M.

E L T I E M P O

v E l tiempo pasa rápido y con él, los días de nuestra existencia. N A sí pasan tambiéu nuestras horas,de dicha, que nos parecen fugaces y desearíamos prolongar; pero eso no égtá a nuestro alcancé, porque hay un poder a que todo'está, soiáélido y ' dé - cuya acción no podemos líber- tarnós;lde'igual modo nuestros dolores, angustias y inise- rias trunca las. saborearemos por-más tiempo del que se nos haya marcado; por ese inismo podpr, esa misma sabiduría,,esa misma providencia. P or más débiles que pare¿cam¿^ %\icírénps valor y podremos rééistir las prué- bas a que seamos sometidos. ''E l tiempo que pasa carga

"con nuestras dichas* o amarguras ya saboreadas; el que viene, cuán difícil nos será adivinar de qué viene carga­

do, qué nos g u a rd a ...

Amemos el tiempo presente y tratemos de nacernos fuertes y de prepararnos para .soportar los duros embates del tiempo futuro. , r Fi d e l i a Pe r n i a,

Aliimna del 5- gdo. de la E. B.

(11)

z^ r ^ ¿^~¿& rz$sr¿$± -^Z-v£z x'.Vjs'.V j£z..s£ z.5 ££ j£7 x £ z ^ z .x£z^x£? x£z x£z_x£z. s& T

PENSAMIENTOS

Si la mujer fu e débil, com o opinaron ciertos cerebros de otros tiempos, y si ella no ha sido mayor cosa, hoy las concepciones han cambiado, porque las del bello sexo se desta­

can, surgen, y desplazando las arrogancias de la soberbia e irguiéndose de entre la masa que pequeña fu é, nos dice, por el sentimien­

to, la insinuaate dulzura y el fruto intelec­

tual, a cuánto se puede elevar el valor de una criatura racional y libre.

I I

Por « A L B A » , el faro luminoso que nos dice a los hombres dónde está el puerto segu­

ro de nuestros futuros hogares, y por el propósito de formar una falange de mujeres dignas, podemos asegurar que el oscurantis mo no será el morbo de nuestra retrograda- ción.

Augusto Cárdenas.

San Cristóbal, junio de 1931.

e-vSXsa/j)^ r^(SXseX5)/-a c4&s<J3)sz c-N^XanX?)/^ .

P A R A “ A L B A ”

[En m primer aniversario).

&

ü

&

ffif

s

m

&

SI ¡P

¡ I I

Wtí1

ffl Y

SS

¡ 1

I I

i

>■

Tan pura cual el alba que amanece y se ostenta allá en el horizonte adornando con sus blancas vestiduras los primeros albores de la mañana, así nació «A L B A», para alumbrar constantemente los anchos horizon­

tes del pensamientoen donde vive la idea clara, luminosa, para infundirle sus fulgo­

res a la mente de sus escogidos. A sí aparece

« A L B A » en éste día celebrando sus triunfos y cantando sus victorias.

E n este siglo en que la mujer ha cambiado las ocupaciones de su sexo por otras que pertenecen al hombre, es muy escaso encon­

trar mujeres así como el personal de «Alba».

Felicitamos muy sinceramente a su inte­

ligente Directora, la señora Regina de Ve- lásquez, y a las demás damas colaboradoras, por sus esfuerzos que satisfactoriamente los

han visto culminar en este día.

Trina de Mendoza.

Puerto Cabello, 10 de junio de 1931.

PA R A «A L B A i

II

tr

•&

i&

&

m S ;

&

¡ § .

| l

&

&

■&

m

g

s

I

*

4

I 1 I

fi-

■i:

$

4

$ IJnp jji' ¿yr ^ jsfttjíz_sí?táS^! sí?. sí*, rfzjrtí SSTvBT^ sfc- ybt^ L 'A ? rf? xb.ste.jAt

Ü

Omfiml tíz-ifa/sfe-rií síz sfa-sfe .s&fcX

En realidad, «Las cosas insignificantes» son meramente imaginarias; nada en la vida es insignificante.

Por simple y pequeña que veamos una cosa, no creamos én su inutilidad o insigni­

ficancia, es que nuestra percepción no alean za muchas veces a ver lo que encierra a quella pequenez o lo que puede significar aquella simpleza. Todo tiene valor, y éste no puede calcularse ni por el tamaño, ni por la forma, sino por el sitio en, que se encuentre o las circunstancias que rodeen cada cosa, en el de la naturaleza y de la vida.

De ello podría enumerarse un sin fin de ejemplos; uno que todos conocemos nos lo demuestra suficientemente: un cero a la de récha, cuánto puede- significar; sin embargo, a la izquierda pierde, puede perder total mente su valor. Una palabra de más, puede dar motivo a, una discusión que termine en tragedia. E l solo mandato de un hovibré puede mandar a muchos a la miseria, a la desesperación, a la muerte.

Una sola palabra de amor o de consuelo a tiempo, puede devolver la paz perdida y restaurar un corazón abatido.

Un consejo provechoso puede redimir a Un hombre o a una mujer.

Una simple lágrima puede significar una ruina o una rehabilitación.

Un microbio puede sembrar el pánico y la desolación en todo un pueblo.

Y hasta un minuto, que parece no sigm ficar nada en él tiempo, puede marcar el principio o el fin de muchas vidas preciosas y también prolongar muchas agonías.

Las cosas pequeñas o insignificantes al parecer, suelen engañarnos con frecuencia, quizá porque ellas pasan casi siempre inad­

vertidas a nuestros sentidos. Pero todo en la vida tiene su valor y ocupa su lugar.

Aide.

ü i

I I i

n s a

$

1

í

i-

$

I

$

| 1 i

r

¿

$

$

1

Referencias

Documento similar

La designación 1930 movimiento político es el más apropiado para el proceso de acusación del presidente Washington Luís (1926-1930) y el ascenso de Getúlio Vargas al gobierno

Partiendo de lo anterior, este trabajo tiene como objetivo describir el proceso de (I+D) de nuevos productos en las organizaciones empresariales del

081, publicada en Gaceta Oficial del Estado Táchira, Número Extraordinario 2039 de fecha 01 de Febrero de 2.008, y actuando por delegación de la ciudadana Contralora del

En los hogares encuestados entre los veintinueve municipios del estado Táchira existen viviendas que no cuentan con las características necesarias para ser catalogadas como

Por ello, esta propuesta se centra en establecer las bases para implementar un Repositorio de Documentos Administrativos en la Universidad Nacional Experimental del Táchira

Nuevo debate: periódico independiente y de intereses generales (El): 1930. Obrero: periódico republicano El): 1901... Observatore

El encasillado de 1930 El encasillado de 1930 Javier Tusell Es dif?cil exagerar la importancia, en la Historia pol?tica de Espa?a, del per? odo que se inaugura con la caida del

Para establecer en la granja porcina las semillas forrajeras, se obtuvo un lote de yátago y morera de la Unidad de Producción Social “El Paraíso” del INIA Táchira..