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P v:.___i.
L B A
Redactora: Ma r í a Lu i s a Ro j a s C. - Administradora: Al i c i a d e Me d i n aColaboradoras: Antiguas y actuales maestras y alumnas del Plantel.
Vocero estudiantil de las alumnas de la Escuela Federal Graduada «Bustamante»
Año i San Cristóbal, 17 de diciembre de 19 30 .
UN DE Palabras pronunciadas al presentar la ofrenda de la
Escuela Federal Graduada “ Bustamante” y de
más planteles de niñas de la ciudad,* ante el * egregio bronce del “Genio de los Genios”. J
1 Señor!, aquí nos tienes, en este día de tristes recordaciones, llorando lágrimas de admiración, y.de dolor también, cabe el gigantes
co pedestal de tu gloria. Las menores somos, de tu gran familia, pero nuestras almas infantiles saben comprender la trascendencia colo
sal de tus deseos, y por eso, con todo el ardor del alma joven te ama
mos, y con todas las fuerzas de nuestra voluntad te prometemos en este día Hacernos dignas de tu glorioso nombre y de la grandeza que con tu valor, con tu genio y con tu espada nos legaste; grandeza, oh padre!, en que se abisma el mundo y que día a día se ensancha, se dilata y crece como la luz del astro rey cuando, surge victorioso en el azul del-cielo.
¿Qué podemps, oh padre, decir en tu loor que sea digno de tu grandeza y de tu gloria? ¿Qué mérito es decirle al sol que es grande,- magnífico, luminoso y bello?
Eres inmenso: si la grandeza del genio como los cuerpos pro
yectara sombra, tu silueta herida por la luz proyectaríase de un^'polo al otro de la tierrra. Tus pupilas barrenáronlos tiempos y las palpi
taciones de tu corazón, han sido como las agitaciones del Océano.
Mucho y muy bello se ha difho de tí; todas las lenguas se han hecho arpas y ise han hecho liras para loar tu nombre,«cantar tus ha
zañas y poífderar tu genio. «¡Qué podríamos nosotras, florecillas hu
mildes de la arruga inculta del Ande añadir a tu gloria?
Un siglo ha pasado desde'.el día en que tu porción perecedera bajo la inmensa pesadumbre, del dolor, del desengaño y de la propia grandeza, se tronchó para caer en el seno de la madre tierra; hundióse en la sombra del Sepulcro tu cuerpo débil yá por la fatiga de soportar, como Atlante en la leyenda griega; el peso de todo un mundo. Mas, >
lejos, muy lejos de extinguirse tu memoria y tu nombre, vemos que es con el decurso de los. tiempos que vas surgiendo hacia el cénit de la gloria, como el sol, pon, el avance del día, hacia la mitad de los cie
los.
Mañana, todos los que aquí ves, congregados bajo la sombra de tu corcel y de tu espada, habremos volado arrojados a la sombra por el soplo de la muerte, como las débiles aristas de la yerba en el tor bellino del viento; pero no importa, oh padre, tu seguirás el Orto' triunfal en el azul de la gloria, hasta cubrir el mundo con la luz de tu nombre. •
Entre tanto, aquí queda el recuerdo; aqui queda el símbolo, re
presentación de nuestros sentimientos: éstas, que ves, no son flores; son nuestros propios corazones que formando corona de inmortalidad, de gratitud y de amor, dejamos al pie del gigantesco pedestal de tu gloria.
rara A LB A .
■En el condertg de v'óces que can
tan las grandezas de Bolívar, resallan hoy las ñolas melancólicas de la Pa
tria, que llora porque hace un siglo está sumida en la orfandad. Por eso, de uno a otro Océano; desde el Avila que arrulló la cuna de Bolívar V cus
todia su sepulcro, hasta la Tierra Le
gendaria de los Hijos del Sol, V la Región hermosa del lago Titicaca, una campanada de solemne tristeza, pone un sentimiento de. dolor en cada pe
cho!
El eco del fúnebre tañido, recuer
da, a través de cien años, el descendi
miento a la tumba, del Astro déla Libertad; f trae a la 'memoria de los pueblos que se iluminaron con sus fulgores, el deber de mantener ar
diente sobre el tabernáculo del Hé
roe Supremo, lo más bello, lo más elevado, lo más significativo que bu
lle en el alma de la Patria: el amor a la LIBERTAD ? a la JUSTICIA, único culto verdadero a las glorias del Gran
de Hombre, cu^a obra de redención e$.más encumbrada que Los Andes V más reluciente que la nieve de sus cimasl
EVA MARIA ESCALANTE.
San Cristóbal, diciembre de 1930.
Pecha centenaria
17 de diciembre de 1930
B olívar! S u nom bre venerando re
percu te dulcem ente en el corazón .am ante de sus hijos, por él liberta
dos. C ad a día se agigan te su m ag
nánim a ob ra de redención, su sed de 'lib e rta d , su am or inm enso hacia su patrio suelo, su desprendim iento a com odidades y nobleza. H om bre insigne, ap areció a la vid a, deslum b rante com o un lam po de gloria.
L a naturaleza •anunció su nacim iento según nos cuentan em inentes h istoria
dores venezolanos: E n el año 1.7 8 3 ,
A L B A
( T S IN T E S IS B O L I V I A N A . ... |¡1
Especial para A LB A .
Parábola de luz, su misma gloria la cinceló el prodigio en el espacio como cincela el Sol en el topacio del éter sideral su trayectoria...
Desde el Avila madre al Chimborazo nada detuvo en la ascensión su paso:
subió triunfal hasta el cénit glorioso;
e igual que como el Sol esplendoroso, en conjunción radiante, en albo abrazo, juntó el Cielo V ?í Mar, siempre grandioso, en el romance triste del Ocaso...
ULISES PICON RIVAS.
Diciembre: 1930.______ |||___________ J J
^ ESPECIMEN DE GLORIAS ^
Para Al b a, el vocero simpático de la garrida y pensante juventud femenina de mis tierras . . ,
Afectuosamente,
Todo lo que se diga de BOLIVAR, ciudadano universal, es poco, ante la grandeza gloriosa de sus hazañas épicas.
Hablar de BOLIVAR, es como hablar de Dios. Con ellos, nada de fementidas quimeras caben en el marco de su pasado, r.
histórico y divino.
Con la f i en el corazón V el credo arrás de labios, evoquemos estos nazarenos que dejaron estela de luminosas creaciones a su paso por las tierras inhóspitas e ingratas.
Con la conciencia en lo alto y la noción de Patria a pleno es
píritu, bendigamos su nombre incomprendido por multitudes igna
ras, estando entre ellas la mediocre mentalidad de Ciro Bayo y la sonámbula de Sañudo.
Conjución dé anhelos y Libertad, derroteros victoriosos de revoluciones dormidas, fueron la vida del "MáKimo.
. Epopeya en que se mezclaron los corifeos de la insurrección Y de la fuerza, a los cuales venció, h¿ haí su vida salpicada de odios.
Odios que hoy, ante la conciencia inmaculada de los pueblos libres, se han tornado en augurios gratos y en refulgencia de grandeza inexpresadas.
Sin temor a hacer surgir dualidades humanas, se puede establecer un parangón de sublimidades: DIOS y BOLIVAR. De
cir DIOS, es implantar caridad emergiendo humanidad: decir BOLIVAR, es proclamar a todos los continentes la mágica palabra Li
bertad, diadema de triunfos.
G. A. NIETO R.
Fecha Universal, 1930 ______
uria niebla seca y fosforescente, que resistía al huracán y a las m ás fuertes llu vias, apareció so bre las m ás altas m ontañas en algun os puntos del g lo bo, y se ha creído que esa niebla fe
nom enal, era la cola de un com eta, que to cab a la T ie rra . E n ese m is
mo año salieron del m ar nuevos v o l
can es; sacudiendo el Plan eta fuerte
m ente e hicieron sus erupciones otros volcanes; erupciones éstas, de inusi
tada m agnitud. T o d o s estos fenó
m enos coincidieron con el nacim iento de B o lívar, paladín de lás libertades y del derecho, en C aracas. «B olívar, genio providen cial que con su esp a da digna de un nuevo H ércu les c e rró la entrada a los jard in es de la A m érica , al león de C astilla, su p o d e
roso guardián ».
« B olívar es el m ás gran d e de los li
b ertadores am ericanos». V a sta g o de noble fam ilia va sco n gad a fué edu
cad o en E sp a ñ a , allí al term inar sus estudios, eligió por com pañera de su vid a a la señorita M aría T e re sa T o ro y A la iz a, viene a V en ezu ela, dón
de sufre la inesperada d esgracia de perder en po co s días a la ad orada es
posa, que era el ídolo de sil corazón;
inconsolable, v ia ja por E u ro p a, para m itigar ün tanto su dolor. Com o ráfaga de luz alum bra y se g ra v a en su m ente la firm e resolución de re dim ir a su patria, aún a trueque de su vid a, que p ara él es nada sin la libertad; ju ra sobre una de las siete colinas de R o m a , a su m aestro D on Sim ón R o d rígu ez, luchar, d ar prin ci
pio a nuestra em ancipación, es decir, derrib ar p ara siem pre el arraigad o dom inio español en A m érica; cum plió este ju ram ento solem ne, de los años 1.8 .10 a 1 . 8 2 1 ; lucha contra los esp a ñoles y contra sus m ism os com pañe
ros, G enerales; no retrocede en su o b ra libertadora. L o s esp añ o les son aniquilados en V en zu ela, en la in ol
vid ab le b atalla de C arab o bo, el 24 ju lio de 1 .8 2 1 y entra en triunfo a su ciudad natal, donde el pueblo le da dem ostraciones de gratitu d , com o a su libertador.
N u e ve años han transcurrido llenos de triunfos, pero tam bién entretejidos con arranq ues de perversid ad , prem e
d itados po r b ajo s y envidiosos com p añeros, que viendo su nom bre lau reado por la g lo ria y su fam a que vu ela cual águ ila por toda la exten sión del continente am ericano, doquie
ra tram an conspiraciones y atentados contra la vid a del que, m ás de una vez la e x p u so al peligro, en pro de la com unidad; vid a sag rad a que siem pre su po resp etar la b ala fratricida del cañón y la m etralla.
P a ra el año 1.8 2 9 , proponen a B o lív a r que acep te la presidencia de B o g o tá, éste les resp on d e con
am argu ra: si no hubiera m ás que ha
c e r que un sacrificio y éste fuera el d e mi vid a, el de mi felicidad, no lo om itiría, pero h o y todo sacrificio es inútil, n ada po dría y o p ara con el m undo entero.
H om bre nacido en la opulencia, que bien pudiera ser poseedor de los cau d ales de cinco naciones, que d es
preció los m illones de la tierra de los In cas legen d arias, se encuentra m iserable. P au pérrim o, no pu ed e
d isp on er viaje; al fin se traslad a de C artagen a a S o le d a d y a Barranqui- 11a. E l día i o d e dicienbre se em bar
ca p ara S an ta M arta, allí fue conduci
do en una silla d e brazos, a tierra y llevad o a la quinta de ün español, llam ado D on Joaquín de M ier; la quinta era n om brada «San Ped ro A le jan drin o ». T erm in a su actividad, su brío, sus arranq ues de en ergía; el águ ila altanera, que batió sus alas so b re las cum bres de los A n d es, ple
ga d a s, su frente m ustia, s u s . cabellos blan cos, su esbelto cuerpo encorbado, son m iserables despojos que la tierra sep u ltará m u y en b reve ...■
E l día 10 de diciem bre haciendo un poderoso esfuerzo dictó la siguien
te proclam a: «Colom bianos: habéis presenciado mis esfuerzos para plan
tear la libertad donde reinaba antes la tiranía. H e trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aún mi tranquilidad. M e separé del m an
do cuando com prendí que descon- fiab áis de mi desprendim iento. M is enem igos abusaron de vu estra creduli
dad y hollaron lo que me es m ás sag ra do, la reputación de mi am or a la libertad. H e sido víctim a de mis per
seguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Y o los perdono.
A l desaparecer de en m edio de vo s
otros, mi cariño me dice que debo hacer la m anifestación de mis últi
m os deseos. N o aspiro a otra gloria qu e a la consolidación de Colom bia:
todos deben trab ajar por el bién in
estim able de la unión. L o s pueblos obedeciendo al actual gobierno para libertarse de la anarquía; los m inistros del santuario dirigiendo sus oraciones al cielo, los m ilitares em pleando su esp ad a en defensa de las garan tías sociales.
Colom bianos: M is últimos votos son POR LA f e l i c i d a d de la Patria.
S i mi m uerte contribu ye a que cesen los partidos y se consolide la unión, y o b ajaré tranquilo al sepulcro».
E s e mismo día, 10 de diciem bre de 18 3 0 , B o lív a r confesó y recibió el ' V iá tico , de m anos del O bispo E sté- vez. S iete días m ás tarde en trega
b a su alm a al C reador, después de h ab er saboread o la am arga copa del desengaño. L a deslum brante hada m isteriosa de la G loria posó sobre la afiebrada frente del guerrero, sus su avísim os labios, que cual pétalos de rosa, cayero n com o un su ave rocío;
y con cu id ad osa mano cerróle sus entreabiertos ojos quedando dorm idos p ara siem pre.
Á s i, pues, digam os con el em inente escrito r R o d ó : «Cuando diez siglos h ayan p asad o; cuando la pátina de una legendaria antigüedad se extien da desde el A n ah u ac hasta el Plata,
Para A LB A .
Genio sin par, que melancólico Y doliente, en un vi
brante batir de alas remontaste a la Inmortalidad! Al rememorar tu límpido nombre los pueblos redimidos por tu mágica espada, con soberana gentileza, tras los muros del prodigio la Historia asoma, maravillándonos con el esplendor de tu e?ccelsitud, tanto en la rareza de tus vicisitudes frente a la Vida, como en la magnitud de tu dolor frente al mar V la muerte!
_____________________ VOLE PORDELLV. j
allí donde h oy cam pea la naturaleza o cría sus raíces la civilización; cu an do cien gen eracion es hum anas hayan m ezclado en la m asa de la tierra, el polvo de sus huesos con el polvo de los b osques, mil ve ces deshojados, y de las ciudades, vein te veces recons
truidas, y hagan reb erverar en la m em oria de los hom bres que nos es
pantarían por extrañ o s si los alcan zá
ram os a prefigurar, m iríadas de nom b res gloriosos en virtud de em pre
sas, hazañas y victorias de que no podem os form ar im agen, to d avía en
tonces, si el sentim iento colectivo de la A m érica libre y una no ha perdido esencialm ente su virtualidad, esos hom bres, que verán com o nosotros en la n evad a cum bre del S o ra tá la m ás e x c e lsa altura de los A n d es, v e rán, com o nosotros tam bién, que en la exten sión de sus recu erd os de g lo ria nada h ay más gran de que B o lí
var» . . .
Al b i t a. REDACCION
En el centenario de la muerte del Libertador
Para A LBA .
Qué se podrá decir en esta luc
tuosa fecha del Hombre extraor
dinario, del esplendente sol del Nuevo Mundo, que apareció en el cielo de la América sirviendo de guía a los demás astros que formá
ronle constelación inmensa en el desempeño del drama sangriento de la Independencia?
Ninguna pluma podrá expresar el dolor profundo que produce la remembranza de los últimos ins
tantes de la existencia del Hom
bre sin igual, del heredero de la Gloria, desprendido de los bienes de fortuna y obcecionado amánte de la Libertad . . .
Sí, este Bolívar con su alma torturada por el aguijón del desen
gaño y lleno de enfermedad y de miseria en la Quinta de San Pe
dro A lejandrino, es el mismo que en el apogeo de su juventud y su riqueza, platicando con el sabio Humboldt quién le hablaba de las bellezas y los inesplorados teso
ros que guardaban las prodigio
sas tierras americanas, en un arranque de exaltado patriotismo le dice: «Radiante destino en verdad el del Nuevo Mundo si sus pueblos se vieran libres de su yugo, y qué empresa más subli
me». A lo que respondióle el sa
bio: «Yo creo que su país ya está maduro, más no veo el hom
bre que pueda realizarla».
Jamás se imaginó el sabio Humboldt que aquél a quien tenía delante fuera el excelso visionario capaz de realizar empresa tan su
blime!
E s el mismo que en un bello atardecer de agosto de 18 0 5 a la luz del crepúsculo muriente, divisando los flancos de las famo
sas colinas en las cuales se pre
sentaban con toda su magnificen
cia los palacios y las basílicas y la majestuosa esplendidez de sus campiñas, desde el pie del Aven- tino iluminado apenas por la débil luz del Ocaso y el pálido cintilar de las estrellas y acompañado só
lo por su querido Robinson, como cariñosamente llamaba Bolívar a Dn. Simón Rodríguez su compa
ñero y amigo incomparable, Bolí
var en un momento de emoción suprema, se pone en pie, la san
gre del hidalgo hierve en sus ve-
A L B A
ñas, sus miradas abrasan como el fuego, y su imaginación agitada se presentan todas las grandezas y todas las miserias del pueblo de Rómulo y Nerón, de César y T i
berio. Vuélvese a su Maestro y hace el Juramento Solemne al cual sella con toda la hidalguía de su personalidad.
Y pasados los años, las luchas, le escribía desde Pativilca a su Maestro instándole que volara ha
cia él «a contemplar, la inmensa patria labrada en la roca del des
potismo, a contemplar la natura
leza doncella, inmaculada, hermo
sa, adornada por la mano misma, del, Creador».
Y aquella misma patria de la cual se enorgullecía y por la cual se había sacrificado, su patria la que ámaba con delirio, le prepara
ba su calvario; calvario de calum
nias y desprecios .... y lo que es más¿bominable, de ingratitudes...
Y murió pobre, en tierra extraña, sin hogar propio y lleno de tor
mentos y amargas decepciones; y cual otro Jesús de Nazaret, perdo
nando a sus enemigos y legándo
le a la posteridad los resplandores de su gloria que avanzan de ge
neración en generación y de pue
blo en pueblo como avanzan los resplandores de la luz cuando el alba en el Oriente asoma.
Al aparecer la aurora del 17 de diciembre todo se llena de conster
nación: la naturaleza parece que estuviese envuelta en una gasa;
funérea, los cipreses melancólicos semejan un himno dolorido, la inmensa bóveda del cielo pierde su azul purísimo y se presenta con el manto gris de la tristeza.
Por todas partes hay un halo de nostalgia; pues al recuerdo de aquél Genio extraordinario, de aquél cóndor sin. igual que voló sobre los Andes, ave de luz en el obscuro horizonte de la esclavitud, el alma se ensimisma y el espíri
tu dolorido se transporta al lecho donde estuvo agonizante el Liber
tador, y se siente embargado por un hondo pesar . . .
\ Inclinémonos con patriótico
BOLIVAR EN SANTA MARTA
(Soneto Premiado)
Desmamaba la.tarde en el Poniente la rubia floración de sus fulgores, ¡
cuando la mustia frente del Vidente doblegaba su cauda de dolores.
Pensó en la Patria: recibió su mente la espina de sus cardos punzadores;
V sentía la cruz, desfalleciente, que agobiaba sus brazos redentores,.
Sobre el arco de la frente mustia punzante aguijón clavó la angustia;
fenecieron las ansias intranquilas.
... La tarde recogió su rojo paso t se angustiaba el fuego del Ocaso en las cuencas sin luz de sus pupilas.
MANUEL.MORIEGA TRIGO.
fervor ante la tumba del Grande entre los G randes!
Ma r í a Lu is a Ro j a s.
( Ma r y- Lxjz), '
Caracas: X II - 19 30 .
¡SALVE, LIBERTADOR!
Simón Bolívar! es este el nom
bre más sonoro de nuestra -epo
peya, el varón más ilustre que ha dado la hidalga y gentil Caracas.
Bolívar, el Héroe, el Indepen- dizador que de esclavos hace li
bres, y de pueblos sometidos al dominio de la despótica Castilla, naciones soberanas.
No existe un solo corazón ve
nezolano que no se sienta estre
mecido de entusiasmo, con el re
cuento de las proezas de aquellos magnos luchadores que por dar
nos el sublime dón de la libertad, derramaron generosamente el pre
cioso caudal de su sangre* en las célebres batallas de Junín, Bo- yacá, Pichincha, Ayacucho y Ca_
rabobo, batalla esta última en la cual quedó sellada para siempre la Independencia de nuestra ama
da Venezuela, flotando en élla vic
torioso ese símbolo de tres colo
res: Amarillo, Azul y Rojo, for
mado por el sol de la victoria, por el azul de nuestro cielo y por la
sangre de nuestros más ilustres varones.- ;
Hoy 17 de diciembre que se cumple un siglo en que la eterna segadora tronchó la vida de nues
tro gran Libertador, «Dort S i
món el único», ía Patria se enlu
ta y herida de amor recuerda aquellas frases pronunciadas mo
mentos antes de morir: «Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro»..
Dándonos un ejemplo de des
prendimiento y amor hacia la causa más sagrada: la de la libertad.
C.
Mu ji c a.Tristezas y desengaños de Bolívar
Bolívar! bendito seáis! Vinis
te al mundo para favorecernos de.
la opresión, sin más armas que tu sabiduría; aunque no pudimos:
conocerte, no por esto dejamos de apreciar tus grandezas y por
tentos.
Apreciamos tu mérito y ensal- samos tu nombre que sirvió de:
brújula a muchas generaciones, dando pruebas durante toda tu vida de una abnegación sublime.
Honramos tu memoria esclare
cida y obsequiarémoste gratitud,
ü
ya que por nosotros pasaste tus últimos días llenos de tristezas y :desengaños, porque la ingratitud de tus traidores enemigos no ha
llaban medios para presentarte obstáculos para la buena marcha y organización de tu gobierno; pe
ro nada de esto te hacía sucum
bir en tus proyectos, no descan
saste un instante, no te preocu
paste siquiera de tu salud. Cada día aportabas nuevas energías y con más entusiasmo buscabas la manera de darnos la libertad; sol que con sus fulgurantes rayos ilu
minó el obscuro horizonte que nos cubría.
Al fin, cansado de.tánto pade-
H a y allá lejos, b ajo un cielo pro
fundam ente azul que sirve de m a g
nifico fondo a los rayo s del sol a b ra sad o r, un pedazo de tierra blanca y fecunda, cu ajad a de lujuriante v e g e tación y en garzada com o preciosa perla, entre , la tu rq u e s a . espléndida de su azul bahía y la esm eralda her
m osa dé sus banan eras que en pu ja n te vitalidad se extienden prote
gid as por las soberb ias cum bres de la S ierra N evad a.
¡T en d id a con m usulm ana indolen
cia cual otra pequeña y rom ántica Stam bu l, S an ta M arta, la ciudad de R o d rig o B astid as, d éjase arrullar y b esa r desde hace luengos años por las rum urósas ondas del m ajestuoso m ar C aribe, confiada en la custodia incesante y solícita que le brinda el ojo lum inoso y vigilan te del castillo del M orro.
San ta M atta, b lan ca ciud ad de leyen d a, unas ve ces alegre y sonora com o uri cascab el de C olom bia y ca
si siem pre silenciosa, arom ada con perfum es de claustro, que ev o ca en sus celosías, en sus estrech as calles y con sus edificios de colonial estilo, ép o cas idas de caudillos españ oles y d e altivas castellanas.
C una am ada de m is abuelos y de m is padres, dentro de cu y o s m uros calcin ados por un sol canicular, p a
rece am bular aún, firm e el paso, atrevid a la m irada, al cinto la enor
m e tizona, ladeado coquetam ente el ch am b ergo de d esm a ya d a s plum as, y. resonantes sobre las aceras los d o rad os espolines, su ilustre fundador el h idalgo de B astid as.
Com o visión lum inosa e im borra
b le flotará siem pre ante los ojos de
cer, te retiráste a la Quinta de San Pedro Alejandrino, en la ciu
dad de Santa Marta, donde exha
laste el 17 de diciembre de 18 3 0 tu último suspiro.
Y a que por nosotros sufriste tántas ingratitudes, hoy tributá
rnoste nuestro homenaje patrióti
co y digno para conmemorar el tristísimo Centenario de tu falleci
miento. Sobre tu esclarecida y grandiosa tumba colocárnoste un manojo de siemprevivas, como símbolo de veneración y re
cuerde.
A l i c i a
N.
d e M e d in a .San Cral.: diciembre 9 de 1930.
aquellos que la visitan, el oro y rosa de sus m uñecas envueltas en azules g a sa s m arítim as, y el óleo de sus crepúsculos fastuosos en los que pa- rece que el sol se glo riase en dejar com o en ninguua otra parte' la pom pa policrom a de su ocaso, y el ter
ciopelo de sus noches p latead as y ti
b ias, perfum adas por las flores de azahar de los lim oneros cercanos.
Siga m o s en silencio al gen eral S i
món B o lív a r desde C artagen a a Ba- rranquilla, en dónde se radicó un corto tiem po, cuando a fines del año de 18 3 0 el país se destrozába en re
volu cion es intestinas. V eám o slo de cerca, con la frente su rcad a de arru g a s y lleno de infinita an gu stia su gran de espíritu de conquistador, por aquella quietud forzosa a que lo so m etía su mal estado de salu d y las dem ás circunstancias in gratas que lo obligaron abandonar el m ando y a suspender toda clase de activid ad es p ara dejar en com pleta libertad a los nuevos poderes constituidos.
P ersegu ido en cierto m odo por el gobierno de B o g o tá y abandonado por casi todos sus am igos de antes, que tánto le debían, enferm o y a n i
quilado de cuerpo y de alm a, B o lí
v a r sólo pen saba y a en concluir aquella su agitad a vid a en E u ro p a, lejos de lo que m ás tortu raba su corazón, com o era la anarquía rei
nante entonces entre los granadinos, pero carecía de recursos con qué em prender tal viaje. L o que su ce
dió en aquellos días, parece que lo ha olvidado m ucha gente, pero m u
chas gentes deben recordarlo aún. A fines de noviem bre de aquel mismo año el general M ariano M ontilla, com
pañero inseparable del L ib e rta d o r es
cribió a don Joaquín de M ier, hidal
go español acaudalado y de vid a independiente que residía en la ciu
dad de B astid as, contándole la de
sesp erad a situación en que se en
contraba el P ad re de la Patria. E l señor de M ier no tu vo inconveniente en o frecerle su p ropia ca sa para re
cibir en élla al P ad re de las V ictorias de A m érica, y envió ex p re so uno de sus bergantines, «E l M anuel», a Sab an illa a tra e r a B o lív a r y a su re
ducido séquito.
E l prim ero de diciem bre de 18 3 0 desem barcó el gran de hom bre en S an ta M arta.
E s ta b a y a descarn ado, lívido y som brío; con las pupilas— aquellas pupilas que habían fulgurado com o ra y o s en Ju n ln — com pletam ente a p a gad as. No era sino la som bra de aquel héroe gigan tesco cu y a espada llam eante com o aniquiladora centella, sem bró el p avo r en los ejércitos es
pañoles. N o era sino la som bra del que atronando el espacio con sus g lo rias, cruzó raudo sobre su brioso cor
cel m ontes y valles, miró despreciati
vam ente tirado a sus pies el oro del P erú , saltó so bre el C him borazo, su b ióse a la cim a de los A n d es, y de allí al ápice de la inm ortalidad con J a libertad de medio mundo en el pu ño de su espad a. S í, era sólo la som b ra de aquel h o m b re !. . . y a no po día ni siqu iera tenerse en pie. E n una silla de m anos fué sacad o de la em b arcación y conducido así a la anti
gu a casa del consulado español, en donde se le tenía preparado el aloja
miento. Y aún tuvo fuerzas para sonreír a los sam ad o s y agradecerles el recibim iento que le hicieron aque
llos, recibim iento cordial y entusiasta, afectuoso hom enaje rendido al P ad re de la P atria y a en el infortunio.
C om o en los días siguientes se a g ra va ra laen ferm ed de B o lívar, acord a
ron sacarlo al cam po en busca de m e
jo re s aires p ara aquella existencia tan quebrantada.
Y a estaban enterados todos los de su séquito por el doctor R éverén d , m édico que lo atendía solícitam ente, de la terrible enferm edad que aq u eja
b a al L ib ertad o r, y se dispuso tra sla darlo a San P ed ro A lejan d rin o, quinta so lariega de don Jo aq u ín d e M ier, m ientras podía preparársele un sa n a torio m ejor en clim a tem plado cerca de la S ie rra N evad a.
E n la tard e del 6 de diciem bre, acom pañ ado del m ism o señor d e M ier y de la esp o sa de aquel noble c a b a llero que espontáneam ente quiso ren
dirle ese hom enaje a l,g r a n d e hom bre que un tiem po fuer \ en los salon es d e la l lim eña, entró Bolfvp*- \ d e don-
LA VISION DEL SANTUARIO
A L B A
de debía salir pocos días después y a en sü ataúd p ara rep o sar en el se
pu lcro de la C atedral.
Pasaron d ías de sufrim iento físico y de co n g ojas m orales p ara el L i b ertador, que en aquel lecho de muejrte,. no era y a el ídolo de sus íntim os am igos. L o s m ism os de su séquito lo abandonaron m uchas v e ces a los solos cu id ad os del m édico, quien tratab a en van o de llenar aquel va cío y de disim ular a los ojos de águ ila del ilustre enferm o aquella cu lpable indiferencia. F a lt a ron allí los verd ad eros y adictos am i
go s que con tan ab n egad a solici
tud acom pañaron a N apo leó n en su destierro de S a n ta H e le n a . ..
E n aq uella desolad a estadía en S an Ped ro A lejan d rin o , que duró once días, B o lív a r fué indulgente con sus am igos y con sus enem igos que yá- entonces ex e cra b a n su nom bre lla
m ándole am bicioso y tirano, a él que h abía com batido contra la tiranía Hasta verla d escabezad a a sus pies . ...
Só lo al term inar su alocución diri gid a a los C olom bianos tres días antes de su m uerte, fué cuando se le escaparon aquellas p alab ras co l
m adas de suprem a am argu ra por las ih gratitudes recibidas: «A l sepulcro, si, que es lo que me han p roporcio
nado mis conciudadanos, pero los perdono . . . y o jalá pudiera llevarm e el consuelo de que perm anezcan uni
dos».
E s e m ism o día, el cu ra de M am a- toco, ald ea cercan a a Sari Ped ro A le- jan d rin o, adm inistró al L ib ertad o r, quien h abía hecho y a su confesión con el O bisp o E stévez , los últim os sacram entos. E n o rm e contraste con ' lá glo rio sa vid a de aquel Genio.
U n hum ilde sacerd ote acom pañado de actólitos indígenas, fué a pié, en oscu ra y triste noche, sin aparatos rii pom pas, a llevarle el suprem o con
suelo de la religión al pro hom bre de A riiérica, fundador de la G ran C olom bia, al cóndor andino del du
cal go rg u era, com o d ijera en m em o
rable ocasión el ilustre m aestro V a lencia. H erm osa lección p ara los
•soberbios y van idosos p agad o s de lás grandezas y de las preben das te r re n a le s . . ..
E l 1 7 de diciem bre, a las nueve de la ; m añana, entró el L ib e rta d o r en el período agón ico. D ice el doctor R é veré n d en sus memorias-, que sus faccion es ex p resab an una perfecta serenidad, que ningún dolor ó señal
•de padecim iento se reflejaba so b re su noble rostro. A la una y tres minu
tos de la tarde exh aló su último alie n to l'^ b íiíT fn ^ al Sim ón B o lívar,
■padre e? ‘ R ep ú b licas, sol que ilq m ifló ' V cielo d e la Con-
tfedera» ' t — —— „ .. M R
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S a n ta M arta, que com o en ninguna otra ciudad lloró lágrim as de verda- ro p esar so bre la tum ba del héroe y que gu ard ó con profunda ven era
ción su s restos h asta que en cum plim iento a una cláusula de su testa
mento fué preciso en tregarlos a V e nezuela.
C olom bianos— diré para term inar estos apuntes— la fecha dolorosa del 1 7 de diciem bre se acerca, y es de
b er de todo corazón patriota en el cual se cultiven la s virtu d es cívicas que adornan a todo buen ciudadano, contribuir con entusiasm o, ardoro
sam ente a la brillante celebración de aquel día en que cayero n las tinie
b las del sepulcro so bre el héroe que nos enseñó a hacer patria, y cu yo glorioso recuerdo se abrirán siem pre en el corazón agrad ecid o de las gen eraciones,'- perspectivas de riquí
sim os m atices, igual que esas nieves de ja s altas m ontañas' que se colo
can ¡rizadas con la prim era sonrisa de la m añana, los fuegos ardientes djel m edio día y las luces diam anti
nas de las puestas de sol que em papa, la tarne en lánguidos rocíos.
S u b liiñ e perspnificación de cuanto h ay de m ás herm oso y noble com o es el am or a la P atria, B o lív a r será su eterno sím bolo en la posteridad.
Po r eso cuando buscam os aquella eg reg ia figura en los desnudos salo nes de San P ed ro A lejan d rin o , los ojos se hum edecen em ocionados.
C uando el pensam iento lo évoca, es com o si hum aredas de batallas y pal
m as de victoria se exten dieran d es
de las tierras de C arab o b o , sobre las m ontañas de Junín y los valles de A y a c u c h o ; al influjo poderoso de ese mismo recuerdo, la tela soberb ia y m agnífica que se llam a el p a b e
llón de C olom bia, se estrem ece co mo un verd ad ero sér viv o , llora san g re en su rojo, descu b re herm o
sos cielos azules y se agran d a su am arillo radiante com o un puente de oro, por donde cruzan en triunfo hacia la inm ortalidad el L ib e rta d o r y todos aquellos héroes que lo acom pañaron en sus cam pañ as de gloria, seguido s h o y por los do gm as de la R e p ú b lic a, en estrecho vínculo con el genio-de la civilización, c u y a s alas baten im palpablem ente so bre nues
tras cabezas.
MARZIA d e Lu s ig n a n.
El Cóndor Andino
Bolívar nació bajo el ardiente sol de América; tuvo por cuna la pintoresca y -bella ciudad del A vi
la, Caracas, situada al pie de nia- jestuosa montaña y atra vezada por el rumoroso Gauire. En aque
lla ciudad tuvo lugar el día 24 de julio de 17 8 3 , el suceso más trascendental de nuestra historia:
el nacimiento del genio america
no, el cual apareció como radian
te meteoro, en la época en que los paises hispano americanos'ge
mían bajo el dominio de la re
gencia de‘ España.
Genio incomparable a su voz el desierto brotó hombres y de esos hombres hizo héroes, según nos lo refieren historiadores, y con su in-*
teligencia y valor pudo libertar
nos; fué su ideal desde muy jo ven la creación de cinco repúbli
cas, deliraba desde su más tem
prana juventud, por la libertad y gloria de su Patria. Así, pues, Bolívar fué padre de cinco hijas:
la Gran Colombia fué su Patria, pues si Venezuela fué su cuna, Colombia le sirvió de tumba y guarda por siémpre en riquísimo cofre de oro su último su sp iro ....
Huérfano, muy niño; viudo a los veinte, no le queda a quien consagrarse forzosamente, ni quien le acompañe en su espantosa so
ledad; viaja por Europa, y recor
dando su Patria oprimida, sumida en la abyección y el despotismo, jura en Roma, sobre el Aventi- no, luchar con valor, con inusi
tado interés, y lo hace con tal energía, que a la edad de cuaren
ta y cinco años, se siente sin vi
gor; sus días de sufrimiento y de congoja agravánlo notablemen
te; sácanlo al campo a respirar mejores aires para su agotada existencia. En su lecho se rin
de moribundo, ya no tiene la com
pañía de los que se dicen sus amigos, todos le abandonan, so-
o ' 'lo le es fiel, su médico Révérend, quien para aliviar un tánto su do
lor moral, trata de ocu'tar a los ojos de Bolívar aquella glacial in- deferencia. Aquel coloso ve con serenidad aproximarse sus últi
mos momentos; reconciliase con Dios y entrégale su alma y hoy, más que muerto, se creé dormido en los brazos de la gloria escalan
do el soberbio pedestal de la fama.
Ma r í a Em e l i n a Vi l l a r r e a l. 5 (Alumna de s0 Grado).